Estrategia empresarial en tiempos de ciberataques

por NellyG

 

América Latina es la región donde menos confianza existe para enfrentar grandes ciberataques. Para destinos estratégicos como Cancún, la resiliencia digital ya no es solo un tema técnico, sino un asunto de competitividad empresarial y turística

La industria de la ciberseguridad vive en estado permanente de alerta. Sin embargo, lo que hoy preocupa no es solo la existencia de amenazas —eso ha sido constante— sino su volumen, velocidad y sofisticación. Los ataques son más frecuentes, más personalizados y más difíciles de contener. Y en América Latina, la percepción de preparación es particularmente baja.

Tomás Dacoba, director senior de Marketing de Veeam para Latinoamérica, señala que de acuerdo con el World Economic Forum, la región es donde menos directivos de TI, Seguridad de la Información y negocios confían en que sus países estén preparados para responder a incidentes cibernéticos de gran escala contra infraestructura crítica. Apenas una minoría se siente confiada, mientras un porcentaje significativo declara no confiar en absoluto en la capacidad de respuesta. El dato no es menor: habla de una brecha estructural en resiliencia digital.

Para economías altamente dependientes del turismo y los servicios, como Quintana Roo, este escenario adquiere una dimensión estratégica. Hoteles, aeropuertos, bancos, agencias de viaje, plataformas de reservaciones y desarrolladores inmobiliarios operan sobre infraestructuras digitales interconectadas. Una interrupción no solo afecta sistemas internos; puede impactar reputación, ingresos y confianza del mercado internacional.

La evolución de la inteligencia artificial ha acelerado el problema. Lo que antes era una amenaza teórica hoy es una herramienta operativa para los ciberdelincuentes: phishing hiperpersonalizado, automatización de código malicioso y chatbots capaces de generar ataques a medida. La innovación también ocurre del lado del crimen digital.

 

 

Cumplir no es lo mismo que estar protegido

La respuesta regulatoria global ha sido contundente. En Europa, marcos como NIS2 Directive y Digital Operational Resilience Act han elevado el estándar de resiliencia, especialmente en sectores críticos y financieros. Estas normativas no solo exigen controles técnicos, sino que colocan la responsabilidad directamente en la alta dirección.

Su alcance trasciende fronteras: empresas mexicanas con operaciones en la Unión Europea, filiales de grupos financieros europeos o proveedores tecnológicos vinculados a ese ecosistema también deben alinearse. Esto ha impulsado mejoras importantes en gestión de riesgos, notificación de incidentes y supervisión de terceros.

Pero aquí surge un riesgo silencioso: confundir cumplimiento con seguridad real. Implementar lo que exige la norma es necesario, pero no suficiente. La resiliencia digital no se agota en auditorías ni en checklists regulatorios. De hecho, centrarse exclusivamente en el cumplimiento puede generar una falsa sensación de protección mientras las amenazas evolucionan a mayor velocidad.

En regiones turísticas como Cancún, donde la continuidad operativa es crítica —temporadas altas, reservas internacionales, eventos globales— el costo de una interrupción puede escalar rápidamente. Un sistema caído durante horas puede traducirse en pérdidas millonarias y daño reputacional difícil de revertir.

 

 

La resiliencia es estrategia empresarial

La ciberseguridad dejó de ser un tema exclusivo del área de sistemas. Hoy es una variable de negocio al mismo nivel que ventas, expansión o rentabilidad. La alta dirección debe gestionarla activamente, no como un gasto, sino como un componente esencial de la propuesta de valor.

Existen dos pasos clave para fortalecer la resiliencia de datos. El primero es adoptar modelos de madurez que permitan evaluar el estado real de la organización. Los Modelos de Madurez de Resiliencia de Datos (DRMM) ofrecen una visión integral, evitando el enfoque fragmentado que tradicionalmente ha debilitado la protección. Entender el punto de partida es fundamental para trazar una ruta de mejora coherente.

El segundo es priorizar la recuperación. Si bien la prevención debe ser el Plan A, el Plan B —la capacidad de restaurar operaciones rápidamente— debe estar igual o más desarrollado. En un entorno donde los ataques son inevitables, la diferencia competitiva radica en cuánto tiempo puede resistir y recuperarse una empresa.

Para el ecosistema empresarial de Quintana Roo, esto implica revisar tiempos de recuperación, dependencias tecnológicas y exposición a terceros. ¿Cuánto tardaría un hotel en restablecer su sistema de reservas? ¿Qué impacto tendría un ataque en una desarrolladora inmobiliaria en plena preventa? ¿Puede el negocio esperar ese tiempo?

La resiliencia no es un proyecto de corto plazo, sino una carrera de fondo. Requiere inversión, cultura organizacional y liderazgo. Y, sobre todo, exige evitar la complacencia. Porque en materia digital, la verdadera amenaza no siempre es el ataque visible, sino la falsa sensación de calma antes de la tormenta.

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Ideas clave

 

– Baja confianza regional: América Latina lidera en percepción negativa sobre preparación ante grandes ciberataques.

 

– Impacto transversal: Turismo, banca, infraestructura y desarrollos inmobiliarios dependen de sistemas interconectados.

 

– IA como acelerador de riesgo: Automatiza y personaliza ataques con mayor velocidad.

 

– Regulación creciente: Marcos como NIS2 y DORA elevan la responsabilidad de la alta dirección.

 

– Cumplimiento ≠ seguridad: Ajustarse a la norma no garantiza protección real.

 

– Recuperación estratégica: La capacidad de restaurar operaciones define la continuidad del negocio.

 

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“La resiliencia no es un proyecto de corto plazo, sino una carrera de fondo. Requiere inversión, cultura organizacional y liderazgo”.

Tomás Dacoba

Director senior de Marketing de Veeam para Latinoamérica