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Revista Latitud 21
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Capacidad de carga en destinos turísticos

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

Uno de los primeros ejercicios que se llevaron a cabo a nivel global en temas relacionados con el desarrollo sustentable fue la publicación del informe Los Límites del Crecimiento, en 1972, encargado por el Club de Roma (una organización no gubernamental de políticos y científicos fundada en esa ciudad) al ya entonces prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT).

En aquellos años había una preocupación general acerca del incremento de la población a nivel global, y una incipiente pero tangible conciencia en lo finito de los recursos naturales de nuestro planeta. La coordinadora de este estudio, la biofísica Donella Meadows, concluye con esta investigación que “si el incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantenía sin variación, alcanzaría los límites absolutos de crecimiento en la Tierra en los próximos cien años”.

El informe tuvo actualizaciones en 1992, 2004 y 2012, pero desde su inicio los responsables del mismo estiman que ya estamos en los límites físicos que el planeta puede soportar.

Pero más allá de esta realidad que ya todos conocemos (aunque a veces muchos no la acepten), lo más importante de este informe de 1972 es que dio paso a dos conceptos importantes que hoy se usan como herramientas de gestión en materia de sustentabilidad: la huella ecológica, es decir, el impacto que cada persona tiene en el planeta, y la capacidad de carga, entendida como la cantidad máxima de personas que pueden hacer uso de recursos en un espacio físico, sin comprometer su futuro.

En turismo esta metodología se usa para estimar el número máximo de personas que pueden visitar un Área Natural Protegida sin comprometer su conservación, y es un modelo utilizado frecuentemente en espacios naturales. Sin embargo, con el incremento en la llegada de turistas a ciudades y destinos se hace cada vez más importante realizar este tipo de ejercicios fuera de ambientes protegidos, para determinar hasta dónde y cómo podemos y debemos crecer.

La capacidad de carga turística mide tres factores importantes en un sitio: primero, el espacio físico y el tiempo, es decir, cuántos turistas “caben” en un destino en un tiempo determinado; segundo, la capacidad de manejo e infraestructura, es decir, físicamente pueden coexistir una cantidad de personas en un lugar, pero serán muchas menos en función de la capacidad que tengamos para darles servicios y manejarlas adecuadamente; y tercero, la satisfacción del visitante y la experiencia que tiene en el sitio.

Por ejemplo, en nuestras zonas turísticas la capacidad de carga estará determinada por la cantidad de personas que caben por metro cuadrado, pero también por la cantidad de servicios que les podemos proveer (energía eléctrica, agua potable, servicios sanitarios, etc.) y, por último, por el confort que debe tener el visitante (espacio disponible, tránsito, concentración en sitios específicos, entre otros).

Si hiciéramos hoy el ejercicio, nos daríamos cuenta que en muchos de nuestros destinos hemos rebasado la capacidad de carga, tenemos sitios saturados, sin servicios suficientes, donde los turistas y residentes no estamos cómodos… Y entonces, solo entonces, entenderíamos uno de los factores que a nivel global están produciendo turismofobia.

Pero también, si lo supiéramos, podríamos establecer estrategias más concretas para avanzar hacia la sustentabilidad de estos destinos, claves para la economía nacional.

Evolucionar o morir…

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

Al ser uno de los principales destinos turístico de nuestro país, Cancún es punta de lanza en muchos aspectos de la ‘industria sin chimeneas’; el todo incluido, los tiempo compartidos y la labor incesante de las agencias de viajes no son la excepción.

En el rubro de las agencias de viajes, destaca en los últimos años de la era globalizada en que vivimos las que brindan sus servicios a través de Internet, mismas que en México pasan por un proceso de consolidación ante la fuerte competencia que tienen en el mercado del turismo mundial.

En no pocos casos, agencias de viajes tradicionales dudan en migrar hacia las plataformas en el ciberespacio, por lo que se quedan en el camino o al menos ya no tienen el volumen de ventas de antaño.

Y es que el mundo de hoy exige integrarse a las nuevas tendencias, sobre todo en rubros como el turismo que crece exponencialmente año con año, por lo que quienes decidan migrar hacia la modernidad tendrán mayores posibilidades de éxito.

En ese sentido los números no mienten, ya que a nivel global las ventas realizadas a través de agencias de viajes por Internet tuvieron un crecimiento de más de 10% en 2016, y en algunos servicios como ventas de paquetes vacacionales a destinos nacionales se incrementaron hasta en 25%, según datos de la Secretaría de Turismo.

Ante la gran participación que tienen las plataformas tecnológicas en el desarrollo de la industria turística, en esta edición la portada de Latitud 21 la dedicamos a Rolando Aguirre, CEO de GoMéxico Travel, quien nos relata, en interesante entrevista, algo de lo mucho que logró a lo largo de 25 años en la empresa Traslamex, su crecimiento, visión como empresario, sus sueños cristalizados, metas cumplidas, logros que se trazó a corto, mediano y largo plazo.

En amena charla narra cómo se decidió a dar uno de los pasos más importantes en su carrera al migrar parte de las ventas a la plataforma digital, y si bien confiesa que al principio tuvo serias dudas, actualmente las nuevas tecnologías y el uso de las redes sociales son parte fundamental de su crecimiento empresarial.

Aguirre destaca la importancia de la conectividad, las redes sociales, y  cómo fortaleció su empresa 100% mexicana. En torno a la migración a la era digital, él  mismo afirma: “La tendencia en la compra por Internet es cada vez más más fuerte; el 50% de las visitas que tenemos en la página son por medio de teléfono móvil”.

Tras el éxito de Translamex vienen nuevos retos para GoMéxico, que día a día se consolida como una de las agencias más sólidas y exitosas en el sureste del país.

 

PD.- Después de horas, días, meses y años extenuantes de trabajo y dar lo mejor de sí a este grupo editorial, nuestra querida amiga y colaboradora Norma Anaya decidió emprender un nuevo reto alejada de estas latitudes, en otro país, en otro continente, al menos por un tiempo.

Desde estas líneas no dejamos de externar nuestro profundo agradecimiento, deseándole lo mejor en esta nueva etapa en su vida, en espera de tenerla de vuelta aquí en su tierra en unos meses.

En esta edición también damos la bienvenida a una extraordinaria periodista, Antonia Rusca, de quien hablaremos un poco más en nuestro próximo número. Bienvenida Tony a Grupo Editorial Latitud 21…

Pobre de México…

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

“. . . tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, frase que por cien años hemos escuchado y que coloquialmente se atribuía a Porfirio Díaz, aunque en realidad es de Nemesio García Naranjo, un intelectual y periodista regiomontano que se encargó de ponerla en sus crónicas en labios del dictador mexicano, sabiendo que así sería más fácil inmortalizarla.

Qué tan cierta, tan profunda y tan actual es esta sentencia centenaria. Porque lo que sí es una realidad es que, al final, ni el tiempo ni los cambios de tendencias ideológicas políticas podrán lograr que se rompa esta relación que surgió para prevalecer por una circunstancia o tragedia meramente geográfica.

La relación comercial que sostienen México y Estados Unidos es una bendición y una tragedia. Algo pudieran alegar ambos países a su favor y es que no es culpa de nadie, lo es del destino. Es simplemente una bendición geográfica y una tragedia ideológica. Pero como dirían los gringos: It is what it is.

Pues bien, el pasado 16 de agosto iniciaron las tan anunciadas rondas de negociaciones entre Mexico, Estados Unidos y Canadá para la revisión de términos y condiciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), lo que abre un nuevo capítulo en las relaciones entre los Estados Unidos y su vecino incómodo del sur.

La relación bilateral con Estados Unidos es la de mayor profundidad para México y también para los Estados Unidos. La población hispana de origen mexicano en la Unión Americana llegó en 2015 a los 34.6 millones de personas, de acuerdo con un análisis del Pew Research Center, basado en la Encuesta sobre la Comunidad de la Oficina Nacional del Censo de los Estados Unidos. Solo en el área metropolitana de Los Ángeles, en el estado de California, viven más de 21 millones de personas, de las que una tercera parte son mexicanos, lo que la hace la zona metropolitana más habitada por connacionales después de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Se estima que en los Estados Unidos viven más de 35 millones de descendientes aztecas, de un estimado de 330 millones, por lo que más de 10% de su población es mexicana. Los flujos de inversión extranjera directa de México a Estados Unidos se han incrementado de 1999 a 2014 hasta los 17 mil millones de dólares.

En enero de este año el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México y Canadá, en tanto que el presidente Enrique Peña Nieto y el premier canadiense, Justin Trudeau, acordaron sumar esfuerzos para continuar impulsando la integración económica de América del Norte.

En este contexto y circunstancias, resulta que la renegociación puede y tiene que ser positiva para las tres partes y representa una oportunidad, porque México está preparado para alcanzar acuerdos que permitan asegurar que el libre comercio lo siga siendo, es decir, sin la aplicación de aranceles o compensaciones, e incrementar un intercambio de mercancías que apuntale el desarrollo de sus socios, genere mayor inversión y ofrezca mejores empleos para el bienestar de sus poblaciones.

Por supuesto que la apertura a renegociar el TLC será el reto más importante en materia comercial para México en lo que va de este siglo y tiene que ser la mejor oportunidad para conseguir condiciones justas en esta relación comercial. Estados Unidos llega a la negociación con una estrategia llamada BULLING, que consiste en empujar y empujar al enemigo, como hace un toro, (bull) hasta conseguir acorralar a la presa. La gran ventaja que tiene México sobre los Estados Unidos es haber heredado y aprendido de los españoles una disciplina que se llama toreo, donde el matador enfrenta al toro con gran valor, destreza e inteligencia, esquivando los embates de este rudo pero torpe animal, hasta el momento en el que se le clava la estaca, de frente y con precisión.

¡Suerte matador!, que en esta faena seremos tolerantes con la violencia animal.

Aventuras por aquí y por allá

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

Luego de pasar una noche en Bogotá tomé el vuelo muy temprano a Medellín para conectar en pequeño avión de pocas plazas hacia Capurganá, tierra colombiana casi frontera con Panamá.

Aterrizamos a media mañana en el diminuto y caluroso aeropuerto. Esperé por las maletas que traían en un rústico carrito y salí a la calle para esperar mi transporte. Tratábase de una maltrecha carreta tirada por caballos, en la que monté junto con mi equipaje para dirigirme hacia mi alojamiento.

Me recibieron amablemente, me dieron posesión de mi rústica cabaña y me ofrecieron agua de frutas frescas, mientras esperaba por mis anfitriones en ese recóndito y apacible rincón del Caribe que forma parte del municipio de Acandí, que pocos colombianos conocen.

Se trataba del Diagnóstico de Potencialidad Turística que debía de realizar para aquel rincón del país, contratado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de esa nación hermana en 2009, justo el año en que se anunció en México el embate de la epidemia de la influenza (la cepa AH1N1).

Mi llegada a Capurganá no fue lo esperado, primero porque no había nadie que supiera de mí, lo típico cuando trabajas para un Ministerio; falta de comunicación, falta de información y desconcierto ante la llegada del consultor invitado, y segundo porque a una parte de la comunidad local le parecía una imposición del gobierno federal el practicar un estudio diagnóstico sin haberles tomado en cuenta.

Mi trabajo en primera etapa consistía en llevar a cabo una serie de talleres con la comunidad para recoger sus inquietudes, al tiempo que realizaría recorridos para determinar la potencialidad turística del cantón. En ese sentido encontré hospitalidad, calidez y apertura de una buena parte de la comunidad turística del bello poblado con calles sin pavimentar a la orilla del mar, que me recordaba tantísimo a Holbox, y por otra parte el desdén del grupo opositor al gobierno que curiosamente era el autodenominado “Las Negritudes”.  Casualmente durante mi estancia se celebraría con tremendos festejos en la playa el ‘Día de Las Negritudes’; sobra decir que era el de la gente de color, buena y simpática, aunque había entre ellos el movimiento comandado por los líderes opositores que tratarían de boicotear mis talleres.

No había señal con el teléfono celular, la conexión con Bogotá era muy limitada y la mejor forma de comunicarse con el mundo era viajando en una lancha rápida, que daba más saltos que un caballo indomable en corral y que me dejó los huesos adoloridos, hacia la cabecera municipal de Acandí, a unos 30 minutos, para encontrar un café internet o una oficina de telégrafos y entonces poder enviar mensajes de auxilio a mis contactos del Ministerio en la capital. Finalmente apareció al día siguiente en aquella suerte de isla, pues aunque era parte continental se asemejaba más a una isla, la funcionaria guapa y bien presentada que venía en nombre del viceministro de Turismo a “darme la bienvenida” y tratar de coordinar los trabajos de diagnóstico que debíamos practicar por órdenes del propio viceministro.

Para cuando ella llegó por aquellos lares yo me encontraba aclimatado, habiendo hecho amistades y despreocupado por el uso del celular. Mis interlocutoras capitalinas en cambio sufrían de calor y del traumatismo que causa a cualquier joven no poder usar a plenitud el teléfono móvil.

Lo interesante es que el líder de “Las Negritudes”, un hombre rudo y popular entre alguna parte de la población, se quejaba airadamente con los representantes del Ministerio ante la invasiva llegada de este mexicano, que lo que más les preocupaba era que seguramente les podría contagiar de influenza, “¿cómo era posible que hubiesen contratado a un mexicano?”. ¡Seguramente nos podremos contagiar todos! Los líderes de extrema izquierda siempre tienen astutos argumentos.

Pasado el mal rato de la bienvenida, que no fue tal, el intento de boicot a mi labor y la desorganización de los burócratas de la capital, finalmente me hice de estupendos amigos en Capurganá, tomé cientos, si no es que miles de fotografías, hice fantásticos recorridos en aquel cálido y romántico rincón caribeño de Colombia que aún recuerdo con cariño y por fin entregamos un estudio, casi un Plan Maestro de Desarrollo Turístico, para el municipio de Acandí, Colombia, y la costa negra de Capurganá, que alguna vez perteneciera a Panamá, hace apenas unos escasos cien años.

Hoy recibí una agradable llamada de ese país hermano, en donde tengo tantos amigos, para acariciar la posibilidad de ir a impartir un par de conferencias, posiblemente en la muy querida Cartagena, en Medellín y en la también entrañable Bogotá. Será un placer regresar a Colombia a compartir experiencias y reírme tanto como en pocos sitios del mundo se puede uno reír a plenitud.

Otro día les cuento más de Colombia, que seguramente es una futura potencia mundial del turismo.

¿Yo comprando o yo vendiendo, hijito?

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

Mi abuela materna, Carlota, casi siendo una niña dejó Almoloya de Alquisiras, el pueblo donde nació en condiciones muy humildes, en busca de fortuna que, después de años de trabajo y una especial habilidad para el comercio de zapatos y de todo tipo de bienes, logró hacer como para vivir más que holgadamente. Esa habilidad comercial y su vasta experiencia me llevaron a hacerle una consulta sobre el precio de un automóvil en el que estaba interesado ya siendo yo mayor de edad. ¿Abuelita, le dije, para un auto de tales características, 25 mil pesos es un precio razonable? Casi sin pensarlo y quitándose las gafas de lectura volteó y a su vez me preguntó ‘¿Yo comprando o yo vendiendo, hijito?’

Obviamente, para ella, comerciante consumada, ese precio podría ser mejor o peor, dependiendo de que ella lo pagara o lo recibiera, o sea, de la posición que ocupara en la negociación respectiva.

Con esta singular anécdota familiar -que disculparán mis lectores- y esa ingeniosa respuesta, pretendo dar paso a algunas reflexiones sobre la inminente renegociación con los Estados Unidos de América del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y especialmente sobre lo que, a mi parecer, podría ser parte de la posición (nosotros comprando o vendiendo, diría la abuela) que debemos mantener y de la que puede depender lo que obtengamos finalmente.

Me motivó a tratar el tema la reciente publicación por parte del gobierno estadounidense de un documento en el que se resumen los principales objetivos que buscan en esta negociación. Sin dejar de ser un tanto imprecisos en algunos aspectos, nuestros vecinos ya dejan ver que buscan eliminar el déficit comercial con sus países socios como un elemento crucial. No abundan en el cómo lograrlo, pero ya que lo apunten genera preocupación.

En cuanto a productos industriales, se plantea preservar la apertura, sin agregar aranceles o barreras adicionales, mientras que en lo que hace al sector agrícola y agroindustrial buscarían eliminar cuotas y barreras técnicas para ampliar el acceso a productos norteamericanos en nuestro país.

En relación a las reglas de origen, se actualizarán y precisarán criterios para determinar de dónde viene cada producto y hacer más estricta la verificación y certificación (rastreo) para evitar contrabando técnico. Igualmente se busca eliminar medidas sanitarias y fitosanitarias, así como elevar el examen científico de las mismas y aumentar la transparencia y automatización en los procesos aduanales. En materia laboral plantea mejorar las condiciones de trabajo, incluyendo la libertad de asociación y negociación colectiva, eliminación del trabajo obligatorio e infantil y cumplimiento de leyes laborales básicas internacionales.

En aspectos monetarios se propone un mecanismo para evitar la manipulación del tipo de cambio para prevenir un ajuste en la balanza de pagos y ventajas competitivas en el comercio, mientras que, en lo que hace a la corrupción, pretende criminalizar actores corruptos gubernamentales. Finalmente (y muy preocupante), en lo que hace a la solución de controversias busca eliminar el capítulo 19, dejando mayor discrecionalidad para que Estados Unidos pueda aplicar unilateralmente sus leyes internas de antidumping, subvaluación y salvaguardas.

No nos lo dicen todo, ciertamente, pero sí lo suficiente para que, ante lo que esto nos significa en materia económica, nos preparemos a sentarnos en esas mesas de negociación con una postura digna e inteligente y sin dejar de tener listo un plan B, para la eventualidad, ya señalada por el secretario de Economía al Senado, de que el vecino pudiera abandonar dicho acuerdo.

Creo firmemente que esa postura debe partir de la exigencia de una visión integral de la problemática que vivimos cotidianamente como vecinos. Esto no sería nuevo. Ya en su momento, en la negociación inicial de este acuerdo comercial, nosotros accedimos a revisar paralelamente temas como los derechos humanos y la profundización y perfeccionamiento de nuestra democracia.

Ahora nos toca demandar que en temas como la política de migración se considere la importancia actual de la presencia hispana en aquel país, así como los dramas que se derivan del comercio clandestino de personas, que nos lleva a constatar casos como el recientemente difundido en que varios inmigrantes murieron dentro de un tráiler norteamericano, conducido por un chofer de esa misma nacionalidad.

No dejo de ser optimista de lo que podemos obtener de esta negociación, siempre y cuando nos despojemos, como lo hicimos en 1994 y los años anteriores, de cualquier complejo de inferioridad y seamos capaces de hablar de tú a tú, para hacer entender a los gringos que la seguridad en sus fronteras depende finalmente de la estabilidad socioeconómica de sus vecinos.

Razones para invertir en el mercado inmobiliario

por Latitud21 Redacción 31 agosto, 2017

Tanto extranjeros como nacionales se sienten cada vez más atraídos por las inversiones inmobiliarias en México. Esto gracias a la recuperación que inició en 2010 después de una crisis mundial ocasionada por el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense a principios de la primera década del presente siglo.

Actualmente, el progreso en el mercado de bienes raíces se va consolidando y  a principios de 2017 la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) señaló que este rubro crecerá 17% este año.

Si estás pensando invertir en este sector, el portal inmobiliario Lamudi ha reunido tres razones de peso que auguran una buena inversión y, además, indica qué lugares del territorio mexicano han logrado últimamente atraer inversiones exitosas.

1.   Una fuerte Inversión Extranjera Directa (IED)

Para el 2017, el gobierno afirma que la IED llegará a los 25 mil millones de dólares, y aunque tal monto es 6.5% menor al de 2016, de todas maneras la cifra es una de las más elevadas en las economías emergentes del mundo. Según AMPI, en 2017 la IED en el sector inmobiliario también aumentará, como consecuencia de la fuerza del dólar. Así pues, el mercado inmobiliario se fortalece y las posibilidades de negocios provechosos en él se multiplican.

2.  Se registra plusvalía en todo el país

Desde 2015 el precio de las propiedades residenciales en México ha ido aumentando. Algunas ciudades que se destacan por este fenómeno son Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México. Las ciudades donde se espera un rendimiento de 30% después de comprar vivienda son: Querétaro, San Luis Potosí, Tepic, Tulum y Xalapa.

3.  La economía mexicana demuestra solidez

En los primeros tres trimestres de 2016 el desarrollo económico de México fue significativo. El PIB nacional está entre los 15 más elevados del mundo, en conjunto con Estados Unidos, Brasil, el Reino Unido y China. Aunque en el último trimestre del año anterior se registró cierta inquietud debido a acontecimientos políticos internacionales, los resultados fueron positivos. Según datos de la Secretaría de Hacienda (SH), el promedio del crecimiento de la economía en México en 2016 fue de 2.5%.

Lugares en pleno desarrollo para invertir

1.  La región del Bajío

El sector industrial del Bajío -especialmente el automotriz y el aeronáutico- está en pleno desarrollo, lo cual ha provocado que los precios de las propiedades se incrementen, sobre todo el de los terrenos. El año pasado la región obtuvo uno de los crecimientos inmobiliarios más importantes del país y la plusvalía de las propiedades este año será significativa.

2.  Puerto Vallarta

Entre 2016 y 2017 Puerto Vallarta logrará acumular una suma de inversiones de 15 mil millones de pesos. Sobre todo, la inversión hotelera ha contribuido al auge turístico y también al número de desarrollos habitacionales, todo lo cual consecuentemente ha incrementado la plusvalía, particularmente en las zonas playeras.

3.  Tulum

Como resultado del desenvolvimiento turístico en la industria, el gobierno está interesado en invertir fuertemente para mejorar la infraestructura de este paraíso veraniego, lo que ayudará a que la plusvalía de las propiedades aumente aún más. Actualmente la plusvalía suele estar entre el ocho y 10% por año.

Impacto inmobiliario de la IED 

en el sureste mexicano

En el primer trimestre del año la IED registró una cifra histórica de siete mil 954 mdd, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía (SE). Este incremento también se siente de manera significativa en el sureste mexicano. La SE indica que el total de IED en el primer trimestre de 2016 en Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán fue de 184 mdd, y para el mismo periodo de 2017 el valor total fue de 315.1 mdd, lo cual representa un incremento de 71.25%. Una de las consecuencias benéficas de los capitales extranjeros es que dinamizan el mercado de bienes raíces cuando se destinan a la industria de la construcción o a servicios inmobiliarios.

Dinamismo inmobiliario

Basta nombrar la Riviera Maya para saber que los destinos turísticos en el sureste de México son diversos y atractivos. Tales destinos se yerguen como polos de inversión extranjera y uno de los impactos positivos de la IED es la edificación de desarrollos inmobiliarios turísticos (hoteles, parques o servicios). Por ejemplo, en Cancún concluirá el hotel boutique SLS Cancún Hotel en 2018, gracias a inversiones estadounidenses de mil 400 mdd, además de planes de construcción de edificios comerciales, de uso mixto o industrial, en el caso de Mérida, en Yucatán.

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