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Revista Latitud 21
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Cuarto de Huéspedes

Al mal entendedor, ¡muchas (y adecuadas) palabras…y hechos!

por Latitud21 Redacción 31 enero, 2017

 

Al leer las notas de prensa o cambiar impresiones con familiares y amigos en los días del llamado “gasolinazo” no puedo dejar de evocar a mi querido amigo Juan Enrique Vega (q.e.p.d.), quien solía insistir en el concepto del “estado de ánimo de la nación”, como algo cuyo fino diagnóstico debería ocupar permanentemente un lugar prioritario en la agenda gubernamental.

Académico chileno de origen, hizo especialmente referencia a este tema cuando, siendo ya presidente electo Enrique Peña Nieto y conociéndose sus ambiciosos planes y propuestas, preparábamos juntos una propuesta para el equipo del recién electo presidente, la cual finalmente no se implementó.

Nos parecía en aquel entonces que dicho diagnóstico, que debiera ir mucho más allá de los tradicionales sondeos de opinión, resultaba imprescindible, dadas las actitudes de significativos grupos de la población (como aquel del “Yosoy132”) que hubiéramos pensado que deberían ser partidarios de ese tipo de reformas y que, sin embargo, no solo no lo eran, sino que parecían los mayores detractores del gobierno peñista.

Todo esto viene a cuento ante la presencia de este aumento del precio de los combustibles, como resultado de la liberalización de precios en el sector energético, medida que largamente demandaban los especialistas en la materia, como parte fundamental de una verdadera reforma energética. Una medida trascendental que parece solo haber servido para generar rechazo, bloqueos a vías de comunicación y actos vandálicos. Ciertamente hay algunos comentarios favorables que me parecen muy sensatos, como uno que se atribuía a Lourdes Melgar, ex subsecretaria de Energía y catedrática del MIT, los cuales no tardaron en generar descalificaciones a diestra y siniestra. La sensatez no es bienvenida, cuando no hay voluntad de entender nada o hay alguna agenda política de por medio, me parece.

Obviamente todo esto tiene que ver con un determinado “estado de ánimo de la nación” que expresa de todas las formas posibles su hartazgo respecto a prácticas viciadas y a actitudes inaceptables que tendrían que terminarse de una vez por todas. No habría que ser genio para entender eso y cambiar la forma de actuar y de comunicar. Diez a uno apostaría a que cualquier medida difícil de adoptar es vista de diferente manera y hasta aceptada si se acompaña de señales contundentes que demuestren sensibilidad y compromiso con cambios de fondo.

No obstante, este estado de ánimo (o quizás el humor social al que se refiere el Presidente), por más justificado que sea, no debe dar lugar a que una medida saludable se convierta en la causa común de todos los que se oponen a algo… o a alguien. Mantener un subsidio como el que sosteníamos solo puede dar lugar a condiciones negativas, ya sea de menor inversión o de endeudamiento excesivo. El IEPS es un impuesto progresivo, que grava más a quienes más tienen y que puede ser muy útil para reducir el consumo de combustibles fósiles y reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Llevamos años demandando que en el mercado energético prive también un ambiente de libre competencia, que permita la participación de otros competidores, lo cual sería imposible si Pemex se ve obligado a ofrecer precios por debajo del nivel internacional, ya que nadie podría importar diésel o gasolina para vender en México.

Es obvio que se impone una reflexión profunda desde el gobierno que permita identificar claramente esas razones a que obedece la imposibilidad de comunicar conforme a este ánimo colectivo y de manera que los mensajes lleguen a todas las audiencias y sean comprendidos adecuadamente. Es inaceptable que omisiones como las que hemos visto en la comunicación y socialización de una medida, la conviertan en algo peor que el anticristo.

Tuve la fortuna de acompañar en su toma de posesión al gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, y vi cómo recibieron sus primeras decisiones: compras consolidadas con el gobierno federal de medicinas, un Fiscal General totalmente independiente, licitaciones transparentes que puedan ser seguidas en vivo por Internet, transparencia en el manejo de gravámenes como el del hospedaje o el 80% de los trámites que podrán ahora hacerse por Internet, por mencionar solo algunas. Y soy testigo de la forma en que la gente las aplaudió. A lo mejor por eso no hubo reacciones de consideración ante otras decisiones como el aumento al impuesto sobre la nómina, que también se anunció.

Por una parte, decisiones adecuadas y actitudes consistentes y por la otra una forma adecuada de comunicarlo. A eso me refiero con lo dicho en el título: Al mal entendedor, ¡muchas (y adecuadas) palabras… y hechos!

¿Qué hacer para demostrar tu talento?

por Latitud21 Redacción 31 enero, 2017

¿Qué es el talento? Por lo regular asociamos la palabra talento a la capacidad innata de una persona que sobresale al resto en alguna actividad o disciplina, ya sea artística o social, como  canto, baile, danza, teatro, etcétera. Sin embargo, en el ambiente laboral, ¿cómo definir el talento o qué entendemos por talento? Más aún cuando en la actualidad se valoran aspectos como la productividad y el rendimiento.

Para comenzar es importante definir lo que es el talento. Existen diversas opiniones sobre si el talento es como una especie de ‘don natural’ o bien con trabajo, esfuerzo y dedicación puedes convertir tus habilidades en talentos. Bajo esta premisa, el talento es algo que se  da sin esfuerzos y por consiguiente se disfruta.

Para  demostrar tus talentos primero debes identificarlos. Muchas personas desconocen sus talentos, incluso sus habilidades, ya que no es algo que nos enseñen en la escuela, nos ayuden a identificar y mucho menos a desarrollar.

Identificar tus talentos no es algo sencillo, debes hacer un ejercicio de autoanálisis en el cual debes de considerar cuestiones como: ¿En qué eres bueno? ¿Qué te apasiona? Y lo más importante, ¿qué te gusta y qué no te gusta?

A continuación se presenta una manera muy sencilla de identificarlos en tres pasos.

1. Enlistar tus habilidades 

Realizar una lista sobre en qué te consideras bueno y en qué no es un primer paso para identificar tus talentos, revisa de manera detallada, realista y a conciencia  tus habilidades.

2. Identificar logros, éxitos y fracasos

Qué te generó el éxito, qué hiciste mal, qué hiciste bien, detectar las actividades y los pasos a seguir que te ayudaron a cumplir objetivos.

3. Habilidades + logros = talentos

Lo que te permitió alcanzar tus objetivos son tus talentos, lo importante ahora es aplicarlos  y desarrollarlos.

Sin importar el puesto, la empresa o el sector se debe considerar que para mostrar un talento se necesita tiempo, no es algo que suceda de manera inmediata, pero sí depende de uno mismo el hacerse notar. A continuación se presentan algunos puntos para demostrar tus talentos.

1. Fijarse metas a corto y mediano plazos

Es importante generar un plan de trabajo que te permita dar seguimiento a las tareas y actividades pendientes en tu día a día, así podrás identificar en qué destacas con mayor facilidad y hacer énfasis en dichos puntos.

2. Consigue un mentor

Colaborar con alguien de mayor experiencia enriquecerá no solo la calidad de tu trabajo sino que es una excelente manera de desarrollar tus talentos, así como una buena forma de hacerse notar.

3. Enfócate en lo que te gusta

Muchas teorías hablan acerca de la importancia de trabajar en los defectos; si bien como desarrollo personal es importante, en el ámbito laboral haz lo que te gusta, no hay nada frustrante  identificar que posees un talento y que tu profesión no esté relacionada con ello.

4. Aprende de los errores

El hecho de que te guste y seas bueno no quiere decir que seas perfecto ni que seas el mejor, acepta los errores con humildad y aprende de ellos, no hay nada como las experiencias para hacernos crecer y madurar.

5. Hazte notar

Participa, comenta, sugiere, critica, opina pero siempre con fundamentos.

Si bien con la cotidianidad del trabajo perdemos de vista nuestras habilidades y por consiguiente nuestros talentos, es importante no dejarlos de lado ya que ellos nos dan la mejor remuneración que se puede tener: “saber que hacemos lo que nos gusta.”

Como alguna vez dijo Albert Einstein: “No juzgues a un pez por su capacidad de trepar un árbol”. Siendo esto cierto no está mal que nos cueste trabajo identificar nuestros talentos, solo tal vez nos estamos viendo de la manera equivocada.

Poderoso caballero es don Dinero

por Latitud21 Redacción 2 enero, 2017

No deja de llamar la atención que los indicadores bursátiles en los EU hayan registrado tal ascenso a partir de la elección de Trump. Después de que desde la óptica de la política americana e internacional este hecho presagiaba un gran desastre, en lo económico (al menos en lo que hace a los mercados financieros) parece que se vive un estado de jauja.

Lo primero que viene a la mente es que se trata de un desencuentro (obvio) entre lo político y lo económico, en donde, como parece ser una nueva realidad, lo económico va ganando la partida. Una nueva expresión del dominio del capital sobre el poder democrático. Y quizás un preludio de lo que podría acabar pasando con el tan mentado TLC.

Constantemente sale a la conversación esta hipótesis que para algunos es algo así como ciencia ficción, de que en realidad son las empresas transnacionales quienes determinan el destino de la humanidad. Al respecto, en su edición de septiembre, la revista The Economist publicó un reporte especial titulado In the shadow of giants, en el que analiza a esas grandes corporaciones y estudia diferentes facetas de una serie de características que las distinguen.

Inicia muy pertinentemente evocando a Roosevelt, que en 1910 declarara que ese país (los EU) fundado en el principio de la igualdad de oportunidades estaba en peligro de convertirse en una tierra de privilegios corporativos de grandes corporaciones y monopolios, procediendo a desafiarlas, amenazándolas con mantenerlas bajo control, en beneficio del bien común. Si bien es cierto que las empresas ahora son bien diferentes a las de aquel entonces, hay algo que sigue siendo igualmente preocupante, dado que solo en los Estados Unidos el porcentaje del PIB que concentran las 100 más grandes corporaciones de la lista de Forbes subió de 33% en 1994 a 46% en 2013. Y si hablamos de las 500 más grandes, la cifra se eleva al 63%.

En otro artículo que forma parte de este reporte especial, llamado Downsides: The dark arts se analiza aquello a que se denomina Darker arts of management, que consiste en los nuevos instintos competitivos que buscan, por un lado, pagar la menor cantidad de impuestos posible y, por el otro, convencer a gobiernos y otros actores para ganar ventaja sobre los rivales. Lo primero a través de la utilización de mecanismos ‘off shore’ o Fondos de Inversión y lo segundo a través del despliegue de una impresionante red de cabilderos y reclutando a destacados insiders de Washington que han ocupado importantes cargos en las administraciones gubernamentales. Tal es el caso de Jay Carney, exsecretario de Prensa de Obama que ahora labora en Amazon, y David Plouffe, un exmanejador de su campaña que lo hace en Uber.

Y las ambiciones con las que las corporaciones están usando el cabildeo han cambiado a través de los años y van creciendo. Este tipo de contrataciones no solo implican que grandes compañías llegan a tener acceso a aquello conocido como past policymaking, sino que también les permite tener influencia sobre políticos activos que probablemente seguirán el mismo camino.

El artículo habla acerca de cómo las compañías de tecnología que parecen estar ganando mucho poder también están usando a su favor el hecho de que los productos tecnológicos crean hábitos que pueden acabar dictando todo tipo de comportamientos en los consumidores. Y es que, nos dice, miles de millones de personas cargan consigo lo que se podría denominar un “persuasor oculto” (dispositivo móvil) que permite a estos mastodontes globales monitorear el comportamiento de las personas e influir en sus preferencias. El artículo menciona para ilustrar el punto aquellas declaraciones de Eric Schmidt, Chairman de Alphabet, la controladora de Google: “Sabemos quién eres, dónde estás, en dónde has estado y más o menos conocemos cómo piensas”.

Ahora bien, en el caso de su influencia en las decisiones gubernamentales, vale la pena leer el artículo publicado por The Guardian titulado The truth about lobbying: 10 ways big business control governments (https://www.theguardian.com/politics/2014/mar/12/lobbying-10-ways-corprations-influence-government), el cual contiene un decálogo que siguen muchos lobbyistas.

Ya retomaremos el tema, asomándonos a un mundo muy revelador sobre los permanentes intentos (y logros) de los gigantes corporativos para manipular a la gente y controlar  a los gobiernos.

 

El futuro con Donald Trump

por Latitud21 Redacción 2 enero, 2017

En la excelente serie televisiva Drunk History, en el capítulo del Eclipse de Colón, que es comentado por la divertidísima Mariana H, hay un momento en donde Colón amenaza a los indígenas de la isla diciendo que si no le comparten comida van a saltar los delfines, se va a caer el mundo y hasta no va a existir el reggae; en lo personal, siempre que me encuentro en una situación de duda o de escenarios inciertos le incluyo que además de lo que Mariana H dice que dijo Colón, seguro bajan los marcianos y nos comen, o se aparecen los zombis y atacan a todos, más todo lo que cualquiera de nosotros le quiera inventar.

Así me imagino que estamos todos en México, más nuestros connacionales, día con día, con las noticias de lo que va a hacer o no nuestro, buen y ya principal, enemigo Trump cuando tome posesión este 20 de enero como presidente de los EU. Nos trae como pericos a toallazos, si no es el muro es el TLCAN, si no ahora cambió por dinamitar el TPP, y mañana quién sabe qué más invente. Que nos van a colonizar, fumigar o en el peor de los casos se va a pelear con todo el mundo y seguro se agarran todos a botonazos nucleares y ya nos llevó el pintor a todos en el planeta Tierra y ya ni de qué preocuparnos pa´l futuro.

Ante este escenario, lo único que nos queda es tener un poco de esperanza en que la mitad de lo que dice no lo va a poder concretar. No es tan fácil. En Estados Unidos hay una serie de grandes contrapesos que, esperemos, no le permitan moverse tan rápido, además hay intereses económicos enormes que pueden crear una serie de barreras para lograr sus dichos, aunado a que los problemas internos y los internacionales pueden hacer que sus prioridades cambien. A menos que de plano nos agarre de pretexto y busque realmente dinamitar la relación para abrir un frente de guerra comercial y de inmigrantes, lo que le daría la razón a George Friedman en su libro Los próximos cien años, de tener una guerra entre los EU y México, pero se estaría adelantando. Bajo esa óptica, la rebelión de los alcaldes de las ciudades santuario sería el antecedente histórico.

En los últimos días he estado escuchando la radio de los Estados Unidos, los pleitos internos están muy complejos, hay un verdadero enfrentamiento verbal e ideológico, connatos de broncas en cada esquina, manifestaciones y quejas juveniles, es de magnitudes que no se están dimensionando y Trump, al parecer, sigue sin entender que la campaña ya terminó y que este problema interno le puede generar crisis mayores que se le pueden salir de las manos. Si esto llega a suceder, obvio que los enemigos externos (no nosotros) van a aprovechar esa inestabilidad para golpearlo tanto externamente como hasta de manera interna, y no la va a tener fácil. Esto por supuesto además de que no olvidemos que adentro de los Estados Unidos también hay fuerzas extremadamente poderosas, que en los primeros meses lo van a querer medir de una manera muy firme para poder definir sus límites de poder, incluyendo a los mismos republicanos que él se cansó de golpear en la campaña.

Además, en la radio entrevistaron a la directora del Presupuesto Federal de los EU y decía que todo lo que mencionaba Trump se podría hacer, siempre y cuando hubiera dinero; hoy no lo tienen, por los problemas del déficit y la deuda, que por cierto es la más grande de todo el mundo.

Esto no implica que ya con esto debamos de dejar de preocuparnos, no, al contrario, debemos de ocuparnos y tratar de estar unidos todos para que cuando vengan los embates reaccionemos con congruencia y confianza, no como acostumbramos, nos pegan y me subo a ese golpe para ver qué saco. Lo malo es que cuando todo esto empiece a pasar el próximo año, en México vamos a estar en pleno proceso electoral de la elección del 2017, que es el laboratorio de las elecciones del 2018, lo que significa que vamos a estar en campaña presidencial de dos años dándonos hasta con la cubeta, a lo que habría que sumarle los madrazos que se puedan generar de la inestabilidad del primer año de Trump.

Bajo esa lógica se nos va a desatar un infiernito, pero no por Trump y sus locuras sino por las propias locuras inventadas por los necios enemigos de México, además de que siempre seguimos los malos ejemplos y no va a faltar aquel candidato que, ya encarrerado el camión, quiera copiar la estrategia de odio y confrontación de la campaña de Trump, lo que sí se convertiría en un problema para generar unión y confianza ante un panorama geopolítico muy complejo.

Considero que deberíamos de definir una estrategia de relación, tanto diplomática cómo comercial, bien clara y definida. Ya estamos en posición de poder hacerlo, México tiene mejor posición geográfica y geopolítica que Estados Unidos, ya somos una potencia que valemos por nosotros mismos, es hora de tomar el liderazgo que corresponde a nuestra grandeza.

 

 

 

 

2017, Año del Turismo Sustentable

por Latitud21 Redacción 1 diciembre, 2016

Ya hemos hablado que en septiembre de 2015 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó la nueva Agenda de Desarrollo al 2030, representada en los Objetivos del Desarrollo Sustentable, un marco para alcanzar bienestar en el mundo en el largo plazo. He de comentarles que ese mismo año, justo un mes después, la misma ONU declaró el año 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, reconociendo la importancia de esta actividad y sobre todo el papel que puede jugar en la conservación y el desarrollo social.

Pero, ¿por qué es importante que el próximo año la ONU y sus miembros (incluyendo México, por supuesto) lo dediquen a la sustentabilidad en el turismo? Bueno, es un reflejo de la necesidad de hacer un turismo más responsable, más justo, más equitativo y con beneficios para todos los sectores de la población.

Y esto no es poca cosa, en especial en un estado como Quintana Roo; las oportunidades que gobierno, pero en especial empresas, tienen el próximo año para cambiar sus prácticas, para avanzar en la sustentabilidad, para consolidar sus programas de responsabilidad social, y en especial para hacer una comunicación efectiva de sus acciones, están a la vuelta de la esquina.

Y no sé si ustedes ya están preparados para ello. ¿Ya tienen información sobre las celebraciones? ¿Ya han sensibilizado a sus colaboradores al respecto? ¿Ya apostaron por tener una certificación que les permita mejorar sus prácticas y medirse con los mejores? ¿Ya participan en programas de inversión e innovación social? ¿Ya tienen pensado cómo comunicar a sus clientes sus acciones en sustentabilidad?

Si es así, felicidades. Seguramente serán empresas que en el 2017 sobresaldrán del resto, y lograrán demostrar que existe un importante compromiso por seguir avanzando en lo económico, siempre de la mano de la conservación y el desarrollo social.

Si no están listos, o si no tenían información de esta importante celebración que durará todo el 2017, tal vez deberían cuestionarse si la gestión de la sustentabilidad  realmente la están llevando a cabo de forma adecuada, y si sus departamentos de medio ambiente o sustentabilidad están siendo realmente estratégicos para la toma de decisiones. Porque tener un departamento que se encargue de resolvernos los temas legales ambientales, y que gestione permisos, no es más que la base de lo que debiera ser un área especializada y del más alto perfil.

Sé que muchas empresas trabajan fuerte por el cumplimiento de las acciones legales y se preocupan por llevar su gestión ambiental en regla, e incluso optar por certificaciones de las autoridades para cumplir estos requisitos; pero les tengo una mala noticia, si eso no lo acompañan de estrategia, si no van más allá de la ley, si no trabajan por su comunidad, si no generan proyectos transformadores, si no compran local o regional, si no buscan alternativas a su energía u otros insumos, y si no comunican, se están quedando muy muy atrás de la tendencia, y de otros que son líderes en el tema.

Y si la tendencia, en especial 2017, viene avanzando hacia un lado, más vale alinearse o de plano nos podemos quedar en el camino y ver cómo los demás aprovechan estas oportunidades y sobresalen.

La economía compartida, ¿en la mira?

por Latitud21 Redacción 1 diciembre, 2016

 

Ya antes nos ocupamos de algunos temas relacionados con la reconfiguración económica que nos toca vivir. Cambios fundamentales en la forma de producir o de comercializar bienes y servicios, entre los que destaca la irrupción de la innovación tecnológica que permite a cualquier persona concurrir al mercado con la utilización de su teléfono móvil. Es el caso de la Economía Compartida (o colaborativa), en la cual las personas pueden ofrecer sus servicios o compartir sus bienes a cambio de un pago determinado, utilizando diversas plataformas construidas por ingeniosos e innovadores emprendedores que se han vuelto multimillonarios en tan solo unos años.

Uber, Airbnb, FlightCar o NowiStar son algunos ejemplos de empresas que valen miles de millones de dólares, sin tener prácticamente ningún activo más allá de la plataforma que utilizan sus usuarios. Rentar una habitación de la casa a través de Airbnb u ocuparse unas horas como chofer de Uber un día cualquiera, o rentar el auto mientras salen de viaje, vía FlightCar, o promover sus servicios personales a través de NowiStar permiten a millones de personas generar ingresos adicionales importantes, ‘compartiendo’ sus activos, habilidades o talento.

Todos estos esquemas o modalidades de trabajo o ingreso tienden a ocupar un espacio proporcionalmente cada vez más importante en la economía formal e informal, dado que reducen costos de transacción, permiten la mayor rentabilidad de activos poco utilizados, fomentan esquemas de confianza basados en la reputación y propician las relaciones humanas, en grandes escalas. No se trata de esquemas como el tradicional Bed and Breakfast en donde solo unas cuantas propiedades participan, sino un esquema disponible para cientos de miles o millones de propietarios.

Esquemas de comercialización que han empezado a causar mucho más que escozor entre empresas establecidas o autoridades regulatorias (y recaudadoras), al distorsionar mercados y generar lo que para algunos es claramente una competencia desleal y cierta evasión en el pago de impuestos por la generación de ingresos.

En el caso de Airbnb somos testigos de las protestas que encabezan los hoteleros en varios países, quejándose de dicha competencia desleal, al no estar sometida a las regulaciones que sí deben cumplir los hoteles registrados como tales. Rentar un departamento en Nueva York puede resultar más barato (y probablemente más cómodo y confortable) que una habitación en la Gran Manzana, y generar a su dueño ingresos significativos sobre los cuales quizás no participa el fisco municipal, estatal o federal.

A tal grado llegaron las cosas en ese estado de la Unión Americana, que el 21 de octubre pasado el gobernador Andrew Cuomo firmó la Ley S6340A que establece que “se prohíbe anunciar el uso de unidades habitacionales en edificios de habitaciones múltiples clase A para otros fines que no sean residencia permanente”. Es decir, se vuelve ilegal rentar departamentos ocupados por menos de 30 días mediante plataformas de economía compartida como Airbnb. Quienes violen esta medida enfrentan una multa de mil dólares por una primera ofensa y de cinco mil a siete mil 500 por las siguientes.

La empresa Airbnb obviamente se opuso a esta medida, invirtiendo 10 mdd en una campaña para evitar su votación y posteriormente para promover el veto del gobernador Andrew Cuomo. Sin embargo, el Congreso estatal votó con una mayoría de 56 a 6 su aprobación. Airbnb señala que pugnará en tribunales la constitucionalidad de esta ley.

Nueva York es uno de los mercados más importantes para Airbnb; en agosto de 2016, antes de que se generara todo este debate, había hasta 45 mil ofertas en la plataforma.

La Ley resulta controversial, no solo por ser un límite a las economías compartidas, que parecían augurar una nueva etapa de prosperidad para gente que accede a nuevas oportunidades, sino porque Nueva York posee un mercado de vivienda relativamente rígido con altos precios. Airbnb se convirtió en una fuente alternativa de ingresos para las clases medias en esta ciudad donde el hospedaje tiene precios elevados.

Las preguntas son: ¿Cómo debemos avanzar para conciliar puntos de vista y lograr que la economía compartida sea lo que originalmente pareció ser y no una suma de prácticas disruptivas y propiciatorias de economía informal y elusión fiscal? ¿Cómo poner a la economía colaborativa en la mira, pero para enriquecer las oportunidades y no restringirlas? Deberemos dedicar mucho más análisis al tema.

 

 

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