Vamos por el amarillo

Amador Gutiérrez Guigui

Director

agutierrez@latitud21.com.mx

Estamos en naranja, queremos amarillo, pero puede y nos regresan al rojo si no hacemos bien las cosas en materia de sanidad, instruidas por la autoridad. 

El número mágico es el 30 en esta pandemia, durante este mes de agosto y en parte del mes anterior también, dado el popular semáforo epidemiológico que se encuentra en naranja al norte de Quintana Roo, los hoteles y restaurantes pueden recibir huéspedes y comensales en sus instalaciones quitándose el 70 por ciento de su capacidad, para alcanzar un máximo posible de 30 %.

También han abierto otros centros de consumo, delfinarios, cines, tiendas, parques acuáticos y temáticos, entre otros, pero con las mismas especificaciones. 

La tan esperada reactivación económica en el polo turístico más importante del país y seguramente en todo México, se pedía literal a gritos, y de una manera escalonada le está dando un poco de esperanza a la ciudadanía en esta llamada nueva normalidad, a pesar de que los expertos en infectología y los epidemiólogos no la recomiendan al cien por ciento por el comportamiento de este enemigo invisible que no está controlado. 

Sin embargo la vida sigue y la economía tiene que avivarse para la supervivencia tropicalizada en cada rincón de este bello país. 

En Latitud 21 hemos escuchado y platicado con los actores empresariales y autoridades sobre el acontecer de la pandemia del Covid-19, como la maestra Cristina Alcayaga, don Carlos Constandse, Nenina Domínguez, Catalina Portillo, y más recientemente con la alcaldesa de Benito Juárez, Mara Lezama. Todos coinciden que primero la salud, pero la realidad exige una economía viva para una recuperación económica de la mano de los empresarios con, sí o sí, facilidades gubernamentales de los tres niveles de gobierno. 

Hay que decirlo o más bien reiterarlo, repetirlo. Ya urge que la Federación se plantee a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público programas tangibles para apoyar a las empresas de manera real y significativa. No se quiere que se regale dinero, se requiere gestión, facilitar pagos, diferir derechos tributarios, flexibilidad en la tramitología, todo lo qué pueda ayudar para aligerar al empresariado su subsistencia, ya no que decir de la existencia. 

Lo anterior, entendiendo que la estabilidad de la economía de una ciudad, de un estado o país, se riegue por la distribución de la riqueza para el gasto corriente. 

Lo intuíamos, pero no tan drástico. El Inegi informó que el Producto Interno Bruto de México al cierre del segundo trimestre del año se desplomó 18.9 por ciento, en relación al mismo lapso de 2019. Esta es la peor caída para la actividad económica desde que existe este registro, 1993. Y tú, sigues sin usar el cubrebocas. Quinto trimestre consecutivo a la baja. 

Aprovechamos y felicitamos al empresariado en general por el esfuerzo que han realizado para mantener sus negocios nuevamente abiertos, mantener su planta laboral y sobre todo tener esa resiliencia, hoy por hoy, tan necesaria.

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