Cuba libre

por Latitud21 Redacción

Ron Havana blanco + refresco de cola en un vaso con mucho hielo, eso es lo que hoy conocemos como una cuba libre.

Pero hablemos de la otra Cuba no tan libre, de la Cuba del mojito, de la Cuba de Varadero, de la Cuba de la Bodeguita del Medio y la Floridita, de la Cuba de Martí, de la Cuba de Castro.

Esa Cuba, la que hace unas semanas ocupara titulares de prensa en el mundo cuando el presidente Obama anunciara la decisión ejecutiva de levantar algunas de las restricciones que por más de 50 años han estado vigentes desde el embargo económico impuesto por el presidente Kennedy en 1962, en el momento más crítico de la guerra fría, y de la crisis de los misiles que pusiera a la humanidad al borde de una guerra nuclear.

Barack Obama nunca ha estado en Cuba, Barack Obama no fuma puros ni toma mojitos. El residente de la Casa Blanca en Washington no tiene un interés personal en ayudar a Cuba ni a los cubanos y no hay por qué debiera de tenerlo. Lo que busca Obama es por supuesto un capital político, que le ayude a recuperar parte del terreno perdido en las recientes elecciones intermedias, en donde el Congreso y el Senado serán ahora de mayoría republicana. Pura coincidencia supongo, que el anuncio de Obama de suavizar ciertas restricciones que hoy limitan las relaciones personales y económicas entre los cubanos de Florida y los cubanos de Cuba ocurra precisamente horas después de que Jeb Bush, el exgobernador de Florida y el miembro más joven del clan Bush, anunciara su interés en la candidatura del Partido Republicano por la presidencia en las elecciones del 2016. ¡Qué casualidad!

Pero qué importa la verdadera causa que motiva esta decisión del presidente Obama, si esto nos acerca al levantamiento del absurdo e inoperante embargo económico que impide las inversiones de muchas empresas, norteamericanas y no norteamericanas, en la isla grande, y que la han convertido en la nación con el mayor rezago económico de América, solo superado por Haití y, al paso que vamos, pronto por Venezuela.

Y cuando se habla de una apertura no faltan los pesimistas y los ignorantes, que sin siquiera conocer del tema, ni de Cuba, ni de turismo, empiezan a anunciar que su apertura será el principio del fin de Cancún, cuando Cuba la desplace en la preferencia que europeos, estadounidenses y canadienses han mostrado por el destino turístico más exitoso de América Latina. ¡Cuán poca confianza muestran en este Cancún que tanto nos ha dado!

El éxito de Cancún no es casualidad. Es fruto del trabajo y de la inversión de mucha gente, mexicanos y no mexicanos, que han creído y construido un destino turístico con vocación de servicio como muy pocos en el mundo. Un destino de naturaleza, de aventura, de cultura, de folklore y de gastronomía, donde cada año millones de turistas vienen y regresan a disfrutar de un rincón del Paraíso en la Tierra.

Pero por supuesto que Cuba puede llegar a ser una potencia turística, y así espero que ocurra pues tiene todo para ofrecer lo que hoy ofrece Cancún y que nos ha llevado más de 40 años construir. En verdad que espero llegar a ver a Cuba convertido en otro Cancún, ofreciendo sus hermosas playas y ciudades coloniales, su cultura antillana, su música, su folklore y su gastronomía, un mundo deseoso de ser conocido por un mundo deseoso de conocerlo. Y cuando esto ocurra Cancún estará muchos años adelante de donde hoy también se encuentra.

En mi opinión, esto habrá de ocurrir, esto tiene que ocurrir. Es algo irremediable y espero que sea más temprano que tarde. Pueden pasar 10 años más antes de que este proceso inicie, o solo 10 días más. Eso no lo sé, pero lo que sí sé es que cuando ese proceso de transformación inicie se tomará también al menos dos generaciones para llegar a convertir a Cuba en una potencia turística similar a lo que hoy es Cancún; y llegará a serlo, con ayuda de muchos mexicanos que seguramente habrán de contribuir con su experiencia y capital a replicar su éxito.

Seguimos sin embargo empantanados en el absurdo hecho de qué será primero, si el levantamiento del embargo norteamericano que por 50 años ha sido condicionado a la caída de la dictadura, o la caída de esa dictadura que en el embargo norteamericano ha tenido su mayor aliado. Alguna de las dos ha de ser la primera, pero lo primero que ocurra dará paso inmediato a lo segundo y al nacimiento de una nación que ansía una oportunidad de realizar su potencial, al nacimiento de esa Cuba libre que tanto anhelamos ver y disfrutar. Mientras tanto, disfrutemos  por lo pronto de la única cuba libre disponible. ¡Salud!

Eduardo Albor
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