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Revista Latitud 21
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Inna German Gómez

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  • Empresaria
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Desazón empresarial: el peso de invertir en México

por NellyG 1 julio, 2026

 

En México se habla mucho de crecimiento, de inversión, de empleo y de bienestar social. Se repiten cifras, se celebran indicadores y se presume estabilidad económica porque el dólar no aumenta (ya no es referencia). Sin embargo, quienes todos los días abrimos una oficina, pagamos nóminas, enfrentamos inspecciones, cumplimos regulaciones, financiamos operaciones y tratamos de sostener fuentes de trabajo, vivimos una realidad mucho más dura, compleja y hasta cierto punto triste.

Muchos empresarios mexicanos atravesamos una etapa de profunda presión (o depresión). Saben que participo en cámaras empresariales, y en mi experiencia compartida con otros empresarios, grupos de trabajo nacionales e internacionales y conversaciones constantes con quienes están emprendiendo, creando o aportando, escucho las frases que nos llevan a la misma sensación de desazón. Algunos podrán decir que esta información es “de oídas”; sin embargo, cuando las mismas preocupaciones se repiten una y otra vez en distintos sectores, regiones y tamaños de empresa, dejan de ser simples comentarios y se convierten en señales de una realidad empresarial que mereciera ser escuchada.

Durante años, los empresarios de este país hemos construido empresas con esfuerzo, riesgo y responsabilidad. Hemos cumplido con regulaciones municipales, estatales y federales; hemos pagado impuestos, cuotas obrero-patronales, permisos, licencias, verificaciones, renovaciones, derechos y obligaciones de todo tipo. Hemos sostenido empleos incluso en momentos difíciles como en la pandemia del COVID, huracanes y, ahora, crisis de inseguridad. Nos sentimos abrumados, por favor necesitamos que nos escuchen y de verdad empiecen a echarnos una manita.

El aumento de regulaciones y obligaciones administrativas se ha convertido en una pesadilla sumamente costosa. Deben pensar cuando establecen una regulación que cada nuevo trámite implica tiempo, personal, asesoría, costo y riesgo de sanción. Cada reforma o nueva disposición exige adaptación. Y cuando estos cambios se acumulan, se pierden muchos recursos que deberían usarse para vender, innovar, atender clientes o mejorar procesos. Sobrevivir un exceso de cumplimiento normativo es exactamente lo contrario a apoyar el crecimiento económico de un país.

Y como si eso no fuera suficiente, viene el aumento al salario mínimo, la ampliación de los días de vacaciones, las obligaciones patronales y las reformas en materia laboral. Aclaro que, sin duda, se tiene una buena intención social. Nadie puede estar en contra de que vivamos mejor. El problema es que muchas de estas decisiones se toman sin considerar la capacidad del sistema para absorberlas.

En la cadena económica hay una realidad inevitable: las empresas no siempre pueden trasladar esos aumentos al precio final de sus productos o servicios inmediatamente. Hay contratos firmados a largo plazo, compras y competencia irregular. El mercado no siempre permite subir precios en la misma proporción; entonces, esa diferencia sale directamente de la utilidad. Y cuando la utilidad desaparece, también desaparecen la reinversión, el crecimiento, la contratación y, eventualmente, la propia empresa.

Hoy muchas empresas mexicanas se financian con proveedores. Esta no es una práctica sana, pero se ha vuelto frecuente. Se alargan pagos, se negocian plazos, se estiran líneas de crédito comerciales y se genera una cadena negativa: una empresa no paga a tiempo porque sus clientes tampoco le pagaron; el proveedor presiona porque también tiene nómina; el banco presta caro o no presta; y la autoridad cobra sin considerar el flujo real de la operación. Así se va formando una presión dolorosa que no aparece en las estadísticas, pero se siente real… muy real.

En regiones como Cancún, esta situación se vuelve aún más sensible. Nuestra economía depende en gran medida del turismo. Cuando hay publicidad negativa, inseguridad percibida, menor llegada de visitantes o incertidumbre económica, el impacto es un gancho al hígado que dobla a cualquier empresa. Y de pronto empezamos a escuchar frases como: “es momento para compradores”. Ahora sí estamos en problemas, porque el que compra, aunque sea una oportunidad, lo hará evaluando estabilidad, certeza, reglas claras y posibilidad razonable de retorno. Hoy muchos empiezan a mover capital hacia otros mercados. Eso no significa falta de compromiso con México; es sentido común financiero.

Enfrentar a empresarios contra trabajadores es una narrativa profundamente equivocada. La empresa y el trabajador forman parte del mismo barco. Si la empresa crece, puede pagar mejor. Si la empresa se asfixia, todos pierden. El trabajador pierde su trabajo, el empresario pierde su patrimonio, el gobierno pierde recaudación y el país pierde competitividad.

La desazón empresarial nace de la sensación de que cumplir cada vez cuesta más, producir cada vez es más difícil y opinar sobre ello tiene consecuencias. Callarnos no está resolviendo nada.

México, ¡por favor escúchanos!, hablamos las pequeñas y medianas empresas que sostenemos nóminas, arriesgamos la piel y enfrentamos todos los días absurdas regulaciones.

Los empresarios en México somos los ‘Avengers’; nos arriesgamos por todos, en un sentido figurado, pero necesitamos ayudita por favor.

Si de narcos hablamos…

por NellyG 1 junio, 2026

 

 

En los avatares de mi trabajo administrando propiedades, he tenido la oportunidad —o quizá la desventura— de conocer las residencias y costumbres de muchos personajes. Les llamo así porque sus historias parecen extraídas de una telenovela de televisa: excesos, traiciones, secretos, fortunas repentinas, amistades convenientes y silencios incómodos. La famosa frase de que “la realidad supera a la ficción”; en ocasiones, se queda corta.

He visto vidas construidas alrededor de mentiras cuidadosamente diseñadas: aparentes empresarios exitosos, benefactores espontáneos, vecinos discretos o indiscretos que de la noche a la mañana multiplican propiedades y vehículos de lujo. Algunos provocan envidia de ese verde bien oscuro; otros, sospechas silenciosas. Pero todos comparten algo: son reflejo de una normalidad que poco a poco hemos aceptado sin que podamos hacer algo al respecto.

Hoy hablar de “narcos” se ha vuelto parte del lenguaje cotidiano. Narcofosas, narcogobierno, narcopolítica, narcocultura, narcocorridos, narcodinero. El prefijo “narco” se ha instalado despreocupadamente en nuestras conversaciones; tanto, que ya perdió su capacidad de escándalo. Lo pronunciamos como cuando hablamos del clima o del tráfico; ‘small talk’ dirían los gringos. Pero estamos en México y entonces ¿qué es exactamente lo que abreviamos cuando decimos “narco”? Detrás de este cantarín prefijo hay una realidad muy oscura; tanto, que casi se ha quedado sin luz: el narcotráfico con su violencia, su corrupción, sus desapariciones, su miedo, sus economías paralelas y sus visibles estructuras de poder, que ya están infiltradas en nuestras comunidades, nuestros círculos de amigos y hasta en nuestros jacuzzis.

Los personajes que llevan implícitamente ese prefijo conviven entre nosotros. Algunos lo hacen con mucha ostentación, hasta con cierto orgullo; otros, bajo un velo de respetabilidad cuidadosamente construido, porque así pueden convencer e infiltrarse en negocios legítimos. Están en las mesas de al lado, nuestros vecinos, en el festival del colegio y ocupando espacios de decisión económica o política.

¿No han notado que, últimamente, esa población parece haberse incrementado? Quizá sea solo mi percepción, o mi mala suerte, quizá estadística, quizá consecuencia de nuestro gobierno. Factores como desigualdad, falta de oportunidades, impunidad o simplemente el atractivo de una riqueza rápida en una sociedad que premia por sobre todas las cosas: la posición económica.

Sin embargo, existe algo que ya no podemos seguir ignorando. Una sociedad comienza a perderse cuando aquellos que deberían impartir justicia, regular, gobernar y dar ejemplo, son precisamente quienes facilitan, toleran, operan o incluso encabezan redes de corrupción, tráfico de influencias, venta de narcóticos u otros giros igualmente destructivos.

El problema deja entonces de ser el criminal y se convierte en un problema institucional. Porque cuando la línea entre autoridad y complicidad se vuelve difusa, empezamos a normalizar aquello que antes condenábamos. Perdimos la confianza. Viva el cinismo. Y terminamos aceptando lo inaceptable por miedo o será por simple comodidad.

La palabra “narco” ya no nos sorprende. Nos hemos acostumbrado a escucharla, a convivir con ella e incluso a consumirla como entretenimiento. Series han convertido una tragedia nacional en una situación aspiracional.

Pero detrás del glamour televisivo y de las camionetas blindadas hay comunidades enteras viviendo con miedo, familias rotas y una erosión lenta pero constante del tejido social.

Si de narcos hablamos, quizá la conversación ya no debería limitarse a quienes trafican drogas. Tal vez tendríamos que hablar también de quienes los permiten y los conviven, de quienes se benefician del sistema, de quienes guardan silencio y de quienes, poco a poco, han contribuido a que la anormalidad parezca costumbre.

Porque el día en que normalizamos el problema, dejamos también de buscar la solución.

 

Crecimiento humano

por NellyG 30 abril, 2026

 

 

Cuando tenía 16 años estaba en una escuela preparatoria que enseñaba matemáticas por niveles; había 4 niveles y el más alto lo daba el fabuloso profesor Aguilera, cliché absoluto: boina, saco de tweed, pantalón de pana, una barba blanca impecable, lentes de medialuna y una mente privilegiada. Yo le tenía pavor absoluto, cuando me volteaba a ver con esos ojos azules por encima de sus lentes yo temblaba, pensaba ¡de seguro que este sabe todas las cochinadas que estoy pensando!  Fueron pasando los meses y se volvió mi clase favorita; poco a poco me enamoraba de la mente analítica de ese maestro, de su paciencia y de su capacidad para controlar a adolescentes. Tenía un compañero con el que compartía otras clases, un muchacho brillante, mientras yo tenía que ‘machetearle’, él siempre sacaba todo sin esfuerzo.  Un día me armé de valor y me acerqué al Prof. Aguilera y le dije ‘Pedro es brillante, pero está registrado en el nivel más bajo de mate, yo creo que tiene la capacidad de estar con usted’.  Me volteó a ver por arriba de sus lentes y me dijo: ‘ok, que venga’.  Salí sintiéndome bendecida por los dioses y esperé al recreo para correr con Pedro, con el corazón rebosante de felicidad y pensando que había logrado lo imposible.   –‘Pedro, el profe Aguilera quiere que estés en su clase, ya lo convencí-. Pedro me miró con cara de extrañeza y me dijo: – ‘Yo no quiero estar con Aguilera, donde estoy no tengo ni que estudiar, solo llego, presento examen, mantengo las asistencias al mínimo necesario, lo único que quiero es terminar la prepa con buen promedio y pasármela bien de fiesta’-. Se me llenaron los ojos de lágrimas y salí corriendo como alma en pena sin entender su respuesta.

 

Esta anécdota me recuerda a nuestro México de hoy.  Me niego a creer que los mexicanos seamos mediocres, de hecho, yo creo que NO lo somos y lo pongo en mayúscula. He visto a tanta gente hacer cosas extraordinarias, a crear espacios inverosímiles. Porque a tantos mexicanos que emigran a ‘vivir el sueño americano’ les va tan bien. En un entorno de seguridad legal, de seguridad física, donde el Fisco te cobra lo justo, donde la seguridad social te da un mejor servicio; en un país donde hay reglas claras y puedes presupuestar tus gastos como empresa sin las ‘sorpresitas’ de impuestos nuevos.  Claro que no todo es perfecto y, como cada país, tienen cosas buenas y malas, ¿Pero no deberíamos nosotros como país procurar que nuestro activo humano no emigre? Pedro es como muchos de nuestros políticos que se quedan en lugares donde tienen que hacer el mínimo esfuerzo, donde es mejor estar en la fiesta, no quieren desarrollarse o provocar que los demás también se desarrollen.

El servicio público, como su nombre lo dice, debería de servir para que los ciudadanos de un país tengan orden, que las empresas fructifiquen, que se medie sin abusos.

No somos mediocres, somos superhéroes; sólo llegar a tu trabajo en las mañanas es una hazaña.

Ps. Hay parte dos de la historia de Pedro.

Soberanía nacional y el ‘más si osare’

por NellyG 1 abril, 2026

 

 

 

Últimamente se ha hablado mucho en redes, noticias y declaraciones de políticos: El tema de la soberanía nacional. Pero ¿Qué significa eso? Preguntando a la IA me sale lo siguiente: “Capacidad para tomar decisiones autónomas y regir su propio destino. Este principio permite consolidar el modelo de Estado-nación, asegurando la independencia frente a influencias externas y fortaleciendo el papel del gobierno en la administración de los asuntos públicos. Además, legitima la autoridad del Estado mediante la participación ciudadana en procesos como las elecciones nacionales, reforzando los valores de la democracia y la representación política…” encantadora respuesta.

Me permití marcar en negrito un par de palabras, porque me gustaría platicar con ustedes lo que ya tenemos en casa, antes de desgarrarnos las vestiduras y gritar el himno nacional a todo pulmón con la frase ‘… Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo…’ imaginando que un país extranjero quiera decidir a quién invitar a la fiesta o qué música poner en nuestra casa.

Veamos qué SÍ tenemos extraños enemigos, profanando nuestro suelo todos los días, profanando nuestra paz, nuestras familias y nuestros negocios.

Para aquellos que no saben qué significa profanar es: violar (según el SESNSP[1] se violan 2.4 mujeres en México cada hora) u ofender la reputación (El Índice de Percepción de la corrupción marca a México en el lugar 141 de 182 países. Nuestro país tiene la puntuación más baja en la OCDE[2]) o quebrantar (El quebranto del Tren Maya fue de 6 mil 398 millones de pesos en 2025[3]) y finalmente también significa falta de respeto (qué tal nuestros H. diputados dando un espectáculo mundial de lucha libre en nuestro recinto más icónico). Bueno, queda claro que con lo que tenemos en casa tenemos suficiente.

Siguiendo esta línea de pensamiento les hago un par de preguntas para que reflexionemos juntos, ¿Ustedes creen que nuestro gobierno tiene influencias externas? ¿Ustedes creen que tenemos una democracia real, cuando existe un partido hegemónico?, ¿Y ustedes creen que existe una pluralidad en la representación política?.

Les pido que me hagan llegar sus comentarios, probablemente aprenderé sobre cómo podemos regresar a la ‘soberanía nacional’ en lugar de tener una ‘soberana’ nacional.

[1] Sistema Nacional de Seguridad Publica

[2] Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico

[3] Periódico el Universal

El sufrimiento empresarial

por NellyG 2 marzo, 2026

 

 

Quisiera comentar con todos ustedes un tema que nos ha traído sin dormir a muchos empresarios: Incrementos de impuestos y carga social.

Parecerían temas normales del día a día empresarial, pero en realidad es un tema mucho más complejo, que se refleja en muchos aspectos afectando profundamente la estructura social.

Hacer los pagos de regulaciones municipales al alza (basura, licencias de funcionamiento, REPSE, Imoveqroo, Impuesto de Nómina, permisos de letreros, entre muchos otros que se pagan en cada industria individual), los impuestos federales y los incrementos en carga social, se refleja en el costo del bien o servicio que ofrece la empresa.

Las empresas que ofrecen servicios son las más afectadas, porque su producto es el recurso humano; sin embargo, ofrecer a los clientes aumentos de 30% a veces es inviable. Las empresas que cumplen con la regulación establecida se ven en desventaja contra un comercio semi-informal. Muchas empresas para ajustar costos optan por despidos o dejan de contratar servicios en áreas de calidad o capacitación, que a la larga significa simplemente dejar esa cadena virtuosa de crecimiento entre empresas.  Si pensamos a largo plazo la tendencia será negativa: en lugar de generar más empleo, más riqueza, se pagan costos de una sobre regulación gubernamental.  Es decir, el gobierno se vuelve el socio incómodo de las empresas, no genera nada y cuesta mucho.

Me pregunto ¿el gobierno es consciente de esta situación? No hay dinero que les alcance para operar, tienen muchos gastos que en muchos casos están ejercidos ineficientemente. Así que cobran más a las empresas ordenadas y cumplidas. ¿No deberían mejor centrarse en lograr una eficiencia administrativa que haga una reducción de sus costos operativos? Siento que existe un círculo vicioso, por ejemplo, como gobierno, pongo un impuesto sobre el tamaño de las ventanas de las oficinas (no les doy ideas, jajaja), pero ahora hay que contratar varios supervisores, coches, escaleras y hacer una revisión de todas las ventanas. Todo ese es sumar al costo de operación y ¿Cuánto dinero realmente entra a las arcas de la Tesorería? ¿Realmente esa nueva regulación tiene un beneficio en el aspecto de la comunidad?, ¿El tamaño de las ventanas afecta realmente en la operación de las empresas?

Me imagino a alguien respondiendo ‘es que hemos detectado que las ventanas grandes generan un mayor consumo de luz y eso afecta la capacidad de distribución de CFE, por eso nos hemos puesto a la tarea de reducir el tamaño de las mismas… las oficinas sólo pueden tener ventanas que cumplan con un objetivo específico, no afectar a los pobres y las malditas empresas ricas afectan, por eso regularemos esos tamaños. Pero eso generará más empleos, porque ahora las empresas deberán contratar albañiles para achicar las ventanas’.  Hmmm, entonces las empresas se vuelven el responsable de todos los males y se les fuerza a realizar actividades que no generan valor.  Ojalá, de verdad empecemos a hacer análisis reales de qué es lo que se logra con tanto impuesto.

 

El fin del mundo

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 diciembre, 2025
  • Mirada empresarial
  • Inna German Gómez
  • Empresaria
  • @Innagg

 

El título del artículo suena fatalista, pero es una realidad. Nuestro mundo termina, por lo menos lo que hoy conocemos. La inteligencia artificial, las nuevas supercomputadoras, las generaciones que han crecido con un teléfono en la mano desde que tienen uso de razón, cambios en los liderazgos económicos mundiales, el dinero como brújula, grandes capitales concentrados en pocas compañías, pobreza y enfermedad que no disminuye… En fin, sí nos esperan cambios sustanciales en la dinámica humana.    

Siempre como humanidad, una de nuestras características principales ha sido la adaptabilidad, diferentes entornos y aquí seguimos. Así que sucederán muchos cambios y la humanidad sobrevivirá, ¿Cómo seremos? No puedo predecir el futuro, pero sí veo un atisbo y observo desde mi corta visión cosas muy positivas, pero también otras las veo muy negativas.  

Cosas positivas: La inteligencia artificial logrará hacer eficientes muchos procesos y el nivel de subjetividad relacionada con sentimientos o información sesgada será prácticamente nulo, lo que permitirá decisiones más objetivas. Aplicando a procesos burocráticos gubernamentales y haciendo estos apegados al propio sistema, la corrupción puede reducirse. Aplicada a la toma de decisiones empresariales, estas serán mucho más acertadas ya que se tendrá acceso en segundos a una mayor cantidad de información disponible.

Cosas negativas: Se pierde la humanidad, si todo se hace en función de priorizar ganancias y obtener más dinero se dejarán de lado valores tan importantes como la honradez, la empatía y la capacidad de gestión por el bien mayor. 

¿Cómo serán los nuevos humanos? Aquellos que han vivido en mundos irreales o se han creado entornos idílicos en las redes sociales, humanos desapegados a interacciones sociales, humanos que toman decisiones preguntando a un chat gpt, en fin, ahora sí que esos humanos ya no serán los humanos que somos ahora; no quiero decir con esto que seamos mejores o ellos peores, sólo quiero remarcar que serán muy diferentes.  Sí nos preocupa el gap generacional, yo no me imagino hablando con algún nieto (aún no lo tengo y a lo mejor no lo tendré), me aterra pensar que su capacidad de análisis mental sea tan diferente a la mía que nuestro nivel de entendimiento sea casi nulo. Ya hoy en día me pasa cuando le pregunto a alguien más joven por qué le pareció importante poner en redes un video de ellos mismos haciendo algo que cuestiona su cordura mental y su respuesta me resulta totalmente críptica: -Porque así voy a tener más seguidores-. Así que me voy al chat gpt a preguntarle -digo para entender un poco-, y su respuesta me resulta sumamente acertada: Búsqueda de atención y validación, impulsividad o estados emocionales alterados, confusión entre notoriedad y reputación. 

Así que termino esta pequeña reflexión expresando que espero que cuando hablen de mí sea porque mi reputación me precedió. 

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