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Revista Latitud 21
Categoría:

Ricardo Hinojosa

The Dark Horse

Ricardo Hinojosa

Consultor en Gobierno Corporativo

rhinojosa@hhasociados.org

Empresa Socialmente Responsable

por NellyG 1 octubre, 2026

Este octubre el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) otorga a diferentes empresas —y personas físicas— un distintivo de Empresa Socialmente Responsable (ESR), con la finalidad de reconocer los esfuerzos de alinear la estrategia empresarial y de negocio con la responsabilidad de cuidado del medio ambiente, impacto social, ética y gobernanza. Particularmente en Quintana Roo considero importante que las empresas realicen este proceso de autodiagnóstico para asegurar que tengamos el mayor cuidado a los ecosistemas que impulsan el turismo y promueven el desarrollo económico.

Un detalle importante para enfatizar es que uno de los criterios del distintivo es evaluar el modelo de gobernanza de la empresa enfocado en responsabilidad social, ética y ambiental. Al final la responsabilidad en este contexto se puede traducir en mantener un estándar de políticas y procedimientos que cumplan lo requerido para ser distinguido en el tema. Por lo tanto, es clave contar con un sistema de control interno y un modelo de gobernanza para asegurar la medición y confiabilidad de los parámetros que apliquen. Dicho de otra manera ¿cómo asegurar que realmente se tiene la responsabilidad en la organización, sin un mecanismo para medirlo, auditarlo y mejorarlo? Es por esto —y por muchos otros motivos que hemos visto en entregas anteriores— que la implementación de un modelo de gobierno corporativo forma parte del desarrollo de una empresa y es necesario para dar el salto de calidad que muchas desean. Todos queremos certificaciones, distintivos, premios, pero para ello es necesario formar las bases desde el principio y asegurar que todos los dueños estén involucrados en este proceso. Si optamos —como lo he visto bastante— por dejar ese plan por un lado y asignarle la etiqueta de “Para después” lo único que estamos haciendo es, en el mejor de los casos, dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Digamos que el consultor en gobierno corporativo tiene una situación similar al de los científicos en disciplinas poco comunes en las películas de ciencia ficción. No figuran. Pero ante una catástrofe natural los más altos directivos se voltean y dicen ¡busquen a un geólogo! Así mismo, cuando resulta comercialmente conveniente contar con una certificación —o en este caso, un distintivo— y resulta que dentro de los requerimientos viene contemplado tener comités operando y llevar cédulas de acuerdos entre las áreas, es cuando contra toda estadística se vuelve urgente un plan de gobierno corporativo. Un poco de humor, mucho de realidad.

Fuera de eso, me da gusto revisar que la filantropía está cada vez más presente como un aspecto importante de la organización. De acuerdo con datos estadísticos de National Philanthropic Trust, en el 2024 las donaciones de corporativos para fines de filantropía crecieron 9.1% contra el año anterior. En México, participaron 2,480 empresas en la convocatoria de Distintivo ESR 2025 según los datos de Cemefi, de las cuales 57.2% se pueden catalogar como Pymes (en este caso, pequeña, mediana y micro).

Del total de empresas que participaron 32 son de Quintana Roo, ocupando el lugar #16 en empresas postuladas a nivel nacional. Pienso que como estado podemos ser más protagónicos.

Felicitaciones a las empresas que participaron este año y sigamos fomentando —en lo que esté en nuestro alcance— la responsabilidad social y ambiental en nuestro entorno empresarial.

 

La revancha de las humanidades

por NellyG 2 septiembre, 2026

 

 

Durante una conferencia escuchaba la experiencia de un empresario que decía: “si conozco a alguien con talento lo contrato y después busco a qué proyecto asignarlo”. Me pareció de lo más acertado. Actualmente, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) se están poniendo en tela de juicio los principios más antiguos sobre educación, profesionalización, mercados laborales, incluso plan de vida y carrera. Sam Harris y otros pensadores sobre el tema estiman que los primeros empleos que serán reemplazados por IA serán aquellos donde el toque humano no marque tanto la diferencia — i.e., choferes, abogados, contadores, médicos, etc. — de manera que dentro del mercado laboral la especialización puede pasar en un abrir y cerrar de ojos de un pro a ser un contra. Es por ello que buscar elementos para tu empresa donde premies más el tener talento en general, versus algo muy especializado rinde frutos, y más en el contexto de desarrollo tecnológico en el que nos encontramos. Aunque nos podamos imaginar un futuro altamente desarrollado tecnológicamente el decir que una persona tiene facilidad para manejar equipos, habilidad de negociación, capacidad resolutiva, abstracción, creatividad, enfoque hacia la innovación, incluso buen gusto, son descripciones que de alguna manera son atemporales, o como mínimo no dependen tanto del entorno en el que se desenvuelven, por lo que tienen más probabilidades de seguir siendo relevantes, incluso con el desarrollo acelerado de la IA.

Esta reflexión representa un cambio de paradigma en temas de orientación vocacional. Basta con recordar que antes de la burbuja del .com, si algún conocido te decía que su plan era estudiar computación o similares era de esperarse una reacción positiva porque era una profesión prometedora —actualmente es difícil que alguien te recomiende aprender a programar; ya lo hace en gran medida la IA—. En caso contrario, si decía que su plan era estudiar filosofía y letras, todos harían su mejor esfuerzo por no hacer muecas. Dicho de otra manera, existía una asimetría sobre expectativas económicas sobre dedicarte a un caso y al otro. A tal grado que se llegó a generalizar —desde mi punto de vista— que optar por alguna carrera dentro de las humanidades, era ya la crónica de una muerte anunciada hablando de desarrollo profesional. El caso que busco exponer es que la tendencia apunta a que esa expectativa dará un giro de 180 grados. Tener una formación académica en arte, literatura, psicología, etcétera, cobrarán relevancia y se convertirán en un tipo de signatura de ser humano. No me malinterpreten, actualmente la IA ya genera música, arte y es terapeuta de millones de personas. A lo que me refiero es que existirá — según lo que entiendo de los expertos en el tema— una demanda por los mismos servicios, pero con el asterisco de que sabemos que fueron creados por un ser humano como nosotros. Un ejemplo claro son los deportes, como decía Sam Harris; no dudamos de que tendremos ligas de beisbol enteramente conformadas por robots y está muy bien, pero seguirá existiendo demanda por ver a los NYY. Para llegar a este punto, considero que todavía falta bastante por desarrollar. Al momento, la forma más popularizada de IA son los llamados LLMs (e.g., GPT-5, Gemini, Claude, etc.), y el logro de AGI (Artificial General Intelligente), por lo que dicen los expertos en el tema, me parece lejano todavía. Sin embargo, el enfoque que busco compartir en esta entrega es el impacto que puede tener en la elección del tipo de negocios a implementar y las profesiones a elegir para buscar una carrera profesional atractiva y sostenible a largo plazo.

Mi punto es sencillo: dado que las profesiones donde la experiencia del cliente no cambie significativamente si el proveedor —si me permiten— no es un ser humano serán las de más alta probabilidad de ser asignadas a la IA, las profesiones donde sí exista una diferencia a nivel de experiencia del cliente serán las más valoradas y por consecuencia podrán ser una elección conveniente de plan de vida y carrera.

Por lo que, a nivel práctico, será la revancha de las humanidades, y las profesiones que —por decirlo de alguna manera— no eran las top valoradas pueden dar la sorpresa y convertirse en los auténticos “dark horses” del mercado laboral.

Así que si eres un maestro de filosofía y estás leyendo esto, no pierdas la esperanza, en un futuro no muy lejano tendrás el mismo caché que un programador de silicon valley.

Las soluciones de ayer

por NellyG 3 agosto, 2026

 

Entre más se presiona al sistema, éste presiona más; en sentido contrario y con mayor intensidad. Personalmente uno de los retos más desafiantes de implementar mejoras es la resistencia al cambio, o bien, lograr la correcta administración del cambio dentro de la organización. Básicamente se puede dividir en dos retos diferentes: la inercia de la organización y el desaprender de los directivos. Para el primero, el diagnóstico es evidente por sí mismo; los equipos de trabajo tienen técnicas, métodos, rutinas y un nivel de dominio sobre sus actividades diarias que se vuelven una especie de piloto automático, lo que implica que para aplicar un cambio en las formas de trabajo —si bien, se entiende el nuevo procedimiento— lo complejo será acostumbrar al grupo a dejar de hacer las cosas con el método anterior y adoptar el nuevo. Es decir, el tema no es que voluntariamente no se acepte la nueva forma de trabajo, sino que existe una tendencia a seguir trabajando de la misma manera (i.e., inercia). Un ejemplo que viene a mi mente ocurrió en una comercializadora de calzado, donde implementamos un nuevo formato para calcular los pagos semanales a proveedores. La tesorera llevaba alrededor de 20 años trabajando en el negocio y se había ganado la confianza de los dueños, una persona lista, en sus 40´s y prácticamente llevaba las cuentas por pagar mensuales de más de $3M MXN semanales con una calculadora —de esas gris con negro, cuadradas, del tamaño del mouse táctil de una laptop, que seguramente todavía funciona— y una libreta personalizada. Conforme al plan de trabajo, ahora todo se llevaría en un sistema ERP (hecho en casa) donde con la información del resto de las áreas y un par de botones se generaría un .pdf presentable con todos los cálculos. Al momento de explicarle el sistema, se podía leer en su rostro que entendía perfectamente el sistema y procedimiento a implementar, expresó estar de acuerdo y comenzamos las operaciones. Después de unos días nos dimos cuenta que estaba realizando ambos procedimientos de forma paralela y simultánea. Generaba el reporte del sistema y volvía a realizar con calculadora la misma información para asegurar que tuvieran el mismo resultado; así estuvo durante meses. Desde luego —aunque ya habíamos realizado pruebas exhaustivas para validar los cálculos del sistema— no le hicimos ninguna observación porque es parte de “agarrar confianza” a un método nuevo y vencer una inercia que se ha nutrido por años. Este primer reto no es el que me preocupa normalmente, incluso se puede decir que es parte de la administración del cambio, es necesario ser pacientes y comprensivos; con el tiempo la migración se concretará sin mayor detalle.

Por otro lado, el segundo reto es el que más me preocupa normalmente, y para la que tengo una regla de dedo que puede sintetizar el tema: cuando los directivos están orgullosos de lo que nosotros queremos cambiar, es momento de evaluar el proyecto. Siguiendo con el mismo caso de la comercializadora, fue complejo convencer al fundador sobre adoptar las nuevas formas de trabajo porque —analizando a profundidad— cuando decimos que vamos a cambiar la forma en la que se llevan las cosas, implícitamente estamos diciendo que la forma en la que se hacen “no es la óptima”, por decir lo menos, y esto puede tocar fibras que terminen por demorar, o en el extremo, detener la implementación de mejoras. Por más experiencia que se tenga en este tipo de proyectos, lograr navegar el comentario de “llevamos años haciendo las cosas de esta manera, y me ha funcionado” nunca es tarea sencilla. Por lo que se vuelve indispensable dejar claro el enfoque; no significa que sea una “mala idea” lo que llevan actualmente —con las implicaciones emocionales que esto tiene sobre el que lo implementó—, sino que es una solución de ayer. Es decir, es vital retirar el juicio sobre lo que se está cambiando y simplemente verlo como lo que es: los problemas de hoy son las soluciones de ayer, y la mejora debe de ser continua.

La organización cambia, crece, y tiene necesidades diferentes con el paso del tiempo. En una etapa temprana es posible que el perfil ideal para el negocio sea una persona extrovertida, con empuje, con facilidad para vender y que pueda armar un equipo desde cero. Por otro lado, en una etapa donde ya se tuvo un crecimiento exponencial, posiblemente sea más conveniente un perfil enfocado en control interno, más corporativo, con experiencia en auditoría y que conozca todos los departamentos para determinar su desempeño. Ambos perfiles son convenientes, pero en diferentes momentos de la empresa aplica más uno u otro.

Es importante como directores o asesores de empresas, identificar cuándo se trata de un tema de vencer la inercia —para lo cual no implica mayor intervención de nuestra parte— y cuándo estamos cambiando algo de lo que están orgullosos actualmente, para darle la atención, la delicadeza necesaria y determinar si es el momento indicado para implementar una mejora, o bien incorporar los cambios de forma gradual, donde poco a poco se tenga una perspectiva diferente y todos se encuentren alineados hacia la solución. Algo que me ha funcionado ante estas situaciones es una filosofía de trabajo, o bien un principio profesional que busco seguir: ser duro con el proceso, y suave con la persona.

Nihilismo Corporativo

por NellyG 1 julio, 2026

 

 

Para generar una planeación estratégica congruente entre la situación actual de la empresa, y las aspiraciones de sus accionistas, se debe considerar como base su misión, visión y valores, los cuales son conceptos que —desde mi punto de vista— se han deteriorado por el uso casual de los mismos y por la concepción de que son prácticamente un requisito a dejar fuera del camino, o bien, se construyen bajo la reflexión privada de que no va a tener implicaciones directas sobre el desarrollo del negocio; que, a lo mucho, serán un complemento enmarcado en las salas de juntas y harán ver a la empresa más seria e institucional.

La misión de una empresa debe de ser clara, incluir una métrica y un motivo. El escritor Donald Miller lo resume en el siguiente modelo: Lograremos X, al hacer Y por el motivo Z, y lo más importante es que debe invitar a la acción. Dicho de otra manera, los miembros de tu equipo deben de poder identificarse con la misión en sus actividades diarias y tener claro que todo lo que ejecutan como parte de su rol influye a que la misión se lleve a cabo.

Existe un incentivo psicológico hacia mantener una misión ambigua, poco específica y difícil de medir dentro de las organizaciones —incluso a nivel personal— porque te otorga la ventaja de no tener claro si lograste o no el objetivo. Es decir, como decía el psicólogo Jordan Peterson, mantener una meta ambigua te sitúa en una posición más cómoda al no cumplirla, la falta de claridad en tu objetivo cubre la falta de calidad de tu resultado. De alguna manera, es permanecer dentro de la zona de confort el no tener claro si cumpliste la meta. Traducido a una empresa: no tener una misión clara que refleje el nivel de ambición de los accionistas es una especie de falta de valentía — por decir lo menos — y llevará a toda la organización a un estado que denomino como nihilismo corporativo, que se puede ejemplificar como la existencia de la siguiente reflexión en la mente de los miembros de la empresa: “haga o no haga, logre o no logre, mi situación en la empresa no cambia”, que a su vez se puede subtitular como “lo que haga o deje de hacer en la empresa, carece de significado”. Salir de este estado es un nudo muy complicado de deshacer y requiere libros al respecto, pero lo que sí puedo resumir, es que el riesgo de que no logren las metas anuales derivado de que los ejecutivos clave se encuentren en este estado es muy alto.

Parte de la solución es confiar en una planificación estratégica que realmente transmita la Misión del negocio y que sea lo suficientemente seductora para que todos los colaboradores se involucren y se “suban al barco” para lograr los objetivos deseados. Además, lograr tener un equipo comprometido a bordo es un lujo —básicamente— que no todos los negocios pueden tener, pero la probabilidad de obtenerlo dado que exista una Misión clara es muy superior a la alternativa.

Al final, pienso que como seres humanos a todos nos cautiva una buena historia, una trama bien planteada en donde nuestra próxima decisión forme parte del desenlace, que lleve implícito un riesgo y a su vez una oportunidad. No es coincidencia que los grandes líderes que han cambiado el paradigma de su campo tengan personalidades excéntricas y siempre de la mano de una ideología que contagia. Aquí la clave será que el cuerpo directivo entienda que dirigir una empresa es algo mucho menos frío de lo que aparenta y se trata más bien de inspirar a personas hacia un bien común.

 

Todas las empresas felices son diferentes

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Dice Tolstói en una de sus obras que todas las familias felices se parecen entre sí, mientras que cada familia infeliz lo es a su manera. Lo contrario aplica para los negocios, todas las empresas felices son diferentes porque ofrecen una solución original que los separa tanto de los demás, que se vuelven únicas en su especie; por otro lado, todas las empresas infelices son iguales porque no lograron diferenciarse del resto y comparten un común denominador que es una feroz competencia por las ganancias de su sector. 

Esta reflexión me gusta ligarla con la entrega anterior sobre diagnóstico preliminar, para mí es un cuestionamiento que no puede faltar antes de comenzar un negocio o al definir un plan estratégico; ¿la idea que vamos a implementar es única en su especie? ¿Qué nos hace realmente diferentes como empresa? ¿Si realizamos una lluvia de ideas, podré enlistar más de 5 empresas que ofrezcan lo mismo que nosotros? Si la respuesta a la última pregunta es afirmativa, ya es un foco rojo. 

De alguna manera, el lugar donde se puede encontrar la mejor idea a implementar es en donde nadie más está buscando, por ello se vuelve importante que los miembros del Consejo —o por lo menos uno de ellos— tenga dentro de sus habilidades suaves la apertura a nuevas ideas y la capacidad de estar en desacuerdo cuando sea necesario. Todas las grandes ideas empiezan con la minoría de uno, y es esa mentalidad la que puede guiar a los empresarios a encontrar ese sweet spot que los posicionará permanentemente en el mercado. 

Un factor importante será el involucramiento de los fundadores en las primeras etapas del negocio, ya que ellos serán responsables de la innovación del mismo. Como mencioné antes, son éstos los que deben tener el perfil para incorporar ideas creativas que los permita seguir siendo diferentes a la competencia. Digamos que un negocio donde el fundador ya no se involucra puede seguir funcionando, sin embargo, pierde esa “magia” que los hizo una empresa feliz en primer lugar. 

En el caso específico de las empresas familiares, el nivel de involucramiento de los fundadores define si la podemos llamar empresa familiar o familia empresa, donde el segundo concepto distingue a un grupo familiar donde todos son empresarios —en toda la extensión de la palabra— y todos sus frentes de negocio hacen sinergia con el resto del grupo familiar. Es decir, no son un negocio donde los dueños son familiares; sino una familia que coopera entre sí para consolidar en conjunto los mejores negocios. 

Como lo hemos visto en entregas anteriores, un gobierno corporativo bien implementado ayuda a que el fundador —o bien, el grupo familiar— pueda dedicarse a otras cosas y no “vivir en el negocio” pero seguir involucrado en la dirección del mismo y tener los foros indicados para seguir aportando ideas, inspirar a su equipo y tener la cultura de una mejora continua. 

Por experiencia conozco que lo que estoy planteando no es sencillo. El proceso para identificar el enfoque que distingue a una empresa se vuelve un tema de prueba y error, exige atención e involucramiento, incluso depende menos de una agenda y más de momentos donde se encuentren inspirados. Dicen que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, y pienso que asimismo el convertirse en una empresa feliz, única en su especie es un proceso donde la persistencia y la valentía pesan más que cualquier otra cosa.  

Diagnóstico preliminar

por ahernandez@latitud21.com.mx 30 abril, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Uno de los espejismos en los que no conviene entretenerse al implementar un programa de Gobierno Corporativo es pensar que los efectos positivos se podrán identificar a simple vista desde el minuto uno. Es decir, que implementar un consejo de administración y sus comités es garantía por sí mismo de que en el próximo cuatrimestre la empresa tendrá más utilidad operativa, más posicionamiento en el mercado y habrá generado ahorros operativos notables. Si bien estos son escenarios posibles, la causa y el efecto no siempre son tan claros y los nodos no tan fáciles de conectar.

El impacto que pueda tener el modelo de la empresa dependerá de la calidad de información y propuestas que se tengan de parte del cuerpo directivo. Si bien el modelo dejará el terreno plano para que los accionistas puedan atender temas de mejora y dialogar sobre las posibles acciones a tomar, la calidad del proceso creativo que se lleve durante las sesiones será clave para definir el rumbo del negocio.

Una herramienta que resulta útil previo a implementar cualquier tipo de proyecto (especialmente uno de alta dirección) es realizar un diagnóstico preliminar de la situación actual de la empresa en términos de control interno. El alcance del diagnóstico ha sido tema de debate entre conocidos del giro y hasta el momento sigue siendo “al gusto del chef”, por decirlo de alguna manera. Al final el diagnóstico es una radiografía de la organización evaluada bajo ciertos criterios, la clave es contra qué nos estamos comparando y qué estamos buscando. Es decir, las métricas que se obtengan durante el proceso sólo serán relevantes en función de la Visión de la empresa. 

Durante el proceso de planificación estratégica la reflexión anterior se vuelve clave; de todos los objetivos que buscamos lograr ¿cuál es realmente la prioridad de la empresa? La palabra prioridad se volvió plural hasta los 90s durante la revolución industrial y se popularizó la noción de tener más de una prioridad. Debemos evitar caer en esta referencia circular y sintetizar un motivo en común para todo el negocio, que todas las áreas se identifiquen con ello y que todos los esfuerzos vayan en esa directriz. Un signo de madurez durante un proceso de planificación estratégica es tener identificado el costo de oportunidad del plan propuesto, es decir, al decidir hacer A, estoy decidiendo tácitamente no hacer B, C, D, etcétera; así las estrategias no se contradicen entre sí y el objetivo global del negocio no se vuelve una paradoja. Por ejemplo, si lo que busca un director es incrementar las ventas y posicionamiento en el mercado, una estrategia para robustecer la documentación que se requisitó al cliente previo a la venta va a jugar en contra del objetivo, a pesar de que hacerlo tenga beneficios en control de expediente. Caso contrario, si lo que se busca es control, es una idea que funciona y la satisfacción del cliente pasa a segundo plano. Digamos que you can’t have your cake and eat it too. Una distinción que puede resultar útil lograr diferenciar entre precisión y exactitud. 

Al evaluar los resultados de un procedimiento lo primero que podemos buscar es obtener siempre lo mismo; haciendo un símil con un tiro con arco, la precisión sería dar siempre en el mismo lugar, indistinto de su cercanía con el centro del tablero (bullseye). Como regla de dedo, lo primero que debemos hacer es estandarizar el procedimiento para tener siempre el mismo resultado y partir de ese punto para calibrar con las mejoras necesarias para acercar lo más posible al objetivo (exactitud). Pocas ocasiones he escuchado en talleres de planificación estratégica la reflexión ¿tenemos certeza de que, realizando lo mismo, nuestro proceso nos da el mismo resultado?, es decir, ¿qué tanto podemos anticipar el resultado o qué tanto le estamos pegando a la piñata con los ojos vendados? en este caso es preferible un resultado no deseable pero constante, a uno deseable donde no tengamos la certeza de que en la siguiente iteración lo obtendremos de la misma manera. 

En perspectiva, un diagnóstico a nivel empresa es una buena práctica antes de implementar un modelo de alta dirección, siempre y cuando tengamos definida la Visión de la asamblea de accionistas y los principales objetivos, para no caer en “medir por medir” y que se vuelva más complicado de lo necesario el conocer la raíz del problema. En otra entrega de esta columna me gustaría profundizar sobre las herramientas de análisis que facilitan encontrar esta causa raíz, por el momento con transmitir que debemos buscarla lo considero suficiente. Si nos apresuramos, o bien, nos tomamos a la ligera el tema del diagnóstico preliminar, podemos terminar por cansarnos de “pelear” contra los efectos y no contra la causa, lo cual puede resultar ineficiente -o lo que para mí es peor- poco elegante.  

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