En tiempos dominados por la inmediatez digital, acercar a nuevas generaciones a los libros implica replantear formatos. La FILIAZ en Aztlán asumió ese reto desde una perspectiva experiencial.
Con una programación que integró autores, talleres, espectáculos y narrativas visuales, la feria transformó la lectura en un ejercicio interactivo. Más de 700 sellos editoriales y decenas de invitados configuraron un espacio donde las historias trascendieron el papel.
La presencia de la Unión Europea como invitado añadió una dimensión internacional que enriqueció la oferta cultural, ampliando horizontes para los asistentes.
El resultado fue una propuesta que no compite con la tecnología, sino que dialoga con ella. En este contexto, leer no desaparece; evoluciona. Y en esa evolución, la experiencia se convierte en el nuevo punto de partida.
