Competir no es solo crecer

por ahernandez@latitud21.com.mx
  • Nelly García
  • ngarcia@latitud21.com.mx
  • Carta de la Editora

México acaba de recibir una señal que conviene mirar más allá de las cifras nacionales. En el Ranking Mundial de Competitividad 2026 del IMD, el país cayó del lugar 55 al 62 entre 70 economías. Siete posiciones menos que deberían funcionar como llamada de atención, sobre todo cuando el Plan México plantea colocar al país entre las diez mayores economías del mundo.

La paradoja es evidente: mientras se busca atraer inversión y fortalecer la economía, México pierde posiciones precisamente en algunos de los factores que hacen posible ese objetivo: certeza jurídica, eficiencia gubernamental, infraestructura y entorno para los negocios.

Y aquí es donde la conversación nacional empieza a tener sentido para Quintana Roo.

Nuestro estado vive una contradicción interesante. Somos una de las grandes plataformas turísticas de América Latina, tenemos conectividad aérea, capacidad para atraer capital y una economía que genera empleo. Pero eso no significa automáticamente que seamos competitivos en todos los sentidos.

El Índice de Competitividad Estatal 2025 del IMCO ubicó a Quintana Roo en el lugar 21 de 32 entidades, seis posiciones por debajo de la medición anterior.

Hay fortalezas importantes: el estado ocupa el tercer lugar nacional en participación laboral y el séptimo en ingreso promedio de trabajadores de tiempo completo. Además, la región Maya destaca por su conectividad aérea.

Pero aparece una pregunta inevitable: ¿qué sigue después de tener una economía exitosa?

La respuesta no puede ser simplemente construir más cuartos de hotel.El propio IMCO señala como desafío regional la baja diversificación económica y el escaso crecimiento de las empresas con más de 50 trabajadores. El problema no es el turismo; al contrario, su enorme escala debería convertirse en plataforma para desarrollar otras actividades: tecnología, servicios financieros, salud, logística, innovación y proveeduría especializada.

El Distrito Financiero y Tecnológico de Cancún apunta precisamente en esa dirección. Pero ningún polo, corredor o megaproyecto crea competitividad por decreto.

La competitividad se construye cuando una empresa encuentra talento, infraestructura confiable, energía suficiente, trámites razonables, seguridad jurídica y reglas estables. También cuando una persona preparada decide quedarse porque encuentra oportunidades profesionales.

Por eso el retroceso de México debería leerse también desde los estados. El Plan México podrá definir una ruta nacional, pero la competitividad se juega en los territorios.

Y Quintana Roo tiene algo que muchos estados quisieran: demanda internacional, conectividad, capital, talento y una marca global. El reto es convertir esas ventajas en capacidades permanentes.

No se trata de dejar de crecer, sino de hacer que el crecimiento genere empresas más sofisticadas, empleos mejor pagados, talento especializado y una economía menos dependiente de una sola industria.

México quiere estar entre las diez mayores economías del mundo. Quintana Roo debería preguntarse qué lugar quiere ocupar dentro de esa nueva economía.

Vale la pena recordar que competir no consiste solamente en atraer más visitantes o inversiones, sino en ser el lugar donde, después de llegar, una empresa decide quedarse.