Helado con identidad

por NellyG

 

 

Sofía Abelar y Javier Rangel transformaron una tradición familiar en una propuesta artesanal que reivindica ingredientes regionales y recetas propias

 

A veces un negocio comienza mucho antes de abrir la puerta de un local. Para Sofía Abelar Ríos y su esposo, Javier Rangel Ramírez, Toloke Helado empezó a tomar forma alrededor de una tradición familiar, el gusto por la gastronomía y la decisión de construir una fuente adicional de ingresos.

El vínculo con los helados venía de tiempo atrás. El padre de Sofía fue heladero y paletero de La Michoacana en Campeche, donde ella creció escuchándolo hablar de un negocio que consideraba noble y accesible.

“Mi papá siempre nos comentaba que la heladería era un negocio muy noble, que no necesitaba hacer un helado tan carísimo para que todo el mundo lo pudiera disfrutar”, recuerda.

Sofía lleva cuatro décadas viviendo en Chetumal y fue ahí donde, junto con Javier, decidió convertir aquella referencia familiar en un proyecto propio. En 2015 comenzaron a capacitarse, experimentar y probar distintas técnicas. Javier, quien se encarga de la producción, tomó cursos de elaboración de gelato, helados y paletas mexicanas, entre ellos los impartidos por el maestro gelatero Alfonso Jarero.

La primera venta llegó el 14 de febrero de 2018, en un bazar. Durante 2018 y 2019 participaron en distintos espacios para emprendedores y fueron construyendo una clientela. La pandemia frenó sus planes de formalización, pero también terminó validando el interés por el producto: durante 2020 y 2021 los clientes comenzaron a pedirles helado a domicilio o directamente desde su casa.

La respuesta los llevó a dar el siguiente paso. En 2022 abrieron su primer punto de venta en la colonia Forjadores de Chetumal, que hasta ahora continúa siendo su único establecimiento.

El nombre tampoco es casual. Toloke hace referencia al tolok una pequeña lagartija característica de la península de Yucatán y el sureste, conocida por su agilidad y por habitar e hibernar en zonas cercanas a cuerpos de agua, con bajas temperatutas. La familia buscaba una identidad regional y encontró en este animal el símbolo ideal.

 

Fórmula propia

La propuesta de Toloke se construye alrededor de una premisa: no utilizar bases comerciales. Javier formula cada receta desde cero y combina elementos de las técnicas que ha aprendido para desarrollar su propia versión de helado artesanal.

La carta reúne 22 sabores de crema, además de propuestas de temporada, con una intención clara: recrear sabores conocidos a partir de ingredientes naturales. Pistache con pepita de calabaza, higo macerado con tequila, coco con piña, frutos rojos, pay de limón y almendras con chocolate forman parte de la oferta.

La fruta ocupa un lugar central. Utilizan pitahaya, piña, mango y guanábana, además de frutos secos, miel y especias. Algunos procesos permanecen completamente manuales, como la preparación de frutas y mermeladas que después se incorporan a las recetas.

El coco con piña, por ejemplo, lleva una mermelada elaborada por ellos mismos, con piña cocinada con miel y chile habanero. El rollo de guayaba retoma el sabor del tradicional ate con cajeta y nuez y lo transforma en helado.

La búsqueda también está en el equilibrio. Sofía explica que sus productos son aproximadamente 20% menos dulces que un helado convencional y que privilegian el uso de fruta natural, evitando saborizantes y colorantes artificiales.

A los helados se suman cinco variedades de paletas de agua: pitahaya con limón, mandarina con melón, guayaba con maracuyá, piña con limón y tamarindo. Entre sus siguientes pruebas está una paleta de dulce de nance, mientras que cada temporada de Día de Muertos preparan su versión de dulce de calabaza.

 

Empresa de familia

 

Detrás del mostrador también está la estructura de una empresa familiar. Sofía administra, lleva las compras, trámites y obligaciones fiscales; Javier produce y sus hijos apoyan principalmente en el punto de venta, además de colaborar en la elaboración cuando sus estudios se los permiten.

La decisión de emprender tuvo también una razón económica: complementar los ingresos familiares después de la jubilación de Javier y mientras sus hijos cursaban preparatoria y universidad.

Como ocurre con muchos pequeños negocios, el capital inicial fue uno de los primeros obstáculos. Había que adquirir la maquinaria para elaborar helados y paletas, además de congeladores y equipo para el establecimiento. Después llegó otro aprendizaje: administrar un negocio en la práctica.

“Lo más difícil creo que puedo decir dos cosas: el tema de la economía, el tener capital para poder empezar, y también administrar el negocio. Aunque tomes cursos, no hay nada como cuando ya lo estás viviendo en carne propia”, señala Sofía.

La recompensa ha sido la permanencia de los clientes. Algunos los conocieron en aquellos primeros bazares y todavía regresan, una señal que para la familia vale tanto como el crecimiento en ventas.

 

Crecer, pero con control

 

Toloke no descarta abrir un segundo punto de venta, aunque por ahora la prioridad es consolidar el actual y documentar procesos de producción, atención y administración.

La marca cuenta con el distintivo “Hecho en Quintana Roo”, que busca dar identidad y vincular a las mipymes del estado con oportunidades de comercialización y encuentros de negocios. Para Sofía, además, la pertenencia a una cámara empresarial y el vínculo con la Secretaría de Desarrollo Económico les han permitido acceder a capacitación, programas y espacios de participación.

Su evolución ha sido gradual: de los bazares de emprendedores a un negocio formal con un punto de venta, una cartera de recetas propia y una operación en la que cada integrante de la familia tiene una función.

Para Sofía, esa experiencia deja una recomendación sencilla para quienes buscan emprender: partir de algo que realmente disfruten, capacitarse para fortalecer las habilidades que hagan falta y, sobre todo, formalizarse.

En Toloke, una tradición familiar terminó convirtiéndose en una empresa. Y cada sabor busca conservar una parte de esa historia.

 

 

2022

fue la apertura de su primer punto de venta en Chetumal.

 

 

22 sabores

de helado de crema y 5 de paletas de agua.

 

 

20% aprox.

menor dulzor frente a un helado convencional.

 

 

Delicioso y muy accesible

 

$35: helado sencillo.

$55: helado doble.

$65: helado triple.

$115: presentación de medio litro.

$25: paleta de agua.