María Peña Mateos, consejera Económica y Comercial de la Embajada de España en México, analiza el peso del capital español y las oportunidades más allá de la hotelería
La relación empresarial entre España y México tiene una profundidad que rebasa los flujos de capital y encuentra en el turismo uno de sus vínculos más visibles. Más de 11% del capital español invertido en el exterior está colocado en México y, en el primer trimestre de 2026, el país concentró 80% de la inversión proveniente de la Unión Europea.
En el sector turístico, la presencia española también ocupa un lugar destacado. Entre 2006 y 2025, España se mantuvo como el principal inversionista extranjero en el turismo mexicano y, en Quintana Roo, fue el primer país inversionista durante ese mismo periodo, por encima de Estados Unidos.
Para María Peña Mateos, consejera Económica y Comercial de la Embajada de España en México, detrás de estos números existe una relación empresarial construida durante años, pero también un margen considerable para ampliarla hacia nuevas áreas. La hotelería sigue siendo uno de sus principales rostros, aunque la tecnología, la energía, los servicios y las soluciones para la industria turística abren otros espacios de colaboración.
Relación de largo alcance
El interés empresarial se mueve en ambas direcciones y responde, explica Peña, a las oportunidades que cada mercado ofrece. México ocupa desde hace años un lugar relevante en la estrategia de internacionalización de las compañías españolas, mientras que España representa también un destino importante para las empresas mexicanas que buscan crecer fuera del país.
“La mayor parte de nuestro capital está entre Estados Unidos, Reino Unido y México. En 2025, México fue el segundo destino preferido de la inversión española, pero eso viene ocurriendo desde el sexenio anterior y desde los anteriores. Los intereses de los empresarios están muy marcados por las oportunidades de negocio que se producen en un país, por las oportunidades que presenta, y México ha sido siempre clave para la estrategia de internacionalización española, de igual manera que España es clave para la estrategia de internacionalización mexicana”, comenta.
En ese mapa, Quintana Roo ocupa un lugar particular. España fue el primer inversionista en el estado entre 2006 y 2025, y su presencia resulta especialmente evidente en la actividad turística. Sin embargo, Peña subraya que la dimensión de esa relación no puede medirse únicamente por el número de hoteles o habitaciones.
“España es una gran potencia turística”, señala. El país ocupa posiciones destacadas en llegada de viajeros, gasto medio y competitividad turística, mientras su industria hotelera mantiene una presencia consolidada en Quintana Roo.
Detrás de esa infraestructura existe una cadena de valor mucho más extensa: agencias de viajes, turoperadores, empresas de tecnología turística y compañías dedicadas a gestionar información para conocer mejor las necesidades del consumidor forman parte de un ecosistema en expansión.
Más allá de las habitaciones
La evolución de la inversión turística obliga a mirar hacia activos menos visibles en las estadísticas tradicionales. Hay modelos vinculados con la adquisición de suelo y otros centrados en la gestión, pero también empresas de servicios y tecnología cuya participación ocurre detrás de la experiencia que recibe el visitante.
“El sector turístico y la inversión turística va más allá del sector hotelero, va más allá de las camas y de las habitaciones”, afirma.
Un ejemplo fueron las jornadas de tecnología turística realizadas el año pasado en Ciudad de México y Cancún, con la participación de representantes de distintos estados y destinos interesados en conocer desarrollos tecnológicos aplicados a la actividad.
El flujo de inversión, asegura, continúa. Buena parte de las grandes cadenas hoteleras españolas ya tiene presencia en México y, por ello, una siguiente etapa puede encontrarse precisamente en otros componentes de la cadena de valor.
La transformación también viene impulsada por el propio viajero. Peña describe a un consumidor cada vez más conectado, exigente e informado, cuyas decisiones comienzan antes de llegar al destino y se prolongan durante toda la experiencia. A su alrededor se desarrolla una industria que involucra análisis de datos, gastronomía, patrimonio, sociabilidad, talento y la capacidad de un destino para responder a nuevas expectativas.
“Cuando hablo de turismo me gusta especialmente porque engloba muchas cosas y sobre todo engloba algo que es la pasión de la gente del destino turístico”, apunta.
Ese alcance ayuda a explicar el efecto económico que genera la inversión española. De acuerdo con la estimación referida por la funcionaria, las empresas españolas pueden generar alrededor de medio millón de empleos directos y más de un millón y medio indirectos. En el turismo, ese efecto se extiende hacia el consumo local, la gastronomía y los servicios asociados con la experiencia del visitante.
Nuevos espacios de inversión
La continuidad de esta relación también pasa por la confianza empresarial. Frente a las preguntas sobre las condiciones que enfrenta México, Peña remite a los propios indicadores de inversión.
“No solamente hay confianza, es que, no es algo que yo diga, es que lo dicen los datos”. Y argumenta: Durante el primer semestre de 2026, España fue el segundo inversionista en México después de Estados Unidos, mientras que más de 80% de la inversión proveniente de los 27 países de la Unión Europea tuvo origen español, según los datos que cita.
Desde la Embajada, explica, una de las tareas consiste en canalizar financiamiento y oportunidades hacia nuevos proyectos. Entre los campos con posibilidades de crecimiento identifica el aprovechamiento del sargazo. Existe interés de empresas españolas en este ámbito y recientemente se realizaron jornadas específicas sobre el tema en Palma de Mallorca, uno de los principales referentes del sector hotelero español vinculado con México.
La diversificación va mucho más allá. España cuenta con aproximadamente 5,700 empresas de inversión en México y, aunque el turismo representa su segundo sector de inversión, existe también una fuerte presencia en los ámbitos financiero, energético, industrial y de servicios.
El financiero ocupa el primer lugar e incluye tecnología financiera. La energía representa otro campo relevante, mientras que la industria de autopartes forma parte del cuarto sector de inversión española en México. El quinto corresponde a los servicios.
“La nuestra tiene una gran diversificación, tanto en sectores como en territorios”, señala Peña, al referirse a la presencia empresarial española en México.
La tecnología representa otro espacio de oportunidad. México cuenta con distintos polos de desarrollo y Quintana Roo podría construir una especialización propia alrededor de su principal industria.
“Quintana Roo se puede convertir, o Cancún, se puede convertir perfectamente en un gran hub también de desarrollos turísticos con unas determinadas especializaciones”, expresa.
La posibilidad se relaciona con una industria española que ya cuenta con empresas tecnológicas instaladas en México y que mantiene atención sobre las oportunidades que puedan surgir en el país.
En este escenario, la nueva Comisión de Turismo de la Cámara Española de Comercio en México encuentra un campo de acción que rebasa la promoción empresarial. Su propósito es compartir conocimiento, facilitar soluciones, impulsar el intercambio de experiencias y visibilizar casos de éxito, con el Caribe mexicano entre sus primeros espacios de trabajo.
La relación entre ambos países tiene todavía margen para crecer precisamente porque la actividad turística continúa transformándose. Innovación, tecnología y sostenibilidad forman parte de esa evolución y también de la agenda que España y México pueden desarrollar conjuntamente.
“Es importante tener en cuenta que la industria española, a diferencia de la industria de algunos socios europeos, está altamente diversificada”, puntualiza.



