Alan Elizondo, director de FIRA, explica cómo las coberturas y la tecnología pueden fortalecer el acceso al crédito agroalimentario
El acceso al crédito puede marcar la diferencia entre sostener una actividad productiva, invertir para hacerla crecer o quedar expuesto ante un ciclo de costos elevados y menores ingresos. En el sector agroalimentario, donde la rentabilidad depende de los precios, el clima y las condiciones del mercado, financiar la producción también implica administrar riesgos.
En México, los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) participan en ese desafío mediante el financiamiento, las garantías y el desarrollo de herramientas para responder a las necesidades de los productores. Para su director general, Alan Elizondo, el reto consiste en mantener los recursos disponibles frente a la presión sobre los márgenes agrícolas, la incertidumbre comercial y los fenómenos climáticos.
FIRA es el fideicomiso del gobierno federal en el Banco de México que impulsa las políticas públicas de desarrollo del sector agroalimentario.
La tecnología puede ayudar a conocer mejor el potencial productivo de una parcela, evaluar sus condiciones y estimar los ingresos que podría generar. Esto permite reducir costos en la evaluación de los créditos y abrir oportunidades para productores que no siempre cuentan con información financiera completa «
El tema tiene relevancia para Quintana Roo, donde la actividad turística convive con una economía agropecuaria concentrada principalmente en el centro y sur del estado, con cultivos como maíz, caña de azúcar, piña, limón y pitahaya, además de ganadería y pesca. Para estos sectores, acceder a recursos en condiciones adecuadas puede ser determinante para mantener la producción, incorporar tecnología y llegar a nuevos mercados.
Rentabilidad bajo presión
Elizondo identifica tres factores que inciden en la actividad agroalimentaria: el encarecimiento de los insumos frente a precios agrícolas débiles, la incertidumbre comercial con Estados Unidos y las condiciones climáticas. Su coincidencia puede reducir los márgenes de los productores y comprometer su capacidad para cubrir los créditos.
El maíz es uno de los ejemplos más claros de cómo se ha complicado la rentabilidad de algunos ciclos agrícolas. “La combinación de precios deprimidos, un tipo de cambio apreciado y costos crecientes de insumos como los fertilizantes ha cerrado la posibilidad de obtener utilidad. Si no hay utilidad, el productor no va a sembrar o siembra, pero se mete en más problemas. Eso también afecta al financiamiento”, explica.
La incertidumbre comercial añade presión a las decisiones de inversión. Aunque México ha tenido una posición comparativamente favorable frente a algunas medidas arancelarias aplicadas por Estados Unidos a otros países, persisten dificultades para productos específicos, como el jitomate, y restricciones sanitarias que han afectado las exportaciones de ganado. Para los productores, el desafío también consiste en anticipar bajo qué condiciones podrán colocar sus cosechas.
El clima representa otro factor de riesgo. Las variaciones en las lluvias pueden modificar los rendimientos, los costos y los calendarios de producción. En Quintana Roo, donde la actividad agropecuaria depende de condiciones ambientales y ciclos productivos específicos, contar con financiamiento puede ayudar a enfrentar contingencias sin interrumpir las operaciones.
Herramientas para proteger
la inversión
Ante este escenario, FIRA busca ampliar las vías de acceso al crédito mediante la banca comercial y los intermediarios financieros no bancarios, entre ellos las sociedades financieras de objeto múltiple (SOFOMes). Estas entidades aportan conocimiento local, especialización y cercanía con los productores, mientras que FIRA contribuye con fondeo, garantías y mecanismos para compartir riesgos.
La colaboración ha crecido: en 2019, la institución financiaba directamente a 42 SOFOMes; actualmente trabaja con 61 mediante distintos programas. También impulsa esquemas de desarrollo para intermediarios y mecanismos de estructuración crediticia que permiten diversificar las fuentes de recursos.
A la par, FIRA ha incorporado instrumentos para reducir el impacto de las fluctuaciones en los precios internacionales. Uno de sus productos, vinculado al crédito, protege frente a caídas en las cotizaciones de cultivos como maíz, trigo y algodón. El mecanismo toma como referencia un volumen de producción y un precio determinado; si el valor cae, la institución cubre el monto correspondiente a la pérdida calculada sobre las toneladas consideradas, para amortizar el saldo del financiamiento.
La herramienta no elimina todos los riesgos de la producción, pero puede contener el efecto de una caída de precios sobre la capacidad de pago y dar mayor certidumbre tanto al productor como a quien otorga el crédito.
La escala de operación de FIRA refleja la dimensión de esta tarea. Su saldo de financiamiento en el primer semestre del año superaba los 270 mil millones de pesos, un máximo histórico, con presencia en las 32 entidades del país. Para el cierre del año, estima un flujo de crédito colocado cercano a los 380 mil millones de pesos.
La mayor proporción de su cartera se concentra en el occidente del país, mientras que el sureste representa alrededor de 16 mil millones de pesos, cerca de 6% del saldo total. Para Quintana Roo, ampliar las alternativas de financiamiento supone atender actividades con necesidades distintas, desde los cultivos agrícolas hasta la ganadería, la pesca y la transformación de productos.
Tecnología para ampliar el acceso
Reducir el costo de evaluar y supervisar los créditos es otro de los objetivos de FIRA. El financiamiento agrícola requiere conocer las condiciones del terreno, verificar los cultivos y dar seguimiento a la producción, procesos que pueden encarecer las operaciones, especialmente cuando los predios están alejados.
Las imágenes satelitales y los drones permiten observar parcelas georreferenciadas y analizar indicadores relacionados con el vigor de los cultivos, la humedad y la temperatura. FIRA también ha desarrollado un algoritmo que utiliza la ubicación de un terreno y sus antecedentes productivos para estimar su potencial de generación de ingresos.
Esta información puede complementar la evaluación financiera tradicional, sobre todo cuando los productores no cuentan con registros contables completos. El objetivo es tomar decisiones mejor sustentadas y facilitar el acceso al crédito a segmentos que enfrentan mayores barreras.
“Las tecnologías deben hacer que el crédito sea más barato, más accesible y de mayor volumen”, plantea Elizondo.
El directivo abordó estos desafíos durante una entrevista realizada en la Convención de la Asociación de Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (ASOFOM) que tuvo como sede Cancún, donde la capacidad de los intermediarios para ampliar el acceso al financiamiento también formó parte de la conversación.
Para estas entidades, la adopción de inteligencia artificial, el análisis de datos y el fortalecimiento de sus capacidades digitales representan retos centrales. Compartir infraestructura y herramientas puede ayudar a reducir costos sin perder la especialización ni el conocimiento local que distingue a cada intermediario.
En cuanto al comportamiento de la cartera, Elizondo señala que el nivel de vencimiento administrado por FIRA se mantiene por debajo de 2%, un indicador que considera saludable.
En un sector expuesto a variables que el productor no controla por completo, el desafío no consiste solamente en colocar más recursos, sino en diseñar financiamientos compatibles con los ciclos productivos y acompañarlos de mecanismos para administrar riesgos. Para Quintana Roo, donde el turismo comparte territorio con actividades agropecuarias que buscan consolidarse, ampliar el acceso al crédito también puede fortalecer la producción local y sus vínculos con las cadenas de comercialización.
