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Revista Latitud 21
Categoría:

Ricardo Hinojosa

The Dark Horse

Ricardo Hinojosa

Consultor en Gobierno Corporativo

rhinojosa@hhasociados.org

Las soluciones de ayer

por NellyG 3 agosto, 2026

 

Entre más se presiona al sistema, éste presiona más; en sentido contrario y con mayor intensidad. Personalmente uno de los retos más desafiantes de implementar mejoras es la resistencia al cambio, o bien, lograr la correcta administración del cambio dentro de la organización. Básicamente se puede dividir en dos retos diferentes: la inercia de la organización y el desaprender de los directivos. Para el primero, el diagnóstico es evidente por sí mismo; los equipos de trabajo tienen técnicas, métodos, rutinas y un nivel de dominio sobre sus actividades diarias que se vuelven una especie de piloto automático, lo que implica que para aplicar un cambio en las formas de trabajo —si bien, se entiende el nuevo procedimiento— lo complejo será acostumbrar al grupo a dejar de hacer las cosas con el método anterior y adoptar el nuevo. Es decir, el tema no es que voluntariamente no se acepte la nueva forma de trabajo, sino que existe una tendencia a seguir trabajando de la misma manera (i.e., inercia). Un ejemplo que viene a mi mente ocurrió en una comercializadora de calzado, donde implementamos un nuevo formato para calcular los pagos semanales a proveedores. La tesorera llevaba alrededor de 20 años trabajando en el negocio y se había ganado la confianza de los dueños, una persona lista, en sus 40´s y prácticamente llevaba las cuentas por pagar mensuales de más de $3M MXN semanales con una calculadora —de esas gris con negro, cuadradas, del tamaño del mouse táctil de una laptop, que seguramente todavía funciona— y una libreta personalizada. Conforme al plan de trabajo, ahora todo se llevaría en un sistema ERP (hecho en casa) donde con la información del resto de las áreas y un par de botones se generaría un .pdf presentable con todos los cálculos. Al momento de explicarle el sistema, se podía leer en su rostro que entendía perfectamente el sistema y procedimiento a implementar, expresó estar de acuerdo y comenzamos las operaciones. Después de unos días nos dimos cuenta que estaba realizando ambos procedimientos de forma paralela y simultánea. Generaba el reporte del sistema y volvía a realizar con calculadora la misma información para asegurar que tuvieran el mismo resultado; así estuvo durante meses. Desde luego —aunque ya habíamos realizado pruebas exhaustivas para validar los cálculos del sistema— no le hicimos ninguna observación porque es parte de “agarrar confianza” a un método nuevo y vencer una inercia que se ha nutrido por años. Este primer reto no es el que me preocupa normalmente, incluso se puede decir que es parte de la administración del cambio, es necesario ser pacientes y comprensivos; con el tiempo la migración se concretará sin mayor detalle.

Por otro lado, el segundo reto es el que más me preocupa normalmente, y para la que tengo una regla de dedo que puede sintetizar el tema: cuando los directivos están orgullosos de lo que nosotros queremos cambiar, es momento de evaluar el proyecto. Siguiendo con el mismo caso de la comercializadora, fue complejo convencer al fundador sobre adoptar las nuevas formas de trabajo porque —analizando a profundidad— cuando decimos que vamos a cambiar la forma en la que se llevan las cosas, implícitamente estamos diciendo que la forma en la que se hacen “no es la óptima”, por decir lo menos, y esto puede tocar fibras que terminen por demorar, o en el extremo, detener la implementación de mejoras. Por más experiencia que se tenga en este tipo de proyectos, lograr navegar el comentario de “llevamos años haciendo las cosas de esta manera, y me ha funcionado” nunca es tarea sencilla. Por lo que se vuelve indispensable dejar claro el enfoque; no significa que sea una “mala idea” lo que llevan actualmente —con las implicaciones emocionales que esto tiene sobre el que lo implementó—, sino que es una solución de ayer. Es decir, es vital retirar el juicio sobre lo que se está cambiando y simplemente verlo como lo que es: los problemas de hoy son las soluciones de ayer, y la mejora debe de ser continua.

La organización cambia, crece, y tiene necesidades diferentes con el paso del tiempo. En una etapa temprana es posible que el perfil ideal para el negocio sea una persona extrovertida, con empuje, con facilidad para vender y que pueda armar un equipo desde cero. Por otro lado, en una etapa donde ya se tuvo un crecimiento exponencial, posiblemente sea más conveniente un perfil enfocado en control interno, más corporativo, con experiencia en auditoría y que conozca todos los departamentos para determinar su desempeño. Ambos perfiles son convenientes, pero en diferentes momentos de la empresa aplica más uno u otro.

Es importante como directores o asesores de empresas, identificar cuándo se trata de un tema de vencer la inercia —para lo cual no implica mayor intervención de nuestra parte— y cuándo estamos cambiando algo de lo que están orgullosos actualmente, para darle la atención, la delicadeza necesaria y determinar si es el momento indicado para implementar una mejora, o bien incorporar los cambios de forma gradual, donde poco a poco se tenga una perspectiva diferente y todos se encuentren alineados hacia la solución. Algo que me ha funcionado ante estas situaciones es una filosofía de trabajo, o bien un principio profesional que busco seguir: ser duro con el proceso, y suave con la persona.

Nihilismo Corporativo

por NellyG 1 julio, 2026

 

 

Para generar una planeación estratégica congruente entre la situación actual de la empresa, y las aspiraciones de sus accionistas, se debe considerar como base su misión, visión y valores, los cuales son conceptos que —desde mi punto de vista— se han deteriorado por el uso casual de los mismos y por la concepción de que son prácticamente un requisito a dejar fuera del camino, o bien, se construyen bajo la reflexión privada de que no va a tener implicaciones directas sobre el desarrollo del negocio; que, a lo mucho, serán un complemento enmarcado en las salas de juntas y harán ver a la empresa más seria e institucional.

La misión de una empresa debe de ser clara, incluir una métrica y un motivo. El escritor Donald Miller lo resume en el siguiente modelo: Lograremos X, al hacer Y por el motivo Z, y lo más importante es que debe invitar a la acción. Dicho de otra manera, los miembros de tu equipo deben de poder identificarse con la misión en sus actividades diarias y tener claro que todo lo que ejecutan como parte de su rol influye a que la misión se lleve a cabo.

Existe un incentivo psicológico hacia mantener una misión ambigua, poco específica y difícil de medir dentro de las organizaciones —incluso a nivel personal— porque te otorga la ventaja de no tener claro si lograste o no el objetivo. Es decir, como decía el psicólogo Jordan Peterson, mantener una meta ambigua te sitúa en una posición más cómoda al no cumplirla, la falta de claridad en tu objetivo cubre la falta de calidad de tu resultado. De alguna manera, es permanecer dentro de la zona de confort el no tener claro si cumpliste la meta. Traducido a una empresa: no tener una misión clara que refleje el nivel de ambición de los accionistas es una especie de falta de valentía — por decir lo menos — y llevará a toda la organización a un estado que denomino como nihilismo corporativo, que se puede ejemplificar como la existencia de la siguiente reflexión en la mente de los miembros de la empresa: “haga o no haga, logre o no logre, mi situación en la empresa no cambia”, que a su vez se puede subtitular como “lo que haga o deje de hacer en la empresa, carece de significado”. Salir de este estado es un nudo muy complicado de deshacer y requiere libros al respecto, pero lo que sí puedo resumir, es que el riesgo de que no logren las metas anuales derivado de que los ejecutivos clave se encuentren en este estado es muy alto.

Parte de la solución es confiar en una planificación estratégica que realmente transmita la Misión del negocio y que sea lo suficientemente seductora para que todos los colaboradores se involucren y se “suban al barco” para lograr los objetivos deseados. Además, lograr tener un equipo comprometido a bordo es un lujo —básicamente— que no todos los negocios pueden tener, pero la probabilidad de obtenerlo dado que exista una Misión clara es muy superior a la alternativa.

Al final, pienso que como seres humanos a todos nos cautiva una buena historia, una trama bien planteada en donde nuestra próxima decisión forme parte del desenlace, que lleve implícito un riesgo y a su vez una oportunidad. No es coincidencia que los grandes líderes que han cambiado el paradigma de su campo tengan personalidades excéntricas y siempre de la mano de una ideología que contagia. Aquí la clave será que el cuerpo directivo entienda que dirigir una empresa es algo mucho menos frío de lo que aparenta y se trata más bien de inspirar a personas hacia un bien común.

 

Todas las empresas felices son diferentes

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Dice Tolstói en una de sus obras que todas las familias felices se parecen entre sí, mientras que cada familia infeliz lo es a su manera. Lo contrario aplica para los negocios, todas las empresas felices son diferentes porque ofrecen una solución original que los separa tanto de los demás, que se vuelven únicas en su especie; por otro lado, todas las empresas infelices son iguales porque no lograron diferenciarse del resto y comparten un común denominador que es una feroz competencia por las ganancias de su sector. 

Esta reflexión me gusta ligarla con la entrega anterior sobre diagnóstico preliminar, para mí es un cuestionamiento que no puede faltar antes de comenzar un negocio o al definir un plan estratégico; ¿la idea que vamos a implementar es única en su especie? ¿Qué nos hace realmente diferentes como empresa? ¿Si realizamos una lluvia de ideas, podré enlistar más de 5 empresas que ofrezcan lo mismo que nosotros? Si la respuesta a la última pregunta es afirmativa, ya es un foco rojo. 

De alguna manera, el lugar donde se puede encontrar la mejor idea a implementar es en donde nadie más está buscando, por ello se vuelve importante que los miembros del Consejo —o por lo menos uno de ellos— tenga dentro de sus habilidades suaves la apertura a nuevas ideas y la capacidad de estar en desacuerdo cuando sea necesario. Todas las grandes ideas empiezan con la minoría de uno, y es esa mentalidad la que puede guiar a los empresarios a encontrar ese sweet spot que los posicionará permanentemente en el mercado. 

Un factor importante será el involucramiento de los fundadores en las primeras etapas del negocio, ya que ellos serán responsables de la innovación del mismo. Como mencioné antes, son éstos los que deben tener el perfil para incorporar ideas creativas que los permita seguir siendo diferentes a la competencia. Digamos que un negocio donde el fundador ya no se involucra puede seguir funcionando, sin embargo, pierde esa “magia” que los hizo una empresa feliz en primer lugar. 

En el caso específico de las empresas familiares, el nivel de involucramiento de los fundadores define si la podemos llamar empresa familiar o familia empresa, donde el segundo concepto distingue a un grupo familiar donde todos son empresarios —en toda la extensión de la palabra— y todos sus frentes de negocio hacen sinergia con el resto del grupo familiar. Es decir, no son un negocio donde los dueños son familiares; sino una familia que coopera entre sí para consolidar en conjunto los mejores negocios. 

Como lo hemos visto en entregas anteriores, un gobierno corporativo bien implementado ayuda a que el fundador —o bien, el grupo familiar— pueda dedicarse a otras cosas y no “vivir en el negocio” pero seguir involucrado en la dirección del mismo y tener los foros indicados para seguir aportando ideas, inspirar a su equipo y tener la cultura de una mejora continua. 

Por experiencia conozco que lo que estoy planteando no es sencillo. El proceso para identificar el enfoque que distingue a una empresa se vuelve un tema de prueba y error, exige atención e involucramiento, incluso depende menos de una agenda y más de momentos donde se encuentren inspirados. Dicen que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, y pienso que asimismo el convertirse en una empresa feliz, única en su especie es un proceso donde la persistencia y la valentía pesan más que cualquier otra cosa.  

Diagnóstico preliminar

por ahernandez@latitud21.com.mx 30 abril, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Uno de los espejismos en los que no conviene entretenerse al implementar un programa de Gobierno Corporativo es pensar que los efectos positivos se podrán identificar a simple vista desde el minuto uno. Es decir, que implementar un consejo de administración y sus comités es garantía por sí mismo de que en el próximo cuatrimestre la empresa tendrá más utilidad operativa, más posicionamiento en el mercado y habrá generado ahorros operativos notables. Si bien estos son escenarios posibles, la causa y el efecto no siempre son tan claros y los nodos no tan fáciles de conectar.

El impacto que pueda tener el modelo de la empresa dependerá de la calidad de información y propuestas que se tengan de parte del cuerpo directivo. Si bien el modelo dejará el terreno plano para que los accionistas puedan atender temas de mejora y dialogar sobre las posibles acciones a tomar, la calidad del proceso creativo que se lleve durante las sesiones será clave para definir el rumbo del negocio.

Una herramienta que resulta útil previo a implementar cualquier tipo de proyecto (especialmente uno de alta dirección) es realizar un diagnóstico preliminar de la situación actual de la empresa en términos de control interno. El alcance del diagnóstico ha sido tema de debate entre conocidos del giro y hasta el momento sigue siendo “al gusto del chef”, por decirlo de alguna manera. Al final el diagnóstico es una radiografía de la organización evaluada bajo ciertos criterios, la clave es contra qué nos estamos comparando y qué estamos buscando. Es decir, las métricas que se obtengan durante el proceso sólo serán relevantes en función de la Visión de la empresa. 

Durante el proceso de planificación estratégica la reflexión anterior se vuelve clave; de todos los objetivos que buscamos lograr ¿cuál es realmente la prioridad de la empresa? La palabra prioridad se volvió plural hasta los 90s durante la revolución industrial y se popularizó la noción de tener más de una prioridad. Debemos evitar caer en esta referencia circular y sintetizar un motivo en común para todo el negocio, que todas las áreas se identifiquen con ello y que todos los esfuerzos vayan en esa directriz. Un signo de madurez durante un proceso de planificación estratégica es tener identificado el costo de oportunidad del plan propuesto, es decir, al decidir hacer A, estoy decidiendo tácitamente no hacer B, C, D, etcétera; así las estrategias no se contradicen entre sí y el objetivo global del negocio no se vuelve una paradoja. Por ejemplo, si lo que busca un director es incrementar las ventas y posicionamiento en el mercado, una estrategia para robustecer la documentación que se requisitó al cliente previo a la venta va a jugar en contra del objetivo, a pesar de que hacerlo tenga beneficios en control de expediente. Caso contrario, si lo que se busca es control, es una idea que funciona y la satisfacción del cliente pasa a segundo plano. Digamos que you can’t have your cake and eat it too. Una distinción que puede resultar útil lograr diferenciar entre precisión y exactitud. 

Al evaluar los resultados de un procedimiento lo primero que podemos buscar es obtener siempre lo mismo; haciendo un símil con un tiro con arco, la precisión sería dar siempre en el mismo lugar, indistinto de su cercanía con el centro del tablero (bullseye). Como regla de dedo, lo primero que debemos hacer es estandarizar el procedimiento para tener siempre el mismo resultado y partir de ese punto para calibrar con las mejoras necesarias para acercar lo más posible al objetivo (exactitud). Pocas ocasiones he escuchado en talleres de planificación estratégica la reflexión ¿tenemos certeza de que, realizando lo mismo, nuestro proceso nos da el mismo resultado?, es decir, ¿qué tanto podemos anticipar el resultado o qué tanto le estamos pegando a la piñata con los ojos vendados? en este caso es preferible un resultado no deseable pero constante, a uno deseable donde no tengamos la certeza de que en la siguiente iteración lo obtendremos de la misma manera. 

En perspectiva, un diagnóstico a nivel empresa es una buena práctica antes de implementar un modelo de alta dirección, siempre y cuando tengamos definida la Visión de la asamblea de accionistas y los principales objetivos, para no caer en “medir por medir” y que se vuelva más complicado de lo necesario el conocer la raíz del problema. En otra entrega de esta columna me gustaría profundizar sobre las herramientas de análisis que facilitan encontrar esta causa raíz, por el momento con transmitir que debemos buscarla lo considero suficiente. Si nos apresuramos, o bien, nos tomamos a la ligera el tema del diagnóstico preliminar, podemos terminar por cansarnos de “pelear” contra los efectos y no contra la causa, lo cual puede resultar ineficiente -o lo que para mí es peor- poco elegante.  

La empresa familiar

por ahernandez@latitud21.com.mx 31 marzo, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Dicen que si encuentras una empresa familiar que haya sobrevivido a la cuarta generación, puedes pedir un deseo.

Cuando pensamos en gobierno corporativo nos viene a la mente la bolsa de valores, asambleas de accionistas de grandes firmas, corporativos de talla internacional y procedimientos legales complejos; en pocas ocasiones, por no decir que en ninguna, lo relacionamos con una empresa familiar con miembros involucrados en las operaciones y un objetivo en común: crecer su patrimonio y que el negocio trascienda de generación en generación.

Me tomaré la libertad de asumir que todos conocemos una empresa donde los dueños estén enfocados en operar el negocio, i.e. administrar inventarios, atención a clientes, ser el auditor, autorizar los pagos e incluso ser el psicólogo favorito de los colaboradores, lo cual no es que sea incorrecto, es importante para el ambiente de una empresa sentir el involucramiento de los dueños a todos los niveles; sin embargo, se deja vacante un rol de vital importancia: el director general.

Como dijo una vez un ponente en temas de alta dirección al dueño de una cadena de restaurantes “mientras tú estás operando ¿quién dirige tu empresa?”. 10 ml de vinagre le hubieran resultado menos ácidos a mi compañero empresario que heredó el negocio de su padre con más de 20 años de historia y posicionamiento.

Pienso que la falta de sintonía se debe a la traducción de conceptos directivos a una sintaxis donde sea sencillo integrar mejores prácticas a las operaciones diarias de la organización y los empresarios (como mi compañero) puedan identificar la importancia de llevar la dirección de la compañía a ese nivel.

A pesar de que a simple vista no conectemos los conceptos, la estadística indica que el 95% de los negocios familiares no sobreviven a la tercera generación, y eso se atribuye a la falta de mejores prácticas en alta dirección y gobierno corporativo, lo cual es preocupante desde mi punto de vista, ya que de acuerdo a cifras del Banco Mundial, las empresas familiares contribuyen con más del 50% al PIB de cada país, y como resalta el Instituto de Familias Empresarias para México, son el motor silencioso de la economía mexicana, generando cerca del 70% de los empleos.

En otras palabras, es razonable decir que la falta de mejores prácticas de gobierno corporativo y alta dirección enfocadas a empresas familiares influye en la economía no solamente del grupo de empresarios, sino de todos los colaboradores (y sus familias) que dependen de su permanencia.

Como consultor de empresas familiares he identificado que estas encuentran una de las situaciones más desafiantes a nivel negocio: conciliar la visión de los socios accionistas.

Normalmente la preocupación más grande de los fundadores no es a nivel operatividad o de know-how, sino sobre la tan delicada transición que tendrán al pasar la dirección a las siguientes generaciones y se involucran sentimientos encontrados, diferentes personalidades y honestamente un temor por perder aquello por lo que han trabajado por décadas. El grado de complejidad es mayor cuando se trata de dos hermanos con perfiles básicamente opuestos, los miembros de la familia tienen distintas preferencias y ninguna coincide con el negocio que heredan; o bien, un fundador que piensa (y normalmente con justa razón) que sus hijos no están preparados para el reto de dirigir el negocio familiar.

De poco sirve al final tener buenas propuestas de negocio si no se llevarán a cabo por no tener una visión alineada entre los accionistas, si las buenas cifras en estados financieros se ven opacadas por una falta de conciliación de puntos de vista durante las reuniones directivas. El costo de oportunidad a nivel de atención y energía es difícil de exagerar.

Desde luego, cada caso es diferente y con una solución única, sin embargo, pienso que existen pasos a seguir o bien prácticas a integrar que pueden impactar positivamente a estas áreas de oportunidad. En primera instancia es importante descentralizar la toma de decisiones de una sola persona y delegarla a un Consejo donde los miembros puedan exponer sus argumentos, intercambiar puntos de vista, analizar datos y llegar a acuerdos que permitan avanzar en los temas de interés y agregar valor a la organización. También es conveniente separar los asuntos que sean estrictamente familiares de la operatividad de la empresa para que cada tema sea tratado en el foro adecuado. Durante las sesiones procuro que no seamos tan severos con las áreas de oportunidad identificadas ya que en muchas ocasiones los problemas de hoy son las soluciones de ayer y la mejora continua es un ciclo que nunca termina. Es de esperarse encontrar cierta resistencia a la transición por parte de los fundadores, pero esto se puede amenizar respetando dentro de las reglas del Consejo un voto de calidad como criterio de desempate para seguir apalancando el control de la empresa de la visión del fundador, aunque honestamente si las sesiones se llevan correctamente, todos terminan por llegar a un acuerdo.

Recuerdo un momento previo a una sesión de Consejo donde uno de los miembros me compartió que su padre (el fundador) no quería asistir a la sesión porque sabía que entre todos, por así decirlo, lo iban a convencer de tomar una decisión diferente a la que ya tenía predefinida, lo cual me hizo sentido, el efecto de tener la práctica de tomar decisiones en base a acuerdos, y a su vez, orientados por informes de calidad relacionados al tema, es difícil de ignorar y con el tiempo se vuelve evidente en los principales indicadores de la empresa. Implementar este tipo de prácticas permite “despejar” el camino para facilitar la transición entre la dirección de un fundador hacia las siguientes generaciones, enfocando a la organización a la toma consciente de decisiones y permitir el control necesario para que los miembros de la familia se desahoguen del micromanagement y tengan la claridad para entretener la siguiente reflexión: ¿Qué tipo de empresarios quieren ser?, ¿Cuál es su visión como familia empresa?, ¿Qué valores les gustaría que se respeten dentro de la empresa en las siguientes generaciones?, ¿Qué competencias deben desarrollar los miembros de la familia para asegurar el logro de los objetivos?, ¿Qué paradigmas deben cambiar para tener la flexibilidad adecuada para enfrentar semejante reto?, Como empresa, ¿qué los hace únicos en su especie?, ¿De qué están orgullosos, que no les permite cambiar?.

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