Liz Duarte, directora general de la Escuela de Danza Talulah, comparte la historia de una institución fundamental para la formación artística en Cancún
Cancún ha construido su identidad con la llegada de personas de distintos lugares, pero también con los espacios que han contribuido a enriquecer su vida cultural. En una ciudad reconocida internacionalmente por su actividad turística, la formación artística ha abierto otras posibilidades para el encuentro, el aprendizaje y el intercambio entre comunidades.
La Escuela de Danza Talulah forma parte de esa historia. Fundada en 1977, cuando Liz Duarte tenía apenas 17 años, la institución ha acompañado a generaciones de estudiantes y promovido la danza mediante encuentros, presentaciones, clases magistrales e intercambios culturales. En el ciclo escolar 2026-2027 celebra su 50º aniversario, cinco décadas marcadas por el compromiso con la enseñanza y la promoción cultural en Quintana Roo.
Para Liz, hoy directora general, el camino comenzó con el respaldo familiar y la decisión de convertir la danza en un proyecto de vida, aunque las condiciones de una ciudad que todavía tenía muchas carencias hicieron que los primeros años fueran especialmente difíciles.
Los comienzos de una vocación
“Mis padres me impulsaron a abrir la escuela. Fue muy difícil los primeros años, por todas las carencias que teníamos en Cancún y por la inmadurez de mi edad”, recuerda.
Sus estudios los realizó en Mérida, pero la iniciativa de abrir la institución surgió en Cancún durante el verano de 1977. La escuela todavía no estaba terminada cuando llegó septiembre, por lo que las primeras clases se impartieron en las oficinas del DIF, en el inmueble que actualmente ocupa el Registro Civil. Semanas después, los estudiantes pudieron estrenar las instalaciones.
Desde sus inicios, la oferta incluyó danza clásica, polinesio y folclor para niños, adolescentes y adultos. La formación artística comenzó así a abrirse paso en una ciudad en crecimiento, con una propuesta que convocaba a estudiantes de distintas edades.
Casi cinco décadas después, la continuidad de Talulah también se refleja en las familias que mantienen un vínculo con la institución. Algunas alumnas que comenzaron siendo niñas regresaron años más tarde con sus hijas o nietas, convirtiendo la danza en una experiencia compartida entre generaciones.
Para Liz, esa continuidad representa “una gran satisfacción de ver que las semillitas que se sembraron un día ahora puedan transmitirse de generación en generación”.
Formación, encuentros y grandes escenarios
A lo largo de los años, la institución ha tenido que resolver desafíos que hoy pueden parecer parte de la logística habitual de una presentación, pero que en sus primeros tiempos exigían un esfuerzo adicional.
“El recuerdo más significativo es cuando teníamos que armar el escenario, aforarlo y preparar luces, audio, etcétera, para que pudiéramos tener las funciones (no teníamos teatro)”, cuenta Liz.
Entre sus recuerdos artísticos más relevantes están los encuentros de danza en los que compartieron escenario con compañías profesionales de distintos países. En su relación de experiencias figuran New York City Ballet, La Scala de Milán, Ballet de Camagüey, la Compañía del Teatro Nacional de Kiev, Royal Ballet Winnipeg, Ballet Concierto de República Dominicana, Teatro Natalia Sats de Moscú, Ballet Tosin de Colombia, la Compañía Nacional de Danza y el Ballet de Monterrey.
Hacer posibles estas experiencias también implicó retos importantes, particularmente cuando se buscaba convocar a primeros bailarines para participar en funciones con una finalidad benéfica.
“Los retos fueron lograr que vinieran a bailar primeros bailarines con el deseo de recaudar fondos para una asociación civil”.
La experiencia dejó una enseñanza que Liz mantiene presente: “Aprendimos que cuando se sueña en grande y se trabaja con perseverancia se logran muchos objetivos”.
La disciplina y el trabajo colectivo también forman parte de los principios que la institución busca transmitir. Para su directora general, la huella más importante va más allá del aprendizaje técnico, pues incluye los cambios que la formación artística puede propiciar en la vida de los estudiantes.
“La disciplina y el trabajo en conjunto, también la transformación de vida que algunos bailarines lograron a través de un programa de becas”, señala al referirse a las aportaciones más significativas de la escuela.
Actualmente, Talulah imparte danza clásica, contemporáneo, jazz y tap, con grupos organizados de acuerdo con la edad y la preparación dancística. La formación comienza desde los dos años y se extiende hasta la edad adulta.
Cultura, comunidad y nuevos horizontes
La contribución de Talulah a Cancún también se ha extendido a actividades que favorecen el intercambio artístico. La organización de encuentros, las clases magistrales impartidas por bailarines profesionales, las conferencias y los vínculos con universidades han sido parte de su trabajo de promoción cultural.
En una ciudad cuya proyección internacional está estrechamente vinculada con el turismo, estas iniciativas amplían las posibilidades de acercamiento a otras expresiones artísticas. “Podemos decir que se ha logrado contribuir en gran medida a la danza, ya que actualmente existen festivales, competencias, muestras dancísticas de diferentes estilos y países, que nos enriquecen culturalmente”.
El balance de cinco décadas también puede observarse en sus cifras. La institución calcula que más de 15 mil alumnas han pasado por sus instalaciones, suma 41 generaciones y supera las 500 presentaciones. En el ámbito internacional, ha viajado a distintos estados de Estados Unidos y a República Checa para participar en presentaciones, encuentros o competencias. Además, otorga aproximadamente 15 becas al año.
Su trayectoria ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos el otorgado por el Gobierno del Estado de Quintana Roo en 2014 a Liz Duarte como Ciudadana Cancunense Destacada por su contribución al desarrollo turístico; el reconocimiento como Promotora Cultural de la Dirección de Cultura de Solidaridad en 2016; el reconocimiento por su aportación cultural en la disciplina de danza del IMCAS de Solidaridad en 2018, y el reconocimiento por su destacada trayectoria en el Encuentro de Danza del Caribe 2019. A estos se suman medallas y trofeos obtenidos en distintas competencias durante cada ciclo.
De cara a los próximos años, el propósito de la institución se mantiene ligado a su vocación original: continuar con la enseñanza y la difusión de las artes en el estado.
Liz también atribuye los logros de la institución al trabajo de quienes la integran. En su balance, la permanencia de la escuela no es resultado de una labor individual, sino del compromiso de un equipo que ha acompañado su desarrollo. “Que la escuela está formada por un equipo de profesionales y que el resultado de estos logros es por la entrega, constancia y dedicación de cada uno de los que formamos este gran equipo”.
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Aprendimos que cuando se sueña en grande y se trabaja con perseverancia se logran muchos objetivos”.
Liz Duarte
Directora General de la Escuela de Danza Talulah
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+15,000 alumnas se han formado en esta escuela
+500 presentaciones han realizado sus estudiantes
15 becas aproximadamente por año







