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Revista Latitud 21
Categoría:

Cuarto de Huéspedes

Millennials, ¿una nueva y gran esperanza?

por Latitud21 Redacción 1 enero, 2016

 

En este mundo de novedades en materia de tendencias económicas y demográficas, mucho ha llamado mi atención el tema central del trabajo de investigación de CONTORNO, nuestra firma de consultoría, titulado Millennials, los viajeros del siglo XXI, el cual gira alrededor de este sector, también conocidos como la Generación “Y”. Reviste gran interés, pues si las cosas son como parecen, el mundo se puede beneficiar mucho de estos jóvenes. El trabajo referido se concentra en la relación que este grupo poblacional tiene con el turismo.

Con el término Millennials se identifica a aquellas personas nacidas entre 1980 y 1999, que son los hijos de aquellos que se conocen como los Baby Boomers. El vocablo se atribuye a William Strauss y Neil Howe, quienes lo utilizaron en su libro titulado Millennials Rising, The next great generation”. De acuerdo con estos autores, los Millennials son una generación de personas como ninguna otra: son más numerosos, han alcanzado una mayor y mejor educación y son étnicamente diversos.

Se caracterizan por tener hábitos sociales positivos, como el trabajo en equipo, la buena conducta y una buena dosis de responsabilidad social. Se trata de un grupo muy numeroso de personas en edad adulta que ya se encuentra inmerso en las redes de tecnología y participando laboralmente en la toma de decisiones importantes.

Los Millennials son la primera generación que ha crecido identificándose como “globales” y buscan generar tendencias que van a perdurar por muchos años más. Solo en Estados Unidos los Millennials representan una tercera parte de su población. Para el 2025, de acuerdo al estudio Deloitte Millennials, esta generación de jóvenes representará el 75% del mercado laboral.

De los mil 133 millones de turistas en el mundo, aproximadamente el 20% están en este rango de edad, generando 165 mil mdd anuales en la industria turística. Por lo que hace a sus hábitos de consumo turístico, la principal característica de esta generación es que las tecnologías de la información forman parte de su estilo de vida y viven en un mundo interconectado gracias al Wi Fi e Internet. Es una generación que creció en un ambiente de aerolíneas de “bajo costo”, reservaciones en línea, videos en YouTube, comentarios en Internet, aplicaciones móviles, redes sociales, economías compartidas y otras herramientas tecnológicas.

De acuerdo a un estudio de la WYSE Travel Confederation, en la que se entrevistó a más de siete mil 600 viajeros de edades entre 18 y 30 años de más de 100 países, algunas de las características fundamentales de estos jóvenes, particularmente sus tendencias de viaje, son las siguientes:

Los viajeros Millennials representan el 20% de los viajeros internacionales. Para el 2020, se estima que 320 millones de viajes internacionales serán realizados cada año por viajeros jóvenes (un aumento del 47% comparado con el 2013). La familia y los amigos son la principal fuente de información que influye en los viajeros (67%) y el 80% de los encuestados siente que las evaluaciones de los usuarios (travel reviews) tienen influencia real en sus decisiones de viaje. El 59% publica en línea sus comentarios después de su viaje. Las críticas y comentarios sobre un destino son cruciales para su toma de decisiones. El 50% reportó haber gastado más de mil euros por todo su viaje, lo que representa 100 euros más que el gasto promedio de un turista internacional.

De acuerdo al informe Millennials redefine work-life Balance realizado por la cadena de hoteles Hilton, en 2013 los Millennials están redefiniendo el equilibrio de trabajo y vida personal: 24% de los jóvenes viajeros de negocios que podrían ser clasificados como Millennials realizan al menos un desplazamiento mensual por trabajo pasando una noche fuera de casa y el 84% se muestra favorable a la opción de añadir algún día de ocio a su viaje de trabajo, porcentaje que se eleva hasta el 92% si el hotel les ofrece un descuento por pasar una noche más en el establecimiento.

El 45% de los millennials dicen que “experimentar cosas nuevas” es la mayor ventaja de un viaje de trabajo, mientras que un 37% sobre todo tiene ganas de conectar con gente nueva cuando realizan una salida de trabajo. A su vez, 65% de los Millennials sostiene que “descubrir una nueva ciudad” es el motivo número uno para extender un viaje de negocios, mientras que el 85% está dispuesto a usar sus puntos de programas de fidelización obtenidos durante los viajes de trabajo para reservar unas vacaciones.

Ahí están, para ubicarnos en el tema, algunos datos de gran interés para los “turisteros” y en general para aquellos que compartan conmigo la idea de que el turismo es la oportunidad de México. Continuará…

 

 

A tres décadas de distancia

por Latitud21 Redacción 1 enero, 2016

 

Edgar Rodríguez Lozano

Edgar Rodríguez Lozano

Muchas de las personas que hoy somos laboralmente activos, en los años 80 éramos niños o adolescentes. Empezábamos entonces a tomar decisiones sobre los artículos de consumo que deseábamos adquirir e iniciaba nuestro interés por ciertas marcas. Hoy seguramente muchas personas recuerdan con anhelo aquellos años cuando pudimos comprar nuestros primeros productos procedentes del extranjero.

Y es que el entorno siempre juega un papel muy importante. A raíz del ingreso de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), hoy Organización Mundial de Comercio (OMC), iniciaba en nuestro país la invasión de productos del extranjero de manera masiva. Antes de eso, era solamente una pequeña parte de la población la que tenía acceso a productos importados. Así, muchos de nosotros, estudiantes de secundaria o bachillerato, queríamos tener una carpeta “Trapper Keeper”, unos zapatos “Top Sider” o la colección de estampillas de “Garbage Pail Kids”, productos todos ellos fabricados más allá de nuestras fronteras.

Qué decir de la industria del entretenimiento, donde películas como Back to the future invadieron las pantallas de cine, retrataban el “modus vivendi” de aquella época en Estados Unidos y vaticinaban un futuro que paradójicamente hoy en día ya es pasado y del cual aún estamos lejos.

Por aquellos años y como consecuencia de la apertura de nuestras fronteras, también dimos la bienvenida a una infinidad de grupos de rock de origen español y argentino, en su mayoría, lo cual devino a la postre en lo que se denominó “Rock en tu idioma”, de donde surgieron algunas bandas mexicanas que ahora también son exitosas en otras latitudes.

Quizá por eso la década de los 80 se recuerda tanto, pues, por lo menos en el caso de México, constituye una línea divisoria a partir de la cual tuvimos acceso inmediato a la información, a las tendencias internacionales, a la moda, a la tecnología de punta, a las mejores prácticas comerciales internacionales y a los productos que se fabrican en otros lugares del orbe.

Hoy, en pleno siglo XXI, hay en nuestro país una gran variedad de universidades que imparten carreras relacionadas con los negocios internacionales, hay una oferta importante de postgrados en logística y comercio internacional, y las empresas que realizan importaciones y exportaciones son cada día más.

Y es que precisamente este es el sentido de la globalización económica: comprar, vender, producir e invertir en cualquier lugar del mundo donde resulte económicamente más rentable. Con ello, el beneficio radica en brindar acceso a los consumidores a nuevos productos y, en sentido inverso, propiciar que las empresas tengan la posibilidad de vender su mercancía en otros países. De esta manera, cada empresa tiene siete mil millones de potenciales compradores y, al mismo tiempo, cada compañía también tiene siete mil millones de posibles competidores.

Ello conlleva que los empresarios de todo el mundo, literalmente hablando, se vean en la necesidad de crear productos que satisfagan nuestras necesidades de una manera diferente, creativa e innovadora, pues muchos productos que antes podían utilizarse por años o décadas hoy son perecederos e incluso desechables. A manera de ejemplo podemos ver el desarrollo de los dispositivos para escuchar música, que en estas tres décadas han pasado del disco de vinyl a los cassettes, a los discos compactos y ahora a los formatos digitales.

Hoy encontramos medios publicitarios prácticamente en todas partes. Los anunciantes utilizan los esquemas tradicionales, como radio, televisión y espectaculares, pero también nuevos medios, como las redes sociales. Esto sin embargo, hace pensar que el acceso actual a una gran cantidad de información nos ha vuelto más que selectivos, inmunes. Nuestros intereses son directos y objetivos. Nuestra fidelidad a las marcas es tan fuerte o tan débil como su capacidad de adaptación.

Así pues, a tan solo tres décadas de distancia, el mundo gira a una mayor velocidad.

*Subdirector comercial, 

Palazuelos Hermanos


La magia de la palabra “organizar”

por Latitud21 Redacción 1 diciembre, 2015
EMMANUEL GRIMBAUM

EMMANUEL GRIMBAUM

Nos enfrentamos diariamente a problemas a los que concedemos más o menos importancia en función de los inconvenientes que nos ocasionan. Tenemos tendencia a evadir o ignorar la mayoría so pretexto de que no nos pagan por resolver problemas de los demás, y que si cada uno hiciera bien su trabajo todo funcionaría correctamente.

Cada problema nos hace perder dinero, disminuye el margen de ganancia y las posibilidades de desarrollo. Esos problemas cotidianos son costosos para una empresa, su cúmulo puede hacer la diferencia entre ser competitiva o ir gradualmente a la quiebra.

Todos reconocemos que hay desperdicios, pérdidas, actividades inútiles, errores, mermas, desviaciones de conformidad, entre otras, sin medir su amplitud.

Esta constatación es transferible al nivel del conjunto de actividades de todos los procesos de dicha empresa con altas consecuencias financieras.

Numerosas empresas, instituciones y asociaciones se encuentran en esa situación. Cuántas veces oímos a empresarios, directores, gerentes repetir a lo largo del día, semanas, meses las siguientes frases sin hacer nada al respecto o simplemente sin saber cómo resolver esa problemática:

• “…Mis colaboradores tienen sobrecarga de trabajo, mi organización no es eficaz, mis costos son muy elevados, mis equipos no tienen buen desempeño. ¿Quién es el responsable de qué? ¿Quién hace  qué?…”

• “… ¿Cómo desarrollar una cultura de progreso y mejora dentro de mi empresa? ¿Cómo garantizar la satisfacción de mis clientes? ¿Cómo valorizar el trabajo de los colaboradores de mi compañía?…”

• “…Mis tiempos de entrega son muy largos, mis colaboradores no entienden a mis clientes, mis responsables no se ponen de acuerdo, tengo muchos colaboradores y se duplican las funciones, mis ejecutivos se van de vacaciones y nadie sabe lo que tiene que hacer…”

• “… ¿Cómo consolidar todos los tratamientos de las informaciones significantes? ¿Cómo implicar a todos los actores? ¿Cómo asegurar la comunicación interna y externa? ¿Cómo controlar o dominar el conjunto de seguimientos y tratamientos? ¿Cómo evitar el papeleo? ¿Cómo seguir y archivar todas las actividades de mantenimiento y mejora continua?

Sin duda alguna, numerosos lectores se encontrarán o se reconocerán en las situaciones descritas pensando en la fatalidad de que “así es nuestra realidad”, y que es poco lo que podemos hacer. Déjenme afirmarles y convencerles de que la solución a todos sus males existe, es única y se llama “organizar”.

En efecto, se debe organizar la empresa, la institución, la compañía, el negocio, el comercio, el establecimiento, la asociación, el grupo empresarial, el corporativo, etc., organizar todo tipo de cooperación humana existente.

Pero atención, debemos tener cuidado y conocimiento para ello, ya que existen técnicas, metodologías, referencias nacionales e internacionales, herramientas, métodos conocidos y menos conocidos para lograr transformar una organización, hacerla eficaz para la satisfacción de sus clientes y eficiente para las partes interesadas a esa entidad (accionistas, colaboradores, proveedores, gobierno, sociedad, etc.).

Lo primero a entender y tratar de dibujar es el bosquejo genérico pero no definitivo de los procesos estratégicos de la organización. En efecto, es necesario encontrar un método para clasificar los procesos. Podemos para ello someternos o limitarnos en describir tres tipos de procesos:

Los procesos de realización, que contribuyen directamente a la fabricación del producto o del servicio, de la detección de la necesidad del cliente potencial hasta su completa satisfacción.

Los procesos de soporte o de apoyo, que son indisociables al funcionamiento del conjunto: Infraestructura, Recursos Humanos y Ambiente de Trabajo, que proveen los medios necesarios a la realización, son los principales por describir.

Los procesos de dirección, que no participan directamente en la realización pero que aseguran la coherencia del conjunto. Sus actividades incluyen las mediciones, el control, la puesta de recursos y la toma de decisiones de mejoras, entre otras.

Mi participación en esta columna les ayudará a conocer los pasos y las actividades necesarias y mínimas para organizarse; ciclo de realización, actores, procedimientos, instrucciones, procesos, pilotos, objetivos, indicadores, tableros de mando, desviaciones y auditorías internas son algunas palabras secretas para una óptima organización; el resultado simplemente es mágico; y no se preocupen, teniendo la voluntad, el compromiso y una óptima asesoría ¡todas, absolutamente todas las estructuras se pueden organizar, cualesquiera que sean los productos o servicios realizados!

 

*Experto en Organización y Sistemas de

Gestión por Procesos para la Mejora Continua

 

 

 

Necesitamos nuestra 5ª Avenida

por Latitud21 Redacción 2 noviembre, 2015

Enojo, felicidad, esperanza y mucha, mucha, pero mucha desesperación. Esto es lo que siento cada vez que visito la 5ª  Avenida de Playa del Carmen.

En el camino de regreso a Cancún siempre me pongo a pensar: Carajo, ¿por qué nosotros los cancunenses que creamos este polo turístico y luchamos por él, no logramos tener la misma oportunidad que nuestros hermanos de Playa? Ellos también están rodeados del Todo Incluido; también tienen un turista que se supone no gasta y que debe tomar un taxi caro, que ya compró sus alimentos y los tours de la semana, pero los playenses ahí están, rodeados de turistas paseando en la 5ª Avenida y muchas veces gastando más dinero y creando más oportunidades de trabajo, moviendo la economía local y todos contentos con lo que se convirtió en un atractivo local. Ni hablar  de lo que le ha significado a Miami las avenidas Lincoln y Ocean Drive que se convirtieron en íconos, aun con toda la oferta comercial, porque al final de cuentas es lo que el turista quiere, dando una indiscutible oportunidad de negocio a artesanos, a heladeros, a joyeros, a restauranteros…

En lo concerniente a Riviera Maya versus Cancún/Puerto Morelos, debemos tener presente que la cantidad de cuartos y turistas que arriban es prácticamente igual; sin embargo, por falta de visión general (me incluyo como gremio restaurantero) no aprovechamos el excelente trabajo de nuestros hoteleros de hacer llegar a toda esta gente a nuestro destino, en el sentido de que no estamos contribuyendo con esa “atractividad” peatonal, que invite a conocer nuestras bellezas naturales, nuestra oferta global, la cultura de México, pues aunque se reportan temporadas de afluencia sin precedentes, la Zona Hotelera parece un pueblo fantasma de las 5:00 pm en adelante (sin contar el considerable tráfico vehicular en la avenida Kukulcán). Cierto es que de las 7:00 a.m. a las 5:00 p.m. los turistas disfrutan de nuestras fantásticas playas, con toda razón y atendidos de maravilla por nuestros hoteleros, pero tarde y noche sencillamente no tienen muchos motivos para salir, ni muchos lugares a los cuales acudir. Con todo respeto, la mayoría de los centros comerciales han carecido de una visión para “invitar” a conocerles, aunque la vida nocturna resulte interesante para algunos segmentos, pero definitivamente no para todos, considerándose que el 80% del turismo que llega a Cancún pertenece al familiar.

Lo tenemos todo y nos estamos durmiendo sobre nuestra mina de oro para  hoteleros, centros comerciales, restauranteros, transportistas, comerciantes, y oro para Cancún, para que renazca como ejemplo a seguir, como destino distribuidor de oportunidades y riqueza, como tarjeta de presentación de un México exitoso, moderno y sustentable.

En nuestro destino, tanto en la zona de playas como en el mismo centro de la ciudad, no despegan importantes proyectos que pudieran darnos la misma condición que la 5ª Avenida de Playa. Por un lado, el llamado Ecopark, que un grupo de empresarios con arraigo propone para el cuerpo lagunar, y por el otro lado el Malecón Tajamar, los cuales pueden ir conjuntamente, imagínese, ofreciendo al turista paseos náuticos e incluso en andadores bien iluminados sobre la laguna protegiendo los manglares a lo largo del Bulevar Kukulcán para desembocar en la ciudad, regidos bajo un plan de desarrollo sustentable. Esto sin duda detonaría un sinnúmero de servicios. Y claro, están, paralelamente, otras avenidas que antaño contribuyeron a impulsar el centro de la ciudad, de donde emergimos muchos restauranteros, y por qué no incluso pensar en el Parque de Las Palapas como el Garibaldi de Cancún, con un ambiente muy mexicano: mariachis, tríos, restaurantes, casas pintadas de todos los colores… ¿Cuántas 5ª Avenidas quieren? ¿Cuántas oportunidades y bienestar para todos en vez de canibalizarnos?

Me dirán que es imposible… pero les contestaré que también la 5ª y Cancún eran imposibles… Solo se necesitan líderes con visión y pasión.

 

 

 

“¿50 mil mdd? ¡Está loco Paco!”

por Latitud21 Redacción 1 octubre, 2015

Hace algunas semanas recibí una llamada de mi querido amigo Paco Martín Moreno, autor de varios y amenos libros, alguno de los cuales habrán leído muchos de mis lectores. La llamada no solo resultó agradable, como siempre, sino que también fue un tanto sorprendente. El buen Pancho quería compartir conmigo su convicción acerca de la enorme oportunidad que el turismo representa para México, lo cual, como consta a mis seguidores, es  un tema recurrente en mis columnas.

Sin embargo, Paco no solo se quedó en eso, sino que le puso número a esa oportunidad, diciéndome: “¡Yo estoy convencido de que México puede generar no 16 mil millones de dólares, como en 2014, sino 50 mil millones de dólares al año!”. Y agregó: “¡Es increíble que España reciba 65 mil, Alemania 43 mil o Tailandia 38 mil, y nosotros, que no tenemos nada que pedir a esos países, recibamos las divisas que recibimos!”.

Debo confesar que, de entrada, me pareció que Pancho estaba desvariando y aventurando algo que, en principio y viendo las cifras actuales, no tenía ni pies ni cabeza. Me di a la tarea de revisar algunas cifras para buscar de qué tamaño era el desvarío o la ficción de mi gran amigo escritor.

Empecé por revisar las cifras de ingresos de divisas a nivel mundial de 2014 y las proyecciones de la Organización Mundial de Turismo (OMT) para 2030, encontrando estos datos: en 2014 el total de turistas internacionales en el mundo fue de mil 135 millones de visitantes, de cuya cifra, poco más de 29 millones, correspondieron a México, lo cual nos devolvió (¡por fin!) a lo que se conoce como el ´top ten´ del turismo en el mundo, ubicándonos en el décimo lugar mundial, con una participación en el total del 2.55%.

En cuanto a divisas, la cifra global ascendió a mil 425 billones de dólares, de los cuales nuestro país aportó 16 mil 300 millones, lo que representa el 1.13% del total. En el caso específico de México, haciendo una simple división de la cantidad total de dólares generados entre el número de turistas, observamos un gasto promedio por turista de 560 dólares, cifra que retomaremos más adelante.

Ahora bien, en las proyecciones que hace la OMT para el 2030 se estima que en el mundo la cifra total anual de turistas ascenderá a mil 800 millones de viajeros internacionales, lo que representa un 58.6% de crecimiento. Aun cuando la OMT no hace proyecciones de ingresos estimados a esa misma fecha, una simple regla de tres, suponiendo que las principales variables se mantengan en sus términos actuales, nos llevaría a la cifra de dos mil 260 billones de dólares. ¡Pocos sectores de la actividad económica pueden presumir de este crecimiento a futuro! Ese es el enorme tamaño del pastel que ofrecerá esta actividad al mundo. Las preguntas pertinentes serían entonces: ¿Quién se comerá ese pastel? ¿Qué proporción podría ser para México en esas fechas?

Siguiendo con el análisis de las cifras de la OMT, nos encontramos un dato muy alentador. La organización señala que la participación de las economías emergentes (grupo al que pertenecemos) en el total del mercado (market share) creció de 30% en 1980 a 45.3% en 2014, y se proyecta que ascenderá al 57% para 2030.

En relación con esto, observemos que los ingresos en divisas de México, que forma parte de ese grupo, significaron el 5.6% del total de los emergentes. En este orden, si nada cambiara y mantuviéramos esa participación de mercado nos corresponderían 63 millones de turistas en 2030, lo que nos lleva a que, si se mantiene el mismo nivel de gasto por turista, la cifra ascendería a 35 mil 280 mdd para ese mismo año, monto que, para mi sorpresa, ya no se aprecia tan distante de la tentadora cantidad que imagina y propone Martín Moreno. Así las cosas, resulta que si fuéramos capaces de venderles más a los turistas o de atraer otros de mayor gasto, llegando a solo 794  dólares por turista, habremos alcanzado los 50 mil mdd.

¿Y eso qué tan difícil es? Pues saque usted sus conclusiones. Viendo algunas cifras de gasto por turista en el resto del mundo, observamos por ejemplo: Australia con cuatro mil 637 dólares, Macao con tres mil 479,  India, dos  mil 626; Tailandia, mil 548; Corea, mil 274; España, mil 003 o Canadá mil 17 dólares. Vale la pena observar que, por ejemplo, en el caso de Canadá, ese país recibe 12 millones de turistas menos que México y genera 17 mil 400 mdd, 800 más que México.

Lo que a mi juicio podría hacerse para incrementar esa cifra de gasto en acciones y estrategias tendientes a estimular nuevo producto turístico es fomentar nuevos nichos como el turismo médico, casinos, el sector de lujo o las comunidades de retiro, o bien atraer a nuevos mercados, como el hispano en los Estados Unidos o el asiático de mayor gasto. Igualmente, hay que decirlo, hay que continuar con las muchas cosas que creo que se están haciendo bien y que están dando tan buenos resultados. Ya profundizaremos en los cómos en otra ocasión. Por lo pronto, queda claro que Pancho no andaba ni mafufo, ni pirado.

 

Dónde estamos parados

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2015
Edgar Rodríguez Lozano

Edgar Rodríguez Lozano

Logísticamente hablando, muy difícilmente encontraremos un país cuya ubicación geográfica sea mejor que la de México, pues al norte tenemos una extensa frontera con Estados Unidos, una de las principales potencias económicas del mundo, al sur somos la conexión con Centro y Sudamérica, por el lado del océano Pacífico tenemos conexión con Asia, y por el lado del océano Atlántico tenemos acceso al llamado Viejo Continente, Europa. De esta manera estamos condenados a ser un centro logístico mundial que facilite las transacciones comerciales internacionales que son tan frecuentes hoy en día.

Pero empecemos por el principio. Entendemos por logística internacional todos los procesos, funciones y actividades necesarias para que la mercancía se transporte de un país a otro u otros donde se necesite, independientemente de que se trate de materia prima, suministros, producto para ser transformado, producto terminado o cualquiera de sus variantes.

En este sentido, para que la logística sea eficiente se deben considerar seis aspectos principales: tiempo (momento en que se requiere), lugar (domicilio exacto), cantidad (ni más ni menos piezas de las necesarias), calidad (condiciones adecuadas), cliente (el destinatario correcto) y costo (el menor posible).

Y es que si uno de estos aspectos no se cumple, los otros cinco no tienen ningún sentido, es decir, no se puede “lanzar un dado” y elegir un menor costo sacrificando tiempo, o elegir el envío de menor cantidad sin importar el cliente, pues cualquier combinación que no asegure una logística correcta solo generará mayores gastos, ya sean directos o indirectos.

Un componente fundamental para que el traslado de mercancías se lleve a cabo de manera adecuada es la calidad y cantidad de infraestructura con la que se cuenta. De esta manera, puertos con capacidad de primer mundo, aeropuertos eficientes, caminos en correctas condiciones, equipo de última tecnología, entre otros elementos, son indispensables para que el funcionamiento logístico de nuestro país sea similar al de otros países del mundo que, a pesar de no contar con una ubicación geográfica similar a la nuestra, son calificados en mejor posición por el Banco Mundial a través del Logistic Performance Index (LPI).

Dicho índice basa su “calificación” en seis aspectos: la eficiencia de la Aduana y la gestión del despacho de mercancías (Aduana); la calidad del comercio y la infraestructura de transporte (Infraestructura); la facilidad para el envío de mercancías a precios competitivos (Embarques internacionales); la competencia y la calidad de servicios de logística, transporte, expedición y despacho en Aduana (Competencia Logística); la capacidad de seguimiento y rastreo de los embarques (Tracking & Tracing), y la frecuencia con la que los envíos llegan a los destinatarios dentro de los plazos de entrega previstos o esperados (Puntualidad).

En 2014, el Banco Mundial colocó dentro de los países más eficientes a Alemania, Holanda, Bélgica, Reino Unido y Singapur. En el mismo reporte el LPI muestra a México en el lugar 50 de 160 países evaluados, estando por debajo de Estados Unidos (9), Canadá (12), Chile (42) y Panamá (45), que también son países del continente americano.

De esta manera, en una escala de uno a cinco, México se ubica en una calificación general de 3.13, que se conforma por 2.69 en Aduanas, 3.04 en Infraestructura, 3.19 en Embarques Internacionales, 3.12 en Competencia Logística, 3.14 en Rastreo y Seguimiento, y 3.57 en Puntualidad.

Solo a manera de ejemplo, a continuación se enlistan los resultados del número uno del mundo: General: 4.12, Aduanas: 4.10, Infraestructura: 4.32, Embarques Internacionales: 3.74, Competencia Logística: 4.12, Rastreo y Seguimiento: 4.17, y Puntualidad 4.36.

Es preciso mencionar que en 2012 nuestro país se ubicaba en el lugar 47, en 2010 en la posición 50 y en 2007 era el número 56.

El reto es importante pero no imposible.

*Subdirector comercial, 

Palazuelos Hermanos


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