Crecimiento humano

por NellyG

 

 

Cuando tenía 16 años estaba en una escuela preparatoria que enseñaba matemáticas por niveles; había 4 niveles y el más alto lo daba el fabuloso profesor Aguilera, cliché absoluto: boina, saco de tweed, pantalón de pana, una barba blanca impecable, lentes de medialuna y una mente privilegiada. Yo le tenía pavor absoluto, cuando me volteaba a ver con esos ojos azules por encima de sus lentes yo temblaba, pensaba ¡de seguro que este sabe todas las cochinadas que estoy pensando!  Fueron pasando los meses y se volvió mi clase favorita; poco a poco me enamoraba de la mente analítica de ese maestro, de su paciencia y de su capacidad para controlar a adolescentes. Tenía un compañero con el que compartía otras clases, un muchacho brillante, mientras yo tenía que ‘machetearle’, él siempre sacaba todo sin esfuerzo.  Un día me armé de valor y me acerqué al Prof. Aguilera y le dije ‘Pedro es brillante, pero está registrado en el nivel más bajo de mate, yo creo que tiene la capacidad de estar con usted’.  Me volteó a ver por arriba de sus lentes y me dijo: ‘ok, que venga’.  Salí sintiéndome bendecida por los dioses y esperé al recreo para correr con Pedro, con el corazón rebosante de felicidad y pensando que había logrado lo imposible.   –‘Pedro, el profe Aguilera quiere que estés en su clase, ya lo convencí-. Pedro me miró con cara de extrañeza y me dijo: – ‘Yo no quiero estar con Aguilera, donde estoy no tengo ni que estudiar, solo llego, presento examen, mantengo las asistencias al mínimo necesario, lo único que quiero es terminar la prepa con buen promedio y pasármela bien de fiesta’-. Se me llenaron los ojos de lágrimas y salí corriendo como alma en pena sin entender su respuesta.

 

Esta anécdota me recuerda a nuestro México de hoy.  Me niego a creer que los mexicanos seamos mediocres, de hecho, yo creo que NO lo somos y lo pongo en mayúscula. He visto a tanta gente hacer cosas extraordinarias, a crear espacios inverosímiles. Porque a tantos mexicanos que emigran a ‘vivir el sueño americano’ les va tan bien. En un entorno de seguridad legal, de seguridad física, donde el Fisco te cobra lo justo, donde la seguridad social te da un mejor servicio; en un país donde hay reglas claras y puedes presupuestar tus gastos como empresa sin las ‘sorpresitas’ de impuestos nuevos.  Claro que no todo es perfecto y, como cada país, tienen cosas buenas y malas, ¿Pero no deberíamos nosotros como país procurar que nuestro activo humano no emigre? Pedro es como muchos de nuestros políticos que se quedan en lugares donde tienen que hacer el mínimo esfuerzo, donde es mejor estar en la fiesta, no quieren desarrollarse o provocar que los demás también se desarrollen.

El servicio público, como su nombre lo dice, debería de servir para que los ciudadanos de un país tengan orden, que las empresas fructifiquen, que se medie sin abusos.

No somos mediocres, somos superhéroes; sólo llegar a tu trabajo en las mañanas es una hazaña.

Ps. Hay parte dos de la historia de Pedro.