CHICZA: Una marca con raíz en la selva

por NellyG

 

 

CHICZA convierte la tradición centenaria del chicle natural de Quintana Roo en un producto con identidad, valor comunitario y presencia internacional

 

Para Jesús Manuel Aldrete Terrazas, detrás de cada pieza de CHICZA existe mucho más que una goma de mascar: hay una historia de selva, comunidades y conocimiento transmitido durante generaciones.

Esta empresa nació de mirar de otra manera una actividad que durante más de un siglo ha formado parte de las selvas de Quintana Roo y Campeche: la extracción del chicle natural del árbol de chicozapote. Para Jesús Manuel Aldrete Terrazas, conocer la historia de los chicleros y su forma de trabajar permitió entender que detrás de esa materia prima existía la oportunidad de crear un producto mexicano con identidad propia y mayor valor para las comunidades productoras.

Originario de Chihuahua, Aldrete Terrazas encontró en Quintana Roo otro hogar y el espacio donde desarrollaría buena parte de su vida profesional. Su proyecto comenzó con una idea sencilla: dejar de considerar el chicle únicamente como materia prima y transformarlo en un producto terminado capaz de contar la historia de la selva y de las personas que han mantenido viva esta tradición.

Hoy, detrás de la marca existe una estructura que involucra al Consorcio Chiclero, integrado por más de 2,000 productores de 54 comunidades de Quintana Roo y Campeche, además de los equipos de producción, administración y comercialización. El componente familiar también está presente, aunque Aldrete subraya que el crecimiento del proyecto ha sido resultado del trabajo de muchas personas, especialmente de las familias chicleras.

Valor desde el origen

 

El principal producto es una goma de mascar elaborada con chicle natural, disponible en sabores como menta, yerbabuena, limón, canela, frutos rojos y café, además de una línea sin azúcar. La empresa también produce chicle natural y goma base natural como materia prima para otras compañías interesadas en desarrollar productos a partir del chicle proveniente de las selvas mexicanas.

La diferencia comienza precisamente en esa materia prima. Mientras muchas gomas de mascar convencionales utilizan bases sintéticas, CHICZA parte de un producto de origen vegetal obtenido del chicozapote, manteniendo la conexión entre el producto final, el árbol, la selva y las comunidades que lo producen.

Pero la historia no termina ahí. El proceso comienza en la propia selva, durante la temporada chiclera, cuando los productores seleccionan los árboles que reúnen las condiciones adecuadas. El chiclero realiza cortes cuidadosamente para permitir que fluya el látex, que posteriormente se recolecta y cocina hasta obtener las tradicionales marquetas de chicle natural.

Después, el proceso continúa en planta. La materia prima se transforma en la goma base utilizada para fabricar la goma de mascar; posteriormente se incorporan los demás ingredientes y se realizan las etapas de mezclado, laminado, corte y empacado.

Es, explica Aldrete, una combinación entre un conocimiento tradicional transmitido durante generaciones y procesos modernos de producción.

La naturaleza en el centro

 

Uno de los mayores desafíos ha sido competir en una industria dominada por grandes compañías internacionales y lograr que el consumidor comprenda la diferencia entre una goma convencional y una elaborada con chicle natural.

A ello se suman retos productivos, comerciales y climáticos. Trabajar con un producto que depende directamente de la naturaleza implica asumir que no todo está bajo control. La respuesta ha sido adaptarse, innovar y mantener claro el propósito del proyecto.

Esa visión también ha permitido llevar CHICZA más allá de México. Sus productos llegan a diferentes mercados internacionales, particularmente en Europa. Para Aldrete, exportar un producto elaborado en Quintana Roo y comprobar que puede competir internacionalmente representa una satisfacción especial, porque cada envío lleva consigo una parte de la cultura, la biodiversidad y la historia de la región.

La dimensión económica está acompañada por otra convicción: conservar la selva es indispensable para mantener la actividad. El chicozapote no se tala para obtener el chicle; permanece vivo y puede volver a aprovecharse después de su periodo de recuperación.

Por ello, Aldrete considera que uno de los aprendizajes más importantes de CHICZA es demostrar que la conservación también puede generar desarrollo. Si las comunidades pueden obtener un ingreso digno manteniendo los árboles en pie, se crea una razón económica, social y cultural para preservar la selva.

Sello Hecho en Quintana Roo

 

Esta visión adquiere una dimensión personal con el distintivo Hecho en Quintana Roo, recibido por CHICZA. Aunque Aldrete nació en Chihuahua, reconoce que Quintana Roo le ha dado buena parte de su vida, además del espacio para construir el proyecto y conocer a las comunidades que forman parte de él.

Por eso, explica, el reconocimiento no lo considera únicamente un reconocimiento para una empresa o una marca, sino para toda una cadena de personas: los chicleros que entran a la selva, sus familias, las comunidades, quienes trabajan en la planta y todos aquellos que han creído en el proyecto.

El orgullo adquiere otra dimensión cuando un producto que lleva el nombre de Quintana Roo puede terminar en un anaquel a miles de kilómetros de México. Para Aldrete, significa demostrar que desde el estado es posible crear productos con identidad y calidad, capaces de competir en cualquier parte del mundo.

En esa visión, CHICZA es mucho más que una marca. Es el resultado de una historia colectiva que conecta una actividad tradicional con una posibilidad de desarrollo para las comunidades y con la conservación de una de las especies que forman parte de la identidad de la región.

 

 

Cuando logramos que el chicle tenga mayor valor, estamos ayudando también a demostrar que una selva conservada puede generar bienestar económico para quienes viven de ella”.

Jesús Manuel Aldrete Terrazas

 

 

Chicle con identidad

 

2,000 productores

vinculados al Consorcio Chiclero.

 

54 comunidades

de Quintana Roo y Campeche participan en esta cadena.

 

100 años

de historia de la actividad chiclera en las selvas de la región.

 

6 sabores

(menta, yerbabuena, limón, canela, frutos rojos y café), además de una línea sin azúcar.

 

FOTOGRAFIAS: Propiedad de Chicza