Bitácora de Viaje XXIII

           Bitácora de Viaje XXIII

por NellyG

 

¡ Riiing Riiiiiing!

– ¿Hola?

– ¿Está Schmitt?

– No, aquí no vive ningún Schmitt.

– ¡Disculpe! Me he equivocado.

– No se reproche… ¡Nos hemos equivocado todos!

Chiste alemán, 1945.

 

Realmente no soy buen negociante. Mi fuerte no son los números ni los cálculos ventajosos o las proyecciones económicas. Si me descuido, algún vivales podría venderme la glorieta de la palma en Paseo de la Reforma con todo y que ya no hay palma (se les murió). Ya sé que mi pareja, mi familia, mis amigos y mi terapeuta me regañarán por subestimarme, pero, zapatero a tus zapatos. Quienes deciden arrostrar la posibilidad del fracaso y se lanzan a la aventura de los pesos y los centavos, como muchas cosas o casi todo en la naturaleza, automáticamente entran en el juego cósmico que Darwin adivinó; si no te adaptas, te extingues. O en palabras del inmortal Pipino Cuevas: “En el ring, o partes la madre o te la parten”.  Ni más, ni menos.  Por eso es muy importante saber cuándo y cómo invertir un dinero que nunca ves; todo está convertido en partículas electrónicas de información que cambia, en lugar de manos, de sistema. Y ya que andamos de dicharacheros, recordemos al inolvidable Kenny Rogers y su vaquerada The Gambler: You have to know when to fold `em, know when to hold `em. Know when to walk away, know when to run. Y una de las principales reglas de la inversión que gustan compartir quienes han pasado a la gloria de Forbes es (recítese como mantra)…

NO PONER TODOS LOS HUEVOS EN LA MISMA CANASTA.  Dirán los puristas de redes sociales que deje de escribir en mayúsculas, porque se interpreta que estoy gritando, pero nunca está de más resaltarlo, porque es una lección que tanto la administración privada como la pública en este país debemos aprender, y lamentablemente llega del lugar menos indicado, pero ahí está, en nuestra cara y para vergüenza de todos. Diversificar inversiones. Apostarle al caballo, al galgo, al coche y al boxeador. Pero, insisto, qué triste que la lección nos tenga que llegar del lugar más obscuro del corazón humano. Hoy en día, en nuestro sufrido y depredado cuerno de la abundancia, paradójicamente en un sistema que dice buscar el equilibrio y el bienestar a las clases más desprotegidas por medio de la transparencia, la honestidad, bla, bla, bla, esa abundancia provenga de quienes más se arriman al fogón gubernamental y reciben contratos por la vía directa o por esa OTRA clase de empresarios que han resultado desde hace décadas, por su creatividad y hazañas al hacer lo que no se debe y siempre salir beneficiados a pesar de dejar un camino de muerte y tristeza. A veces esas dos clases son uno y lo mismo. ¿Cultural? No sé. ¿Normalizado? Lamentablemente, sí.  Lo hemos convertido por resignación o asimilación en parte del esperable panorama que nos recibe desde que abrimos el ojo.  El segundo tipo será el que analicemos a vuelo de pájaro en esta Bitácora. Incluso desde el nombre con el que se conoce a este fenómeno social, inicia la ventaja que tiene sobre nosotros y explica el por qué no se ha hecho nada más que ocurrencias para neutralizarlo.

CRIMEN ORGANIZADO. El adjetivo revela la superioridad y sin elogios. Al contrario. Se entiende, jamás se justifica. Son criminales que no se tocan el corazón para ordenar asesinar a una persona entrando a su casa a las 3 de la mañana y quitarle la vida frente a su familia. Tal vez ejecutar a la familia completa. Son delincuentes que tienen todo un sistema call center en los centros penitenciarios en donde, por cierto, gobiernan, para hacer llamadas de extorsión, envolver, engañar, engatusar a sus víctimas; meterse en sus cabezas por medio del miedo y la intimidación psicológica para quitarles lo más posible sin importar dejar en la calle a quienes esquilman. Son cínicos que se adueñan de las plazas con un sistema de inteligencia que ya lo quisiera la Marina de los Estados Unidos. Detectan la apertura de cualquier negocio honesto y se “apersonan” para presentarse y sugerirle al dueño que están a sus órdenes para darles la protección que la policía no puede dar porque “las cosas están muy difíciles; hay gente muy mala por aquí, no le vaya a pasar algo a su negocio o a su familia”, y a continuación dan información sobre horarios y escuelas.  Estos parásitos (considerados víctimas por el gobierno federal) son los responsables indirectos de casi todos los cien mil homicidios dolosos que lleva en su cuenta la presente administración. Y digo directos porque los indirectos los podríamos encontrar en el retiro desde hace varios sexenios (fueron quienes les abrieron las puertas de México y les hicieron sentir como en casa) o en activo, disfrutando de la impunidad y cobijados por laberintos y vericuetos legales que hacen perderse al más orientado. Falta aclarar y que alguien nos explique cuándo comenzará y cómo comenzará a dar resultados la estrategia de los abrazos del bienestar. No puedo esperar. ¡Qué nervios! Será hasta la próxima Bitácora, a ver si para entonces.

Post scriptum: Los alemanes suelen ser tomados como seres insensibles al humorismo; nada más alejado de la realidad. En esa mirada aparentemente fría, se esconde una profunda sabiduría y una capacidad de análisis filosófico del corazón humano. En la búsqueda del Schmitt del chiste, aparece toda una generación avergonzada al dejarse seducir por un ser acomplejado y resentido. ¿Cuántas llamadas equivocadas haremos antes de que responda quien buscamos? Esperen, ya estoy consultando con la operadora…  Y nos conectamos con la necesaria numeralia en la próxima. Cambio y fuera.

Iñaki Manero.

 

Iñaki Manero
  • Bitácora de viaje
  • Comunicador
  • X: @inakimanero
  • Facebook @inakimanerooficial
  • IG:  Inaki_manero