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Revista Latitud 21
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En la 21 y otras latitudes Enero 2019

por ahernandez@latitud21.com.mx 9 enero, 2019

En el Top 100

Una magnífica noticia para Cancún, y esta es que logró colocarse entre las 100 mejores ciudades para visitar y es ¡la número uno en América Latina!, esto según el reporte “Top 100 Cities Destinations 2018” de Euromonitor, lo que nos llena de optimismo en este inicio de año.

Cancún se ubica en el lugar 35 de esta selecta lista, además de que junto con Toronto, Nueva York, Los Ángeles y Las Vegas conforma la lista de los destinos más visitados de América en 2017.

En cuanto a las ciudades más concurridas de América Latina, en donde se reporta que el año pasado se realizaron 112.4 millones de visitas, se incluye además a Punta Cana, Ciudad de México, Buenos Aires, Lima, Santiago y Río de Janeiro, pero por supuesto Cancún lleva la delantera.

Los inconformes

Y nada, que ante la inminente desaparición del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), como parte de las acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, prácticamente todos los representantes de la industria sin chimeneas en el país han salido a mostrar su inconformidad, y no es para menos ya que según afirman la medida provocará una sensible baja en la afluencia de visitantes al país.

Obviamente que los líderes turísticos de Cancún también están molestos y lamentan la extinción del organismo encargado, entre otras cosas, de subsidiar la participación de los destinos mexicanos en las ferias internacionales.

A decir de los actores involucrados en el tema, el que los recursos del DNR sean ahora para financiar el proyecto del Tren Maya, en lugar de a la promoción, es una desafortunada decisión, ya que el sector turístico se quedará “desamparado”.

En este contexto no nos queda más que esperar a ver cómo se van desarrollando las cosas en este recién estrenado sexenio.

Estrenan habitaciones 

Es muy cierto que para permanecer en el gusto de los turistas es necesario ofrecer nuevos productos o dar un valor agregado a los ya existentes; esto lo saben de sobra en la cadena española Iberostar Hotels and Resorts, la cual acaba de añadir a su hotel de Cancún más de 150 habitaciones de lujo, con el fin de ofrecer una experiencia Star Prestige exclusiva para adultos. 

Estupenda noticia para quienes gustan de disfrutar sus vacaciones en centros de hospedaje de esta cadena propiedad de la familia Fluxá.

Todo esto se da precisamente cuando la cadena, con presencia en 18 países donde suma más de 120 hoteles, celebra su vigésimo aniversario en México, nación en la que ha contribuido al desarrollo de la industria turística a través de inversiones que superan los 775 mdd y la creación de unos cuatro mil 500 empleos directos.

Seguramente en el futuro cercano sabremos de nuevas inversiones de este grupo.

Despliega sus alas en Cancún

Ahora que en México se habla tanto del tema de aeropuertos, resulta interesante saber que la empresa estadounidense American Airlines se alista para establecer en Cancún un nuevo hub de conexiones para toda la zona del Caribe, esto gracias al potencial que tiene el destino como uno de los preferidos de los turistas extranjeros, además de la capacidad del aeropuerto que recibe más de 23 millones de pasajeros anuales.

Sobre este proyecto, José María Giraldo, director general de la aerolínea en México, comentó que pretenden, además de crecer el número de vuelos a Cancún, brindar más opciones de conectividad a sus clientes. Actualmente la aerolínea conecta este destino con Dallas, Boston, Chicago, Filadelfia y Phoenix, rutas en las que mueve cada año a casi dos millones de pasajeros.

Atractivo innovador

Y el futuro nos alcanzó… Esta parece ser la frase indicada para comentar la nueva amenidad que ofrece Catalonia Hotels & Resorts, en donde ya recurren a los avances tecnológicos más recientes para mejorar la experiencia de sus huéspedes, esto mediante un innovador sistema desarrollado por la empresa Broomx Technologies.

A partir de esta tecnología es posible transformar la habitación del hotel para vivir experiencias inmersivas en 4D sin la necesidad de utilizar dispositivos de realidad virtual en forma individual. Apantallante, ¿no creen?

Con este sistema de proyección 180 grados se puede disfrutar en familia de experiencias envolventes, tales como un viaje al fondo del mar o un sobrevuelo para ver la tierra desde una nave espacial.

Sin duda que esta amenidad será muy bien recibida por los huéspedes de la citada cadena hotelera, que a la fecha cuenta con 69 centros de hospedaje en 21 destinos. Lo malo es que pasarán menos tiempo en las hermosas playas de los destinos que visiten. ¡Lástima!

En franco crecimiento

Con ocho nuevos centros de hospedaje en México que serán inaugurados este año, el grupo hotelero Wyndham, considerado el más grande del mundo, expande su presencia en nuestro país, además de que rebasará a Argentina en el número de resorts de la empresa en América Latina, con lo que se deja ver la importancia que tiene México para las grandes empresas extranjeras, que siguen apostando por esta tierra a pesar de los problemas de inseguridad y otros más que de repente los ponen en “el ojo del huracán”.

A decir de Alejandro Moreno, presidente del grupo para América Latina y el Caribe, en México se concentra 25% del portafolio de Wyndham en la región en cuanto a número de hoteles, con 52, y a partir del presente año serán 60.

Los nuevos inmuebles estarán en Aguascalientes, Monterrey, Chihuahua, Jalisco, Puebla, Saltillo y Mazatlán. Aunque de momento no se prevén más hoteles en Cancún o la Riviera Maya, sí tienen el proyecto de potenciar su presencia en esta zona, además de que buscará establecerse en destinos de playa como Nuevo Vallarta, en Nayarit.

Año nuevo, hábito reciclado

por Latitud21 Redacción 7 enero, 2019

Brenda Santana

Brenda Santana / bsantana@latitud21.com.mx

Ser Godínez es más que un estatus, es un estilo de vida que practica la clase trabajadora de nuestro país, aunque muchos se nieguen a aceptarlo y les enfade la etiqueta de ‘godín’. Estos tienen sus momentos buenos, entre ellos las esperadas fiestas decembrinas, por lo que si lograron sobrevivir un año en la empresa obtendrán recompensas como el aguinaldo y, los más suertudos, vales de despensa, bono navideño y caja de ahorro.

Otra de las recompensas que todo ‘godín’ que se respeta espera es el festejo de fin de año, el único día en el que todos se ponen de acuerdo para respirar aires fuera de la oficina, alejados de los monitores y de las caras largas de los compañeros amarguetas o de los jefes mala onda; es entonces cuando los Godínez le hacen competencia al mejor de los magos en eso de desaparecer la quincena a los pocos días de recibirla. 

Les encanta ese sentimiento de pasar la tarjeta una y otra vez, sin preocuparse por nada más que adquirir el vestido o traje que usarán en la cena de fin de año, en donde los jefes se ponen espléndidos y ofrecen a sus trabajadores un “manjar’’ en algún restaurante bonito, bueno, eso si tienen suerte, si no les tocará al menos un festejo dentro de la misma oficina, en donde brindarán con sidra y degustarán los antojitos de la fonda más cercana.

Sea cual fuese el caso, por tradición este tipo de festejos incluye la tan esperada rifa, en la que los oficinistas esperan con ilusión ganarse el mejor regalo, que generalmente es una pantalla, o si no por lo menos obtener un tostador de pan, un pavo o ya “de perdis”, un certificado para un café de Starbucks, que los afortunados reciben en medio de risas y aplausos.

Aunque claro, la felicidad sería mayor si el jefe regalara aumentos de sueldo, prestaciones, o días extra de vacaciones, pero por desgracia eso no deja de ser solo un sueño.

Como parte de la fiesta no puede faltar el intercambio de regalos entre los Godínez, ese momento tan esperado, luego de que días antes la administradora de la oficina les hace sacar el papelito con el nombre de su “amigo secreto”, al que para no complicarse la vida buscando algo con base en el carácter, la personalidad y los gustos del compañero, terminan obsequiando un certificado de alguna tienda departamental. ¡Ah!, pero algunos se ofenden si reciben lo mismo, y no falta el que dice que es la última vez que participa.

Y si le tocó la “fortuna” de que su amigo secreto sea el jefe, la situación se complica porque tiene que quedar bien, ni modo que le dé un certificado como se lo habría dado al compañero de al lado, así que tendrá que ir a una buena tienda, aunque se endeude por los próximos 12 meses.

Al finalizar estas celebraciones se presenta un fenómeno que la gran mayoría de los Godínez han experimentado, y este es el terror que sienten al ver su estado de cuenta del mes de enero, que incluye las deudas acumuladas por la cena de Navidad, la del Año Nuevo, Día de Reyes o las contraídas a lo largo del maratón Guadalupe-Reyes o con cualquier otro pretexto oficial para deshacerse de su quincena.

Reflexionando en lo anterior, enero no debería de ser el inicio de un camino pesado y lleno de deudas en el que se espera con ansia el depósito de la primera quincena para empezar a pagar los gastos de diciembre, o haciendo  fila en la casa de empeño cargando la televisión o las bocinas que se ganaron en la rifa de la posada para saldar las cuentas. 

Debería de ser un mes de nuevos planes, sin cargas ni contrapesos que nos impidan realizar nuevos proyectos. No deberíamos de vivir pagando cosas pasadas por la mala administración de las finanzas personales que llevamos durante todo el año. 

Imagina que comienzas el año con un buen apartado de dinero en una cuenta de inversión o simplemente debajo de tu colchón, con un fondo de ahorro de varios meses de tus gastos y sin deber nada. Ese sería el inicio del año nuevo ideal.  

¡Qué riesgo tan grande…y tan innecesario! Opinión de Oscar Espinosa Villarreal

por Latitud21 Redacción 29 noviembre, 2018

¡Un tiro en el pie! Eso es lo que pudiera resultar de llevarse a cabo lo que se comenta recurrentemente estos días en el sector turístico, sobre una sensible reducción a los recursos para la promoción turística y la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM). De aquí en adelante, se ha afirmado, la promoción del turismo (y de las exportaciones, por cierto) se llevará a cabo a través de las embajadas y consulados de nuestro país en el extranjero.

El tema merece una reflexión seria (que implica una mayor extensión de la columna), pues pudiera tener efectos desastrosos para el desarrollo turístico de México, interrumpiendo o revirtiendo una alentadora tendencia de crecimiento en el turismo internacional a nuestro país. Pareciera un riesgo tan grande, como innecesario.

La actividad turística en el mundo ofrece un panorama verdaderamente alentador. De pocos sectores de la actividad económica en nuestro planeta podrían señalarse expectativas tan promisorias, como de la industria de la hospitalidad. Baste señalar, a manera de ejemplo, que para el año 2030, se proyecta un incremento del 50 por ciento en el número de turistas internacionales.

Así las cosas, ya se imaginarán mis lectores la competencia que seguirá dándose entre los países y destinos turísticos, los cuales buscan llevarse una buena rebanada de ese apetitoso pastel de dólares gastados por el turismo. Feroz competencia de la que resultarán ganadores aquellos más hábiles para proyectar su imagen (positiva, obvio) y promoverse, a través de la publicidad y relaciones públicas, para atraer flujos de visitantes. Nada nuevo. Lo mismo que hacen Coca-Cola, las cervecerías, y todas las empresas que promueven sus productos.

México es un verdadero campeón en este mercado. A pesar de su mala imagen internacional, frecuentemente relacionada con la inseguridad y la violencia, hoy ocupa un destacado sexto lugar mundial entre los países más visitados. Entre otras cosas, estoy seguro, debido a la promoción y mercadotecnia que en general, juntos, sector público y privado, hacen en los mercados emisores y a no dudarlo, producto también de la publicidad de boca en boca, que hacen los mismos turistas, refiriendo sus buenas experiencias al visitar México y sus principales destinos.

Buena parte de estos esfuerzos se financia y se coordina desde el Consejo de Promoción Turística de México, el CPTM. En relación con este organismo, vale la pena intentar responder algunas preguntas. ¿Qué es el CPTM y cómo funciona? ¿Qué podría significar su desaparición? ¿Desaparecerlo es la única alternativa para racionalizar su actividad y aprovechar mejor los recursos disponibles? Trataré de responder a ellas en los próximos párrafos.

Para cualquier efecto, es importante partir de lo que constituye una verdadera y efectiva labor de promoción en la actividad turística, ya que suele confundirse con la simple publicidad y dista mucho de ser solo eso. La promoción turística incluye, desde luego, la publicidad de marcas, destinos y productos turísticos, así como la presencia de empresarios que ofrecen producto turístico y destinos en eventos internacionales, a donde concurre la oferta de muchos destinos y de los grandes compradores (tour operadores, agentes de viajes, etcétera).

Pero va mucho más allá. Parte importante la constituyen las relaciones públicas (RP) que los países realizan para consolidar su buena imagen o para combatir la mala. Estas RP permiten estar permanentemente en comunicación con autoridades de otros países, medios de comunicación o intermediarios de servicios turísticos, buscando explicar los verdaderos alcances de noticias negativas o promoviendo la difusión de buenas experiencias de turistas en cada destino. Igualmente, tratan de evitar o eliminar, en su caso, los llamados warnings con los que algunos gobiernos (como el de los EUA) aconsejan a sus ciudadanos tomar precauciones o de plano llegan a sugerirles que eviten visitarlos.

Otra actividad importante consiste en buscar que personalidades famosas o los llamados influencers visiten los destinos y compartan con sus seguidores sus buenas experiencias. Igualmente se promueve que grandes eventos que gustan a millones de personas se lleven a cabo precisamente en determinados destinos. Ambas estrategias logran efectos positivos en la mente de las personas, quienes razonan que el país ofrece condiciones de paz o estabilidad, sin las cuales dichos eventos no aceptarían llevarse a cabo en los destinos de que se trate.

Finalmente, otra función relevante es la de fungir como coordinador y detonador de inversión promocional con importantes socios comerciales o con los estados de la República y los destinos, con los que se llevan a cabo los llamados cooperativos, en los cuales el CPTM invierte un dólar por cada uno que el socio del cooperativo aporte.

El CPTM nace en 1999, en el gobierno de Ernesto Zedillo, siendo yo secretario de Turismo, como una respuesta al hecho de que nuestro país tenía muy escasos recursos para hacer promoción eficientemente, lo cual amenazaba con que perdiéramos mercado hacia el futuro, dados los empeños tan importantes hechos por países competidores de México. Baste decir que había islas en el Caribe que tenían más presupuesto que México. Planteé dicha situación al Presidente y me autorizó a explorar alternativas que no dependieran de los recursos presupuestales de ese entonces y que fueran aceptables para los prestadores de servicios turísticos.

Fue así que estudiamos la forma en que en el mundo se financiaban actividades de promoción o de inversión turística, así como cinco casos específicos de países que tenían organismos especializados para la promoción de sus destinos, que podrían considerarse exitosos y ejemplos en la materia.

Hecho lo anterior, propusimos que la fuente de financiamiento de la promoción fuera un derecho cubierto por los visitantes a México al momento de su entrada (como ya ocurría en otras partes) y que los recursos así obtenidos se administraran a través de un organismo público, en el que participara activamente la industria turística en la toma de decisiones sobre el uso de recursos y el diseño de estrategias y programas. De hecho, originalmente, nuestra propuesta contemplaba un organismo mixto y con autonomía de gestión, en cuyo capital pudieran participar inversionistas privados y en cuyos proyectos se pudiera involucrar a empresas de otros sectores que se beneficiaran de la actividad turística.

La propuesta no implicaba un nuevo gravamen a personas físicas o morales mexicanas, no distraía recursos fiscales y generaba un mecanismo en el que «del mismo cuero saldrían las correas», como se dice popularmente, ya que entre más turistas vinieran, atraídos por la promoción, más ingresos generaríamos para llevar a cabo más promoción y generar así más turistas. Un verdadero círculo virtuoso que ha permitido que México pase de contar con 2.5 millones de dólares para ese efecto en 1998 a casi 286 millones de dólares en 2018.

Es opinión generalizada en el sector turístico que, en los primeros años de su operación, el CPTM, bajo la dirección profesional y muy eficiente de Javier Vega Camargo, tuvo resultados verdaderamente sobresalientes, alcanzando y rebasando los mejores pronósticos. Por razones ajenas a nosotros, algunas cosas que habíamos considerado deseables no se dieron conforme a lo planeado. Por ejemplo, habiéndosenos ofrecido que el 100% de los recursos así obtenidos, se dedicaría al propósito de la promoción, sólo el 50% lo fue, destinando el resto a gastos relacionados con la migración, y adicionándose, recientemente, aportaciones a Fonatur.

Igualmente, se nos negó la autonomía de gestión y los inversionistas privados nunca concurrieron a invertir en el capital de la empresa, creada para dar forma al organismo, de lo que deben arrepentirse ahora ya que eso hubiera impedido o al menos dificultado, la desaparición ahora del CPTM. Tampoco, hasta el día de hoy, se han hecho campañas en las que participen empresas no «turisteras», como podrían haber participado en una campaña para promover el golf en México, a manera de ejemplo, los fabricantes de pelotas, carritos, guantes, playeras, fertilizantes para los campos, etc.

Ahora bien, a mi manera de ver, en los años posteriores al período de referencia, ciertamente el CPTM se fue alejando de su esquema y misión originales, apartándose de su independencia respecto al gobierno, de su tradición de servicio civil de carrera o del esquema de toma de decisiones en forma mixta y colegiada, incluyendo a los representantes de la industria turística. Al paso del tiempo vimos casos como el del gobierno de Vicente Fox, en los que su esposa tomaba decisiones respecto a los gastos en publicidad y más recientemente, decisiones de que el CPTM participara en el patrocinio de grandes eventos, por voluntad de altos funcionarios, sin tomar en cuenta el parecer del sector. No obstante, a pesar de dichos cambios, en lo esencial, el CPTM siguió siendo la columna vertebral de nuestra promoción turística.

Ahora bien, el turismo, como bien lo sabe Miguel Torruco, futuro secretario en el gobierno de AMLO, es una actividad cada día más sofisticada y, como decíamos líneas arriba, más competida. Esto supone, desde luego, como él mismo lo ha afirmado, tanto adecuar las políticas y herramientas públicas para fomentar su desarrollo y acceder a mercados de mayor gasto por turista, como buscar que los prestadores de servicios privados sigan evolucionando para competir con más éxito. Sin duda, para ello se requerirá una gran coordinación, imaginación y concertación de esfuerzos y recursos, que difícilmente se dará sin la presencia de una organización abocada a eso.

Como cualquier organismo, público o privado, que encare nuevos retos, el CPTM seguramente debería adaptarse a los nuevos tiempos modificando principios, mecanismos, esquemas para la toma de decisiones y estrategias, tal como lo han previsto el actual director, Héctor Flores Santana, y el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, quienes han hecho notables esfuerzos por ordenar y revitalizar al CPTM y han llevado a cabo interesantes análisis sobre posibles nuevas fuentes de ingreso o nuevos esquemas para la participación de México en ferias y eventos internacionales, haciendo rendir más los recursos para la promoción. Estoy seguro de que se entregará un organismo sano financieramente, con un gran acervo de información de inteligencia de mercado, con una marca prestigiada y una muy vasta red de relaciones estratégicas en todo el mundo.

Ciertamente, es importante tomar conciencia de que lo que estamos viviendo, como lo repiten constantemente los miembros de la próxima administración «es un cambio de régimen y no un simple cambio de gobierno» y que, conforme a ello, las reglas del juego deben cambiar sensiblemente, suponiendo un importante ajuste en el destino de los fondos públicos, la corresponsabilidad de los actores del sector privado o hasta, como lo estamos viendo, las remuneraciones por el trabajo en el gobierno o las plazas en el exterior.

Y precisamente atendiendo a ello, es que debieran considerarse opciones o alternativas que miren más allá de la simple eliminación de lo que se tiene. Y eso es perfectamente factible en el caso que nos ocupa. Por ejemplo, si se quiere que el destino de los recursos públicos ahora disponibles se diversifique, podrían adoptarse esquemas en los que el CPTM subastara los disponibles para la promoción entre los participantes interesados, destinando los públicos a aquellas campañas o proyectos en los que el sector privado aporte una mayor contraparte.

Igualmente, si se busca que haya más recursos disponibles, quizás haya llegado el momento de que otros sectores de la industria, el comercio o los servicios, concurran también con aportaciones a campañas. O acaso no se justifica que lo hagan tomando en cuenta el consumo por parte de los turistas de refrescos, cervezas, verduras, carne, lácteos, alcohol, botanas y frutas, por sólo mencionar algunos de los relacionados con la alimentación. O el consumo de sábanas, almohadas, muebles, cortinas, colchones, toallas, jabones, artículos de limpieza, vehículos, combustibles, por decir sólo unos cuantos relacionados con la operación de los hoteles. O el cemento, la varilla, los vidrios, los pisos, los impermeabilizantes, los tabiques o blocks, hablando de elementos para la construcción.

Y si se trata de reubicar las responsabilidades en la atención de temas estratégicos para la operación del turismo, probablemente sea ésta la hora de que los privados asuman un rol más activo y comprometido, privatizando el CPTM y diseñando, como en el caso de otros DMO (Destination Marketing Organizations) en el mundo, esquemas que, con plena transparencia, captan recursos públicos, privados y autogenerados, para llevar a cabo la promoción de sus destinos. O si se trata de adelgazar las estructuras en el exterior, quizás sea el momento, como lo ha hecho Canadá (país del que copiamos el modelo del CPTM) de contratar en cada país, vía licitaciones públicas, a despachos externos que lleven a cabo las tareas promocionales.

Siendo un declarado admirador del Servicio Exterior Mexicano, estando consciente de los retos que encarará en el futuro cercano y habiendo hecho un recuento tan pormenorizado de lo que implican las tareas de promoción, me pregunto si estarán en posición de agregar este acervo de actividades, sin descuidar la tarea diplomática y consular, ahora más importante que nunca.

Las anteriores son solo algunas ideas, pero estoy cierto de que los interesados tendrán muchas más propuestas que hacer y que, de llevarse a cabo una amplia consulta (en el mismo ánimo que prevalece para otros temas), de ésta resultarían interesantes alternativas para sustituir y no destruir. Tengo más de veinte años de conocer y convivir con el sector turístico mexicano, que cuenta con una clase empresarial ejemplar, y me siento orgulloso de la creatividad, imaginación e inventiva que explica, en muy buena medida, el éxito que hemos tenido y que se ha traducido en millones de empleos y en una contribución al Producto Interno Bruto mayor que la de los sectores de la construcción, financiero o agropecuario, por sólo mencionar algunos.

México merece seguir generando crecimiento y desarrollo y el próximo gobierno lo sabe y está comprometido con ello. ¿Por qué, habiendo alternativas factibles, correr un riesgo tan grande innecesariamente? ¿Por qué no evitar entonces, precisamente ahora que vamos corriendo con gran velocidad en el turismo, darnos un tiro en el pie?

Cerrando ciclos

por Latitud21 Redacción 28 noviembre, 2018

Un año más está por terminar, 365 días en los que fuimos testigos de acontecimientos que de una forma u otra influyeron en nuestro entorno social, económico y político, muchos de los cuales fueron plasmados en Latitud 21 que precisamente en este 2018 celebró su décimo quinto aniversario.

Diversos temas empresariales y turísticos llenaron nuestras páginas en este tiempo en el que nos hemos esforzado por mostrar, entre otros tópicos, los nuevos modelos de negocios que hoy por hoy ganan terreno para adecuarse a las necesidades del cambiante mercado en diversas áreas.

En la presente edición presentamos, entre otros temas, una entrevista con el joven emprendedor Joan Segura, CEO de Play Business, el crowdfunding más grande de América Latina, el cual ha convertido en inversionistas de diversas startups a cientos de personas que han apostado por una nueva forma de mover su dinero para obtener dividendos a mediano y largo plazo.

Si bien en otros países este modelo de negocios ya es utilizado desde hace tiempo, en México es relativamente nuevo, pero cada vez son más las startups que acuden a estas plataformas para buscar fondeo, en tanto que se multiplica el número de personas interesadas en ser socias de una o varias empresas, que les darán ganancias en la medida en que incrementen su valor.

Se trata de un concepto innovador y muy interesante, que sin duda alguna crecerá en poco tiempo ya que prácticamente cualquier persona mayor de edad puede participar, ya sea como inversionista o como emprendedor.

Por otro lado, en temas locales es importante conocer la visión de expertos en desarrollo urbano, vialidad, transporte e imagen urbana, quienes destacan el anárquico crecimiento que desde sus inicios ha imperado en Cancún, ciudad con enormes recursos y bellezas naturales pero con una grave carencia de diversos satisfactores de un destino de primer nivel.

Según el enfoque de los expertos, aún hay forma de enderezar el rumbo, y esto es a través de un crecimiento vertical, además de diversas mejoras en rubros como seguridad, transporte, vialidad y servicios públicos, aunque aclaran que se requiere de una millonaria inversión, así como de la voluntad de todos quienes aquí vivimos.

En lo que se refiere a la responsabilidad social -un rubro muy importante para acortar la brecha de desigualdad entre la población- este mes se destaca la labor de la Fundación Ciudad de la Alegría, cuyo presidente de la mesa directiva, Julián Balbuena, logró a través de una plática despertar el interés del hasta hace unos días titular de la Sectur, Enrique de la Madrid, quien hizo una visita a la fundación para observar de cerca cómo funciona y convivir con algunas de las personas que son atendidas en el lugar.

Desde su fundación en septiembre de 2001 alrededor de medio millón de personas han sido beneficiadas con diversos servicios, desde ropa y alimentos hasta un lugar en donde los enfermos terminales son atendidos para mejorar su calidad de vida en sus últimos días; labor muy loable, por lo que vaya desde aquí un modesto reconocimiento a todos quienes integran la fundación.

En este último número de 2018 no podemos olvidar que es el momento exacto en el que muchos empezamos a pensar en nuestros buenos propósitos para el año nuevo, de los que uno de los más comunes es llevar una vida más saludable, por lo que el Top Five lo dedicamos a negocios de venta de alimentos pensados para tener una mejor alimentación para iniciar 2019 con renovados bríos.

Y no podemos cerrar este espacio sin enviar a nuestros lectores y anunciantes un agradecimiento muy especial por haber contado un año más con su preferencia. Grupo Editorial Latitud 21 les desea una muy Feliz Navidad y un venturoso 2019, en el que nos esperan nuevos retos y el firme compromiso de llevar hasta ustedes nuevos contenidos, acordes con las tendencias de hoy en día, por lo que ya estamos preparando una sorpresa en cuanto a temas y formato, sin olvidar lo que siempre nos ha caracterizado.

Gran cena de otoño de la Chaine des Rôtisseurs

por Latitud21 Redacción 28 noviembre, 2018

En fecha reciente nos reunimos en la legendaria Hacienda El Mortero de Cancún, icónico restaurante de este paraíso, para celebrar lo que fuera la fastuosa cena de otoño de nuestra querida cofradía que resultó un evento memorable como pocos, por diversas razones.

En contadas ocasiones se reúnen tantos elementos que garanticen que una cena sea fantástica: arte culinario, magnífica selección de vinos, servicio exquisito, ambientación de época, música sublime y un ánimo y disposición fuera de serie en los asistentes, condiciones que en esta memorable ocasión se dieron para hacer de esta cena de la Chaine una de las mejores en mucho tiempo.

Todo comienza cuando hace meses, escuchando música de salterio con las clásicas de la época revolucionaria como Pompas Ricas, se le ocurre a quien esto escribe la locura de hacer por vez primera de nuestra cena un evento temático. Al proponerlo a mis queridos cofrades de la mesa directiva, el tema vuela; al proponerlo al muy dispuesto anfitrión el entusiasmo se acelera y se empieza a gestar este gran suceso.

La aventura incluía el adoptar atuendos de la etapa porfiriana y por supuesto un menú muy mexicano pero con esa influencia afrancesada de la época.

Llegada la ansiada fecha nos dieron la bienvenida los mágicos acordes del tan mexicano y casi en peligro de extinción salterio, mientras los rimbombantes revolucionarios intelectuales con elegantes sombreros de copa acompañados de elegantes damas ataviadas a la usanza aristocrática de principios del siglo XX brindaban con burbujeante champán francés de la mejor calidad y a inmejorable temperatura.

Las fotografías y las risas se sucedían durante el animado aperitivo. Pasar al maravilloso rito de la formal cena en el salón comedor del patio central de la Hacienda fue antecedido por una fotografía de grupo sin precedentes.

La fiesta degustativa y de agasajo a los más exigentes paladares dio comienzo con unas láminas de venado a la jamaica, supremas de cítricos, tierra de cacahuate garapiñado con un inolvidable toque de escamoles y gusanos rojos. Como perfecto acompañante un Marella Blanc de Blancs, Sauvignon Blanc & Moscado Di Cannelli 2007, de nuestros famoso valles.

Siguió un Foie Gras con salsa Demi-glace que como toque de excepción se hacía acompañar de chapulines enchilados.

La fiesta continuó con lo que a mi muy personal juicio fuera el platillo de la noche, un inolvidable, suave, aromático y ligeramente picosito dúo de cremas: una muy amarilla flor de calabaza y una muy negra crema de cuitlacoche, en una perfecta armonía, coronadas con aire de epazote y polvo de chicharrón; la mejor crema que he probado. 

Ambos platillos en excelente contubernio con un Henri Lurton Centenario, Chenin Blanc 2017 de edición limitada, que quizá no volvamos a saborear.

Seguimos con unos medallones de langosta, que se vistieron de gala con una salsa rosa de Taxco y piñón blanco exquisita, acompañados de un Emevé Chardonnay, 2017, para cerrar con este el ciclo de los vinos blancos y dar paso al segundo acto de esta revolucionaria cena que era amenizada por las sublimes notas de un cuarteto de cuerdas que nos tenía absortos, sonrientes y embelesados con el romanticismo y la alegría de las obras de Manuel M. Ponce, Juventino Rosas y otros grandes clásicos mexicanos.

Luego del sorbete, en el que no me detengo, pasamos a la magnificente propuesta de una trilogía de moles.

Una degustación de cerdo que reposaba sobre mole amarillo, pavo perfectamente cocinado sobre mole oaxaqueño y unas deliciosas láminas de pato sobre mole blanco; sublime, sin palabras y con el maridaje perfecto de un Relieve Ciclo, Nebbiolo 2014.

Y como un magnífico banquete no puede culminar sin la ‘dolce vita’, el agasajo mexicano culminaría con un original tamal de cacao amargo, que nadaba en un rico atole de maíz nuevo, delicioso final maridado con el Gran  M de María Tinto, Tempranillo, Syrah & Nebbiolo 2015 también de edición limitada.

Siguieron las palabras, los elogios y los agradecimientos para una cena inolvidable.

Mi reconocimiento muy cumplido a José Luis Medina, a Francesco, genial sommelier, a todo el equipo de Hacienda El Mortero y por supuesto a nuestro querido cofrade Paco Medina y señora.

Por si fuera poco, como en toda buena comilona mexicana no se hicieron esperar las notas del mariachi y para mejor disfrute unos buenos tequilas, ¡cómo no…!

Gracias a todos los que hicieron posible esta gran noche y desde luego a aquellos que estuvieron en la disposición de vestir a la usanza de la época. Fue muy divertido.

Vive La Chaine!!!

Decrecer, ¿es deseable? ¿Es posible?

por Latitud21 Redacción 28 noviembre, 2018

Si oímos el término ‘decrecer’ probablemente de inicio sea un concepto difícil de asimilar y difícil de explicar; estamos acostumbrados a que el factor de éxito es el crecimiento (personal, profesional, en algunas actividades), y pensar en dejar de hacerlo pudiera parecer una señal de que las cosas no están saliendo bien.

Y en turismo sucede, en este sector estamos acostumbrados a que más siempre es mejor: los destinos exitosos son los que más turistas reciben, los empresarios triunfadores son los que más venden, las cadenas hoteleras miden su éxito a partir del aumento de cuartos y de inversiones, y así podría seguir dando muchos ejemplos.

Sin embargo, desde hace algunos años y derivado de la problemática que ha presentado el crecimiento acelerado del turismo, los destinos (en especial aquellos que probablemente nos llevan 10 o 20 años de ventaja) se han dado cuenta que llega un momento en que recibir turistas, inversiones y presión a sus recursos (naturales y culturales) no se vuelve grato, ni para el turista ni para el empresario turístico y mucho menos para la gente que vive en ellos. Y muchos de ellos han pensado en frenar, aunque pocos han logrado una estrategia para contener el maremoto turístico, y solo algunos han llegado a pensar en revertir el daño.

Y es que el tema no es fácil, porque no se trata solamente de pensar en cortar el flujo de turistas a un lugar, ya que este sitio probablemente tenga necesidades que cubrir, compromisos hacia la rentabilidad de los inversores y metas a cumplir en la dinámica económica local y nacional. Pero creo que vale la pena empezar a preguntarnos: ¿qué pasaría si pudiéramos tener la misma rentabilidad que ahora tenemos con el mismo (o incluso menor) número de turistas que llegan hoy? 

Siempre he sido de la idea que es mejor tener una persona que pague 10 pesos, que 10 personas que paguen un peso cada una; si lo analizamos, el ingreso es el mismo, pero el gasto en cubrir las necesidades de 10 personas es mucho mayor que el que genera atender a solo una; y entonces, la rentabilidad con menos clientes es mayor que cuando tenemos más. Suena lógico, ¿no?

Entonces, ¿por qué no lo hemos aplicado en turismo? ¿Por qué no pensar en estrategias que permitan mejorar no el número de turistas sino la calidad de turistas? ¿Que apuesten por decrecer en cantidad y crecer en calidad? Buscar a esos que pagan 10 pesos, en lugar de seguir trayendo a los que pagan uno.

En Quintana Roo se me ocurren algunos pilotos con los que podríamos empezar. Tal vez la zona hotelera de Cancún, uno de los destinos que está en un punto de quiebre entre renovarse o morir, y que pudiera ser un excelente laboratorio en el tema. O Holbox, que aunque los números no son tan espectaculares como en Cancún, bien podría tener una estrategia de volverse un destino realmente exclusivo, donde el turista (ojo, no el local), hiciera fila y pagara lo que realmente vale esa maravilla para poder visitarlo. 

Estrategias hay muchas: posicionamiento, redirección de estrategias de promoción a mercados especializados, contribuciones de empresas y turistas a conservar los recursos, impuestos bien diseñados (en Galápagos, la sola entrada al Parque Nacional cuesta 100 dólares, más el costo de hospedaje, alimentos y actividades), reinversión social, entre otros.

Y les puedo asegurar que de implementar estas medidas podríamos tener destinos mucho más exitosos que los que tenemos ahora, más rentables, con mejor calidad, con un mejor ROI para el inversionista, y también para el sitio, sin necesidad de forzar los servicios.

Estamos en un momento donde podemos hacerlo, donde es importante experimentar e innovar, porque los resultados, de ser exitosos, llevarían a nuestros destinos a otro nivel.  Lo peor que puede pasar es quedarnos como estamos.

*Director general de Sustentur, con más de 15 años de experiencia en el diseño de estrategias de turismo sustentable para destinos, empresas y organizaciones en México y Latinoamérica.

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