Por Luis Villicaña Muñiz
Periodista Deportivo
FB Luis Villicaña
Y sí, 40 años después de la 2a. y última edición de una Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, México volverá a vivir en el ya mítico e icónico Estadio Azteca, ahora llamado Estadio de la Ciudad de México, la inauguración de este torneo por tercera vez en la historia de este deporte.
Un estadio que en estos días acaba de celebrar 60 años de haberse construido específicamente para el deporte más publicitado y promovido, según los entendidos en el mundo: el fútbol.
Para efectos del nombre, el también conocido como el Coloso de Santa Úrsula (por la zona al sur de la capital de nuestro país), ha tenido, a saber, varios nombres. El más popular y reconocido es Estadio Azteca, nombre que surgió tras una promoción en la que los dueños, reconocidos como «Fútbol del Distrito Federal», lanzaron entre la afición y cuyo premio consistió en obtener la «Platea o asiento» por 99 años, algo similar a lo que en 1966 se ofreció a los adquirientes de los flamantes palcos de tan majestuoso escenario deportivo.
Pero muchas veces los intereses económicos o de mercadotecnia obligan a modificar lo que hubiera parecido “intocable” y así, durante un tiempo, ya tras haber sido sede de la inauguración y final de la Copa del Mundo o Mundial, como también se le identifica al torneo, tanto en 1970, cuando Brasil, encabezado por el mismísimo Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, para muchos el mejor futbolista de todos los tiempos, y hace 40 años, en 1986, cuando la figura era el argentino Diego Armando Maradona, a la postre quien levantó la Copa de campeón, en los años 90 se intentó cambiarle el nombre, como supuesto homenaje al personaje que logró traer la Copa a nuestro país por segunda vez, el recordado Guillermo Cañedo de la Bárcena.
Aquel logro fue superar a los Estados Unidos de América, nuestro país vecino del norte, que tras la “renuncia” de Colombia para organizar el compromiso, obligó a la FIFA a buscar sustitutos, y así México ganó la elección para ser por segunda vez el país organizador, puesto que por la cantidad de países participantes, y a diferencia de los Juegos Olímpicos, que se otorgan a una ciudad, para la Copa Mundial se requerían varios escenarios, estadios y ciudades que recibieran los partidos.
Pero los tiempos y los intereses han cambiado. Los patrocinadores esperaron a intervenir desde el 2002, cuando se otorgó la organización a Corea del Sur y Japón, geográficamente vecinos y no tan distantes, habiendo sido aquella “solución” como un ensayo que este año nos lleva a compartir con Estados Unidos y Canadá la organización de la Copa 2026.
El torneo que inició en 1930 en Uruguay creció exponencialmente y ganó prestigio y recursos que beneficiaban a los países organizadores y, en especial, a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), organismo que cuenta con más afiliados que la misma ONU.
Así, después de Italia 1990, los Estados Unidos en el 94 y Francia 98, ya en este siglo siguió el desfile de países que buscan participar y/o al menos ser organizadores, lo que garantiza estar en la competencia mundialista. Por lo antes señalado y los intereses tan fuertes que rodean al certamen, la FIFA determinó que Canadá maneje dos sedes en su territorio, Vancouver y Toronto, dando a Estados Unidos 11 ciudades, a pesar de no tener ni la tradición ni la afición para llenar las tribunas; aun así, tendremos juegos en Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Los Ángeles, Miami, Nueva York, Filadelfia, Nueva Jersey y San Francisco. Lo que deja a México con solo tres sedes y la inauguración prevista para el jueves 11 de junio en el ahora Estadio Ciudad de México, y las otras dos ciudades que cumplieron las exigencias del llamado «Cuaderno de cargos» son Guadalajara y Monterrey, mismas que también han tenido que cambiar el nombre de sus inmuebles, como lo ordena la FIFA.
En lo deportivo no se ha logrado atraer la atención ni de la ciudadanía ni de los aficionados. Las obras que se han realizado para dar la mejor imagen al mundo, a escasos días, no están terminadas y además los precios de los boletos, servicios y hasta de las botanas tradicionales han sufrido aumentos descomunales, al haber sido considerados a precio dólar, lo que para la mayoría resulta prohibitivo. Como ejemplo, el costo del estacionamiento supera los 1,250 pesos ¡y se le sugiere llegar preferentemente en transporte público!
A todo esto, se tiene poca confianza en la llamada Selección Nacional, que igualmente parece estar integrada sirviendo a intereses comerciales o de mercadotecnia y no a lo netamente deportivo, que una vez más nos llevaría a no tener los resultados esperados y anhelados, lo que terminaría con otro fracaso a este nivel de Copa del Mundo, o como siempre se ha dicho a manera de consuelo: “Jugaron como nunca, pero perdieron como siempre”. Lo que honestamente, y como aficionado a los deportes, no se lo deseamos ni al DT Javier “Vasco” Aguirre ni a los jugadores que él decida incluir… culminando diciendo que: El deporte es vida en movimiento.
