Verano, diplomacia y turismo: los desafíos de Quintana Roo

por ahernandez@latitud21.com.mx

 

Cada temporada vacacional de verano representa una especie de examen para Quintana Roo. No sólo se mide la capacidad de recibir millones de visitantes, sino también la eficacia de las políticas públicas en seguridad, movilidad, infraestructura y promoción turística. El éxito de la principal industria del estado depende cada vez menos de su extraordinaria riqueza natural y más de la calidad del entorno que los gobiernos son capaces de garantizar.

Las cifras de ocupación hotelera y llegada de turistas mantienen a Quintana Roo entre los principales destinos de América Latina. Sin embargo, detrás de esos resultados persisten desafíos que no pueden ignorarse: congestionamientos viales, problemas de abastecimiento de agua en algunas zonas, episodios de violencia que afectan la percepción internacional y una infraestructura urbana que comienza a mostrar signos de saturación.

En este contexto se produjo la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. Más allá del protocolo, representa una oportunidad para atender las necesidades de un estado que aporta una parte fundamental de las divisas turísticas del país y cuya competitividad depende de decisiones federales en infraestructura, seguridad, conectividad aérea y promoción internacional.

Pero las giras y los anuncios deben traducirse en resultados. Quintana Roo requiere inversiones estratégicas, coordinación entre los tres órdenes de gobierno y una política de seguridad que genere confianza. El turismo es especialmente sensible a la percepción de riesgo: una crisis mal atendida puede afectar meses de promoción y miles de empleos.

Al mismo tiempo, México enfrenta un escenario internacional complejo con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Aunque suele vincularse con la industria y el comercio, también impacta al turismo. La estabilidad económica, la inversión extranjera y el desempeño de las economías de Norteamérica influyen directamente en el principal mercado emisor de visitantes hacia Quintana Roo.

La hotelería quintanarroense ha demostrado capacidad de adaptación frente a crisis económicas, huracanes, pandemias y cambios en las preferencias del mercado. Ha invertido miles de millones de pesos para mantener estándares internacionales de calidad y competitividad. Sin embargo, el esfuerzo empresarial no puede sustituir las responsabilidades gubernamentales; ambas partes deben trabajar de manera coordinada.

La competitividad turística exige ciudades funcionales, servicios públicos eficientes, certidumbre jurídica y seguridad. El visitante evalúa toda la experiencia: desde el tiempo que tarda en salir del aeropuerto hasta la movilidad, la limpieza de los espacios públicos y la tranquilidad con la que disfruta sus vacaciones.

Quintana Roo sigue siendo el motor turístico de México, pero ese liderazgo debe renovarse constantemente. El Caribe compite con destinos que invierten de forma agresiva en infraestructura, innovación y sustentabilidad. La mejor promoción continúa siendo un destino seguro, bien administrado y con servicios de calidad.

Este verano ofrece una oportunidad para reflexionar. La visita presidencial, la revisión del T-MEC y el desempeño de la temporada turística forman parte de una misma ecuación: la competitividad del estado depende tanto de las decisiones nacionales como de la capacidad local para preservar su principal activo.

El verdadero reto ya no consiste únicamente en atraer más turistas, sino en garantizar que Quintana Roo siga siendo un destino al que millones de personas quieran regresar y donde quienes viven del turismo encuentren condiciones para prosperar.