La crisis ya no está en el mar

por NellyG

Quince años después, el verdadero problema de Quintana Roo ya no es el sargazo. Es el modelo con el que seguimos intentando combatirlo.

Durante millones de años, el sargazo fue parte del equilibrio natural del océano Atlántico. Flotaba en el Mar de los Sargazos, alimentando peces, tortugas y una extraordinaria biodiversidad. Nunca fue una amenaza. Todo cambió en 2011, cuando imágenes satelitales comenzaron a detectar un gigantesco cinturón de macroalgas desplazándose desde el Atlántico tropical hacia el Caribe. Lo que entonces se creyó un fenómeno extraordinario terminó convirtiéndose en una nueva realidad para Quintana Roo.

Quince años después, la pregunta ya no es de dónde viene el sargazo.

La verdadera pregunta es otra:

¿Por qué seguimos enfrentándolo prácticamente con la misma estrategia?

Porque después de tres presidentes de la República y el inicio de un cuarto sexenio, la historia se repite. Cambian los nombres, cambian los discursos, cambian los presupuestos, pero la solución continúa siendo esencialmente la misma: más limpieza, más maquinaria, más barreras, más embarcaciones y más recursos públicos.

La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a colocar el tema en la agenda nacional. Debe reconocerse que existe una mayor participación de la Secretaría de Marina, más capacidad operativa, nuevas embarcaciones, barreras y el interés por impulsar el aprovechamiento industrial del sargazo. Son acciones positivas y necesarias.

Pero también debemos tener la honestidad de decir algo que ya resulta imposible ignorar:

Después de quince años, el debate ya no puede limitarse a comprar más barcos o instalar más barreras. El verdadero reto es cambiar el modelo.

 

La factura que pocos conocen

El problema no solamente se mide en toneladas de sargazo. Se mide en dinero, oportunidades perdidas y competitividad.

Con base en información pública y una metodología conservadora de estimación, entre 2011 y 2026 se han destinado aproximadamente:

Concepto Inversión estimada
Gobierno Federal ≈ 1,050 millones de pesos
Gobierno de Quintana Roo ≈ 880 millones de pesos
Municipios ≈ 475 millones de pesos
Sector empresarial ≈ 2,500 millones de pesos
Total estimado ≈ 4,905 millones de pesos

 

 

Más importante que la cifra total es su composición

Mientras el Gobierno Federal habría aportado alrededor de 1,050 millones de pesos, la suma del Gobierno del Estado, los municipios y el sector empresarial supera los 3,850 millones de pesos, es decir, cerca del 80% del esfuerzo económico estimado.

Paradójicamente, esto ocurre en un país donde la Federación concentra aproximadamente entre el 85 y el 90% de la capacidad recaudatoria tributaria, mientras estados y municipios operan con bases fiscales mucho más reducidas.

No existe hoy una balanza fiscal oficial que permita conocer con precisión cuánto recauda la Federación gracias a Quintana Roo y cuánto reinvierte realmente en el estado. Y ésa, por sí sola, ya debería ser una discusión nacional.

El costo invisible

Pero la factura del sargazo no termina en esos casi cinco mil millones de pesos.

Cada peso que el Gobierno del Estado destina a esta contingencia es un peso menos para infraestructura, seguridad, agua potable, movilidad, saneamiento, educación o salud.

Cada peso que un municipio utiliza para limpiar playas deja de invertirse en alumbrado, calles, parques y servicios públicos.

Cada peso que un hotel invierte en maquinaria, barreras, personal y limpieza deja de destinarse a remodelaciones, innovación, capacitación o mejores salarios.

Y ahí es donde el problema deja de ser ambiental para convertirse en social.

Porque cuando disminuye la ocupación hotelera, no pierde únicamente el empresario.

Pierde el mesero que recibe menos propinas.

Pierde la camarista.

Pierde el garrotero.

Pierde el cocinero.

Pierde el taxista.

Pierde el pescador.

Pierde el guía de turistas.

Pierde quien vende artesanías.

Pierden miles de familias que dependen directa o indirectamente del turismo.

Hoy ya no es únicamente el sargazo el que afecta el ingreso de los quintanarroenses. También lo hace un modelo que, después de quince años, continúa consumiendo recursos públicos y privados sin haber construido una solución estructural.

El verdadero problema

Durante estos años hemos aprendido a recoger el sargazo.

Lo que no hemos aprendido es a dejar de depender de recogerlo.

Y ésa es una diferencia enorme.

Mientras el sector público continúa concentrando buena parte de sus esfuerzos en contener la emergencia, desde Quintana Roo han comenzado a surgir propuestas que buscan resolver el problema desde otro enfoque.

La alianza integrada por The Seas We Love, SargaTech y Caribe Circular ha planteado una propuesta distinta: dejar de tratar el sargazo como un residuo para convertirlo en una materia prima industrial, estructurando un mercado que permita financiar su recolección en alta mar mediante inversión privada, economía circular, innovación y certidumbre regulatoria. Lo más relevante es que no están pidiendo subsidios públicos. Están pidiendo algo mucho más sencillo: que el Estado elimine barreras regulatorias y permita que las soluciones puedan implementarse.

Ésa es la diferencia entre administrar un problema y comenzar a resolverlo.

Quintana Roo compite con el mundo

Existe otro error que seguimos cometiendo.

Quintana Roo no compite con Acapulco.

No compite con Mazatlán.

No compite con Puerto Vallarta.

Compite con República Dominicana.

Con Bahamas.

Con Jamaica.

Con Aruba.

Con Maldivas.

Con Hawái.

Cada punto de competitividad que pierde Quintana Roo es una oportunidad que otro país gana.

Y cada año que retrasamos una solución estructural hace más costosa la recuperación del destino turístico más importante de México.

 

Es momento de cambiar la gobernanza

Quizá ha llegado el momento de dejar de pensar en un programa sexenal y comenzar a construir una Política de Estado para el Sargazo.

Propongo la creación de un Consejo Nacional para la Economía Circular del Sargazo, integrado por la Federación, el Gobierno de Quintana Roo, los municipios, la Secretaría de Marina, SEMARNAT, la Secretaría de Hacienda, universidades, centros de investigación, asociaciones hoteleras, organismos internacionales y representantes de la iniciativa privada.

Un organismo que concentre presupuesto, publique indicadores, mida resultados, elimine barreras regulatorias y convierta al sargazo en una nueva industria, no en una factura permanente.

Porque la función del Estado no siempre consiste en hacerlo todo.

También consiste en permitir que quienes tienen soluciones puedan ponerlas en marcha.

 

La decisión

Quintana Roo no está pidiendo un privilegio.

Está defendiendo el motor turístico más importante de México.

Ninguna empresa puede retirar permanentemente las utilidades de su principal unidad productiva sin reinvertir en su mantenimiento.

México tampoco debería hacerlo con el destino que más turismo, empleo, divisas y oportunidades genera para el país.

La crisis ya no está en el mar.

La crisis está en seguir administrando el problema cuando ya existen condiciones para comenzar a resolverlo.

¡Hasta el próximo mes con más retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima porque el éxito ya lo tenemos

 

X: Oigres14 |Email:  sergioleon@sergioleon.mx

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