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Revista Latitud 21
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Sergio González

  • Al buen entendedor
  • Presidente de la AMATUR
  • Presidente del centro de atención de salud mental y prevención de adicciones «Vital»
  •  sgrubiera@acticonsultores.com

Aquí sucede de todo a gran velocidad

por Latitud21 Redacción 30 noviembre, 2017

Cuando escribo esta columna suceden cosas en nuestro entorno que nos ocupan y nos preocupan, pero para cuando el texto de la misma sale a la luz resulta que el entorno se ha modificado en solo 20 días, producto de esta vorágine de acontecimientos.

Originalmente me referiría en esta entrega exclusivamente a la falta de promoción turística de nuestro estado, pero antes de que esto pudiera salir a la luz surgió el asunto tan largamente comentado y difundido del decomiso de cajas de seguridad a cargo de la Seido, que sin duda da lugar a especulaciones, comentarios y análisis.

Se sucedieron también tantos y tantos temas, y por si fuera poco la ocurrencia de algunos diputados por intentar revertir lo logrado en el tan discutido asunto del huso horario en Quintana Roo. Así que el columnista se siente avasallado, atormentado y con temor de salir de nuevo con temas trillados en menos de un mes.

Seguimos sin Uber, sin que se apruebe la ley de movilidad, sin promoción, y continúa el temor por la inseguridad, aunque se trabaje seriamente en ello. Llevamos años hablando de la necesidad de campañas de promoción y relaciones públicas para nuestros destinos turísticos; el tema se ha discutido y debatido incansablemente desde que tengo memoria en Quintana Roo.

En los 80 se discutía con la existencia de aquel fondo mixto tripartita, en el que aportaban los gobiernos federal y estatal, así como hoteleros organizados, y se debatía por las decisiones en cuanto a la mejor agencia de publicidad y el sentido de las campañas; años dorados aquellos de la “isla legendaria de placeres milenarios”.

Los empresarios discutíamos y proponíamos desde la Coparmex, en la AMAV, y por supuesto en la Asociación de Hoteles; a veces nos escuchaban, muchas otras no, pero al final a tiros y jalones teníamos una promoción institucional, con entes oficiales bien reconocidos y estructurados, y aunque no siempre satisfacían las estrategias había un recurso suficiente y se empleaba de alguna manera consensuada.

El inicio de la debacle comenzó cuando al genio de Félix González, de triste memoria, se le ocurrió incrementar en 50% el impuesto, para pasar del dos al tres por ciento, lo que significaba alrededor de unos 10 millones de dólares adicionales al año, con la excusa de que el nuevo incremento iría destinado a obras de infraestructura turística. Nada más falso, la “ocurrencia” en realidad sirvió para fondear en buena medida la campaña proselitista de un tal Roberto Borge, ilustre desconocido por aquel tiempo, sin que se destinara un solo peso ni a la promoción ni a la obra pública.

Borge llegó al poder y la historia ya la sabemos, no solo no se transparentó el punto porcentual adicional sino que paulatinamente fueron descendiendo los recursos para los fideicomisos, provenientes del IAH, se incrementaron los adeudos, se redujeron las acciones de promoción, hasta que finalmente se ‘desetiquetó’ el recurso por decreto, se disolvieron los comités técnicos y la promoción quedó a la deriva y sujeta solo a las decisiones unilaterales, arbitrarias y egocéntricas del prepotente gobernador.

Hoy, más de tres décadas después, dos exgobernadores en la cárcel, otro desprestigiado y odiado pero aún con fuero; fideicomisos casi inactivos; muchos pero muchos miles de cuartos más y una mayor y mejor oferta turística, seguimos hablando, discutiendo y debatiendo sobre la necesidad de promoción, pero me parece que nunca más importante y necesaria que en este momento por muy diversas razones.

Es innegable que hay mucha mayor inseguridad en otras partes del mundo; que hay ciudades que son mucho más violentas en Estados Unidos que Cancún y que hay actos no solo delictivos sino hasta terroristas en tantas y tantas ciudades del mundo, que no se pueden comparar con nuestros índices. La seguridad para los turistas NO está garantizada en ninguna parte del mundo. Lo mismo fueron atacados turistas inocentes en el desierto de Egipto que baleados en un museo en el mismo país; lo mismo fueron víctimas de atentados violentos, lamentables y condenables turistas en París, en Madrid, en Londres que en Orlando, y finalmente Las Vegas tristemente también se cubrió de luto y consternación ante la mirada atónita del mundo.

No somos por mucho el único ni el más riesgoso destino turístico del mundo, pero requerimos de una extensiva campaña de promoción que ponga en alto los valores, las riquezas y los atractivos del Caribe mexicano, para que sea eso lo que mostremos al mundo.

El  tema del alcohol adulterado, finalmente, que ha sido motivo de abusivos y tendenciosos comentarios por parte de medios en el extranjero, requiere también de una estrategia de promoción. La autoridad en la materia practicó auditorías en más de 200 bares y hoteles y solo encontró dos casos de alcohol adulterado en un par de ellos NO turísticos.

El impacto negativo del alcohol adulterado y sus consecuencias debería contrarrestarse con una campaña que destaque el enorme número de hoteles y restaurantes de Cancún y Riviera Maya que cuentan con Distintivos H, 5 Diamantes y una serie de certificaciones que dan cuenta de la calidad que se ofrece en el destino. Ante la alerta de viaje de Estados Unidos, que es como  una simple tarjeta amarilla en el futbol, se requiere una adecuada estrategia de marketing y relaciones públicas, hoy casi inexistente, para el Caribe mexicano.

 

Qué mundo convulsionado

por Latitud21 Redacción 30 octubre, 2017

Difícil, muy difícil, me ha resultado encontrar por una parte el título para esta columna, y más aún la temática ante tantos y tantos acontecimientos de todo tipo que nos han sacudido, uno más que el otro.

No acababa de sorprenderme y preocuparme por los embates meteorológicos, que si bien nos tienen acostumbrados en esta época del año no dejan de ser impresionantes y tristes, sobre todo cuando se suceden tan repetidamente como ha ocurrido con los huracanes por el Caribe en este año, cuando en medio del asombro y la frustración nos golpea de nuevo la tierra y la madre naturaleza con dos indescriptibles sismos, por decir lo menos, uno el 7 de septiembre y uno más de características y consecuencias dramáticas, el inolvidable 19 de septiembre, apenas 12 días después y a 32 años exactos de idéntica y fatal catástrofe en nuestro querido México.

Como en aquel año, el pueblo mexicano se volcó en ayuda interminable, solidaria, valiente y desinteresada para ayudar a los más necesitados, para asombrar al mundo con esa única, insoslayable, ejemplar y valerosa actitud de los mexicanos que ante la catástrofe se hacen grandes, enormes, gigantes.

Pensé durante varios días en dedicar una reflexión sobre lo que acontecía y lo que me maravillaba ver la solidaridad a flor de piel por todas partes, pero sin duda hubo tantos y tantos que se me adelantaron, desde el maestro Juan Villoro, quien nos hiciera vibrar con su retórica, hasta los jóvenes y mexicanos aquí y allende las fronteras, que llenaban las redes sociales y las páginas de muy diversas gacetas con sus elocuentes relatos, sus reflexiones, sus mensajes llenos de fuerza y convicción, todos coincidiendo en que MÉXICO, así con mayúsculas, está hecho de gente grande, y que ante las adversidades nuestro corazón es más grande que cualquier huracán o terremoto. Pensamientos de ingenieros, arquitectos, estudiantes, cónsules y embajadores; amas de casa, amigos de cerca y de lejos, todos se prodigaron tanto en las palabras y parabienes que me fueron dejando mudo el habla y la pluma.

Me parecía que unas líneas escritas eran nada, o casi nada, para reconfortar, para sensibilizar, para animar, y sobre todo me parecían tardías ante tantas y tantas muestras de afecto y solidaridad, así como tantas también las pifias, los errores de la política y la falta de sensibilidad de los insufribles gobernantes, que una vez más van dejando a un pueblo entero a la deriva.

Pensé entonces que el tema para expresarme oportunamente sería sobre el único, auténtico, histórico y generalizado reclamo de la población mexicana hacia el financiamiento injusto, excesivo e inmoral hacia los partidos políticos en un momento en el que el país requiere de incontables recursos para la reconstrucción. Histórico lo hace el que millones de firmas se han recabado para validar esta justa petición, e histórica también la oportunidad que tienen frente a sí gobierno y partidos para demostrar que en verdad están para servir; oportunidad única para el impopular gobierno de mostrarse sensible ante un México más necesitado que nunca.

Así que basta, me dije, basta ya de reclamos y sufrimientos que han sido ya mejor relatados con las más elocuentes plumas de este y vergonzosamente también de otros países, y ponte a pensar, escribidor, en nuevas letanías para tus ocho lectores; y en eso estaba, cuando resulta que infelizmente nos siguen alcanzando los sucesos de este convulsionado mundo que nos hacen vibrar, temer y reflexionar nuevamente…

Las Vegas, sin palabras…

¿Qué se puede decir o pensar frente a la locura?, pero no solo la de un psicópata, sino la de un gobierno y un estilo de gobernar que permite la venta y el manejo impune y sin control de armamento de todo tipo; qué se puede pensar frente a un gobierno, o un loco al fin, que pretende construir un muro para evitar la migración, que evade su responsabilidad frente al calentamiento global y el deterioro del lugar en el que vivimos todos; de un insensible que se permite “alertar” a sus compatriotas de no viajar a “lugares inseguros”, cuando en su propia nación hay tantos y tantos enfermos mentales, víctimas de los horrores de las guerras que ellos mismos fabrican, tantos y tantos consumidores de estupefacientes que fomentan el tráfico y distribución, generadores de violencia sin límites. ¿Qué gobierno es ese que mira con ojo crítico al mundo, sin ver lo que ocurre en su propio territorio?

Las Vegas, sin palabras… mis condolencias

Ante la pléyade de acontecimientos, todos tan penosos, en Quintana Roo por lo menos nos queda la enorme tarea y la gran responsabilidad de hacer una muy eficaz promoción de nuestros atractivos, de nuestras bellezas naturales y de nuestra mexicanidad.

Nos toca ser solidarios con todos y demostrar nuestra calidez y reconocida hospitalidad con propios y extraños.

Somos un destino seguro, cálido y atractivo en todos sentidos, tanto para turistas como para inversionistas, y ese debe ser el mensaje.

Somos México también y estamos de pie.

 

De Xochitepec, Morelos, a Chicago con regreso sísmico

por Latitud21 Redacción 2 octubre, 2017

Luego de un exitoso día en el marco del Gran Foro Transformar 2017, que organiza Ciudadanos por la Transparencia, A.C. en Cancún por tercer año consecutivo con el propósito de construir una sociedad con cero tolerancia a la corrupción, con ese gran sabor de boca y con ese entusiasmo por abatir la corrupción, la impunidad y la opacidad en los gobiernos decidimos emprender unas pequeñas pero muy necesarias vacaciones, aunque fuesen por pocos días, con el afán de desconectarnos y relajar un poco el estrés.

Así, con ese entusiasmo y los deseos de un descanso, partimos hacia el bello estado de Morelos para relajarnos en las magníficas instalaciones de la antigua hacienda de San Antonio del Puente en el municipio de Xochitepec, muy próximo a Cuernavaca. Nos preparamos para asistir a la boda de Mariana y Felipe en el vecino municipio de Temixco, invitados por la muy cariñosa familia Ruiz Farfán, quienes nos dedicaron atenciones y deseosos de conocer a su agente de viajes de cabecera, mi mujer, quien fue recibida con el afecto como el que se prodiga a un familiar. Linda boda, hermosa fiesta y magníficos anfitriones a quienes saludo afectuosamente desde este espacio. Saludos especiales a don Mario Ruiz y por supuesto a la querida Fernanda, ¡todo un personaje!

Y de ahí, la mañana siguiente, un Uber para ir a la estación de autobuses de Cuernavaca y emprender el viaje al aeropuerto de la Ciudad de México y tomar el vuelo de United Airlines con destino a la ‘Ciudad de los vientos’, la que fuera casa de un tal Alphonse Capone.

Quedé sorprendido con la arquitectura, pero sobre todo con la limpieza, la armonía, el orden y la belleza urbana de Chicago; mis respetos para tan tremenda urbe con 2.7 millones de habitantes en el downtown, y según nos dijeron con más de 10 millones en los cerca de 70 suburbios.

Chicago, a diferencia de Nueva York, aunque llena de rascacielos también, es una ciudad en la que se respira un ambiente de provincia con un espíritu regionalista en donde se siente y se vibra el orgullo local, con un tremendo respeto por el paisaje, por la imagen urbana, por su historia y sus costumbres, en donde al mismo tiempo se cultivan el arte, la cultura y por supuesto una tremenda oferta gastronómica, sin dejar a un lado por supuesto el buen jazz y la cultura musical que ha estado ligada a su historia.

A sugerencia de nuestra amiga Mary Muzyka, oriunda de la ciudad y hoy orgullosa cancunense, acudimos al Purple Pig, un must de la ciudad en materia gastronómica.

No pude resistirme a probar el platillo firma de la casa, unas orejas de cerdo, por supuesto acompañadas de un buen vino tinto; Margarita, menos osada, pidió tremendo pulpo asado con perejil frito que resultó maravilloso.

El City Tour, en un ya típico autobús abierto tipo Londres, con un recorrido simpático que incluía una buena selección de música entre la que figuró el Route 66, que naciera justamente en Chicago, sin dejar pasar por supuesto a Ella Fitzgerald, las vistas del teatro de Chicago y la música también de Aretha Franklin, fue toda una experiencia muy recomendable.

Hacía falta fumar un puro, así que organizamos comida en el Prime & Provisions Steak House, que cuenta con el único cigar bar de la ciudad, para rematar con algo del inevitable shopping, si me perdonan el anglicismo. Mi mujer feliz en esa parte, quien esto escribe no tanto.

Desde luego una de las cosas más destacables de Chicago es su arquitectura; sus edificios y la historia de cada uno parecen una seria competencia arquitectónica. Sus vistas del río Chicago, del lago Michigan y su magnífica armonía urbana la hacen envidiable.

Yo sí la envidié, porque no existe un solo anuncio, un solo letrero espectacular, una sola de esas horrendas pantallas que nos caracterizan en el tercer mundo. Espero que algún día aprendamos.

De regreso aterrizamos con la sorprendente y triste noticia del sismo en la Ciudad de México, Chiapas y Oaxaca, entre otros estados afectados, con resultados más que lamentables para nuestros hermanos, a quienes hoy nos unimos en solidaridad, y que muy tristemente se sumó a los también devastadores acontecimientos causados por el huracán ‘Katia’ en Veracruz, ‘Irma’ en Florida y los aún deplorables resultados de ‘Harvey’ en Houston.

Mi solidaridad con todos los hermanos de México y de Estados Unidos que han sufrido con estos terribles embates de la naturaleza, que sin duda parece estar enojada con nosotros y quizá con suficiente razón.

De regreso en casa, a trabajar fuerte por Cancún, por Quintana Roo y por México.

Espero con el corazón que gobiernos y sociedad actúen con eficacia y congruencia…

Y espero también a Uber…

Cualquier comentario con esta columna que sigue esperando un cambio en verdad, favor de enviarlo a: sgrubiera@acticonsultores.com

 

Aventuras por aquí y por allá

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

Luego de pasar una noche en Bogotá tomé el vuelo muy temprano a Medellín para conectar en pequeño avión de pocas plazas hacia Capurganá, tierra colombiana casi frontera con Panamá.

Aterrizamos a media mañana en el diminuto y caluroso aeropuerto. Esperé por las maletas que traían en un rústico carrito y salí a la calle para esperar mi transporte. Tratábase de una maltrecha carreta tirada por caballos, en la que monté junto con mi equipaje para dirigirme hacia mi alojamiento.

Me recibieron amablemente, me dieron posesión de mi rústica cabaña y me ofrecieron agua de frutas frescas, mientras esperaba por mis anfitriones en ese recóndito y apacible rincón del Caribe que forma parte del municipio de Acandí, que pocos colombianos conocen.

Se trataba del Diagnóstico de Potencialidad Turística que debía de realizar para aquel rincón del país, contratado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de esa nación hermana en 2009, justo el año en que se anunció en México el embate de la epidemia de la influenza (la cepa AH1N1).

Mi llegada a Capurganá no fue lo esperado, primero porque no había nadie que supiera de mí, lo típico cuando trabajas para un Ministerio; falta de comunicación, falta de información y desconcierto ante la llegada del consultor invitado, y segundo porque a una parte de la comunidad local le parecía una imposición del gobierno federal el practicar un estudio diagnóstico sin haberles tomado en cuenta.

Mi trabajo en primera etapa consistía en llevar a cabo una serie de talleres con la comunidad para recoger sus inquietudes, al tiempo que realizaría recorridos para determinar la potencialidad turística del cantón. En ese sentido encontré hospitalidad, calidez y apertura de una buena parte de la comunidad turística del bello poblado con calles sin pavimentar a la orilla del mar, que me recordaba tantísimo a Holbox, y por otra parte el desdén del grupo opositor al gobierno que curiosamente era el autodenominado “Las Negritudes”.  Casualmente durante mi estancia se celebraría con tremendos festejos en la playa el ‘Día de Las Negritudes’; sobra decir que era el de la gente de color, buena y simpática, aunque había entre ellos el movimiento comandado por los líderes opositores que tratarían de boicotear mis talleres.

No había señal con el teléfono celular, la conexión con Bogotá era muy limitada y la mejor forma de comunicarse con el mundo era viajando en una lancha rápida, que daba más saltos que un caballo indomable en corral y que me dejó los huesos adoloridos, hacia la cabecera municipal de Acandí, a unos 30 minutos, para encontrar un café internet o una oficina de telégrafos y entonces poder enviar mensajes de auxilio a mis contactos del Ministerio en la capital. Finalmente apareció al día siguiente en aquella suerte de isla, pues aunque era parte continental se asemejaba más a una isla, la funcionaria guapa y bien presentada que venía en nombre del viceministro de Turismo a “darme la bienvenida” y tratar de coordinar los trabajos de diagnóstico que debíamos practicar por órdenes del propio viceministro.

Para cuando ella llegó por aquellos lares yo me encontraba aclimatado, habiendo hecho amistades y despreocupado por el uso del celular. Mis interlocutoras capitalinas en cambio sufrían de calor y del traumatismo que causa a cualquier joven no poder usar a plenitud el teléfono móvil.

Lo interesante es que el líder de “Las Negritudes”, un hombre rudo y popular entre alguna parte de la población, se quejaba airadamente con los representantes del Ministerio ante la invasiva llegada de este mexicano, que lo que más les preocupaba era que seguramente les podría contagiar de influenza, “¿cómo era posible que hubiesen contratado a un mexicano?”. ¡Seguramente nos podremos contagiar todos! Los líderes de extrema izquierda siempre tienen astutos argumentos.

Pasado el mal rato de la bienvenida, que no fue tal, el intento de boicot a mi labor y la desorganización de los burócratas de la capital, finalmente me hice de estupendos amigos en Capurganá, tomé cientos, si no es que miles de fotografías, hice fantásticos recorridos en aquel cálido y romántico rincón caribeño de Colombia que aún recuerdo con cariño y por fin entregamos un estudio, casi un Plan Maestro de Desarrollo Turístico, para el municipio de Acandí, Colombia, y la costa negra de Capurganá, que alguna vez perteneciera a Panamá, hace apenas unos escasos cien años.

Hoy recibí una agradable llamada de ese país hermano, en donde tengo tantos amigos, para acariciar la posibilidad de ir a impartir un par de conferencias, posiblemente en la muy querida Cartagena, en Medellín y en la también entrañable Bogotá. Será un placer regresar a Colombia a compartir experiencias y reírme tanto como en pocos sitios del mundo se puede uno reír a plenitud.

Otro día les cuento más de Colombia, que seguramente es una futura potencia mundial del turismo.

Los movimientos telúricos de la Sectur 

por Latitud21 Redacción 31 julio, 2017

Hace tiempo que vengo leyendo con atención los siempre muy atinados textos de mi colega Fernando Betanzos respecto del quehacer turístico, pero particularmente he observado aquellos que se refieren a la danza de las cifras y el manejo que de las estadísticas hace la Secretaría de Turismo (Sectur) con el uso de su casi inservible Datatur, y algunos otros actores y declaracionistas en consecuencia.

No puedo más que coincidir con el amigo Betanzos, en el hecho nada soslayable de que el Banco de México (BM) ha manipulado impunemente y a su libre albedrío las cifras del turismo en México, ya sea en contubernio con la Sectur o por instrucciones del presidente de la República, con el ominoso afán de subir escalafones en las cifras oficiales de la Organización Mundial de Turismo (OMT) cueste lo que cueste y pase lo que pase.

Coincido con Betanzos en que no es posible avanzar en el ranking internacional del turismo mágicamente y lograr incrementos que ni las más grandes potencias del turismo logran, así nomás de un año al otro.

Cuando Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de México estábamos en el lugar 13 del ranking, y de repente como por arte de magia, en solo un año, escalamos hasta el lugar 10, luego al nueve y ahora estamos increíblemente en el octavo lugar mundial con la supuesta cifra de 35 millones de turistas al año, por supuesto gracias a la magnífica labor de promoción que ha emprendido el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) según nos han dicho y a la casi heroica labor de la entonces secretaria Claudia Ruiz Massieu.  Al ritmo que vamos, pronto desbancaremos a todos y nos vamos a codear con Francia, Estados Unidos y España, que reciben 80, 70 y 60 millones de turistas, respectivamente, en números gruesos y cerrados.

Ayer escuché una entrevista del secretario Enrique de la Madrid en la que afirma que mientras el mundo del turismo crece al tres o cuatro  por ciento, en México crece al 11%, casi el triple. Sin palabras. Con razón en Quintana Roo ahora se quiere replicar el modelo del CPTM para la promoción, y cómo no si es prácticamente mágico, infalible y contundente, si no ahí están las cifras, y son oficiales ¡eh!…

Otra cosa que me ha llamado la atención últimamente acerca de los movimientos de la Sectur es el reciente anuncio de un Nuevo Modelo de Seguridad para Destinos Turísticos. Estoy ansioso por conocer en qué consiste la novedad y qué nuevas tecnologías habrá de aportar el modelo. En misma entrevista que le hicieran al secretario, solo escuché que el modelo implica la aportación de los empresarios y que estos “acompañen” al sector oficial en la implementación de las estrategias.

Hasta donde tengo entendido la seguridad es algo que compete al Estado, y que es el sector oficial el que está obligado a garantizar la seguridad de los ciudadanos así como de los turistas que nos visitan. Ahora los empresarios van a “fondear y acompañar”… ¿Será esa la única novedad del modelo?

Espero que nos compartan pronto los pormenores de la estrategia y que con ello se borre cualquier asomo de escepticismo seguramente injustificado.

Mientras tanto, esperemos que pronto se resuelvan los temas de migración y se reduzcan las largas colas, se mejoren los accesos en aeropuertos de todo el país, se construya un estacionamiento digno para transportistas turísticos en la Terminal Tres de Cancún, se dote de más personal a la Policía Federal, se libere el transporte en Cozumel, se permita la entrada de Uber en todo Quintana Roo, se limpien las carreteras de anuncios espectaculares, se diseñen leyes de fomento al turismo que contengan verdaderos beneficios fiscales, se arranque de verdad con la promoción en el Caribe mexicano, se solucione el tema de la movilidad en Cancún, ufff. Y tantas y tantas cosas, para que en verdad podamos anhelar como el secretario De la Madrid llegar a 50 millones de turistas en México y estar en la quinta posición del ranking, que parece ser una meta que quita el sueño a muchos. Al Buen Entendedor…

La movilidad y otras cosas…

por Latitud21 Redacción 30 junio, 2017

Es vox populi, todos hablamos de ello: el tránsito (que es mejor término que tráfico y más apropiado) en Cancún está cada vez peor, está desquiciado, es un caos.

Nuestra querida ciudad crece vertiginosamente año con año acompañada del incremento en las ocupaciones hoteleras y de nuestro éxito turístico en consecuencia, pero al mismo tiempo cada vez hay más habitantes, más comercios, más transeúntes y más automóviles entre otros elementos que se suman al crecimiento.

Lo preocupante es que este crecimiento no ha estado aparejado de una adecuación constante en los planes y programas de ordenamiento, no ha estado acompañado de mejoras sustantivas a las vialidades, ni de reformas a los reglamentos de tránsito o de cambios sustantivos en el transporte público,  y no se ha pensado ni por asomo en el  desarrollo de nuevas tecnologías que permitan una nueva y mejorada movilidad en esta importante ciudad.

El crecimiento ha sido sin orden, sin planeación, sin rumbo, por parte de las administraciones municipales que se han sucedido una a otra simplemente heredando el problema hasta llegar adonde estamos, con una saturación vehicular, sin atención ni derechos a los peatones, sin estacionamientos, con vialidades obsoletas, sin señalética o muy pobre, sin pensar en las capacidades diferentes; con cambios de uso de suelo sin ton ni son y expedición de licencias que se generan alegremente sin ofrecer soluciones de fondo; estamos a la deriva.

Es prioritario para la ciudad y sus habitantes que pensemos ya en soluciones de fondo. Es necesario que nos sentemos a discutir, analizar y trabajar en acciones concretas para diseñar un Plan Integral de Movilidad para Cancún y eventualmente las áreas conurbadas; en un nuevo y moderno Reglamento de Tránsito; la mejora integral y rediseño de vialidades, glorietas, semaforización, mobiliario urbano; la incorporación seria de ciclovías, el transporte urbano lagunar, incorporar tecnología de punta y desarrollar nuevos esquemas de cultura vial; Cancún no solo lo merece, sino que le urge.

Mientras tanto, es conveniente que hagamos conciencia. Es necesario que empresarios, comerciantes, escuelas, autoridades, automovilistas y transeúntes hagan su parte, que se respeten horarios, cajones de estacionamiento, accesos, señalamientos, espacios públicos, etc., y que se respete al prójimo.

Que señoras y señores que llevan y traen a sus querubines de la escuela respeten el espacio y el tiempo de todos; no siempre se puede estar justo en la puerta, a veces hay que caminar, señoras; que los colegios particulares mejoren, dignifiquen y amplíen sus accesos y áreas de ascenso y descenso.

No se quejen por pagar estacionamiento ni lo evadan, por favor, en esta ciudad es regalado, 10 pesos la hora, y a veces hasta tres no es nada, eso contribuye a una mejora de la vialidad.

En fin, tenemos que pensar en el gran Foro por la Mejora de la Movilidad en Cancún y que de sus conclusiones emanen leyes, ordenamientos, estrategias y acciones que nos queden como un legado. Los gobiernos municipales han estado en falta y grave omisión en el tema por décadas. Ya basta, hagamos algo nosotros.

 

De pasadita…

Cancún debería llamarse así oficialmente y ¡NO Benito Juárez!  ¿Para cuándo?…

Por otra parte no comparto la idea de que la zona continental de Isla Mujeres, llámese Costa Mujeres o Playa Mujeres, deba tener otro nombre comercial que no sea Cancún.  Sería un error mercadológico seguirle buscando otros nombres cuando Cancún es una marca posicionada mundialmente y con el más alto nivel de recordación de todos los destinos de México.  Lo mismo va para Puerto Morelos, ¿para qué quebrarse la cabeza? Mercadológicamente les conviene llamarse Cancún.  Claro que los políticos tienen su corazoncito, aunque no sepan de turismo. Pero una cosa es un municipio y otra muy distinta es un destino turístico.

 

De postre… ¡el Gran Final!

Por fin detuvieron a Borge.  Qué alegría, se hizo justicia.  Ahora es importante que se trabaje para que se restituya el daño. No sería justo que simplemente vaya a la cárcel mientras sus amigos y familiares más cercanos disfrutan de la fortuna mal habida.

Nunca tuve duda de que el gobierno de Carlos Joaquín trabajaba exhaustivamente en el tema y que llegaría el día, solo era cuestión de tiempo y de procedimientos.  Felicidades al Gobierno del Cambio…

 

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