Este octubre el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) otorga a diferentes empresas —y personas físicas— un distintivo de Empresa Socialmente Responsable (ESR), con la finalidad de reconocer los esfuerzos de alinear la estrategia empresarial y de negocio con la responsabilidad de cuidado del medio ambiente, impacto social, ética y gobernanza. Particularmente en Quintana Roo considero importante que las empresas realicen este proceso de autodiagnóstico para asegurar que tengamos el mayor cuidado a los ecosistemas que impulsan el turismo y promueven el desarrollo económico.
Un detalle importante para enfatizar es que uno de los criterios del distintivo es evaluar el modelo de gobernanza de la empresa enfocado en responsabilidad social, ética y ambiental. Al final la responsabilidad en este contexto se puede traducir en mantener un estándar de políticas y procedimientos que cumplan lo requerido para ser distinguido en el tema. Por lo tanto, es clave contar con un sistema de control interno y un modelo de gobernanza para asegurar la medición y confiabilidad de los parámetros que apliquen. Dicho de otra manera ¿cómo asegurar que realmente se tiene la responsabilidad en la organización, sin un mecanismo para medirlo, auditarlo y mejorarlo? Es por esto —y por muchos otros motivos que hemos visto en entregas anteriores— que la implementación de un modelo de gobierno corporativo forma parte del desarrollo de una empresa y es necesario para dar el salto de calidad que muchas desean. Todos queremos certificaciones, distintivos, premios, pero para ello es necesario formar las bases desde el principio y asegurar que todos los dueños estén involucrados en este proceso. Si optamos —como lo he visto bastante— por dejar ese plan por un lado y asignarle la etiqueta de “Para después” lo único que estamos haciendo es, en el mejor de los casos, dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Digamos que el consultor en gobierno corporativo tiene una situación similar al de los científicos en disciplinas poco comunes en las películas de ciencia ficción. No figuran. Pero ante una catástrofe natural los más altos directivos se voltean y dicen ¡busquen a un geólogo! Así mismo, cuando resulta comercialmente conveniente contar con una certificación —o en este caso, un distintivo— y resulta que dentro de los requerimientos viene contemplado tener comités operando y llevar cédulas de acuerdos entre las áreas, es cuando contra toda estadística se vuelve urgente un plan de gobierno corporativo. Un poco de humor, mucho de realidad.
Fuera de eso, me da gusto revisar que la filantropía está cada vez más presente como un aspecto importante de la organización. De acuerdo con datos estadísticos de National Philanthropic Trust, en el 2024 las donaciones de corporativos para fines de filantropía crecieron 9.1% contra el año anterior. En México, participaron 2,480 empresas en la convocatoria de Distintivo ESR 2025 según los datos de Cemefi, de las cuales 57.2% se pueden catalogar como Pymes (en este caso, pequeña, mediana y micro).
Del total de empresas que participaron 32 son de Quintana Roo, ocupando el lugar #16 en empresas postuladas a nivel nacional. Pienso que como estado podemos ser más protagónicos.
Felicitaciones a las empresas que participaron este año y sigamos fomentando —en lo que esté en nuestro alcance— la responsabilidad social y ambiental en nuestro entorno empresarial.

