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BITÁCORA DE VIAJE XII

   “Uno no puede borrar el pasado solamente porque no le queda el presente”                                                     

-Golda Meir.

Luego de proclamarse, en 1945 el fin de la Segunda Guerra Mundial; luego de las fiestas y borracheras, luego de la luna de miel comunitaria entre los países vencedores, luego del aliviado respiro de una humanidad confundida, asustada, que veía cada vez más cerca el fin de la civilización como era conocida hasta ese momento, hablando, desde luego, del lado ganador; de quienes se alineaban a un sistema de cosas que prometía oportunidades parejas a la cultura del esfuerzo; luego de que los canallas habían sido castigados y los entuertos deshechos, hubo menester de seguir adelante con la vida y descubrir nuevos monstruos y nuevos canallas. Vuelta a la hoja. Churchill había mencionado una amenaza peor a la de Hitler en la figura del paranoico líder soviético, Stalin.  Estados Unidos, de la mano de su pitcher relevista Truman, veía la forma de cobrar el servicio que por segunda ocasión había prestado su industrialización a la causa del mundo de libre mercado. Aparece el Plan Marshall en el horizonte. Ideado por una iniciativa del entonces secretario de Estado y exgeneral triunfante George Marshall luego de un discurso en la Universidad de Harvard. Había que reactivar la economía europea, desde luego, introduciendo a toda costa el establishment yanqui como muro económico/ideológico que hiciera dique ante la presión y el creciente interés en el Viejo Continente por parte del marxismo. Sí, la Cocacola tuvo mucho que ver, pero esa es otra historia, dijera la nana Goya.  

Más de 12 mil millones de dólares después, la geopolítica tuvo su momento de balance en una nerviosa pero estable Guerra Fría.  Israel regresó convirtiéndose en Estado moderno a instancias de las establecidas superpotencias occidentales y de los capitales judíos de Wall Street tornando el desierto en un edén, pero avivando la llama del conflicto vecinal comenzado milenios atrás. La guerra, ese manicomio universal que costó la vida a más de 50 millones de personas rediseñó nuestro futuro un ladrillo a la vez y abriría las puertas a nuevas formas de control mundial, que por crípticas, podrían parecer más siniestras.  2020/2021, tres cuartos de siglo después,  podrían ser años clave para ver otra transformación o como dijera Julio, la vida sigue igual.  Hemos dejado la pregunta en este espacio para la charla de café, ¿con qué actitud regresaremos a un mundo post Covid?  

Un artículo de la prestigiada revista médica The Lancet ofrece la alternativa ominosa.  La iniciativa lanzada por la OMS para que los países más favorecidos ayuden con vacunas y suministros médicos a los menos privilegiados, COVAX, ha sido un rotundo fracaso y vaya que los lápices de los economistas han trabajado  desde el primer momento arrastrando cifras. La conclusión de muchos fue la advertencia sobre un empobrecimiento a nivel mundial no visto desde mediados de los años cuarenta sobre todo para naciones emergentes o con situaciones precarias, léase, América Latina.  La amenaza se cierne en el atraso de una generación o más en el aspecto educativo por el desesperado plan para la educación a distancia que hizo y sigue haciendo  sufrir incluso, a países más privilegiados tecnológicamente. Huelga mencionar el terrible daño para nuestra zona del planeta, en donde miles de niños no tienen ni siquiera una conexión eléctrica para conectar dispositivos que de todas formas, no poseen.  La clave para iniciar la reconstrucción tras esta guerra contra el enemigo insidioso, invisible, casi omnisciente, es la vacunación rápida, efectiva, masiva. Una ofensiva tipo blitzkrieg con el tiempo encima para inmunizar al 70 de la población más vulnerable a enfermar gravemente o morir. Sólo así. Pero no.  No hay arcángel Miguel que se aparezca para matar al dragón; se trata de un asunto de dólares, libras, euros, yuenes y rublos. Quien inmunice primero, tendrá el bastón de mando para el nuevo orden mundial. 

Hoy escuchamos sobre las variantes. Formas en las que este monstruo sin cerebro, sin patas, sin estrategias ni planes y de acuerdo con científicos que lo siguen discutiendo, sin vida como la conceptualizamos, nos sigue ganando la partida. Su única actividad es insertar sus llaves en las cerraduras celulares adecuadas y repetirse. Es una máquina fotocopiadora de la naturaleza y de cuando en cuando, responde al lavado de manos, distanciamiento social o cubrebocas, desarrollando nuevas llaves para abrir más eficientemente los cerrojos que se le negaron. Por eso la necesidad de ir más aprisa en la inoculación. Hoy mata a nuestros viejos y enfermos; mañana, tal vez a nuestros jóvenes y niños. Y mientras perdemos el tiempo en mostrar quién tiene la cartera más grande, el desastre humano alarga su huesudo brazo. Insistiendo: la celeridad en la vacunación y nada más eso, le ganará a la velocidad con que se transforma el virus. 

Cada vez más lejos vemos cumplirse la meta de buena voluntad de COVAX: Dos mil millones de vacunas a países pobres para finales de 2021. Hay naciones africanas que apenas conocen (históricamente antes, durante y después de Covid, el significado de una vacuna).  Diez países han adquirido para sí, el 75% por ciento de los biológicos. Algunos rebasaron en dosis al total de su población. Del otro lado del espejo, COVAX apenas ha entregado 72 millones de dosis a 125 países. La meta para esta mitad del año era de 172 millones. Hemos fallado estrepitosamente en nuestros deseos de buena voluntad. Recientemente, Estados Unidos por su parte, anunció la disponibilidad de cien millones de vacunas; hace unos días, la reunión del G7 subió la vara a mil millones. No nos engañemos. Ni Biden, Merkel o el resto del superexclusivo club fueron iluminados de último momento por intervención divina; muy probablemente en este momento se están conformando los nuevos bloques de la geopolítica y una revitalizada versión del plan Marshall está en camino. ¿Qué precio tenemos que pagar por este pretendido altruismo? Probablemente algo más sutil que la Cocacola en los cuarenta. ¿Todo es malo? Depende cómo lo veas. México tuvo el mejor impulso económico en su historia luego de declararle la guerra al Eje y estar del lado ganador. ¿Cómo administraremos esa posible ventaja? Hay un bicho más difícil de erradicar que el SarsCov-2 y cualquiera de sus variantes; se llama corrupción y la única vacuna es una profunda transformación social y educativa. ¿La hemos visto? Yo no. ¿Tú? Lo platicamos.    

Iñaki Manero
  • Bitácora de viaje
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