¿La creatividad se fue con la IA?

por NellyG

 

 

 

Es una buena pregunta. Si hemos logrado grandes avances en prácticamente todos los ámbitos ha sido, en buena medida, gracias a la creatividad. A esa capacidad de imaginar algo que todavía no existe.

Los avances médicos, la música, nuevos instrumentos, la arquitectura, la pintura, la literatura, el cine… en fin, gran parte de lo que nos define como humanidad fue primero imaginado.

Y ahí está precisamente lo fascinante de cada mente humana: el poder crear lo que nunca ha visto.

Intentaré dar algunos ejemplos.

Pensemos en los creadores de contenido en redes sociales. Tengo que admitir que algunos son extraordinariamente creativos. Yo misma me enganché con un reality de gallinas. ¡Sí, de gallinas!

Una mujer tiene un gallinero, le puso nombre a cada una de sus gallinas, las filma y va construyendo historias alrededor de ellas. Increíblemente imaginativo. Y puede ser para algunos como “La Casa de los Famosos” de Televisa. Tiene millones de seguidores. Y las redes le abrieron un espacio que probablemente le hubiera sido negado en la época en la que los canales de televisión decidían qué podía o no podía ser proyectado.

Hoy cualquier creador puede exponer su imaginación al mundo. Logrando que todos nos beneficiemos de esas experiencias. Podemos escuchar música ejecutada con instrumentos inesperados, ver a bailarines mostrando unos minutos de movimientos completamente inusuales, descubrir nuevas formas de cocinar, pintar, vestir o contar una historia. Hay tantas ideas como seres humanos capaces de expresarlas.

Pensemos también, en otro ejemplo de creatividad extrema: el arquitecto Luis Barragán.

¿A quién se le ocurre pintar una enorme pared de rosa mexicano y conseguir que el resultado sea absolutamente elegante?

A alguien se le ocurrió, pero ese ‘alguien’ lo imaginó primero.

O pensemos en George Lucas, J.R.R. Tolkien o J.K. Rowling, entre muchos otros escritores, que no sólo se limitaron a contar historias. Imaginaron mundos enteros: personajes, idiomas, planetas, criaturas, sociedades, reglas, paisajes.

Aún recuerdo esa sensación de asombro absoluto ante algo completamente diferente cuando mi papá me llevó a ver la Guerra de las Galaxias, siendo niña.

Hace poco pedí un diseño para un tema comercial. En cuestión de segundos, una aplicación de inteligencia artificial produjo diferentes propuestas.

Todas eran lindas, todas cumplían con lo solicitado, todas podían utilizarse.

Pero inevitablemente me hice una pregunta:

¿Podría algún diseñador haber creado algo totalmente disruptivo si antes hubiera tenido que enfrentarse a una hoja en blanco?

¿O al recibir inmediatamente varias soluciones generadas por un agente virtual su pensamiento quedó, aunque fuera inconscientemente, encasillado dentro de las posibilidades creadas por la IA?

La IA puede procesar cantidades de información imposibles para una persona, reconocer patrones, combinar conceptos y generar algo que, visto desde afuera, nos parezca profundamente creativo.

Pero no posee imaginación humana.

No tiene infancia.

No tiene recuerdos propios.

No ha sentido miedo antes de tomar una decisión.

No se ha enamorado.

No ha contemplado un paisaje y pensado que quisiera recordarlo siempre.

No ha sentido nostalgia al escuchar una canción ni se ha despertado en mitad de la noche con una idea que necesita escribir antes de olvidarla.

La inteligencia artificial no vive la experiencia humana de la cual nace buena parte de nuestra creatividad.

Sus algoritmos trabajan a partir de información, relaciones, patrones y conocimiento generado previamente. Pueden reorganizar esos elementos de maneras extraordinarias y, en ocasiones, inesperadas. Pero detrás de ese enorme universo de información seguimos estando nosotros: millones de seres humanos que escribieron, dibujaron, investigaron, fotografiaron, compusieron, diseñaron y pensaron antes.

Tal vez, entonces, el verdadero riesgo no sea que la inteligencia artificial encasille nuestra creatividad, el riesgo es que nosotros dejemos de intentarlo.

Que las nuevas generaciones se acostumbren a NO enfrentarse a la hoja en blanco. A no equivocarse.  A no preguntarse: ¿y si lo hacemos completamente diferente?.

La creatividad necesita tiempo, aburrimiento, observación, curiosidad, fracaso y una buena dosis de obstinación.

Porque si Barragán hubiera preguntado a una inteligencia artificial cuál era el color más convencional para una pared elegante, quizá nunca habríamos tenido aquella pared rosa mexicano.

Y si todos comenzamos nuestros procesos creativos preguntándole a una máquina qué debemos hacer, existe el riesgo de que terminemos produciendo cosas técnicamente perfectas, estéticamente agradables y extraordinariamente eficientes…pero cada vez más parecidas entre sí.

La inteligencia artificial probablemente será una de las herramientas más poderosas que haya creado la humanidad. Pero justamente por eso tendremos que cuidar aquello que la hizo posible:

Nuestra capacidad de imaginar algo que todavía no existe.