La revancha de las humanidades

por NellyG

 

 

Durante una conferencia escuchaba la experiencia de un empresario que decía: “si conozco a alguien con talento lo contrato y después busco a qué proyecto asignarlo”. Me pareció de lo más acertado. Actualmente, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) se están poniendo en tela de juicio los principios más antiguos sobre educación, profesionalización, mercados laborales, incluso plan de vida y carrera. Sam Harris y otros pensadores sobre el tema estiman que los primeros empleos que serán reemplazados por IA serán aquellos donde el toque humano no marque tanto la diferencia — i.e., choferes, abogados, contadores, médicos, etc. — de manera que dentro del mercado laboral la especialización puede pasar en un abrir y cerrar de ojos de un pro a ser un contra. Es por ello que buscar elementos para tu empresa donde premies más el tener talento en general, versus algo muy especializado rinde frutos, y más en el contexto de desarrollo tecnológico en el que nos encontramos. Aunque nos podamos imaginar un futuro altamente desarrollado tecnológicamente el decir que una persona tiene facilidad para manejar equipos, habilidad de negociación, capacidad resolutiva, abstracción, creatividad, enfoque hacia la innovación, incluso buen gusto, son descripciones que de alguna manera son atemporales, o como mínimo no dependen tanto del entorno en el que se desenvuelven, por lo que tienen más probabilidades de seguir siendo relevantes, incluso con el desarrollo acelerado de la IA.

Esta reflexión representa un cambio de paradigma en temas de orientación vocacional. Basta con recordar que antes de la burbuja del .com, si algún conocido te decía que su plan era estudiar computación o similares era de esperarse una reacción positiva porque era una profesión prometedora —actualmente es difícil que alguien te recomiende aprender a programar; ya lo hace en gran medida la IA—. En caso contrario, si decía que su plan era estudiar filosofía y letras, todos harían su mejor esfuerzo por no hacer muecas. Dicho de otra manera, existía una asimetría sobre expectativas económicas sobre dedicarte a un caso y al otro. A tal grado que se llegó a generalizar —desde mi punto de vista— que optar por alguna carrera dentro de las humanidades, era ya la crónica de una muerte anunciada hablando de desarrollo profesional. El caso que busco exponer es que la tendencia apunta a que esa expectativa dará un giro de 180 grados. Tener una formación académica en arte, literatura, psicología, etcétera, cobrarán relevancia y se convertirán en un tipo de signatura de ser humano. No me malinterpreten, actualmente la IA ya genera música, arte y es terapeuta de millones de personas. A lo que me refiero es que existirá — según lo que entiendo de los expertos en el tema— una demanda por los mismos servicios, pero con el asterisco de que sabemos que fueron creados por un ser humano como nosotros. Un ejemplo claro son los deportes, como decía Sam Harris; no dudamos de que tendremos ligas de beisbol enteramente conformadas por robots y está muy bien, pero seguirá existiendo demanda por ver a los NYY. Para llegar a este punto, considero que todavía falta bastante por desarrollar. Al momento, la forma más popularizada de IA son los llamados LLMs (e.g., GPT-5, Gemini, Claude, etc.), y el logro de AGI (Artificial General Intelligente), por lo que dicen los expertos en el tema, me parece lejano todavía. Sin embargo, el enfoque que busco compartir en esta entrega es el impacto que puede tener en la elección del tipo de negocios a implementar y las profesiones a elegir para buscar una carrera profesional atractiva y sostenible a largo plazo.

Mi punto es sencillo: dado que las profesiones donde la experiencia del cliente no cambie significativamente si el proveedor —si me permiten— no es un ser humano serán las de más alta probabilidad de ser asignadas a la IA, las profesiones donde sí exista una diferencia a nivel de experiencia del cliente serán las más valoradas y por consecuencia podrán ser una elección conveniente de plan de vida y carrera.

Por lo que, a nivel práctico, será la revancha de las humanidades, y las profesiones que —por decirlo de alguna manera— no eran las top valoradas pueden dar la sorpresa y convertirse en los auténticos “dark horses” del mercado laboral.

Así que si eres un maestro de filosofía y estás leyendo esto, no pierdas la esperanza, en un futuro no muy lejano tendrás el mismo caché que un programador de silicon valley.