Luego de casi superada la pandemia, y de no haber asistido al Tianguis en la querida MĂ©rida, Yucatán, en donde me perdĂ, entre otras cosas, del homenaje al maestro Armando Manzanero, decidĂ aproximar mis pasos al legendario puerto de Acapulco, para atender a una nueva versiĂłn de esta supuesta cita de negocios turĂsticos.
Caro, carĂsimo como desde hace unos años, comprar Acapulco cada vez que se trata de un Tianguis. Con lo costoso que resulta, uno pensarĂa que los hoteles estarán a tope, pero resulta que no es asĂ, cuando menos en mi caso, pero les cuento primero las peripecias del viaje.
Al no encontrar espacios en el Ăşnico vuelo directo, reservĂ© con AeromĂ©xico vĂa la Ciudad de MĂ©xico, error que tratarĂ© de evitar en prĂłximos viajes, porque pasar por el Aeropuerto Internacional Benito Juárez es una experiencia lamentable, por decir lo menos.
La saturaciĂłn del viejo aeropuerto, sin mencionar por ahora, su obsolescencia, está generando que todos los vuelos salgan demorados e incurrir en gastos imprevistos, modificar agendas, cancelar citas y tambiĂ©n perder dinero, escenario difĂcil de entender para los seguidores de la mal llamada Cuarta TransformaciĂłn y su gran lĂder, que no pueden entender las crĂticas por haber cancelado NAIM, en Texcoco.
Ahà estábamos los intrépidos asistentes desde Cancún, rogando por alcanzar la conexión en la CDMX; luego de la demora, los ruegos fueron infructuosos, pues como era de esperarse, nos dejó el avión…
Lo que siguiĂł para algunos, fue dormir en un hotel del aeropuerto, los que alcanzamos; para otros, en uno de la zona rosa, y para otros más jĂłvenes, rentar un vehĂculo y lanzarse a la aventura, como cuando tenĂamos 18 años, y conducir hasta el emblemático y fiestero puerto.
El joven empleado de AeromĂ©xico me da tres cupones para pagar desayuno, comida y cena en el Hotel Camino Real de la terminal, cada uno por un valor de $300.00 pesitos, y me da mi pase de abordar para el dĂa siguiente a las 10:45 de la mañana, con lo cual ya de entrada me perdĂa la InauguraciĂłn al Tianguis, ya empezábamos mal.
En el Hotel, me dispongo a cenar con mis amigos y compañeros:
– Oiga, caballero, Âżpodemos juntar los cupones de Desayuno, Comida y Cena, Âżpara pagar este Ăşnico alimento que habremos de tomar?
– NO. No es posible.
– Que pena, vamos a perder dos cupones. Ni hablar. ÂżNos puede tomar la orden?
- No pueden juntar los cupones.
…… silencio…..
– ÂżTenemos que cenar separados?
– NO. Bueno, sĂ; bueno, no. Pueden cenar juntos y les hacemos cuentas separadas…
– OHHH. MagnĂfico, eso querĂamos…
Y asĂ, pasamos la primera noche.
A la mañana siguiente, unos en un vuelo, otros en otro. En mi caso y el de mi amigo Phillipe, nuestro vuelo, como era de esperarse, volvió a salir demorado, nos tuvieron en la pista 40 minutos. Los chairos no pueden entender aún mis quejas, algunos me dicen que por qué no me compro mejor un avión…
Ya en Acapulco, me trasladĂ© al legendario y emblemático Hotel Princess, que está cumpliendo 51 años. Es una pena atestiguar que, si bien sigue siendo un gran hotel, el servicio no es el de antes, las instalaciones han caĂdo en el abandono y los precios no están acordes a su nueva y triste realidad.
Los empresarios que han adquirido el majestuoso Princess, que ahora forma parte del Mundo Imperial que comprende al Palacio, el Pierre Marqués, El Centro de Convenciones y el propio Princess, abusan del mercado en una escalada de precios que no corresponde con el servicio que ofrecen. Hay falta de personal, falta de capacitación, de sensibilidad y de criterio.
Estaban al 50% de ocupación, y no me dieron una habitación con vista al mar, habiendo pagado una tarifa más que razonable. Me dieron una con vista al campo de golf, árido, que ya no tiene aquellos céspedes verdes de antaño.
Ya en el evento de negocios, pues qué les digo, lo mismo de siempre, amables todos, cordiales todos, desorganizados todos, un desmadre como siempre…
Y los discursos…bueno, para mis ocho lectores, si alguno no asistiĂł les cuento, que el Señor Torruco, ese que tenemos por secretario de Turismo, con la arrogancia que le caracteriza y con su enorme inconciencia en su discurso inaugural, en medio de los halagos a las grandes maravillas de MĂ©xico, dijo que las Barrancas del Cobre en el norte de nuestro paĂs, son de alguna manera, más grandes y más hermosas que el gran Cañón del Colorado, “aunque no le guste al señor embajador de los Estados Unidos”, ahĂ presente.
Torruco siempre ha sido arrogante e incompetente, ahora demuestra tambiĂ©n su falta de educaciĂłn y de sensibilidad polĂtica. DespuĂ©s el caricaturesco secretario de GobernaciĂłn, representando a AMLO (hasta en ese acento, salido como de una rancherĂa, que poco favor nos hace a los mexicanos), ratifica lo dicho por el de Turismo, que, aunque no le guste “se tiene que aguantar embajador”, refiriĂ©ndose a la cita sobre el Gran Cañón del Colorado.
Insensatos, insensibles, mal educados, groseros y si me permiten la expresión, también nacos, en una demostración más de su soslayo y desprecio por el turismo y de la falta de respeto por el embajador de nuestro más importante socio comercial.
«…Yo quiero nada más hacer una pequeña acotaciĂłn si me lo permiten personalizar. SĂ© que no le gustĂł porque vi su rostro del embajador Salazar cuando Miguel (Torruco) dijo, afirmĂł con justa razĂłn que el Cañón del Colorado es infinitamente menos hermoso que nuestra Barranca del Cobre, pues hay que aguantar señor embajador, porque es verdaderamente hermosa la Barranca del Cobre, pero es verdaderamente hermoso nuestro paĂs, como todos los paĂses del mundo tienen sus bellezas y tiene sus toquezas, pero nosotros estamos aquĂ para decir que MĂ©xico es grande, grande por su turismo, sus habitantes, es grande por todos ustedes», abundĂł.
Sin palabras…
Algunas otras peroratas proclamĂł Torruco durante el Tianguis, en distintos foros y eventos, todas absurdas, todas excesivas, todas alabando a su gran lĂder LĂłpez Obrador, todas ridĂculas, todas sin sentido.
Si bien el Tianguis sigue siendo el gran escaparate para que todos los turisteros nos reencontremos, es una fiesta que viene a menos, aunque duela. En esta versiĂłn por ejemplo no acudieron los grandes touroperadores de Estados Unidos y Canadá, quienes antes hacĂan lucir el Tianguis. Algunos, porque las fechas entre el Tianguis de MĂ©rida y el de Acapulco estuvieron muy cercanas, situaciĂłn ampliamente comentada en el evento; otros, porque mejor se reservan para el Gran Travel Mart de CancĂşn en octubre, y algunos más porque tristemente ya no les gusta Acapulco, o ya no les hace confianza. Dicho sea de paso, me enterĂ© de que algunos camiones con mercancĂas para los stands y pabellones del Tianguis fueron asaltados y robados. Una verdadera pena en medio de este paĂs de “abrazos y no balazos”.
En fin, que el querido Tianguis y el legendario Acapulco de mi juventud, parecieran en decadencia. Nostalgia sentà de no haberme aproximado a la Costera Miguel Alemán, ese malecón fiestero que me acogió con mis amigos en mis años de juventud, ese que alojó al Edomme, el Le Jardin, al Bocaccio y el inolvidable Baby O’, entre muchos otros.
Hoy todo transcurre en el Acapulco Diamante, en donde no ves el mar, en donde lo que antes era una carretera incipiente que te llevaba al “revolcadero”, hoy está plagada de negocios, tiendas y malos restaurantes.
Me gustarĂa regresar, sin tener que trabajar y tratar de encontrar a mi Acapulco, ese bonito y romántico de los atardeceres, en los que te “movĂan la panza por un peso”, comprabas concha nácar, comĂas ostiones frescos y te ponĂas perfume para ir a la discoteca. Las vistas majestuosas ahĂ siguen…
Y bueno, regresando al mundo real, habĂa que regresar a CancĂşn, y quĂ© creen, vuelo demorado de nuevo. Eso es ya la constante si has de pasar por el aeropuerto de la Ciudad de MĂ©xico.
Dos horas de retraso en el “medio remodelado” aeropuerto de Acapulco, para llegar corriendo, sacando el aliento en México para alcanzar la conexión, en medio de “me ayuda con su mascarilla”… que aunque no puedas respirar y no haya mas Covid, te la tienes que colocar, aunque como diga mi amigo Phillipe, el Covid esté solo en la puerta, porque una vez cruzando, “no pasa nada”…
Bien por los organizadores en Acapulco por cierto, que contrataron al gran Mijares para la inauguración; es un grande, lástima que el sonido no alcanzara a las butacas de arriba. Mucho dinero invertido y mala sonorización. Generosos fueron en esa fiesta de apertura en la Arena GNP, sobraron sin embargo los discursos de Torruco y la impuesta gobernadora…
En fin…
AquĂ les dejo esto… de regreso en casa con mi Alice…