Rehenes de las crisis

por NellyG

 

 

 

Por: Sergio León Cervantes

X: Oigres14 |Email:  sergioleon@sergioleon.mx |IG: @sergioleoncervantes

 

 

 

¿Cuántas crisis más necesitamos para aprender? La crisis financiera de 2008-2009, la influenza AH1N1 y la pandemia de COVID-19 demostraron nuestra vulnerabilidad económica. Recuperamos visitantes, pero seguimos expuestos a acontecimientos externos que no controlamos. Hoy, Estados Unidos vuelve a encender las alarmas.

El 14 de octubre, la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense reportó una inflación anual de 3.7% y una caída de 0.7% en los salarios reales por hora. Un día después informó que los precios al productor aumentaron 1.3% mensual y los servicios aéreos de pasajeros, 5%. La Oficina del Censo añadió que las ventas minoristas crecieron 0.8%, aunque las subyacentes de control apenas avanzaron 0.1%. El consumidor continúa gastando, pero enfrenta mayores presiones sobre su presupuesto.

¿Qué significa para nosotros? Estados Unidos representó 36.8% de nuestros turistas entre enero y noviembre de 2025, según SEDETUR. Si sus familias reducen estancias, excursiones o consumo, las consecuencias pueden alcanzar a todo Quintana Roo.

Las señales internas tampoco permiten complacencias: la ocupación hotelera estatal pasó de 75.10% a 71.54% entre enero-julio de 2025 y 2026, según SITURQ. Tulum perdió casi nueve puntos porcentuales. Aunque estos datos no demuestran una relación causal con la inflación reciente, sí exigen actuar.

Dimensionemos el riesgo: El Gobierno estatal reportó una derrama turística superior a 18 mil millones de dólares en 2025. Sobre una base de 18 mil millones, una contracción hipotética de 3% significaría 540 millones de dólares menos; una de 5%, 900 millones; y una de 10%, 1,800 millones. No son pronósticos, sino escenarios que ilustran cuánto está en juego.

Pero también podemos dimensionar la oportunidad: elevar 5% el gasto turístico agregado representaría 900 millones de dólares adicionales sobre esa misma base. Y si lográramos canalizar otro 5% del gasto hacia proveedores locales, serían hasta 900 millones de dólares en compras potenciales para empresas y productores quintanarroenses, siempre que exista oferta competitiva. Esto último sería una redistribución de compras, no nueva derrama turística.

Cuando el turismo se debilita, no solamente pierden hoteles, restaurantes y servicios náuticos. También pueden sufrir agricultores, transportistas, comerciantes, constructores, proveedores y familias de nuestros 11 municipios. Somos más de 1.8 millones de habitantes en una economía profundamente vinculada con esta actividad.

Necesitamos reconocer al turismo como una plataforma de desarrollo y reinvertir en su competitividad. En 2026, el presupuesto federal del Ramo 21 Turismo fue de 1,793.5 millones de pesos para todo México; FONATUR recibió 922.2 millones, equivalentes al 51.4%. El resto tampoco corresponde exclusivamente a promoción. Frente a ello, Quintana Roo recaudó más de 2,434 millones de pesos por Impuesto al Hospedaje tan solo en el primer semestre de 2025. Son cifras de ejercicios y conceptos distintos, pero suficientes para exigir una discusión seria sobre inversión y resultados.

China y Singapur ofrecen lecciones sobre planeación, infraestructura, talento y continuidad. Quintana Roo ya tiene instrumentos como el Plan Maestro de Turismo Sustentable 2030. Necesitamos traducirlos en inversiones, indicadores y proyectos que sobrevivan a los cambios de gobierno.

Diversificar significa crear 11 estrategias municipales complementarias, no once cancunes. Podemos desarrollar turismo educativo para Centroamérica y el Caribe; fortalecer turismo médico, religioso, científico, deportivo, gastronómico y comunitario; y atraer nómadas digitales y visitantes de larga estancia.

Pero también debemos diversificar nuestra producción: agricultura tecnificada, pesca responsable, agroindustria e industria ligera para abastecer competitivamente a hoteles y comercios. Nuestra ubicación merece estudiar un hub logístico y aduanero hacia Centroamérica y el Caribe, con infraestructura y demanda comprobadas.

La solución requiere un acuerdo de largo plazo entre gobiernos, empresarios, universidades y comunidades, con metas a 2035, visión a 2050, presupuestos multianuales e indicadores públicos.

No podemos evitar las crisis internacionales. Sí podemos decidir cuánto nos afectarán y qué tan preparados estaremos.

Quintana Roo no necesita recuperarse una y otra vez para regresar al mismo punto. Necesita una estrategia que convierta cada recuperación en un avance permanente.

¡Hasta el próximo mes con más retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima, porque el éxito ya lo tenemos.