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Revista Latitud 21
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Sergio González

  • Al buen entendedor
  • Presidente de la AMATUR
  • Presidente del centro de atención de salud mental y prevención de adicciones «Vital»
  •  sgrubiera@acticonsultores.com

Debemos promover y desarrollar el Cancún de Lujo

por Redacción 3 junio, 2013

Si bien Cancún es un destino que tiene oferta para todos y que es asequible a los más diversos segmentos de mercado, lo que realmente deberíamos promover es el Cancún de Lujo, porque es ahí en donde podemos encontrar la diferencia cualitativa que el destino requiere en cuanto al perfil de sus viajeros y nivel de gasto.

El Cancún tradicional, por así llamarle, el de sol y playa, prácticamente no requiere promoción, se vende solo. No digo que la promoción y publicidad no sean importantes y que no haya que invertir en ello, pero francamente si repentinamente se dejara de hacer a Cancún no le pasa nada, al menos al principio, toda vez que tiene una excelente imagen de marca conseguida luego de 43 años, y un magnífico posicionamiento en las preferencias de los viajeros de casi todo el mundo; sin embargo, como he dicho repetidamente, si se deja de desarrollar el producto, si se deja de innovar y se descuida la imagen urbana del destino, entonces sí que pasa, entonces sí que entraríamos en la inexorable espiral hacia el declive.

El Cancún de sol y playa de precios accesibles para todos lo promueven todos los días desde su trinchera las Agencias de Viajes, los mayoristas, los hoteleros, armando paquetes, subiendo ofertas a Internet, haciendo promociones puntuales, entre algunas  de muchas  estrategias, y lo promueven de diversas formas también los miles y miles de turistas que nos visitan, haciendo uso por ejemplo de las redes sociales, del trip advisor, y de muchas otras comunidades de viajeros virtuales. Cancún tiene pues su piloto automático para la promoción funcionando muy bien, y especialmente en los dos últimos años.

Sin embargo, me parece que existen oportunidades que nos ofrecen algunas tendencias en el turismo de lujo. Hay un claro avance y crecimiento en diversos destinos del orbe por el turismo de lujo, máximo confort y sofisticación en las preferencias.

Han acertado quienes han apostado por el desarrollo del mundo gourmet, el arte culinario y las ofertas de hotelería y restauración temáticas, en el concepto de la enología por ejemplo, entre otras.

El mundo del Spa ha crecido mucho, pero ciertamente se ha popularizado también; hoy el segmento del Spa demanda también sofisticación, vanguardismo, y se percibe cierto rechazo por la creciente masificación de este segmento.

Las compras en el mundo apuestan también por el lujo; la búsqueda irrefrenable de “la marca” y la experiencia de compras acompañada de un toque de champagne con cerezas y el chofer de guante blanco esperando a la puerta está siendo altamente valorada.

Los náuticos podrían también refinar su oferta y poner en el catálogo no sólo los yates de pesca y paseo, sino que éstos estén equipados acorde a las nuevas tendencias de lujo y de viajeros en búsqueda de estatus.

Ese mercado está ahí, existe, viajan y dejan derrama, pero hay que atraerlos con ofertas sofisticadas, sublimes diría, y con promoción y herramientas diferentes.

Estar en la camiseta del Espanyol de Catalunya o del Mallorca podría estar bien, porque los ve mucha gente, pero no necesariamente esa gente de la que estoy hablando, esa que llega a las suites, que gusta de las cavas, los quesos franceses y los yates de lujo.

En el mundo latinoamericano se empiezan a vislumbrar nuevamente algunos indicios de que habrá búsqueda de lujo, especialmente en Colombia y Brasil. El anuncio de no visados con los brasileiros a partir de mayo puede atraer a Cancún a este segmento de viajeros del más alto poder adquisitivo de ese país, que además experimenta un interesante crecimiento económico.

Cancún tiene oferta sofisticada y vanguardista en algunos hoteles, en algunos restaurantes, en algunos yates, en varios de sus campos de golf, en muy pocas de sus tiendas y plazas comerciales, y en los atractivos exclusivos de algunos de sus parques, delfinarios y otros escenarios de ocio. Pero se puede hacer más, mucho más. Claro, ello requiere que los valientes inversionistas se atrevan en pos de ese nicho de mercado.

Parece que no cabe aquí la vieja premisa de qué fue primero, “si el huevo o la gallina”… Cancún, sus empresarios y sus gobiernos deben invertir en el segmento de lujo y la promoción deberá ser sofisticada también, con tiros de precisión, con mejores herramientas de mucho mejor calidad, con la mira de obtener no más turistas sino turistas que gasten más.

Otro día hablaremos de nuestras islas, que deberían ser también Islas de Lujo…

Lo dejo pues por el momento, Al Buen Entendedor…

Cualquier comentario con esta lujosa columna, que siempre está investigando, favor de dirigirlo a: sgrubiera@acticonsultores.com

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Dragon Mart y las inversiones extranjeras

por Latitud21 Redacción 31 enero, 2013

cancún "revista latitud21" latitud21 "Caribe Mexicano" latitud 21 "Grupo editorial Latitud21"En principio deberíamos estar todos de acuerdo en que es bueno fomentar la inversión extranjera en nuestro país, porque genera empleos, porque implica inyección de divisas a la economía local y porque en general fomenta interacciones económicas, sociales y culturales que en teoría enriquecen a los municipios en donde se da esta inversión, a los estados y al país en general.

Sin embargo, esta inversión debe verse con cautela cuando ello implique el eventual desplazamiento no sólo de la mano de obra local sino del comercio y las economías que prevalecen en la zona.

Antes de entrar en el fenómeno chino analicemos lo que ocurre con otras inversiones en Quintana Roo y otros estados. Es verdad que las inversiones hoteleras, por ejemplo, han generado un significativo número de empleos, y que contribuyen a la economía local de manera importante, pero hay que analizar también que las integraciones verticales que representan en muchos casos han reducido a la mínima expresión el beneficio económico para la región.

Algunas de las cadenas europeas, sin citar nombres, generan la venta de paquetes turísticos en el lugar de origen del capital; los turistas viajan en vuelos chárter operados por la misma mayorista, son recibidos por el operador local que pertenece al mismo grupo y son alojados en el hotel construido con el capital de origen.

En cuanto a la generación de empleos, en muchos casos el personal de altos niveles e incluso de mandos medios es también europeo, con lo que el beneficio para la región en este rubro se limita al personal operativo en su mayoría del más bajo nivel.

Si bien hay cadenas hoteleras que han invertido en esquemas de vivienda para sus trabajadores, la práctica común ha sido que el peso y costo social de esta demanda recaiga en los gobiernos locales. Durante muchos años, Cancún, por ejemplo, ha sido el gran soporte de vivienda para trabajadores del municipio de Solidaridad (Playa del Carmen), con la tremenda carga que ello implica para la ciudad.

Pero el tema es más grave aún, ya que esta desvinculación económica con la zona que acoge la inversión se produce desde la etapa constructiva. No sólo ingenieros y arquitectos son extranjeros, sino que todos, absolutamente todos los insumos para la construcción son importados, gracias a acuerdos y exenciones fiscales que incentivan al constructor europeo para comprar todo en su país. Desde puertas y ventanas, pasando por ductos, equipos de enfriamiento y hasta cablería, soportes y tornillos, todo es producto de importación.

Bajo este escenario uno se pregunta, ¿cuál es entonces el verdadero beneficio de este tipo de inversión extranjera?

No todas las cadenas hoteleras europeas o norteamericanas operan igual, hay que decirlo, y existen desde luego algunas con mayor conciencia y responsabilidad social; sin embargo, el modelo descrito ha prevalecido en el destino y nosotros lo hemos permitido. Correspondería al estado regular este tipo de inversiones y establecer el marco legal que permita un desarrollo sustentable o sostenible,  que genere beneficios económicos y sociales en condiciones equilibradas para la región receptora de las inversiones.

En tales circunstancias resulta aún más cuestionable el proyecto Dragon Mart, en donde el escenario se repite de igual forma que en los casos antes citados pero de manera exponencial, y con el agravante del tremendo e irreversible impacto al medio ambiente.

México necesita generar un ambiente de negocios que fomente y estimule la competitividad de los productos mexicanos, y que enriquezca las alianzas estratégicas que nos permitan mejorar nuestros niveles de productividad y eficiencia. Un proyecto como el Dragon Mart sólo fomenta y estimula la competitividad de los productos y comerciantes chinos, dejando totalmente fuera al productor y comerciante mexicano.

La generación de empleos será totalmente para chinos y la demanda de vivienda y servicios de éstos será totalmente resuelta por el mismo proyecto, dejando sin oportunidad de negocios a posibles inversores o desarrolladores mexicanos.

Se sabe de buenas fuentes que quien está detrás del monstruoso proyecto es el Estado chino, con el apoyo del más grande banco del mundo, también chino.

El tema hotelero está resuelto también hacia el interior del proyecto, lo que deja fuera cualquier posibilidad de negocio turístico para la hotelería de Quintana Roo.

En cuanto al impacto medioambiental, más allá de aquel que implica el proyecto per sé al devastar más de 500 hectáreas en la zona de Puerto Morelos, está también aquel que generará la enorme infraestructura de apoyo que demandará el proyecto. Caminos de acceso, redes de suministro, desechos sólidos y en general una enorme infraestructura que sin duda implica impacto al medio ambiente, en una zona en la que aún hoy se puede pensar en desarrollo de ecoturismo y en el apoyo a comunidades que podrían verse beneficiadas de la actividad turística de manera sustentable.

El Dragon Mart se ha visto beneficiado con una eficiencia y efectividad en tramitología como no se da comúnmente para empresas y proyectos mexicanos. Exenciones de impuestos, prórrogas, precios preferentes en la tierra y una serie de facilidades que sin duda son alicientes para la inversión extranjera, pero en un proyecto que lamentablemente no sólo dejaría beneficios mínimos a la región sino tremendos impactos de consecuencias irreversibles.

El Dragon Mart fomentará también inevitablemente la xenofobia, sobre todo cuando son del mundo conocidas las prácticas del gobierno chino, sus tremendas restricciones para hacer negocios en ese país y lo poco solidarios que han sido en eventos importantes, como lo fue por ejemplo la crisis de la influenza en el año 2009.

México, y Quintana Roo en este caso, debe estimular sí la inversión extranjera, pero debe establecer reglas claras del juego y desarrollar un marco regulatorio que dé confianza pero que estimule y fomente al mismo tiempo el desarrollo de la propia economía local.

Deberían regularse, para éste y para todos los casos de inversión extranjera, temas como la obligatoriedad de desarrollar vivienda digna; generación de empleos que incluyan de manera equilibrada y participativa a los locales; fomento y estímulo para los constructores y desarrolladores locales tratándose de inversiones extranjeras y un esquema tributario que implique responsabilidad social, entre otros.

Si fuera así, yo diría bienvenidos los chinos, de otra manera nos vamos a quedar milando…

Cualquier comentario con esta columna que por el momento dice NO a la muralla china, favor de dirigirlo a: sgrubiera@acticonsultores.com

[editor]cuarto-de-huespedes[/editor]

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