Por Rubén Olmos Rodríguez
CEO de Global Nexus, Analista y Consultor Internacional
@rubenolmosr
Washington, DC.– Nunca he sido fan del futbol soccer; no lo sigo, no me quita el sueño. Quizá, estimad@ lector, soy un mexicano atípico al no gustarme el balompié. Sin embargo, como parte de este análisis mensual, quiero hacer a un lado este desinterés y referirme a las oportunidades que tiene la región de Norteamérica de ser anfitriona de la Copa del Mundo 2026.
La idea de tener la primera Copa regional —en este caso en América del Norte— se había venido manejando desde hace ya una década aquí en Washington. En la época del expresidente Felipe Calderón, el entonces embajador en Estados Unidos, Arturo Sarukhán, se refirió a este proyecto como una oportunidad para acercar a los tres socios del TLCAN y, a través del deporte, profundizar las bondades de esta rica y compleja relación trilateral. Evidentemente, la coyuntura de aquellos tiempos es muy distinta a la que vivimos hoy.
En meses recientes se ha hablado mucho sobre la seguridad, el Aeropuerto Benito Juárez y sus baños remodelados, las sedes y los estados mundialistas, así como los derechos para ver los juegos a través de los llamados fan fests. También se ha cuestionado si nuestro país está o no preparado para recibir a millones de turistas y aficionados (sí lo está: siempre lo ha estado). Sin embargo, poco se ha reflexionado sobre la importancia de que los tres socios del hoy T‑MEC, frente a la complejidad del contexto actual, dejen a un lado por algunos días el ruido político, actúen con responsabilidad y funjan como anfitriones de uno de los eventos deportivos más vistos del mundo.
El Mundial saldrá bien y los tres países darán lo mejor de sí, porque el Mundial no lo hacen los políticos: lo hacen los jugadores, sus aficionados y los millones de televidentes. Desde luego habrá retos —algunos desmanes de fanáticos, quizá incidentes de seguridad— como ocurre en cualquier país que recibe a millones de visitantes. Habrá, pues, fiebre mundialista que ojalá contribuya a impulsar una agenda regional más profunda que incluya, por supuesto, la continuidad del acuerdo comercial.
La Copa del Mundo debe ser el punto de partida para un análisis de mediano y largo plazo en torno a la agenda turística entre los tres países. No hay que olvidar que somos, entre nosotros mismos, los principales mercados emisores de turistas. Es fundamental mejorar el diálogo entre el sector privado organizado, el gobierno, las asociaciones y todos los actores que forman parte de la industria de viajes y turismo en la región.
Aprovechemos la celebración de la Copa del Mundo y busquemos ahora sí delinear una gran agenda de turismo para América del Norte.
