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Revista Latitud 21
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Resiliencia en Quintana Roo

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 agosto, 2020

José Martín Sámano* 

 @jmartinsamano

*Titular de Noticias Azteca Q Roo.

Conductor de Informativo Turquesa, Tercera Emisión

¿Es Quintana Roo un estado resiliente? Hoy no me cabe la menor duda. La tuve, eso sí, por primera vez en septiembre de 1988, cuando comenzaba mi carrera como reportero de televisión y me tocó cubrir la devastación por el huracán Gilberto. Recuerdo que el avión de Mexicana en el que viajamos aterrizó de milagro en el aeropuerto de Cozumel, donde la torre de control había quedado destruida. A partir de ahí, cruzando en lancha hacia Playa del Carmen y luego por tierra hacia Cancún, pensaba en todo momento que el Caribe mexicano jamás volvería a ser lo mismo. Por fortuna  me equivoqué. Como también sucedió en octubre del 2005 cuando regresé para transmitir el desastre de “Wilma”. Lo que vi desde un helicóptero del ejército en aquella ocasión me hizo pensar nuevamente que todo había terminado, en este caso para Cancún. Y ¿quién lo iba a decir? Apenas unos días después del paso del meteoro ya se podía ver a unos varios turistas disfrutando de los diminutos espacios de playa que prevalecieron. 

Tampoco fue el acabose con los atentados del 9-11 en 2001, cuando durante semanas se paralizaron los vuelos internacionales, ni con la anterior pandemia del H1N1 en el 2009. 

Claro que lo del COVID-19 supera por mucho cualquiera de los eventos mencionados, pero aun así estoy convencido de que el turismo, así de frágil como puede parecer, es una industria tan noble que más pronto que tarde permitirá una recuperación gradual de cada uno de los segmentos que lo componen. Sí, Quintana Roo, gracias al turismo, es resiliente.  

En Quintana Roo, llueve sobre mojado

por ahernandez@latitud21.com.mx 3 julio, 2020

Por Isabel Arvide

Periodista y escritora

Twitter: @isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx

En Quintana Roo no ha dejado de llover, y por tanto, de inundarse poblaciones que han sufrido las consecuencias económicas de la pandemia hace muchas semanas.  Tampoco, en Quintana Roo, el gobernador ha dejado de empaparse para visitar estas comunidades, para intentar llevarles apoyo de alimentación y, sobre todo, la esperanza de recuperar ingresos.

Porque junto con las ayudas para damnificados por las lluvias, viene el anuncio de los primeros visitantes para un Sur que desde hace muchos años ha sido víctima de mal tiempo y mal empleo.

El lunes 22 de junio, el sur del estado entró en el semáforo que ha diseñado el gobernador Carlos Joaquín, en color naranja, con apertura de restaurantes y hoteles con cupo limitado.  Se comenzó a regresar a una normalidad que no ha podido, siquiera, imaginarse en los tres meses de pérdidas y encierro que han despojado de casi todo a la mayoría de quintanarroenses que viven del turismo.

De esa actividad que en el centro del país no se entiende como esencial.

Al gobernador lo hemos visto informando qué sucedía, qué opciones había, cada día; con lo que ha logrado una comunicación de excelencia, sin intermediarios, sin estorbos dirían muchos. También lo vimos supervisando la capacidad hospitalaria, que como en el resto del país era lo que sigue de insuficiente, en toda la entidad.

Es, ha sido, un gobernador que trabaja. Que ha padecido la pandemia de salud, y también la económica, una crisis mayor a si un huracán  hubiese devastado Quintana Roo.

¿Es mucho o es poco?  Ha sido suficiente.

Y la gente lo ha entendido, su imagen se ha fortalecido enormidades.  Y la virulencia de sus enemigos políticos también. En mal momento, porque lo que importa es encontrar una manera para que los habitantes del estado puedan llevar pan a sus mesas.  Es el peor momento para atacarlo, para intentar armarle problemas, para actuar contra una persona que necesita de la unidad política para presentar sus razones ante el gobierno federal, para hacer entender al resto del país los problemas, gravísimos, del estado.

Cada día le buscan tres pies al gato, mientras que se transita, con miedo, con precaución, a la vida productiva.  Ninguno, ninguna senadora, gana nada con lanzarse a lo bruto contra Carlos Joaquín.  No es momento, ni en lo político ni en lo ético.

Entrar al color naranja es, definitivo, el principio de un larguísimo camino para recuperarse, es un esfuerzo que merece que si no ayudan, no estorben… 

Alerta temprana

por ahernandez@latitud21.com.mx 3 julio, 2020

Por Iñaki Manero

Comunicador

Twitter @inakimanero Facebook @inakimanerooficial 

 (1a. parte)

Abejas que van regresando, ballenas saltando en la bahía de Santa Lucía, Acapulco; cacomixtles que juegan en la azotea de mi vecino. Alguien nos quiere decir algo.  No, no soy ecologista de línea dura; si lo fuera, viviría en una cueva. Todo lo que hacemos tiene un impacto en el medio ambiente; incluso la casa en donde vives, en algún momento fue parte de un ecosistema de selva, desierto, bosque, pradera o cerro. En algún momento, un vehículo deforestó desplazando la vida, vegetal o animal de la zona, replegándola a otro sitio o de plano provocando su desaparición. Eso viene sucediendo desde que el hombre dejó de ser criatura migrante y se estableció en asentamientos regulares. Y sigue hasta la fecha. Y seguirá durante el tiempo que nos toque sobrevivir en este planeta. Los castores tienen impacto en el medio ambiente, las hormigas, termitas, lobos, ciervos, búfalos…  Todos los animales sociales.  Con un impacto positivo o negativo.  La cuestión es un asunto de costo/beneficio.  Cuánto nos cuesta, cuánto nos duele, cuánto estamos dispuestos a perder. Hemos perdido la dimensión de esto último.  

El impulso de aprovechar los recursos naturales, por lo regular de manera irresponsable, no es nuevo. Se cree que el caballo americano (los actuales son descendientes de aquellos traídos por los europeos desde el siglo XVI) se extinguió en buena parte por la voracidad del hombre, que se alimentaba de ellos y aprovechaba el cuero y los huesos para vestido y herramientas; acosaba y dirigía las manadas hacia desfiladeros provocando más muertes de las que se pudieran aprovechar.  Hasta el poderoso mamut, que hace apenas 10 mil años todavía recorría el mundo, fue desapareciendo cuando, a la par de las cambiantes condiciones del clima terrestre, se le suma la cacería organizada por grupos de antepasados que a toda costa, no podían ignorar un beneficio en comida y pieles de ese tamaño.  Hace muy poco se descubrió en los actuales terrenos de la base aérea militar número 1, Santa Lucía, en Tecámac, Estado de México, ahí, efectivamente en donde se construye la central avionera Felipe Ángeles, uno de los mayores yacimientos de osamentas de estos paquidermos. De acuerdo con los estudios preliminares, algunos de ellos pudieron haber sido cazados ahí mismo, en la orilla de lo que fue parte del ya desaparecido gran sistema de lagos volcánicos.  

Somos auténticos depredadores y no discriminamos; le pegamos a lo que sea.  Esa ha sido parte de nuestro éxito y nuestra desgracia como especie.  La versatilidad, el no ser especialistas en algo, nos ha colocado como los primeros en la fila evolutiva. La desgracia, hemos empujado al resto de la vida al abismo, hasta que nosotros mismos también rozamos con el pie el borde del precipicio.  Y de repente, en pleno auge de la tercera Revolución Industrial, ya muy cerca, decíamos de la saliente con rumbo al olvido, un bicho microscópico, que dicho sea de paso, los científicos todavía no se ponen de acuerdo en si está vivo o no, amenaza con regresar nuestra economía a la Edad de Piedra.  

¿No es adorable? No es ni la primera, ni será la última pandemia; hemos sido diezmados por muchas. Algunas, las más taquilleras, han sido motivo de novelas y películas, además de referente forzoso en ensayos sobre anatomía, fisiología e higiene.  Sí. Alguien nos quiere decir algo: no somos insustituibles, ni reyes de la Creación, ni imprescindibles para nada. Nos hemos tragado la ilusión de que hemos sido bordados a mano, una artesanía del Universo. Y no. Los dejo, amigos, cuates, conocidos, con una pregunta que intentaremos responder en una segunda, espero, oportunidad: ¿Cómo vamos a regresar después de esto?  Ahí afuera están las señales. En este momento hay una abeja que toma polen de esa plantita que apenas la semana pasada salió de entre la grieta del pavimento frente a casa. Esa planta que nadie ha querido arrancar. Personalmente, prefiero que el vecino no salga. Así está mejor; pero ya saldrá.  ¿Saldrá para seguir matando mamuts? 

Reactivemos Quintana Roo

por ahernandez@latitud21.com.mx 3 julio, 2020

Alejandro Rosel

Comunicador y conductor

Twitter: @AlejandroRosel7

Les saludo con estas letras esperando se encuentren bien, al igual que sus familias. Los momentos por los que atravesamos como consecuencia de la pandemia del Covid-19 han dejado un daño inimaginable. Quería en esta ocasión no hablar de este tema, pero sin duda, no hay de otra, pero vamos a enfocarnos en lo que viene: la reactivación.  ¿Estamos ya listos para entrar a esa etapa? ¿Se han dado todas las condiciones para que en materia de salud, económicas, financieras y sociales entremos a esa etapa? No lo sé. Sí, esa es mi respuesta. Y la incertidumbre de mi afirmación es derivada de las grandes expectativas que produce, la urgencia de activar a los generadores de recursos, pero también la preocupación por el continuo incremento de casos a lo largo y ancho de Quintana Roo. La gran mayoría de las empresas han establecido protocolos que les permitan mitigar la propagación del Covid-19, se han registrado para obtener la certificación sanitaria otorgada por las secretarías de Turismo y Salud. Inclusive las grandes corporaciones presentes en territorio quintanarroense han buscado más allá, con el aval del Consejo Mundial de Viajes y Turismo. Todo se prepara para decirle al mundo que en el estado estamos listos, que Quintana Roo una vez más está de pie esperándote, con nuevas medidas, pero listos. Hace unas semanas, el Gobierno del Estado anunció el semáforo epidemiológico y nos colocó en color naranja. Lo cual permite algunas actividades esenciales y el turismo en Quintana Roo en esa fase, ya lo es. Sin embargo, hoy creo que estamos dejando a un lado algo muy importante y que sin duda es responsabilidad de todos: nuestra salud. Sí, así como lo lee. Desde el anuncio de que el semáforo cambió de color, muchos se volcaron a las calles como si nada estuviera pasando: a los parques de las colonias y regiones, a las avenidas a hacer ejercicio, fiestas, reuniones, gimnasios y hasta en las calles sin cubrebocas. ¿De verdad nuestra salud no nos importa? Veremos en días más nuestra realidad. Lo que simplemente no entendemos es que el Covid-19 llegó para quedarse, que sin duda no es momento de desbocarnos a nuestras actividades normales, sino todo lo contrario. Qué bueno que hoy, muchos hoteles estén abriendo y otros negocios también. Reactivemos la economía de Quintana Roo, pero no dejemos a un lado las medidas de esta “Nueva Normalidad”: uso de cubrebocas, sana distancia, lavado de manos y gel antibacterial. Esto nos permitirá estar sanos y disminuyendo el número de casos, hasta llegar al color verde. Si hoy te cuidas, cuidas a los tuyos y escribimos otra historia. De no ser así, la versión será otra y pudiera ser devastador en todos sentidos y para todos. Que el camino sea divertido y exitoso. Hasta la próxima.   

En escuchar sólo lo que sale de tu corazón

por 2 julio, 2020

Empléate

David Asencio

dasencio@latitud21.com.mx

Cuando inició esta experiencia, la verdadera pandemia era la incertidumbre, puesto que, al escuchar muchas voces, al observar diversa información (muchas de ellas noticias falsas) se hacía más grande la duda de qué pasaría o cómo enfrentaríamos esta situación nueva para todos.

#QuédateEnCasa fue la instrucción más tangible, pero eso conlleva varias situaciones y muchas de ellas tienen que ver con lo económico, ¿Qué pasará con mi trabajo? ¿Cómo voy a hacer con cuestiones de dinero? ¿Qué vamos a comer? ¿Cómo pagaremos las cuentas? Fueron muchas las dudas que surgieron y también mucha la información que se empezó a dar y que eran fatídicas y catastróficas.

Sin embargo, como todo, indiscutiblemente esta experiencia del Covid-19 nos ha estado dejando grandes enseñanzas y obligadamente nos llevó a replantearnos el camino de vida que estábamos llevando y que muchos no quieren dejar de llevar.

¿Qué nos enseña esta pandemia?
Reconocer que nosotros no controlamos nada y que de un día para otro las cosas pueden cambiar y hay que ponernos en modo disposición, para superar y encontrarle el sentido a la experiencia.
Que hay cosas muy valiosas que estábamos dejando de observar y que las estábamos cambiando por cosas materiales, como la familia, la salud, la vida misma; que caminábamos en un mundo cada día más superfluo y consumista.

Que la salud no es cosa de juego, y que nuestro físico es el vehículo y elemento donde se refleja nuestro espíritu y energía, que cuidarlo es importante para nosotros mismos y para los nuestros, ya que nuestra calidad de vida la elegimos nosotros.
Que muchos gastaban lo que generaban, y que mientras más tenían más gastaban y al final no participamos de una cultura de ahorro o de administración planeada que nos permita estar preparados para contingencias.
Que vivir la vida sin sentido, no es vivir, y que hay que hacer un replanteamiento general y redireccionar el camino y sobre todo determinar nuestras prioridades y reconocer nuestros talentos y oportunidades. “El mejor trabajo que podemos hacer es el que hacemos con nosotros mismos”.

Ya estamos en el proceso de ir reactivando la economía, de salir y ser productivos, pero por favor, seamos responsables y tengamos en cuenta que el virus no se fue, saldremos y estará ahí; que de nosotros depende cuidar de nosotros y de los nuestros. Que la vida vale la pena vivirla.

Muchas felicidades a todo el equipo de Grupo Editorial Latitud 21 por las pláticas empresariales de los nueves. ¡No se las pueden perder! El mundo empresarial en tus manos.

David Asencio
dasencio@latitud21.com.mx

Naturaleza jurídica del Fideicomiso

por 2 julio, 2020

Hablando legalmente

Sonia Magaly Ayuso Achach

Notario público 75

contacto@notaria75qroo.com

Como ya hemos dicho, le denominamos fideicomiso al acto por el que una persona (fideicomitente), con facultades legales para el efecto, destina ciertos bienes a un fin lícito y determinado, cuya realización encomienda a una institución financiera autorizada (fiduciaria), y en beneficio de una persona (fideicomisario) a quien la ley le permita recibir el provecho que implica el fideicomiso.

I.- Sus Elementos Personales, básicamente son los siguientes:
a).- Fideicomitente: Es la persona física o jurídica con capacidad para afectar bienes en fideicomiso. Debe tener la libre disposición de los bienes o derechos que aporte.
b).- Fiduciario: Sólo pueden serlo las instituciones expresamente autorizadas para actuar como tales por Hacienda federal, como los bancos, aseguradoras, afianzadoras, Sofoles y Sofomes, etc.
c).- Fideicomisario: Es la persona física o jurídica con la capacidad necesaria para recibir el provecho que el fideicomiso implica.

II.- Sus Elementos Reales, son los bienes muebles o inmuebles que estén en el comercio, o bien, sobre toda clase de derechos, salvo aquellos que sean estrictamente personales de su titular.

III.- Se puede constituir por acto entre vivos o por testamento, para lo cual algunos o la totalidad de bienes que constituyan el patrimonio del “De Cujus” pueden destinarse para ser administrados a través de esta Institución Jurídica.

IV.- En lo relativo a los Aspectos Formales del fideicomiso, encontramos que el mismo sólo deberá constituirse en escritura pública cuando aplique sobre bienes inmuebles e inscribirse en el Registro Público de la Propiedad para que surta sus efectos correspondientes. Por otro lado también puede constituirse mediante contrato privado (ejemplo los fideicomisos educativos y de investigación, etc.), los cuales no requieren la formalización en escritura pública, ni la intervención de un notario propiamente.

V.- En cuanto a los Fines del Fideicomiso, estos deben ser lícitos, determinados, posibles y realizables, por lo cual, hablamos de la existencia de otros tipos de fideicomisos tales como:

a) Fideicomisos públicos, constituidos por los gobiernos Federal, Estatal o Municipal.
b) Fines de beneficencia, científicos o culturales.
c) En favor de personas físicas. – Último sobreviviente
d) Fideicomisos con inmuebles en zona restringida.

VI.- La vigencia máxima de los fideicomisos no deberá exceder de 50 años; en algunos casos estos son renovables.

Para más información sobre este y otros temas, les dejo mi correo electrónico contacto@notaria75qroo.com y el teléfono (998)2800615 o también en nuestras redes sociales.

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