Empléate en trabajar contigo

por NellyG

 

 

Por: Psic. David Asencio

www.davidasencio.mx

 

 

Soltar también es madurar: Como psicólogo y como persona, hoy quiero conversar sobre un tema crucial en el desarrollo humano: el desprendimiento emocional. No es abandono, ni indiferencia; es un acto consciente de cuidado propio cuando una persona ya no puede o no quiere ofrecer la atención que tú mereces.

En las relaciones, ya sean afectivas, laborales o sociales, el compromiso mutuo es la base. Y por favor pon en mayúsculas la palabra COMPROMISO.

El desprendimiento de la claridad: reconocer límites, entender nuestras necesidades y decidir, con responsabilidad, qué es viable y qué ya no lo es.

El valor no es forzar presencia, sino elegir conscientemente a quién le damos nuestra atención y nuestro tiempo.

Siempre dije que toda amistad nace del DAR, dar tus atenciones, tus afectos etc., pero que eran sin esperar nada a cambio, que el disfrute está en el placer de dar, pero también es cierto que, si observo, y me doy cuenta que estoy dando sin que sea valorado, sin que sea reconocido y sobre todo que me hagan sentir invisible pues tengo el derecho a soltar y caminar hacia otro lado.

El soltar implica duelo, porque cada relación trae consigo historias, recuerdos y aprendizajes. Pero desprenderse no significa renunciar a la empatía ni a la bondad; significa reorientar la energía hacia aquello que sí nutre y respeta. En la práctica, suele empezar con una evaluación honesta de lo que cada persona aporta a la relación y de lo que realmente demanda.

Preguntas simples pueden iluminar el camino: ¿Estoy siendo compatible con esta persona en términos de tiempo, atención y prioridades? ¿Mi bienestar emocional está a salvo o se ha convertido en una nota al pie de mi historia diaria? Cuando las respuestas señalan una desalineación, es momento de establecer límites claros y, si es necesario, reducir o redefinir la cercanía.

El soltar consciente también abre espacio para nuevas conexiones y para la reconstrucción de la propia identidad. Al soltar lo que ya no sirve, recuperas libertad para elegir con qué personas quieres convivir, y en qué medida. Este acto no es un castigo hacia la otra persona, sino una inversión en tu salud emocional y en tu capacidad de compromiso auténtico. Es, en definitiva, un paso valiente hacia una vida en la que tus prioridades tengan la atención que merecen y tu tiempo respalde relaciones que te honren.

Desprenderse con dignidad es abrir la puerta a relaciones que nos hagan crecer, no a las que nos limiten.

El desprendimiento es un proceso personal que requiere compasión por uno mismo y, a veces, ayuda profesional. Si te encuentras atrapado en patrones de dependencia emocional o de constante sacrificio personal, buscar acompañamiento puede ser la clave para transitar con mayor resiliencia hacia relaciones más sanas y una vida más auténtica.