“México no es un país. Es una fosa común con himno nacional”.
-Anónimo
- ¡Mamá, no encuentro mis zapatos!
- ¿Qué te hago si los encuentro?
Una de las conversaciones más rápidas y antiguas de la historia, sin duda. Y es que, ellas sí saben buscar… y encontrar. De hecho y no por casualidad, la mayoría de los contingentes de buscadores de personas desaparecidas (y digo la mayoría porque podría apostar sin tener pruebas de que son todos), están dirigidos por mujeres. Por razones de respeto al movimiento feminista, no tengo ningún problema en llamarlos “contingentas” o “colectivas de madres buscadoras”. Estas colectivas deberían tener su nombre escrito con letras doradas en el Congreso, en lugar de tanto patán que poco o nada hicieron por el país y su gente. Pero no, son demasiado orgullosos para aceptar que ellas, las buscadoras, un día sí y el otro también les hacen el trabajo y los dejan en el ridículo; ese ridículo que enloquece a los encargados de manejar las crisis en el gobierno; se desquician por encontrar otro chisme para desviar la atención y apostar por la distracción y el olvido con sus redes sociales pagadas y matraqueros del textoservicio. En esta ocasión, el daño ha sido demasiado grande. El torpedo golpeó en la línea de flotación de gobierno y partido; consecuencia de años de mentiras y simulaciones, la fórmula oficial ya se está desgastando, como la superficie de un cristal de mala calidad a la que intentas pulir con una fibra peor. Ya no hay tanta creatividad y los villanos favoritos sexenales van resultando opacos y repetidos hasta que aburren. El pasado neoliberal, Salinas, prianistas, X González y por supuesto, el Lex Luthor favorito: Felipe Calderón, que sigue estando en la verborrea matutina del oficialismo; en más de 10 años, no han podido deshacer sus malévolos planes para desestabilizar y lastimar a la Cuarta Transformación y su todavía imberbe segundo piso. ¡Caramba con estos malvados de folletín!
Sería buena comedia política de situaciones si no fuera tan trágico. Aquí están involucradas las vidas y muertes de decenas de miles de mexicanas y mexicanos engañados con un falso gran futuro y sueldos de ensueño imposibles de conseguir en la depauperada economía nacional, sobre todo para la presente generación. La realidad es atroz, despiadada, abominable y señala a un solo culpable a través de los sexenios: fue el Estado el que ha permitido con su inacción o de plano con su complicidad activa, este horror. ¿Lo peor? Lo siguen negando y se indignan. Ellos son las únicas víctimas. Pobres calumniados. Ellos que son tan buenos, honorables y que han ofrendado la vida en el altar de la nación, continuamente se les mancha con los embates del enemigo del pueblo bueno (otro constructo que representa en su ficción patriotera, esa alegoría surgida de una película de Ismael Rodríguez). ¿Qué más da un triste rancho polvoso en Jalisco si eso pone en riesgo nuestro 80 por ciento de popularidad?
¡Patrón! Le hablan allá afuera. Quesque vienen a negociar con usté.
Así comenzó la pesadilla de los zapatos, las mochilas y las libretas abandonadas. Al dueño de la finca Izaguirre lo obligaron por la mala a vender (a precio de risa), el terreno de Teuchitlán, Jalisco. Cercano a zonas muy transitadas por locales y foráneos, ya que no muy lejos pasa la afamada Ruta del Tequila y a pocos kilómetros, Guachimontones, importante centro arqueológico con basamentos piramidales redondos, toda una novedad para la arquitectura precolombina. Al recordar y leer esto, no puedo evitar un escalofrío; un par de veces pasé por ahí en mis aventuras radiofónicas cubriendo tanto la elaboración del blanco y reposado néctar divino, como el interés por los asentamientos de aquellos antiguos habitantes de la cultura Teuchitleca. Pensar que probablemente, muy cerca de mis recorridos, el rancho de apenas una hectárea, estaba en ese momento, en plena efervescencia adiestrando a futuros sicarios en técnicas de manejo de armas, tortura, logística, narcomenudeo, extorsión y homicidio. Y a quienes no cooperaban o querían escapar al darse cuenta de su terrible error, se les ponía como ejemplo para los demás, asesinados violentamente, sus restos quemados y enterrados en el mismo terreno. Sí, un campo de exterminio, por muchas maromas semánticas que le quieran dar. El rancho del terror, muy bien escondido a la vista de todos. ¿O no? Siempre se ha sabido de la presencia del narco en la zona, pero, ¿y las denuncias? Algo tan espantoso, ¿por qué duró tantos años si apenas fue “intervenido” por la Guardia Nacional el pasado mes de septiembre? La respuesta, perdón por el simplismo, es fácil: todos saben, nadie habla. El que habla, se vuelve estadística. La estadística nunca te regresará a tu pareja, a tu hijo, a tu padre… hasta que los encuentra una madre.
Retomamos la búsqueda en la próxima Bitácora, porque, y como dice una pancarta que circula y espero circule muchos años para vergüenza de autoridades (si es que la han conocido alguna vez): “En México una mamá todo lo encuentra… tus zapatos, tus tijeras, tu ropa. Mamá todo lo encuentra; hasta tus restos los encuentra mamá”.
Dedicado con admiración y respeto a todas y cada una de ellas, Madres Buscadoras.
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