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El Estado de la relación bilateral

La relación bilateral entre México y Estados Unidos atraviesa por un momento complejo, y las elecciones presidenciales en puerta en ambos lados de la frontera pudieran tensionar aún más las cosas y generar un ambiente difícil, con repercusiones en los temas torales en materia comercial y de negocios, seguridad y migración. Aquí les comparto un análisis breve de cómo veo las cosas, cómo pudieran ser los próximos meses y los riesgos de un deterioro mayor.

El presidente López Obrador fue muy pragmático en su lectura y en su discurso en torno a la relación bilateral durante la campaña presidencial de 2018 (en comparación con sus dos anteriores campañas.) Aun cuando fue duro en contra del “establishment” estadounidense en el libro que escribió en contra del expresidente Trump, “Oye Trump”, López Obrador entendió bien que el nivel de interconexión económica y social y los riesgos de pulverizar las cosas con Washington pudiera impactar en su eventual gobierno.

Al arrancar el sexenio, ese pragmatismo prevaleció en algunos frentes, como en ciertos aspectos en materia comercial, en el tema de migración, atinó bien en su análisis de que éste sería el gran tema de negociación en otros frentes de la relación; pero también ese pragmatismo se esfumó en temas que considera de nacionalismo, como el de energía, la seguridad y la intervención en política doméstica.  Y bueno, transcurrieron los primeros meses de su gobierno, acabó por entenderse bien con Trump, e inició mal con Biden.

A casi 4 años, ese pragmatismo parece haber desaparecido casi por completo; hoy López Obrador le tiene tomada la medida al gobierno de Biden por el tema de migración, y con sus recientes declaraciones contra diversos actores políticos de Estados Unidos, ha dejado claro que esta narrativa de criticar la “intervención” de los vecinos será toral en la campaña presidencial de 2024. La realidad es que el presidente nunca terminó de entender bien a los actores en Washington y cómo operan las cosas. Su canciller sí, y a lo largo de este gobierno, Marcelo Ebrard ha sido el interlocutor más confiable en la capital de Estados Unidos.

El gobierno de Biden no ordenará él envío de tropas a territorio nacional mexicano, ya lo reiteró la Casa Blanca y la composición política en el Congreso actual no permitirá que esto suceda. Las bravuconadas de los republicanos en el Congreso son básicamente eso, bravuconadas en medio de un gobierno de Biden debilitado, y un partido Republicano que busca posicionarse de cara a la elección de 2024; no hay que olvidar que cada 10 años, ambos países tienen elecciones presidenciales el mismo año.

En donde sí veo riesgos es en seguridad y cooperación para detener el tráfico de fentanilo, que ha dejado miles de muertes en territorio estadounidense; de hecho, este es un grave problema de salud pública, tan grave o peor que el COVID.

En el frente comercial, hay también varios riesgos en temas como el maíz transgénico, la energía, las reglas del TMEC y el deterioro del clima de negocios en general, pasando por el tema laboral.

Entramos pues a un momento crítico de la relación bilateral (como en otros momentos) y lo que habría que recuperar del presidente es ese pragmatismo que lo caracterizó en la campaña; de lo contrario, seguirá tensionándose la relación y las repercusiones para el próximo president@ de México serán aún más complejas. Por último, no perdamos que ante un eventual triunfo del partido Republicano en la Casa Blanca -lo cual no se ve muy lejano- el nuevo gobierno tendrá que sortear esta nueva composición política en Washington.

 

Rubén Olmos Rodríguez
  • Reporte Washington
  • CEO de Global Nexus
  • Analista y Consultor Internacional
  • X:@rubenolmosr
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