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“Mr. Gorbachov, derribe este muro”: Ronald Reagan

 

El 12 de junio de 1987, el entonces presidente de los Estados Unidos de América, Ronald Reagan, pronunciaba a las 2:00 p.m. frente a la puerta de Brandenburgo su famoso discurso que haría historia, y que, por su trascendencia, me permito transcribir parte del mismo.”… Damos la bienvenida al cambio y la apertura. Porque creemos que la libertad y seguridad van de la mano, que el avance de la libertad humana solo puede fortalecer la causa de la paz mundial. Hay una señal inconfundible que los soviéticos pueden hacer, que avanzarían dramáticamente hacia la causa de la libertad y la paz. Secretario general Gorbachov, si busca paz, si usted busca la prosperidad de la Unión Soviética y Europa Oriental, si busca la liberalización, venga aquí a esta puerta Sr. Gorbachov, abra esta puerta. Sr. Gorbachov, derribe este muro.”

Este es uno de los más trascendentes discursos de un hombre que pasó a la historia al provocar no solo la caída del Muro de Berlín sino la caída del bloque soviético, en el inicio de la década de los 90, y con ello el fin de la Guerra Fría.

Veintiocho años después de que tuviera lugar dicho discurso, el pasado viernes 5 de junio, ahí me encontraba parado, en ese mismo lugar donde Reagan inspirara su caída. Ahí, en la puerta de Brandenburgo, recorriendo los sitios donde se levantara el famoso muro de la ignominia. Y estando ahí, donde aún hay sitios que conservan parte de ese muro, símbolo de la tiranía y el fascismo, me costaba trabajo entender cómo pudo existir en 1961, cuando se iniciaba la construcción de dicho muro, un régimen que buscara restringir la libertad de su pueblo con el levantamiento del Muro de Berlín. Finalmente, el 9 de noviembre de 1989, el muro era derribado por los propios berlineses con el permiso de Mr. Gorbachov, lo que uniría de nuevo a la Alemania dividida y permitiría hacer de este país nuevamente una de las economías más fuertes de Europa y del mundo.

Por otra parte, el pasado 16 de junio, nos enteramos que Donald Trump se autodestapó como precandidato presidencial republicano para los comicios del 2016. En su discurso lanza duras críticas a los inmigrantes mexicanos que llegan a Estados Unidos de América y propuso “…levantar un gran muro en la frontera entre los dos países y que México lo pague”. Y agregó que “…como empresario inmobiliario, nadie levanta mejores muros que los míos y los construyo además muy baratos”. Supongo que ya hizo el cálculo de cuánto le cobraría a México por asignarse la construcción de un muro de tres mil 200 kilómetros de largo, para dividir dos naciones.

Por un lado tenemos a un personaje, Ronald Reagan, quien pasó a la historia por conseguir derribar un muro que dividía a un pueblo, y, por otro lado, ahora a Donald Trump,  un seudo fascista que seguramente decora su oficina con posters de Nikita Kruschev y Erick Honecker, y quien propone levantar un muro que divida a dos pueblos que juntos conforman el mayor bloque económico del planeta. Debería de saber Trump que los más de 50 millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos de América son la mayor minoría étnica en ese país y suficiente en su conjunto como para inclinar la balanza a favor o en contra de cualquier candidato presidencial.

Donald Trump solo es rico en ignorancia. Por lo demás, es pobre. Muy pobre.

Pobre Donald, pensar que tu mismo partido te rechaza y se avergüenza de ti es patético. Saber que tu propia nación te repudia por xenofóbico y payaso, es lamentable. Donald Trump, tocayo de ese famoso personaje que Disney caracterizara en forma de pato, no es más que un payaso barato de un circo con animales de ranchería. Donald Trump no representa en lo absoluto a los norteamericanos, no representa en lo absoluto a los republicanos, no representa en lo absoluto el sentir ni la opinión de una nación construida por hombres emprendedores y exitosos cuya bandera ha sido la libertad. Donald Trump es un claro caso de un tipo lleno de complejos y traumas, originados en el rechazo que seguramente ha sufrido toda su vida, y que busca convencer al mundo que vale mucho por la fortuna monetaria que dice poseer, puesto que por lo demás no vale nada.

Pobre Donald, la realidad es que no vales ni el costo de la entrada a ese circo de ranchería en donde haces y dices tus payasadas, pues hasta como payaso eres malo. Supongo que es el mismo pajarito que aconseja a Maduro el que ahora ha volado a los Estados Unidos a convencerte de que eres el único mesías que puede salvar América. La única bondad de construir ese muro que propones, sería para evitar que vengas a nuestro país. Pero eso sí, el muro tú lo pagas.

 

 

Eduardo Albor
  • Carta del Presidente
  • ealbor@latitud21.com.mx
  •     @eduardoalbor
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