- Nelly García
- ngarcia@latitud21.com.mx
- Carta de la Editora
El turismo suele reconocerse como uno de los motores de la economía nacional por su capacidad para generar empleos, atraer inversiones y captar divisas. Sin embargo, ese reconocimiento no siempre se traduce en decisiones presupuestales que permitan sostener su competitividad frente a destinos de todo el mundo.
La aprobación del incremento al Derecho de No Residente (DNR), que en 2027 pasará de 983 a mil 158 pesos, reabrió una discusión necesaria: ¿qué se hace con esos recursos y cuánto se reinvierte en fortalecer la actividad que los genera?
Modernizar los servicios migratorios y mejorar la infraestructura de ingreso son necesidades legítimas, pero el turismo no comienza ni termina en los filtros migratorios. También requiere promoción, presencia en mercados internacionales y estrategias para mantener a México entre las opciones de quienes deciden dónde vacacionar o invertir.
Por eso, la petición empresarial de destinar a promoción el 28 por ciento de los recursos del DNR que corresponde a la Tesorería de la Federación no debería interpretarse como un capricho sectorial. Es una solicitud para reinvertir en una actividad que genera ingresos y oportunidades para millones de mexicanos.
Desde la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México, el país carece de un organismo federal equivalente que concentre una estrategia permanente de posicionamiento internacional. Los estados y destinos han tenido que asumir buena parte de esa tarea con recursos propios, mientras otros países mantienen inversiones constantes para atraer visitantes.
En Quintana Roo, donde el turismo sostiene buena parte de la economía, esta discusión cobra especial relevancia. Hoteles, aerolíneas, restaurantes, comercios y miles de empleos dependen de mantener vigente el atractivo del Caribe Mexicano.
El anuncio de la gobernadora Mara Lezama de incrementar 20 por ciento el presupuesto estatal para promover los 12 destinos de la entidad confirma que existe conciencia sobre la importancia de esta inversión. No son recursos del DNR ni sustituyen una estrategia nacional, pero reflejan que competir exige presupuesto y planeación.
Las advertencias de empresarios como José Antonio Chapur tampoco deben desestimarse. Desarrollar infraestructura y ampliar la oferta no garantiza por sí solo la llegada de visitantes. También hay que promover, comercializar y mantener a México visible frente a competidores que invierten constantemente en posicionarse.
La promoción no significa gastar en publicidad sin objetivos. Implica estrategias medibles, alianzas comerciales y presencia en los mercados emisores. El turismo no puede darse por sentado: las preferencias cambian, las rutas se disputan y otros destinos trabajan para atraer viajeros.
El Gobierno federal tiene el reto de atender estos llamados. No se trata de desconocer otras prioridades presupuestales, sino de entender que la competitividad turística requiere corresponsabilidad y visión de largo plazo.
México no solamente necesita recibir visitantes; necesita seguir siendo elegido. Y para conseguirlo, no basta con tener destinos extraordinarios: también hay que invertir en que el mundo los conozca y quiera regresar
