Por 01Sergio León Cervantes
En los últimos años una palabra se repite en foros empresariales, discursos políticos y análisis económicos: nearshoring. La relocalización de cadenas productivas hacia América del Norte ha colocado a México en el centro de una transformación industrial global.
Los datos son contundentes: México registró 36 mil millones de dólares de inversión extranjera directa en 2023, 36.8 mil millones en 2024 y 40.8 mil millones en 2025, la cifra más alta en su historia reciente. Más relevante aún: las nuevas inversiones crecieron más de 130% entre 2024 y 2025, señal de que empresas globales están apostando por expandir operaciones en el país.
La razón es clara. México se ha consolidado como el principal socio comercial de Estados Unidos, con intercambios que rondan los 870 mil millones de dólares anuales. En un contexto de tensiones geopolíticas con China, cadenas logísticas más cortas y necesidad de seguridad en el suministro, producir cerca del mercado norteamericano dejó de ser una opción estratégica para convertirse en una prioridad corporativa.
Sin embargo, el nearshoring no está beneficiando a todo el país por igual. Los grandes ganadores hasta ahora tienen nombre y apellido: Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Baja California, Querétaro y Guanajuato. Estados que llevan décadas construyendo ecosistemas industriales sólidos. Monterrey, por ejemplo, cuenta con más de 16 millones de metros cuadrados de espacio industrial y más de un millón de metros en construcción. Esa capacidad no se improvisa. Es el resultado de años de inversión en infraestructura, talento técnico, logística y energía.
Y ahí está el verdadero mensaje detrás del nearshoring. No está premiando a los territorios que más hablan del futuro. Está premiando a los que ya construyeron las condiciones para recibirlo.
México enfrenta, además, desafíos estructurales. La falta de capacidad energética en varias regiones, la escasez de espacio industrial disponible, la saturación logística y la falta de talento técnico especializado son obstáculos reales para aprovechar plenamente esta ola de inversión.
Esto ha provocado una nueva división económica en el país. Por un lado, un México industrial, concentrado en el norte y el Bajío, que está capturando la mayor parte de la relocalización global.
Por otro, un México rezagado, principalmente en el sur y el sureste, que observa el fenómeno con expectativa, pero aún sin las condiciones necesarias para participar plenamente.
En ese mapa surge una pregunta incómoda para el Caribe Mexicano.
Quintana Roo es, sin duda, una potencia turística global. Pero el nearshoring no busca playas ni resorts. Busca energía confiable, suelo industrial competitivo, talento técnico, conectividad logística y certeza regulatoria.
Eso no significa que el Caribe esté condenado a quedar fuera; significa que debe encontrar su propio modelo.
El futuro industrial de esta región no está en competir con Monterrey en manufactura pesada, sino en construir una plataforma diferente: manufactura ligera, logística regional hacia el Caribe y Centroamérica, servicios corporativos y tecnológicos, y cadenas productivas vinculadas al comercio internacional.
La reciente creación del Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar de Chetumal abre una ventana interesante. Si logra articular incentivos fiscales, infraestructura logística y talento especializado, podría convertirse en una puerta de entrada para nuevas inversiones orientadas al mercado regional.
Pero conviene decirlo con claridad: Un polo industrial por sí solo no crea un ecosistema productivo. Se construye con energía, infraestructura, educación técnica y estrategia territorial.
El nearshoring es probablemente la oportunidad industrial más importante para México en las últimas tres décadas, pero también es una carrera que ya empezó. Y en esa carrera, el mercado no reparte premios por entusiasmo ni por discurso, los reparte por capacidad.
El norte del país ya arrancó.
La pregunta que queda para el Caribe Mexicano es mucho más incómoda que optimista: ¿Vamos a construir las condiciones para subirnos a esta nueva economía productiva o vamos a seguir viendo pasar, desde la comodidad turística, la oportunidad industrial más importante de nuestra generación?
¡Hasta el próximo mes, con más retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima porque el éxito ya lo tenemos.
X: Oigres14 |Email: sergioleon@sergioleon.mx
IG: @sergioleoncervantes

