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Revista Latitud 21
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Cuarto de Huéspedes

Dónde estamos parados

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2015
Edgar Rodríguez Lozano

Edgar Rodríguez Lozano

Logísticamente hablando, muy difícilmente encontraremos un país cuya ubicación geográfica sea mejor que la de México, pues al norte tenemos una extensa frontera con Estados Unidos, una de las principales potencias económicas del mundo, al sur somos la conexión con Centro y Sudamérica, por el lado del océano Pacífico tenemos conexión con Asia, y por el lado del océano Atlántico tenemos acceso al llamado Viejo Continente, Europa. De esta manera estamos condenados a ser un centro logístico mundial que facilite las transacciones comerciales internacionales que son tan frecuentes hoy en día.

Pero empecemos por el principio. Entendemos por logística internacional todos los procesos, funciones y actividades necesarias para que la mercancía se transporte de un país a otro u otros donde se necesite, independientemente de que se trate de materia prima, suministros, producto para ser transformado, producto terminado o cualquiera de sus variantes.

En este sentido, para que la logística sea eficiente se deben considerar seis aspectos principales: tiempo (momento en que se requiere), lugar (domicilio exacto), cantidad (ni más ni menos piezas de las necesarias), calidad (condiciones adecuadas), cliente (el destinatario correcto) y costo (el menor posible).

Y es que si uno de estos aspectos no se cumple, los otros cinco no tienen ningún sentido, es decir, no se puede “lanzar un dado” y elegir un menor costo sacrificando tiempo, o elegir el envío de menor cantidad sin importar el cliente, pues cualquier combinación que no asegure una logística correcta solo generará mayores gastos, ya sean directos o indirectos.

Un componente fundamental para que el traslado de mercancías se lleve a cabo de manera adecuada es la calidad y cantidad de infraestructura con la que se cuenta. De esta manera, puertos con capacidad de primer mundo, aeropuertos eficientes, caminos en correctas condiciones, equipo de última tecnología, entre otros elementos, son indispensables para que el funcionamiento logístico de nuestro país sea similar al de otros países del mundo que, a pesar de no contar con una ubicación geográfica similar a la nuestra, son calificados en mejor posición por el Banco Mundial a través del Logistic Performance Index (LPI).

Dicho índice basa su “calificación” en seis aspectos: la eficiencia de la Aduana y la gestión del despacho de mercancías (Aduana); la calidad del comercio y la infraestructura de transporte (Infraestructura); la facilidad para el envío de mercancías a precios competitivos (Embarques internacionales); la competencia y la calidad de servicios de logística, transporte, expedición y despacho en Aduana (Competencia Logística); la capacidad de seguimiento y rastreo de los embarques (Tracking & Tracing), y la frecuencia con la que los envíos llegan a los destinatarios dentro de los plazos de entrega previstos o esperados (Puntualidad).

En 2014, el Banco Mundial colocó dentro de los países más eficientes a Alemania, Holanda, Bélgica, Reino Unido y Singapur. En el mismo reporte el LPI muestra a México en el lugar 50 de 160 países evaluados, estando por debajo de Estados Unidos (9), Canadá (12), Chile (42) y Panamá (45), que también son países del continente americano.

De esta manera, en una escala de uno a cinco, México se ubica en una calificación general de 3.13, que se conforma por 2.69 en Aduanas, 3.04 en Infraestructura, 3.19 en Embarques Internacionales, 3.12 en Competencia Logística, 3.14 en Rastreo y Seguimiento, y 3.57 en Puntualidad.

Solo a manera de ejemplo, a continuación se enlistan los resultados del número uno del mundo: General: 4.12, Aduanas: 4.10, Infraestructura: 4.32, Embarques Internacionales: 3.74, Competencia Logística: 4.12, Rastreo y Seguimiento: 4.17, y Puntualidad 4.36.

Es preciso mencionar que en 2012 nuestro país se ubicaba en el lugar 47, en 2010 en la posición 50 y en 2007 era el número 56.

El reto es importante pero no imposible.

*Subdirector comercial, 

Palazuelos Hermanos


Los siete pecados capitales

por Latitud21 Redacción 31 julio, 2015

De acuerdo con la Real Academia de La Lengua Española se entiende por pecado aquello que se aparta de lo recto o que falta a lo que es debido. Apegándonos a esta definición encontramos muchos pecados previos o durante todo el proceso de construcción de centros comerciales. El pecado original surge cuando la desarrolladora cae en la tentación de iniciar un proyecto sin contar con un estudio de mercado. Es fácil para muchos inversionistas pensar que la investigación es un gasto innecesario y que tener en operación otros desarrollos comerciales será suficiente para enfrentar los  retos del futuro. Si bien es cierto que no hay inversiones seguras, se deben poner todos los medios que estén en nuestras manos para minimizar los riesgos. Entre los temas claves a considerar se encuentran: la delimitación del área de influencia, antecedentes e infraestructura, exploración de las características poblacionales, detección de los principales centros económicos y de la competencia, aplicación de encuestas, conteo de afluencia peatonal, vehicular y muchos otros aspectos de interés.

Abordado el origen de todos los males durante la construcción de centros comerciales, desde el punto de vista del mercado, nos enfocaremos en lo que llamamos “los pecados capitales” que provocan la condena de las grandes desarrolladoras.

Soberbia

En los últimos años la demanda de servicios en el país aumentó de manera significativa, por lo que un gran número de desarrolladoras se enfrentan al reto de crear cada vez más centros comerciales en menor tiempo. Sin embargo, la exigencia por contar con estas opciones comerciales a la brevedad es la causa de que los estándares de calidad no se cumplan del todo. Esto puede causar la incomodidad de las personas y provocar procesos judiciales severos tanto de carácter civil como penal para los responsables.

Gula

Otro error común es construir un espacio grande dentro del desarrollo destinado a un restaurante, supermercado o algún otro “negocio ancla” de prestigio. A veces el inversionista considera que una marca de este tipo es garantía para incrementar la afluencia de personas, pero en la práctica esto no siempre es cierto. Conocer previamente las opiniones de nuestro mercado potencial mediante encuestas nos permitirá definir la mezcla adecuada de negocios para lograr una propuesta diferente.

Avaricia

Ahorrar es bueno siempre y cuando no se caiga en el exceso. Muchas constructoras optan por utilizar materiales de muy baja calidad con el afán de optimizar recursos, pero en el mediano plazo puede traer repercusiones graves. Cerrar un local o, peor aún, el centro comercial completo por reparaciones implica pérdidas exorbitantes en las que cada minuto cuenta.

Pereza

Uno de los errores más frecuentes viene de la desidia y pereza de obtener el cálculo exacto de la cantidad de clientes potenciales que espera el centro comercial. Parecería no ser tan grave, aunque sin este dato la construcción del estacionamiento puede ser insuficiente y nos encontramos con centros comerciales que delimitan los espacios para cada automóvil de manera desproporcionada.

Ira

La competencia es sana pero cuando ésta se convierte en desleal se asemeja a la ira. La planificación de los espacios debe pensarse para una gran variedad de empresas, que aunque sean del mismo giro tengan la garantía de que hay un mercado interesante para cada una. Recordemos que la competencia es necesaria pero nunca en demasía.

Envidia 

No se puede negar lo tentador que resulta hacer una réplica exacta de aquellos grandes proyectos comerciales reconocidos internacionalmente. No obstante, debemos recordar que cada mercado tiene sus particularidades y que, a pesar de que también en nuestro país hay proyectos majestuosos, éstos deben tropicalizarse a los usos y hábitos de nuestra población.

Lujuria

En este caso el orden de los factores sí altera el producto. La ubicación de los locales puede ser un aspecto diferenciador para determinar el éxito o el fracaso del centro comercial. El acomodo o movimiento de los espacios comerciales puede ser tan estudiado como el manejo de las piezas en un tablero de ajedrez.

Paraíso

El escenario ideal para todo centro comercial es el de tener todos sus locales ocupados, e incluso contar con una lista de espera de espacios. Esto es posible, pero es necesario que las tiendas, restaurantes, centros de entretenimiento y demás negocios se hayan construido en un ambiente planeado. Como bien dice la frase “el diablo está en los detalles”, y si las desarrolladoras cometen el pecado de omisión en cuanto a datos del mercado su destino será llegar a un lugar lleno de torturas y sufrimiento, que en este artículo ni siquiera nos atrevemos a mencionar.

 

 

El turista del futuro

por Latitud21 Redacción 2 julio, 2015

 

Hace unas semanas encontré uno de esos reportes que nos hacen reflexionar sobre el futuro de los viajes y el turismo, y sobre el poco o mucho trabajo que llevamos para atender las tendencias actuales del mercado.

El reporte, elaborado por la empresa más importante de tecnologías de viajes a nivel global, Amadeus, se titula Future Traveller Tribes 2030, Understanding Tomorrow’s Traveller, y hace un análisis de cómo será el mundo en el 2030 y cómo viajarán las personas dentro de 15 años.

Basado en el concepto acuñado por Seth Gordin de “tribus”, el reporte define seis características de viajeros de acuerdo a sus valores, comportamientos y necesidades. Los nuevos viajeros se dividen de la siguiente manera:

1. Los simplicity searchers, que tratan de complicarse lo menos posible cuando viajan y dejan a un tercero la organización de sus vacaciones, lo que representa una nueva oportunidad para los agentes de viajes especializados para sugerir, reservar y vender viajes. ¿Quién dijo que las agencias de viajes habían muerto?

2. Los cultural purists, que buscan realizar viajes donde se involucren directamente en el estilo de vida local, conviviendo con las comunidades y viviendo experiencias como si fueran uno más en el lugar que visitan.

3. Los social capital seekers, quienes obtienen el valor de su viaje en la forma en como dejan algo en la comunidad, y usan los medios digitales para informar de los beneficios locales o ambientales que genera su viaje. Son asiduos a escribir blogs de viaje y utilizan el boca a boca para recomendar sitios donde su visita represente beneficios tangibles.

4. Los reward hunters, con un estilo de vida basado en el bienestar físico y mental, generalmente viajeros de muy alto poder adquisitivo, que vacacionan para relajarse, tener experiencias gastronómicas únicas y desintoxicarse de la vida de la ciudad, obteniendo en cada sitio una recompensa única de acuerdo a su estilo de vida.

5. Los obligation meeters, viajeros cuyo objetivo principal de viaje es hacer negocio, y buscan contar con espacios cómodos para trabajar, tener citas y cerrar acuerdos comerciales con socios.

6. Y por último los ethical travellers, quienes son conscientes del impacto que genera su viaje y buscan de cualquier forma minimizar sus impactos ambientales (por ejemplo, midiendo su huella de carbono y compensando con proyectos de reforestación) y maximizar el impacto social de sus vacaciones.

Como se puede apreciar, en la mayoría de los casos la sustentabilidad es un factor clave, y en el futuro (aunque ya muchos empiezan a hacerlo hoy) buscarán especialización, uso de las tecnologías y tener un impacto positivo durante sus vacaciones.

¿Estamos desde el sector público, privado y social atendiendo esta demanda de viajeros y preparando nuestros destinos, empresas y comunidades para atenderlos? Vale la pena hacer una reflexión profunda al respecto, y prepararnos para lo que viene.

Si no, nos quedaremos fuera del mercado.

 

*Director general de Sustentur, con más de 15 años de experiencia en el diseño de estrategias de turismo sustentable para destinos, empresas y organizaciones en México y Latinoamérica.


¡Hagámonos cargo de nuestro destino… turístico!

por Latitud21 Redacción 1 julio, 2015

En Contorno nos hemos especializado cada día más en los temas sobre turismo, por lo que constantemente realizamos investigaciones sobre el “estado del arte” en este sector de la actividad económica. Un tema que llama nuestra atención y ocupa nuestro tiempo es el que se conoce internacionalmente como Destination Management Organizations (DMO), que son entidades públicas, privadas o mixtas abocadas a la gestión de destinos turísticos, en donde la participación de la sociedad civil es un elemento característico y distintivo.

Me invitaron a participar en el evento KULTUR 2015, en el maravilloso San Miguel de Allende, coordinando un panel denominado Destinos Turísticos y Sociedad Civil, en el que se trataba de cambiar impresiones acerca del tema y de  algunas experiencias en el mundo relacionadas con la participación activa de la ciudadanía en el manejo de destinos turísticos.

Para abordar el tema que me correspondía en relación con el turismo, debía hacer referencia a la democracia y al concepto de ciudadanía. Estoy convencido de que la democracia solo se fortalecerá el día que entendamos que ser un ciudadano demócrata no se agota en la elección de nuestros gobernantes o representantes, sino que implica participar cotidianamente en la toma de decisiones, en la exigencia permanente de rendición de cuentas y en el mejoramiento de nuestro entorno y de quienes nos rodean. Ir mucho más allá de enviar “memes” y ocuparnos de que las cosas que no nos gustan cambien y lo que no funciona, funcione mejor. Y en la actividad turística no tendría por qué ser la excepción.

Como un buen ejemplo hablé del concepto de los DMO, a los que en Contorno identificamos como Organismos de Gestión de Destinos (OGD). Se trata de organizaciones dedicadas a consolidar el destino turístico, promover la venta de sus productos y servicios y trabajar por el mejoramiento de las condiciones de vida de sus comunidades. Se constituyen a partir de la iniciativa del gobierno local y/o de la ciudadanía, por miembros de todos los ámbitos de la actividad económica (conscientes de la forma en que el turismo los beneficia) y se financian con aportaciones públicas y privadas, así como con sus propios ingresos, siendo administradas por un consejo directivo representativo de la sociedad local y con equipos directivos especializados y de gran nivel profesional.

Me referí como ejemplo al organismo Turisme de Barcelona (http://www.barcelonaturisme.com/), que cumple con las funciones descritas en beneficio del desarrollo turístico de esa hermosa ciudad catalana. Busca consolidar el destino como uno muy atractivo, atraer más turistas y hacer más rentable el “producto Barcelona”. Al observar a su membresía, descubrimos como uno de los aspectos más innovadores el hecho de que de sus 676 miembros, 36% son establecimientos comerciales, 22% restaurantes, 17% sitios de alojamiento, 11% sitios culturales y de esparcimiento y el resto diversas instituciones y empresas. Todos ellos están representados en su consejo y será este (no el gobernador o el presidente municipal) quien decida quién debe dirigirlo y cómo deberá de trabajar.

Inició actividades en 1994 con un presupuesto de 4.1 millones de euros, hoy cuenta con 35 millones, de los cuales el 95% lo obtiene con ingresos propios, provenientes de sus operaciones promocionales y comerciales. Basta una breve visita a su sitio para constatar lo agresivo, moderno y profesional del enfoque con el que promueve su ciudad.

Hablé de otro ejemplo conformado por NYC and Co. (www.nycandcompany.org), el organismo oficial para la promoción y desarrollo de Nueva York como destino turístico, el cual -valga citarlo como  ejemplo- generó en 2014 recursos por más de 35 millones de dólares, de los cuales 12.3 millones fueron fondos de la ciudad de Nueva York. No dejen de visitar el sitio para poder valorar la importancia de este esfuerzo ejemplar.

Me pregunto si, como parte de este proceso de modernización turística sin precedentes, no llegó también la hora ciudadana para el sector turístico mexicano y si no serían quizás mucho mejor aprovechados recursos como los que genera el impuesto al hospedaje, utilizándolos para animar a una organización en la que la ciudadanía “se haga cargo de su destino”.

 

 

Presupuesto “base cero” 2016

por Latitud21 Redacción 1 junio, 2015

Todos tienen versiones distintas de lo que significa o es el presupuesto “base cero”. Se ha generado una polémica inaudita y tenemos versiones positivas y negativas al respecto; unos dicen que no se puede, porque hay gasto ya etiquetado y no hay forma de moverse, otros dicen que es una nueva forma de ver las cosas, es un borrón y cuenta nueva.

Hoy en México es temporada de cacería electoral y pareciera que estamos como en aquella caricatura de Bugs Bunny, en la que durante la temporada de cacería el mismo Bugs Bunny y el Pato Lucas querían confundir a Elmer si era temporada de patos o de conejos, la caricatura termina demostrándole a Elmer que era temporada de cazar a Elmer. Por tanto, en esta época todo hay que criticarlo, ponerle colores y etiquetas partidistas, el fondo verdaderamente no importa y más cuando la presente legislatura está por terminar y ya no les importa a nuestros diputados nada, todo será bronca de los próximos legisladores electos.

Considero que si se siguiera la idea de hacer un presupuesto “base cero”, sería un muy buen ejercicio para romper la inercia de gasto del gobierno en cada una de las dependencias.

Hoy por hoy, en muchas dependencias del gobierno federal las unidades administrativas no conocen ni son responsables del gasto de sus áreas, y bajo la regla de que si no sabes en qué gastas es imposible ahorrar o cortar el gasto, si se lleva a cabo el ejercicio de que todos hagan un presupuesto nuevo y real se empezará por el principio de conocer su gasto real.

Otro aspecto que puede ser benéfico a las finanzas públicas es que, como  lo marca el Plan Nacional de Desarrollo y toda su normatividad en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), todas las dependencias deberán de buscar la eficiencia a través de mejorar sus procesos, costearlos, automatizarlos, balancear las cargas de trabajo y revisar sus estructuras organizacionales, lo que lograría estructuras burocráticas más pequeñas y eficientes, y si a esto le añadimos que hay que orientar todos los procesos a la atención del ciudadano y que es necesario cumplir con la política digital, que indica automatización y datos abiertos, tenemos una fórmula virtuosa que ayudaría a que las unidades administrativas de las dependencias se vean trabajando con presupuestos orientados a una gestión por resultados, lo que además cumpliría con la transparencia y la rendición de cuentas.

El ejercicio de hacer un presupuesto “base cero” a mi entender es un elemento operativo que ayuda a romper y adecuar el monstruoso monopolio burocrático-gubernamental que arrastramos de años, sería una de las palancas para cambiar la forma de administrar las dependencias; otra de las palancas van a ser las nuevas políticas anticorrupción. Ante lo complicado de la administración pública no hay una sola acción que pueda resolver toda esta maraña.

Si lo que dijo el presidente Peña Nieto, en su declaración de Panamá hace unos días, es cierto, tenemos que en cada uno de los sectores económicos de nuestro país luchan dos monopolios: los privados, representados por los empresarios queriendo mover las políticas a su favor y obtener los contratos del erario, y enfrente la secretaría o dependencia que controla y ejerce las políticas públicas. En este choque de trenes, los privados luchan con modernidad y presiones económicas, las dependencias luchan con regulaciones y burocracia. Ahí es donde la implementación de las reformas se estrella.

Con esta óptica considero que valdría la pena hacer un replanteamiento estratégico de todos los sectores y de las mismas secretarías para desde ahí darle un verdadero sentido al presupuesto “base cero”.

Estamos en el verdadero proceso de implementar las reformas que cambiarán a México, valdría la pena traer a la mesa una nueva versión del Pacto por México, entre el Poder Ejecutivo, sectores económicos y la academia (por favor no lleven ni a legisladores ni a partidos políticos a complicar las cosas), para trabajar con esta meta y así crear un círculo virtuoso en este proceso del presupuesto de 2016.

Ahí está la idea para que la piensen el presidente Peña Nieto, Aurelio Nuño, Luis Videgaray,  Alfonso Navarrete Prida, Idelfonso Guajardo; por el sector empresarial Gerardo Gutiérrez Candiani y en la academia Carlos Reta, del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), es una oportunidad de oro para hacer una nueva administración pública.

Globalización y cultura

por Latitud21 Redacción 1 junio, 2015

Hoy en día el término globalización es de uso común, tan común que no nos detenemos a pensar en su significado, lo damos por entendido. Monetariamente hablando, el término globalización se resume como los actos de comprar, vender, producir o transformar productos donde resulte económicamente más viable.

No obstante, este concepto se puede llevar a cualquier ámbito de nuestra vida. Y es que inmersos en una revolución tecnológica y de información tan relevante, podemos enterarnos de lo que sucede en otras latitudes de manera inmediata, en el momento justo de los acontecimientos.

El mundo se ha ido haciendo cada vez más global, apoyándose en los avances de la ciencia y la tecnología, con grandes aportaciones de la informática, la robótica y las telecomunicaciones, entre muchas otras disciplinas.

En el mismo orden de ideas, podemos conocer los usos y tradiciones de otros países sin necesidad de viajar hasta ellos. Las distintas culturas, entendidas como el conjunto de elementos que cohesionan e identifican a un determinado grupo humano, se complementan y en el mismo sentido se transforman, adoptan y adaptan características innatas de otras zonas geográficas. Y es que hoy podemos comer una pizza mexicana, ponerle picante al sushi y guacamole a una hamburguesa. En otras palabras, las costumbres de distintos países se modifican con el tiempo, adhieren características de otras latitudes y, en ese orden de ideas, hacen crecer las culturas ya existentes. Esto también es globalización.

Sin embargo, este beneficio para los empresarios de todo el mundo al mismo tiempo se convierte en un reto, pues es preciso “tropicalizar” los productos y servicios para poder llegar a los siete mil millones de personas que habitamos este planeta. Y es que en la actualidad competimos no solo con nuestro vecino, o con quien vive en el mismo estado, o habita el mismo país, sino con literalmente todo el mundo.

La buena noticia es que esos competidores al mismo tiempo son también posibles consumidores.

Solo como ejemplo, ya quiero ver que un alemán quiera desayunar chilaquiles con pollo, que a un holandés se le antojen unos tacos de suadero, o que a un japonés le apetezca cenar un tamal con atole.

En este sentido tenemos un reto importante como mexicanos: hacer que nuestros productos lleguen a otras latitudes e invadan los gustos de personas de otros países.

Tropicalicemos nuestros productos y servicios, llevémoslos a “mundos nuevos”. Hagamos que las culturas de otros lugares adquieran costumbres mexicanas y permitamos que los usos de países lejanos se introduzcan en nuestro día a día.

Hoy, con sistemas de transporte tan eficientes y con operadores logísticos expertos en el movimiento de carga internacional, llevar productos de un país a otro es una actividad sumamente cotidiana.

De la misma manera, para muchas empresas de todo el mundo la logística se ha convertido en un proceso cada vez más importante al momento de agregar valor, y dicho valor se añade cuando los clientes prefieren pagar más por un producto que lo que cuesta ponerlo en sus manos. Ese es el valor de la logística internacional y del comercio exterior.

*Subdirector comercial Palazuelos Hermanos

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