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Revista Latitud 21
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Inna German Gómez

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Crecimiento humano

por NellyG 30 abril, 2026

 

 

Cuando tenía 16 años estaba en una escuela preparatoria que enseñaba matemáticas por niveles; había 4 niveles y el más alto lo daba el fabuloso profesor Aguilera, cliché absoluto: boina, saco de tweed, pantalón de pana, una barba blanca impecable, lentes de medialuna y una mente privilegiada. Yo le tenía pavor absoluto, cuando me volteaba a ver con esos ojos azules por encima de sus lentes yo temblaba, pensaba ¡de seguro que este sabe todas las cochinadas que estoy pensando!  Fueron pasando los meses y se volvió mi clase favorita; poco a poco me enamoraba de la mente analítica de ese maestro, de su paciencia y de su capacidad para controlar a adolescentes. Tenía un compañero con el que compartía otras clases, un muchacho brillante, mientras yo tenía que ‘machetearle’, él siempre sacaba todo sin esfuerzo.  Un día me armé de valor y me acerqué al Prof. Aguilera y le dije ‘Pedro es brillante, pero está registrado en el nivel más bajo de mate, yo creo que tiene la capacidad de estar con usted’.  Me volteó a ver por arriba de sus lentes y me dijo: ‘ok, que venga’.  Salí sintiéndome bendecida por los dioses y esperé al recreo para correr con Pedro, con el corazón rebosante de felicidad y pensando que había logrado lo imposible.   –‘Pedro, el profe Aguilera quiere que estés en su clase, ya lo convencí-. Pedro me miró con cara de extrañeza y me dijo: – ‘Yo no quiero estar con Aguilera, donde estoy no tengo ni que estudiar, solo llego, presento examen, mantengo las asistencias al mínimo necesario, lo único que quiero es terminar la prepa con buen promedio y pasármela bien de fiesta’-. Se me llenaron los ojos de lágrimas y salí corriendo como alma en pena sin entender su respuesta.

 

Esta anécdota me recuerda a nuestro México de hoy.  Me niego a creer que los mexicanos seamos mediocres, de hecho, yo creo que NO lo somos y lo pongo en mayúscula. He visto a tanta gente hacer cosas extraordinarias, a crear espacios inverosímiles. Porque a tantos mexicanos que emigran a ‘vivir el sueño americano’ les va tan bien. En un entorno de seguridad legal, de seguridad física, donde el Fisco te cobra lo justo, donde la seguridad social te da un mejor servicio; en un país donde hay reglas claras y puedes presupuestar tus gastos como empresa sin las ‘sorpresitas’ de impuestos nuevos.  Claro que no todo es perfecto y, como cada país, tienen cosas buenas y malas, ¿Pero no deberíamos nosotros como país procurar que nuestro activo humano no emigre? Pedro es como muchos de nuestros políticos que se quedan en lugares donde tienen que hacer el mínimo esfuerzo, donde es mejor estar en la fiesta, no quieren desarrollarse o provocar que los demás también se desarrollen.

El servicio público, como su nombre lo dice, debería de servir para que los ciudadanos de un país tengan orden, que las empresas fructifiquen, que se medie sin abusos.

No somos mediocres, somos superhéroes; sólo llegar a tu trabajo en las mañanas es una hazaña.

Ps. Hay parte dos de la historia de Pedro.

Soberanía nacional y el ‘más si osare’

por NellyG 1 abril, 2026

 

 

 

Últimamente se ha hablado mucho en redes, noticias y declaraciones de políticos: El tema de la soberanía nacional. Pero ¿Qué significa eso? Preguntando a la IA me sale lo siguiente: “Capacidad para tomar decisiones autónomas y regir su propio destino. Este principio permite consolidar el modelo de Estado-nación, asegurando la independencia frente a influencias externas y fortaleciendo el papel del gobierno en la administración de los asuntos públicos. Además, legitima la autoridad del Estado mediante la participación ciudadana en procesos como las elecciones nacionales, reforzando los valores de la democracia y la representación política…” encantadora respuesta.

Me permití marcar en negrito un par de palabras, porque me gustaría platicar con ustedes lo que ya tenemos en casa, antes de desgarrarnos las vestiduras y gritar el himno nacional a todo pulmón con la frase ‘… Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo…’ imaginando que un país extranjero quiera decidir a quién invitar a la fiesta o qué música poner en nuestra casa.

Veamos qué SÍ tenemos extraños enemigos, profanando nuestro suelo todos los días, profanando nuestra paz, nuestras familias y nuestros negocios.

Para aquellos que no saben qué significa profanar es: violar (según el SESNSP[1] se violan 2.4 mujeres en México cada hora) u ofender la reputación (El Índice de Percepción de la corrupción marca a México en el lugar 141 de 182 países. Nuestro país tiene la puntuación más baja en la OCDE[2]) o quebrantar (El quebranto del Tren Maya fue de 6 mil 398 millones de pesos en 2025[3]) y finalmente también significa falta de respeto (qué tal nuestros H. diputados dando un espectáculo mundial de lucha libre en nuestro recinto más icónico). Bueno, queda claro que con lo que tenemos en casa tenemos suficiente.

Siguiendo esta línea de pensamiento les hago un par de preguntas para que reflexionemos juntos, ¿Ustedes creen que nuestro gobierno tiene influencias externas? ¿Ustedes creen que tenemos una democracia real, cuando existe un partido hegemónico?, ¿Y ustedes creen que existe una pluralidad en la representación política?.

Les pido que me hagan llegar sus comentarios, probablemente aprenderé sobre cómo podemos regresar a la ‘soberanía nacional’ en lugar de tener una ‘soberana’ nacional.

[1] Sistema Nacional de Seguridad Publica

[2] Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico

[3] Periódico el Universal

El sufrimiento empresarial

por NellyG 2 marzo, 2026

 

 

Quisiera comentar con todos ustedes un tema que nos ha traído sin dormir a muchos empresarios: Incrementos de impuestos y carga social.

Parecerían temas normales del día a día empresarial, pero en realidad es un tema mucho más complejo, que se refleja en muchos aspectos afectando profundamente la estructura social.

Hacer los pagos de regulaciones municipales al alza (basura, licencias de funcionamiento, REPSE, Imoveqroo, Impuesto de Nómina, permisos de letreros, entre muchos otros que se pagan en cada industria individual), los impuestos federales y los incrementos en carga social, se refleja en el costo del bien o servicio que ofrece la empresa.

Las empresas que ofrecen servicios son las más afectadas, porque su producto es el recurso humano; sin embargo, ofrecer a los clientes aumentos de 30% a veces es inviable. Las empresas que cumplen con la regulación establecida se ven en desventaja contra un comercio semi-informal. Muchas empresas para ajustar costos optan por despidos o dejan de contratar servicios en áreas de calidad o capacitación, que a la larga significa simplemente dejar esa cadena virtuosa de crecimiento entre empresas.  Si pensamos a largo plazo la tendencia será negativa: en lugar de generar más empleo, más riqueza, se pagan costos de una sobre regulación gubernamental.  Es decir, el gobierno se vuelve el socio incómodo de las empresas, no genera nada y cuesta mucho.

Me pregunto ¿el gobierno es consciente de esta situación? No hay dinero que les alcance para operar, tienen muchos gastos que en muchos casos están ejercidos ineficientemente. Así que cobran más a las empresas ordenadas y cumplidas. ¿No deberían mejor centrarse en lograr una eficiencia administrativa que haga una reducción de sus costos operativos? Siento que existe un círculo vicioso, por ejemplo, como gobierno, pongo un impuesto sobre el tamaño de las ventanas de las oficinas (no les doy ideas, jajaja), pero ahora hay que contratar varios supervisores, coches, escaleras y hacer una revisión de todas las ventanas. Todo ese es sumar al costo de operación y ¿Cuánto dinero realmente entra a las arcas de la Tesorería? ¿Realmente esa nueva regulación tiene un beneficio en el aspecto de la comunidad?, ¿El tamaño de las ventanas afecta realmente en la operación de las empresas?

Me imagino a alguien respondiendo ‘es que hemos detectado que las ventanas grandes generan un mayor consumo de luz y eso afecta la capacidad de distribución de CFE, por eso nos hemos puesto a la tarea de reducir el tamaño de las mismas… las oficinas sólo pueden tener ventanas que cumplan con un objetivo específico, no afectar a los pobres y las malditas empresas ricas afectan, por eso regularemos esos tamaños. Pero eso generará más empleos, porque ahora las empresas deberán contratar albañiles para achicar las ventanas’.  Hmmm, entonces las empresas se vuelven el responsable de todos los males y se les fuerza a realizar actividades que no generan valor.  Ojalá, de verdad empecemos a hacer análisis reales de qué es lo que se logra con tanto impuesto.

 

El fin del mundo

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 diciembre, 2025
  • Mirada empresarial
  • Inna German Gómez
  • Empresaria
  • @Innagg

 

El título del artículo suena fatalista, pero es una realidad. Nuestro mundo termina, por lo menos lo que hoy conocemos. La inteligencia artificial, las nuevas supercomputadoras, las generaciones que han crecido con un teléfono en la mano desde que tienen uso de razón, cambios en los liderazgos económicos mundiales, el dinero como brújula, grandes capitales concentrados en pocas compañías, pobreza y enfermedad que no disminuye… En fin, sí nos esperan cambios sustanciales en la dinámica humana.    

Siempre como humanidad, una de nuestras características principales ha sido la adaptabilidad, diferentes entornos y aquí seguimos. Así que sucederán muchos cambios y la humanidad sobrevivirá, ¿Cómo seremos? No puedo predecir el futuro, pero sí veo un atisbo y observo desde mi corta visión cosas muy positivas, pero también otras las veo muy negativas.  

Cosas positivas: La inteligencia artificial logrará hacer eficientes muchos procesos y el nivel de subjetividad relacionada con sentimientos o información sesgada será prácticamente nulo, lo que permitirá decisiones más objetivas. Aplicando a procesos burocráticos gubernamentales y haciendo estos apegados al propio sistema, la corrupción puede reducirse. Aplicada a la toma de decisiones empresariales, estas serán mucho más acertadas ya que se tendrá acceso en segundos a una mayor cantidad de información disponible.

Cosas negativas: Se pierde la humanidad, si todo se hace en función de priorizar ganancias y obtener más dinero se dejarán de lado valores tan importantes como la honradez, la empatía y la capacidad de gestión por el bien mayor. 

¿Cómo serán los nuevos humanos? Aquellos que han vivido en mundos irreales o se han creado entornos idílicos en las redes sociales, humanos desapegados a interacciones sociales, humanos que toman decisiones preguntando a un chat gpt, en fin, ahora sí que esos humanos ya no serán los humanos que somos ahora; no quiero decir con esto que seamos mejores o ellos peores, sólo quiero remarcar que serán muy diferentes.  Sí nos preocupa el gap generacional, yo no me imagino hablando con algún nieto (aún no lo tengo y a lo mejor no lo tendré), me aterra pensar que su capacidad de análisis mental sea tan diferente a la mía que nuestro nivel de entendimiento sea casi nulo. Ya hoy en día me pasa cuando le pregunto a alguien más joven por qué le pareció importante poner en redes un video de ellos mismos haciendo algo que cuestiona su cordura mental y su respuesta me resulta totalmente críptica: -Porque así voy a tener más seguidores-. Así que me voy al chat gpt a preguntarle -digo para entender un poco-, y su respuesta me resulta sumamente acertada: Búsqueda de atención y validación, impulsividad o estados emocionales alterados, confusión entre notoriedad y reputación. 

Así que termino esta pequeña reflexión expresando que espero que cuando hablen de mí sea porque mi reputación me precedió. 

¿Personas o Sistema?

por NellyG 5 noviembre, 2025

 

 

Cuando empecé este artículo tenía varios temas en la mente. Sin embargo, muchos de ellos ya los sabemos, errores cometidos en la dirección y rumbo de nuestro país por nuestros funcionarios públicos en materia de seguridad, finanzas, salud… todos vemos el caos y ni Chespirito nos podrá ayudar.

Tuve que ir en lo personal a hacer un trámite a una dependencia gubernamental, y para mi sorpresa, el que me atendió, una sonriente jovencita de unos veintitantos años hizo lo posible por resolver el tema. Siguió el incongruente proceso establecido y resolvió la situación con puras ganas y sin recursos.  Así que esto me llevó a preguntarme: ¿Qué estará mal, el sistema o las personas?

Platiqué con ella y estaba convencida de que podía cambiar las cosas y que además había personas que pensaban como ella; lo malo era que no tenían recursos, cosas tan simples como unas sillas cómodas, computadoras en buen estado, un aire acondicionado que no goteara y dejará de servir a las pocas horas, escritorios que no estuvieran a punto de caerse. En fin, todos hemos estado o visitado dependencias de gobierno y sabemos las dolencias. Pero lo que más llamó mi atención es que mencionó que si de verdad todas las personas del departamento hicieran su trabajo, todos los casos quedarían resueltos al día; ya que algunos de sus compañeros, sobre todo los más antiguos ya no hacían nada y eso atrasaba todo. ¡Y no solo eso!, la regañaban por ser eficiente porque ponía en evidencia su ineficiencia.

Así que pensé que a lo mejor esos que llevaban ya tiempo habían llegado con el entusiasmo de querer servir y hacer cambios, pero el mismo sistema, el día a día de llegar a un lugar sucio, mal mantenido y con un ambiente hostil, los fue mermando hasta convertirlos en los burócratas que son ahora.  Y ni hablemos de la corrupción, a pequeña o gran escala también se ha enquistado en el sistema burocrático de cualquier trámite. ¿Cómo salir de ese círculo? Lo único que se me ocurre pensar es que debemos cambiar primero nosotros como usuarios y exigir un poco más, generando iniciativas de cambio. Si los presupuestos de los municipios y estados contemplan mantenimiento y compra de mobiliario, ¿no podríamos preguntar de vez en vez qué han hecho con ese dinero? Para cambiar algo que lleva mucho tiempo mal, se necesita ver el problema inicialmente y aunque todos, y digo todos lo vemos, muchos cerramos los ojos y otros navegamos sobre la ola de la ineficiencia, es probable que la naturaleza de nuestros funcionarios empezó con la noble causa de realmente ayudar a la comunidad y de pronto fueron atrapados en el lado oscuro de la fuerza. ¿Qué necesitamos para cambiar esto? Creo que cambiando nuestra propia mentalidad para realmente generar acciones de liderazgo, aunque pequeñas, pueden lograr grandes cambios.

Seguridad, justicia  e infraestructura

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 octubre, 2025
  • Mirada empresarial
  • Inna German Gómez
  • Empresaria
  • @Innagg

 

Hace algunos días mi querida amiga Sikaru (así es su nombre y ella misma, como hermosa heroína de un cuento fantástico), me recordó el libro de Alma Delia Murillo, ‘Raíz que no desaparece’. Lo leí hace prácticamente un mes, lo desaparecí de mi mente, lo borré de mi repertorio y no quería recordarlo. Un libro que habla de las madres buscadoras, esas mujeres incansables en la búsqueda de sus hijos o hijas. Jóvenes arrancados de su familia y esfumados. ¿Dónde están? Fosas clandestinas, hoteles de mala muerte, cosechando a punta de pistola… nadie sabe. Mi memoria decidió ponerse en huelga y no manifestar conocimiento alguno sobre lo leído. Cuando me lo recordó me volvió la opresión en el pecho. ¡Yo también soy madre! Una historia sobre sueños de dolor y a pesar de ser ficción refleja la realidad que estamos viviendo hoy en nuestro país. 

Hace poco ha estado circulando un video en redes donde una persona habla de que un Estado debe proveer 3 cosas: seguridad, justicia e infraestructura; sin pensar en ideologías políticas, ni si somos derechos o zurdos. Si un Estado no garantiza la seguridad de sus ciudadanos qué nos queda, sin la certidumbre de una fuerza que controle la violencia ¿Cómo vivimos? La justicia: si prolifera el mal y no hay consecuencia, se volverá costumbre; cada día se multiplica la impunidad y sin leyes que regulen nuestro actuar, no existen ganas de invertir, comprar, crecer y hasta soñar. La infraestructura es básica; todos queremos tener en nuestras casas agua potable, luz, transporte, en fin, todo aquello que nos hace pensar en prosperidad.  Si el Estado se preocupara realmente por proveer estas 3 cosas, todo lo demás genera un círculo virtuoso.  

En el informe de personas desaparecidas publicado por la red Lupa, esta a su vez auspiciada por el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia A.C. establecen que hay más de 100,000 personas reportadas como desaparecidas. Si esto no resulta alarmante, imaginen que la edad de la mayoría de las mujeres desaparecidas es entre los 15-19 años. ¿Dónde estamos como sociedad?, ¿Por qué perdemos a nuestros jóvenes? De verdad que debemos empezar a buscar respuestas. Nuestro gobierno debe empezar a escuchar a las madres buscadoras, trabajar con ganas para frenar este tema que cada día crece y crece. Como país sólo reflejamos la incompetencia de no poder contener una violencia que nos arranca de las manos la prosperidad, el crecimiento y a nuestros propios hijos.    

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