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Revista Latitud 21
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Sergio González

  • Al buen entendedor
  • Presidente de la AMATUR
  • Presidente del centro de atención de salud mental y prevención de adicciones «Vital»
  •  sgrubiera@acticonsultores.com

Cambio de estafeta en Turismo

por Latitud21 Redacción 1 octubre, 2015

Como era de esperarse, justo a la mitad del sexenio y unos días antes del informe presidencial, y al más puro estilo priista, se dieron los llamados “enroques” y los cambios en el gabinete de alto nivel. Poco a poco hemos experimentado las viejas prácticas del también viejo estilo del partido tricolor. Cambiar a medio gabinete es casi un acontecimiento que se espera y hasta se aplaude en los muy mexicanos estilos de gobernar. No importan la operatividad, la continuidad ni los resultados, lo que importa es la política, los amarres, las conexiones, las lealtades, las facturas y las alianzas, entre otras cosas.

Y en ese orden de ideas me refiero al cambio de estafeta en la ilustrísima Secretaría federal de Turismo, en la que la nunca bien ponderada Claudia Ruiz Massieu deja su lugar al señor licenciado Enrique de la Madrid Cordero, hijo del expresidente Miguel de la Madrid.

Mi opinión y las expectativas que podría tener nuestro querido sector turístico ante el nuevo nombramiento resultan un poco simpáticas. No concluimos lo solicitado con vehemencia a la anterior encargada, cuando ya tenemos que ponernos de acuerdo con un nuevo e intrépido interlocutor.

Una vez más tendremos que empezar de cero, por explicarle al ilustre ministro de qué se trata esto del turismo, fenómeno económico y trascendental que al parecer no acaban de entender bien nuestros distinguidos políticos convertidos en autoridades.

Con el precio del barril de petróleo a alrededor de 35 dólares y el dólar a más de 17 muy devaluados pesos, entre otras calamidades, y en paralelo los destinos turísticos llenos a tope, no hay que ser genios ni economistas para saber que a lo que hay que apostarle es al turismo. El turismo es, como lo hemos apuntado repetidamente, la gran alternativa de desarrollo económico para México, la enorme posibilidad de que la economía crezca a partir de esta noble actividad que genera empleos, divisas, que no contamina y que propaga de manera positiva el nombre e imagen de nuestro país a todo el mundo.

Si en el discurso el presidente Peña Nieto señaló que los nuevos ministros deben trabajar por México y con pasión, el Sr. De la Madrid Cordero, flamante secretario de Turismo, deberá trabajar con denuedo y entusiasmo por derribar todas las barreras que impiden que el turismo se consolide como la actividad económica que puede catapultar a México. Estamos llenos y hartos de cifras y discursos. Nos han dicho que estamos de nuevo en el “top ten, si me perdonan mis ocho lectores el anglicismo, es decir que pasamos increíblemente en solo un par de años, del lugar 15 a estar entre los diez primeros del mundo en recepción de turistas, dato que me tiene sorprendido, por decir lo menos.

Nuestros destinos de playa muestran números de ocupación muy halagadores desde 2014, con cifras envidiables, aunque estoy convencido de que no se debe a la promoción oficial e institucional. La ocupación turística crece exponencialmente en todo el mundo producto de las economías de los países, lo mismo crece en España que en Turquía o China, México no es la excepción.

Lo importante es reconocer que en México, a pesar de tener una economía inestable, que no crece y de los lamentables episodios de todo tipo que vivimos en nuestro querido país, los destinos turísticos marchan de manera muy exitosa, lo que me lleva a afirmar de nuevo que el turismo es la alternativa, crece a pesar de las adversidades y de las barreras que el mismo sistema político impone.

En tales circunstancias, si el nuevo secretario de Turismo en verdad tiene la encomienda de “Mover a México” y de hacer del turismo una prioridad, podría empezar por convertirse en el auténtico y único interlocutor de primer nivel que requerimos para que haya por primera vez esquemas de fomento e incentivo para la actividad turística.

No solo no hay leyes de fomento para el turismo, situación que no comprendió ningún ministro anterior, sino que la actividad enfrenta innumerables barreras y obstáculos que inhiben su desarrollo y dificultan la competitividad.

Nada se avanzó en la primera mitad del sexenio, seguimos igual, todo va con el piloto automático dependiendo solamente de las inversiones y el capital privado, y de nuestra maravillosa riqueza natural, paisajística, histórica y cultural; seguimos esperando que el turismo sea una auténtica prioridad, que pase del discurso a los hechos. ¿Será que alguno de mis ocho lectores le pueda pasar mi columna al nuevo ministro?

Tránsito Municipal, un viacrucis

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2015

Me aventuré intrépidamente a renovar mi licencia de conducir. ¡Vaya proeza!

Con tantas noticias que escucho acerca de la modernización de nuestras instituciones municipales, de las hazañas de los ediles y las venturosas andanzas del buen presidente municipal en turno, ahora suspirante a más altos honores, simplemente pensaba que la tramitología en la Dirección de Tránsito municipal de esta querida ciudad de Cancún sería mejor, más simple, y que la experiencia no sería tan tortuosa; pero qué terrible decepción, es como para escribir una novela: Los intrínsecos laberintos de los trámites municipales.

Inicio por contarle a mis ochos lectores, a quienes he tenido abandonados  por causas imputables a una apretada agenda y a un estrujamiento intensivo del seso, no solo para poder entender lo que está sucediendo en mi entorno sino para poderlo transmitir como es menester. Me apersoné en la Dirección de Tránsito municipal a las 09:45 a.m. y finalmente pude salir bien librado a las 12:15, es decir que le dediqué dos horas y media al trámite de renovación de mi documento para conducir. No sé cómo sea en otras ciudades del mundo, pero sin duda a mí me parece inadmisible con la tecnología que ya existe.

Siendo Tránsito la segunda fuente de ingresos del H. Ayuntamiento, después del predial, debería estar dotada no solo de tecnología para la recaudación, sino de cómodas y modernas instalaciones al servicio de los miles de feligreses que allí acudimos a dejar nuestro dinero (no se incomode nadie que feligrés no solo es el que acude a la parroquia).

El inmueble no es digno de Cancún, el supuestamente mejor destino turístico de América Latina, es un tugurio, es decir, un establecimiento pequeño y mezquino, sin aire acondicionado, sin cómodos asientos y sin servicios básicos, en el que tienen que apretujarse con estos calores cientos de personas a diario para realizar sus trámites. Sin tecnología, con poco personal, mal capacitado y con procedimientos lentos y absurdos que contribuyen a la tremenda pérdida de horas-hombre que allí se da todos los días.

Comparto un ejemplo que raya en lo novelesco. Se aproximó un ciudadano a la ventanilla tres en la que los uniformados te dan el visto bueno de no tener infracciones previas antes de proceder al siguiente paso de pagar en caja; al llegar ahí luego de la larga fila y en medio de los sudores colectivos, le informan que tiene infracciones previas, dos a saber que datan de hace más de diez años y en consecuencia no puede obtener el visto bueno para continuar el trámite de renovación de su licencia, a lo cual se dice sorprendido pues afirma no haber recibido jamás en esta ciudad una infracción de Tránsito, además de tener todos sus documentos consigo, es decir no tienen ninguno retenido en custodia en esa institución.

Le dicen que debe tratarse de un homónimo, pero que no se preocupe, que solicite la prescripción del acto por escrito con tres copias, que pase a pagar a la caja 130 pesos por cada una de las prescripciones que solicita, para lo cual había que hacer una nueva y larga fila, luego regresar a la ventanilla tres por un sello y que en 15 días podría regresar a tramitar su licencia de nueva cuenta. De novela… Me despedí del pobre hombre deseándole éxito.

Me pregunto si con la tecnología no podrían tener una base de datos en la que apareciera la ficha de cada conductor con su fotografía y entonces poder determinar si se trata de un homónimo o no, pero parece que eso es mucho pedir para una ciudad tan pobre y emproblemada como Cancún.

Laberinto intrincado también, entre otros, el de aquellos que por pasarse de copas fueron remitidos al “torito” al pasar por el alcoholímetro y que en consecuencia les fue detenido y encerrado su automóvil. Recuperar el auto es más difícil que casarse, sin mencionar la serie de pagos que ello implica, incluyendo el excesivo y abusivo pago de mil 800 pesos por el arrastre en grúa.

No estoy defendiendo ni justificando a aquellos que conducen bajo los efectos del alcohol, pero una vez cumplida su pena deberían poder obtener su automóvil de inmediato y sin pago alguno, pero no es así.

En Tránsito todo cuesta, las copias, los bolígrafos por si usted olvidó el suyo, y hay quienes por una módica cantidad le tramitan su licencia más rápido.

La Dirección de Tránsito municipal es una vergüenza para Cancún y no hay razón alguna para que no se modernice, no solo en sus instalaciones sino en sus procedimientos, que son obsoletos por decir lo menos, acudir ahí es como hacer un viaje al pasado, es una regresión, es una novela de miedo.

Hoy obtuve mi licencia finalmente por dos años, porque no quisieron hacérmela por cinco, y estoy feliz y tranquilo; sin embargo, triste de atestiguar lo lejos que estamos.

Sr. presidente municipal, ahí tiene usted un buen reto.

 

 

La sociedad, cómplice del mal gobierno

por Latitud21 Redacción 31 julio, 2015

Culminó un proceso electoral más en el país y una vez más se demostró el poco interés de la sociedad por cambiar las cosas, una vez más la sociedad demuestra ser cómplice mudo del mal gobierno y de las malas prácticas del sistema que prevalece y nos gobierna.

Es verdad que hay molestia, enfado, desencanto y apatía generalizada en consecuencia, pero la abstención no es la manera más apropiada de cambiar las cosas para mejorar. Solo el 47% del padrón electoral de la nación se presentó a las urnas el 7 de junio, es decir que más de 44 millones de mexicanos se quedaron en su casa observando pasivamente. Esa pasividad en el proceso electoral es una clara muestra de cómo se comportan los mexicanos ante el escenario de corrupción, opacidad, y en algunos casos hasta desgobierno que nos aqueja cotidiana y sistemáticamente.

La gente se queja por sistema, llora y se lamenta y ahora gracias a las redes sociales vierte sus penurias, sus reclamos, sus inconformidades y hasta denuncia y calumnia vehementemente, pero poco o nada participa como sociedad organizada en esfuerzos reales y consistentes para generar cambios que nos permitan una mejor calidad de vida, un escenario más justo, un mejor país.

Critico al mal gobierno y las malas prácticas, denuncio la corrupción y señalo a los abusivos y represores en este y otros espacios, me expreso con vehemencia en contra del sistema y manifiesto mi hartazgo. Sin embargo, desde ahora, criticaré en su lugar a la sociedad, el eterno cómplice mudo del mal gobierno.

No penséis mis ocho lectores que seré complaciente con las malas prácticas del mal gobierno, simplemente me parece justo decir que poco o nada hacemos como sociedad, que poco o nada ejercemos como ciudadanos y que la participación es paupérrima cuantitativa y cualitativamente.

Ciudadanos por la Transparencia, por ejemplo, una de las iniciativas en las que participo jubilosamente desde hace poco, se trazó entre sus metas el crear espacios para la participación ciudadana, ya que está claro que se requiere de ella para impulsar,  fomentar y demandar la transparencia en el aparato gubernamental y es, ante tan loable y trascendente objetivo, que me pregunto y le pregunto a mis colegas, ¿cómo lo haremos ?… ¿Cómo lograr que la ciudadanía participe activamente?, ¿Cómo conseguir la cultura de la denuncia, del cuestionamiento responsable, de la observación comprometida?… ¿Cómo erradicar la apatía?…

Los mexicanos se quejan airadamente, opinan, critican y hasta se atreven a formular creativas e ingeniosas iniciativas, pero no son capaces en su enorme mayoría de participar activamente en las organizaciones de la sociedad civil creadas justamente para promover un cambio en el statu quo.

La sociedad se queja de sus gobernantes, pero pocas veces se reflexiona por ejemplo en que las ciudades son una muestra tangible de cómo son y cómo se comportan sus habitantes. Si hay basura en las calles, son los ciudadanos los que la generan; si hay tránsito y caos vehicular, más allá de la pésima planeación, los ciudadanos, automovilistas, desarrollos, inversionistas y transeúntes lo generan de alguna manera; si hay deterioro en la imagen urbana, son los mismos habitantes de un pueblo quienes lo propician. No obstante, todos esperan que el gobierno lo resuelva, sin estar dispuestos a contribuir y sin detenerse a reflexionar en la participación protagonista que tenemos en la construcción del entorno en el que vivimos.

La ciudad que tenemos la construimos o la destruimos todos juntos, día con día. Para cambiar a México no basta con criticar a los políticos y al mal gobierno, hay que participar, desde la casa, el trabajo, la escuela, desde la enseñanza a hijos y nietos, construyendo con el ejemplo, la palabra, los hábitos. Hay además grandes espacios de participación ciudadana desaprovechados y también responsabilidades y compromisos que tomar.

Si bien gobierno y partidos políticos han demostrado su ineficacia, su nulo compromiso con el pueblo, y su arrogancia llega a niveles insospechados; no podemos decir que no haya democracia, ésta quedó demostrada en las pasadas elecciones. Hubo de todo, alternancia, un candidato independiente ganador, elecciones cerradísimas en un par de estados y un congreso multicolor, entre otras cosas; sin embargo, no estamos contentos, y en gran parte porque no  participamos suficientemente.

La sociedad debe dejar de ser cómplice mudo si queremos cambiar a México.

Nunca mejor el nombre de esta columna… Al Buen Entendedor…

 

 

 

 

 

 

 

Cuba, oportunidad o amenaza…

por Latitud21 Redacción 1 julio, 2015

 

Mucho me preguntan mi opinión acerca de nuestra futura relación turística con la más grande de las Antillas, y si se considera una amenaza, por decirlo de alguna manera, como competidor turístico para nuestros destinos.

Antes que nada quiero expresar que me produce una enorme satisfacción el hecho de que el casi inminente restablecimiento de relaciones diplomáticas, y en consecuencia también comerciales, entre Estados Unidos y Cuba pueda significar en el mediano plazo una mejor calidad de vida para los habitantes de esa querida isla del Caribe.

Un país del que existen enormes testimonios documentales de su liderazgo y protagonismo en las artes, la cultura, investigación, literatura, entre otras muchas asignaturas, que se truncaron desde hace más de medio siglo por razones mundialmente conocidas. Un país que siendo solo una isla en medio del Caribe, fue el iniciador y líder de una inimaginable lista de iniciativas y disciplinas en los inicios de la América Latina del siglo XX.

El reciente anuncio sobre la apertura de Cuba en diversos sentidos, y sobre todo el hecho de que los norteamericanos puedan viajar libremente y sin restricciones a la isla, genera curiosidad y morbo, especialmente de los medios, en relación con el planteamiento de que si ello constituiría una eventual amenaza por competencia para Cancún y la Riviera Maya, en el caso mexicano.

Para entrar de lleno y de frente al tema, no me parece en absoluto, al menos por el momento, que Cuba represente competencia ni amenaza alguna para nuestros destinos turísticos, y no lo será al menos por cinco años.

Nuestro principal mercado sigue siendo el de Estados Unidos, aunque cada día crece más y de manera acelerada el mercado nacional y de América Latina, además de nuestros clientes de Europa. Sin embargo, el viajero de Estados Unidos es el cliente número uno de nuestros destinos de playa. En ese sentido se antoja difícil que Cuba pueda competir, al menos por el momento, por un mercado para el que ciertamente no están preparados.

Un sitio en el que se corta repentinamente la energía eléctrica, como decimos en México “se va la luz”, hasta por seis horas, con todo lo que esto trae como consecuencia, no puede considerarse competitivo ante un mercado tan exigente y demandante.

Aire acondicionado súper frío, cervecitas frías, muchos hielos, camarones y ceviches fresquitos a toda hora, sistemas de televisión por cable, Internet inalámbrico a todas horas, entre otros muchos, son servicios y demanda de algunos mercados turísticos, que significan condiciones para prevalecer en el ámbito de las preferencias.

Mientras que los viajeros europeos pueden disfrutar del Caribe sin aire acondicionado, para los norteamericanos es inconcebible; para los primeros un insecto puede ser parte de la fauna exótica local, y para los segundos una tremenda falta de higiene.

No dudo que Cuba será un competidor digno, de cuidado y sumamente atractivo para muy diversos mercados, por lo que habrá que estar atentos a lo que hacen, sobre todo en materia de desarrollo de producto e inventario de actividades más que en hotelería.

Por hoy es difícil que su oferta hotelera, aun con la anunciada apertura, pueda superar a las fantásticas y vanguardistas ofertas con que contamos en Cancún y Riviera Maya, y aún, por qué no decirlo, en la República Dominicana; imposible por el momento que puedan superar la oferta gastronómica y culinaria de México, y muy lejos de llegar a la calidad y calidez de nuestros servicios. Cuba es hoy sin duda una enorme oportunidad, más que una amenaza. Una oportunidad de sinergias, una oportunidad de consolidar los tan ansiados circuitos caribeños que permitan a nuestros visitantes conocer más de una isla.

No me ufano ni les desprecio, no presumo ni les descalifico, de ninguna manera, simplemente me queda claro que hoy la querida isla, dueña de la rumba, el son y el mejor tabaco del mundo, no representa una competencia turística para los destinos del Caribe mexicano. Para otros quizá, pero para nosotros no.

El escenario cambiará sin embargo en el mediano plazo, que desde mi opinión será de cinco a siete años, cuando las inversiones de todo tipo lleguen a Cuba y se convierta entonces en una potencia turística de mucho cuidado y respeto. Será entonces…

El pensamiento caribeño, del cual me considero parte orgullosamente, puede ser una hermosa realidad con el resurgimiento de Cuba.

 

La falta de confianza…

por Latitud21 Redacción 1 junio, 2015

Me parece que la tramitología excesiva que hay en este país, así como la burocracia tanto en instituciones públicas como privadas, obedece a la falta de confianza que tenemos entre nosotros mismos en México.

México, tristemente, como seguramente se repite en otros países de América Latina, es un país en el que nadie confía en nadie, y lógicamente eso ha llevado a personas e instituciones a establecer innumerables mecanismos que nos permitan asegurarnos de que no seremos estafados, que no se irá sin pagar la renta, que no pagará de menos, que no hará algún tipo de trampa, etc., y me parece que eso tiene que ver con nuestra forma de ser, que seguramente deriva de una cultura ancestral.

A nivel empresarial somos burocráticos por naturaleza, si se trata de un trámite ante una institución oficial los requerimientos son complicados, largos, a veces costosos, y si usted, querido lector, los analiza un poco, verá que muchos tienen que ver con falta de confianza. Claro que, como en todo el mundo, hay que asegurarse de la probidad y del cumplimiento de las leyes en tiempo y forma, pero aquí nos gusta siempre pedir copia de la copia por si acaso.

Si se trata de las empresas, en algunas hay que presentar requisitos hasta para sacar copias en la máquina copiadora, y no se diga si te enfermas, el justificante de la visita al doctor o a la farmacia es imprescindible, toda vez que no hay confianza.

En Estados Unidos y en Europa he pagado miles de veces con mis tarjetas de crédito y nunca me han pedido identificación, en México me piden mi identificación si pago con tarjeta hasta para comprar los bolillos en el supermercado.

Claro que “la burra no era arisca”… los mexicanos somos expertos también en darle la vuelta a los requisitos, en encontrar el atajo, hasta contratamos expertos en la trampa. Los gasolineros por ejemplo, conocidos por su tendencia al robo descarado, contratan empresas que les instalan sofisticados chips para alterar las bombas y vendernos entonces litros que no son realmente de litro; las empresas contratan “asesores fiscales” y los vecinos colocan “diablitos” para pagar menos energía eléctrica. Todos saben cómo hacerle para evitar el control, la revisión, y hasta para pagar un poco menos.

El resultado, no hay confianza, lo que deriva en controles, revisiones, burocracia y pérdida de tiempo.

Quizá podríamos comenzar cada uno desde nuestra trinchera, desde nuestro ámbito, a generar ambientes y entornos de confianza.

Se me ocurre que podríamos, en casa, en la oficina, en la escuela, confiar más y desconfiar menos, pero al mismo tiempo debemos trabajar en un cambio de actitud que a su vez genere confianza.

Si no quieres que te revisen el trabajo realizado, simplemente hazlo bien desde la primera vez, gánate la confianza.

Eso esperamos de políticos y funcionarios, eso esperamos de candidatos a puestos de elección, que sean confiables, que hagan bien su trabajo y nos generen confianza, aunque eso hoy es casi imposible, pues está demostrado ampliamente que eso a la enorme mayoría no le importa.

Sin embargo, nosotros sí podemos empezar a construir un nuevo México de confianza desde cada hogar formando a las nuevas generaciones bajo nuevos paradigmas, bajo nuevos esquemas de credibilidad.

Educa a tus hijos y nietos en la base de la confianza, enséñalos a confiar pero también a que deben cumplir a cabalidad para que se pueda confiar en ellos.

Les dejo esta reflexión a mis ocho lectores a ver si podemos ir cambiando poco a poco a este querido país.

 

 

Tianguis Turístico Acapulco 2015

por Latitud21 Redacción 4 mayo, 2015

Recojo de más de un centenar de personas con las que hablé en el primer día, la molestia, el enfado, el descontento, por decir lo menos, por la tremenda pérdida de tiempo y dinero que significó ese primer día del Tianguis Turístico de México en su versión 40, en el lugar que lo vio nacer, como se dijo romántica y repetidamente en los politiquísimos discursos inaugurales.

El problema es que el acto inaugural giró en torno a la política y a la figura presidencial y no alrededor de los negocios turísticos, como debería ser.

Resulta que hubo que apersonarse desde temprana hora en el recinto oficial por un brazalete para poder acceder a la dichosa comida con el presidente de la República. Y es tan malo el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), la empresa CREA -esa que desorganiza la parte comercial del Tianguis-, y tan estricto el cuerpo del Estado Mayor Presidencial que caen en lo absurdo.

Una vez dentro seguimos esperando y esperando mientras el mandatario efectuaba el recorrido por los stands del tianguis en solitario con su séquito y gobernadores en turno, pero sin presencia empresarial. ¡Vaya incongruencia!

Finalmente aparece Peña Nieto, gobernadores, gabinete, séquito y toda la parafernalia; comida y discursos. No me detendré en ellos ni repararé en los detalles, no vale la pena.

Lo que quiero compartir con mis ocho lectores es la frustración que genera el que se privilegie una vez más y como siempre la política, los discursos y la imagen presidencial antes que los negocios. Y lo más grave, se soslayó la asistencia y presencia de los mayoristas, agentes de viajes y compradores de todo el mundo que vinieron a comprar México. A ellos se les sienta en la última fila, se les niega el acceso y se les relega, como a cualquiera, porque lo que se prioriza es el paso del presidente de la República. Qué lamentable.

Y mal estamos, como dijera un distinguido empresario, quienes además aplaudimos los discursos.

 

Lo positivo y lo negativo del Tianguis 

 

Peña Nieto fue el único de los oradores en la comida de inauguración que agradeció la presencia de los mayoristas y compradores internacionales. A los demás se les olvidó, porque estaban muy preocupados en agradar al mandatario.

Bien también el discurso de Pablo Azcárraga en nombre del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), que incluyó cinco propuestas concretas que fueron bien aplaudidas, ojalá las pudiéramos tener. Hasta ahí, lo demás como ya dije fue un desastre.

Positiva la participación de los empresarios turísticos, que a sabiendas de que podría no ser un Tianguis exitoso asistieron. Ahí estaban José Chapur, Carlos Constandse, Alex Zozaya, representando a sus grupos; Best Day, Lomas Travel y muchos grupos hoteleros y agencias de viajes, demostrando no solo interés en el negocio turístico sino solidaridad. Destacó entre ellos el Grupo Oasis Resorts, que no solo acudió al tianguis comandado por Pedro Pueyo en persona, sino que amenizó y entretuvo con su elenco artístico durante las citas de negocios y nos ofreció un tremendo espectáculo en el coctel de Quintana Roo, demostrando una vez más vanguardia en la escena, profesionalismo y desde luego espíritu de equipo. ¡Felicidades!

Como siempre, de lo mejor en Acapulco son los restaurantes, buenos, variados, trendys, sofisticados, de mariscos o de carne, asiáticos o mexicanos, hay de todo y para todos, siempre con la posibilidad de esas inmejorables vistas panorámicas.

Lo negativo de lo negativo fue la poca asistencia de compradores de buen nivel.

Más allá de las siempre alegres cifras oficiales, que hablan de miles de citas, muchas de las cuales ni siquiera se concretan, lo cierto es que el encuentro es cada vez más pobre en negocios, y este fue así de manera notoria. Una cosa es el discurso e informe oficial de la Secretaría de Turismo (Sectur) y otra cosa es lo que dicen de viva voz los asistentes.

Negativo también el tema de la transportación; por una parte los taxis de Acapulco son caros y malos, malísimos, y la transportación oficial rotativa organizada por el CPTM dejó mucho que desear en tiempos y frecuencias.

De los hoteles, pues cada quien hablará según le fue en la feria. Ojalá cambie el futuro para el querido Acapulco, son mis deseos sinceros.

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