Apiarios Casanova: Colmenas que sostienen sueños

por NellyG

 

 

Con esfuerzo, aprendizaje y visión de negocio, Apiarios Casanova convirtió la apicultura en el sustento de una familia y un ejemplo de diversificación productiva en Quintana Roo

 

Desde la comunidad de Noh Bec, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, un emprendimiento familiar demuestra cómo la apicultura puede convertirse en una oportunidad de diversificación económica en Quintana Roo. Lo que comenzó como un proyecto juvenil impulsado por una dependencia gubernamental terminó transformándose, con paciencia y perseverancia, en un modelo de negocio que hoy combina producción primaria, valor agregado y comercialización bajo una marca propia.

Para Limbert Ismael Casanova Dzul, el camino no comenzó con un plan empresarial perfectamente definido. En 2015 ingresó, junto con un grupo de jóvenes, a un programa de apicultura que incluía capacitación técnica, empresarial y equipo para iniciar operaciones.

“Desconocíamos un poco acerca del mundo de las abejas, pero nos capacitaron y comenzamos bien”, recuerda.

Sin embargo, el entusiasmo inicial no duró mucho. Conforme pasó el tiempo, varios integrantes abandonaron el proyecto. Algunos no se acostumbraron al trabajo con las abejas y otros dejaron de ver viabilidad en la iniciativa. El grupo terminó por desintegrarse.

Fue entonces cuando Limbert tomó una decisión que marcaría el rumbo de su futuro: mientras otros buscaban vender lo que quedaba del proyecto, él pidió quedarse con colmenas en lugar de dinero.

“Yo le vi futuro. Más que nada porque la abeja cumple un rol muy importante en el ecosistema y eso me motivó a seguir”, explica.

Comenzó con apenas ocho colmenas, aunque durante varios años la actividad avanzó lentamente, pues aún tenía otro empleo y no podía dedicarle el tiempo suficiente. Las abejas seguían ahí, pero el emprendimiento todavía no despegaba.

 

El salto al sustento familiar

 

El punto de inflexión llegó después de la pandemia. Como muchas familias, la incertidumbre económica obligó a replantear ingresos y estabilidad.

“Vimos que no podíamos estar sin trabajo ni sin ingresos. Ya tenía las abejas, pero no las había trabajado como debía”, cuenta.

A partir de 2022, decidió dedicarse de lleno al proyecto, acompañado por su esposa, Rosalía Blanco, quien se convirtió en pieza clave del crecimiento del negocio. Hoy, el trabajo del apiario es prácticamente una operación familiar: él se encarga del manejo de campo y las colmenas, mientras ella desarrolla productos derivados como jabones y velas artesanales.

Actualmente, el emprendimiento suma 70 colmenas y ha evolucionado más allá de la venta de miel, entendiendo que la rentabilidad del sector depende de diversificar.

Más allá de la miel

 

“No me podía estancar solo en un producto”, afirma.

Además de miel, Apiarios Casanova trabaja con propóleo, jalea real, polen y apitoxina, el veneno de abeja, un derivado que comienza a ganar interés en mercados especializados. Aunque algunos de estos productos todavía se manejan a pequeña escala por la complejidad de su extracción, Limbert ya ha invertido en equipo y conocimiento para ampliar su producción.

Uno de los desarrollos más recientes es precisamente la cosecha de apitoxina, un proceso delicado que requiere tecnología especializada y estrictas medidas de seguridad. El producto, explica, se comercializa por gramos y tiene alta demanda debido a investigaciones sobre su potencial terapéutico.

Pero el valor agregado no termina ahí. En paralelo, Rosalía elabora jabones artesanales con miel, cúrcuma, avena, carbón activado, vitamina E y aceites naturales, además de velas aromáticas y sets de regalo que integran distintos productos del apiario.

“Ella también forma parte de esto. Somos nosotros dos quienes trabajamos día a día”, señala.

La profesionalización ha sido otro componente importante del crecimiento. Aunque se considera autodidacta, Limbert reconoce que el emprendimiento requiere capacitación constante.

“He aprendido mucho investigando, viendo videos, tomando cursos de apicultura y hasta de mercadotecnia”, comenta.

Crecer con identidad propia

 

Ese aprendizaje también ha influido en la forma de comercializar. Con apoyo de la Secretaría de Desarrollo Económico de Quintana Roo, lograron registrar formalmente la marca Apiarios Casanova, además de obtener distintivos como Hecho en Quintana Roo, tabla nutrimental y códigos de barras para sus distintas presentaciones.

Actualmente venden miel desde frascos de 60 gramos hasta un kilo, comercializando tanto en su comunidad como mediante pedidos en línea que ya han llegado a otros estados del país.

La producción depende del comportamiento de las floraciones. La temporada principal de cosecha se concentra entre enero y junio, cuando especies como el tajonal y el pucté favorecen la recolección de néctar. En condiciones óptimas, sus 70 colmenas podrían producir alrededor de dos toneladas de miel por temporada.

Pero no todo depende del esfuerzo humano. El clima se ha convertido en uno de los mayores desafíos. A inicios de este año, el frío afectó la fortaleza de las colonias, obligando a intervenir con alimentación suplementaria para evitar pérdidas. Otro reto permanente son las hormigas, que pueden invadir y destruir colmenas completas.

Aun así, Limbert mantiene una regla clara: evitar químicos que puedan comprometer la pureza del producto.

“Tratamos de que sea un producto libre de químicos, siempre cuidando la calidad e inocuidad”, afirma.

El siguiente paso ya está en la mira: desarrollar genética apícola mediante la producción de reinas fecundadas para venta a otros productores y, a corto plazo, colocar sus productos en alguna cadena comercial o retail.

Más allá del crecimiento económico, Limbert asegura que hay una motivación aún más profunda: preservar un oficio ligado al equilibrio ambiental y heredarlo a sus hijos.

“Me satisface porque contribuimos al medio ambiente. Sin estos insectos no tendríamos muchas frutas y verduras que consumimos. Y también quiero enseñarles este trabajo a mis hijos”, concluye.

En una región donde el turismo domina gran parte de la actividad económica, historias como la de Apiarios Casanova reflejan cómo el emprendimiento rural y la innovación en el campo también forman parte de la diversificación productiva de Quintana Roo.

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8 colmenas fue el punto de partida y ahora ya tiene 70

 

2 toneladas de miel es la producción estimada por temporada

 

6 meses es el ciclo principal de cosecha (enero-junio)

 

60 mil a 100 mil abejas: puede albergar una colmena fuerte

 

 

Me satisface trabajar con las abejas porque contribuimos al medio ambiente y quiero dejarles este oficio a mis hijos”.

Limbert Ismael Casanova Dzul