- Desde el camerino
Alejandro Rosel
Comunicador y conductor
Twitter: @AlejandroRosel7
Para: EMDI, MDR, KRM, PRC, MI AMOR INFINITO
Hola a todos, me da mucho gusto que me lean. Terminaron las vacaciones de Semana Santa, y con ello, las expectativas de saber qué tal nos fue en cuanto a ocupación hotelera, que se mantuvo arriba del 70% y la derrama económica para todo Quintana Roo, que conlleva. La contracción del turismo a nivel mundial es un tema y multifactorial que afecta a todos, sobre todo a lugares como nuestra tierra y por ello el Tianguis Turístico de México en Baja California es un buen momento para mover a nuestro estado y tener todos los encuentros posibles, donde iniciativa privada y los gobiernos se deben unir para vender de manera exitosa todo lo que hoy Quintana Roo ofrece al mundo… En otro tema, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, realizó una gira de trabajo para supervisar los avances del Puente Nichupté, dio el banderazo de inicio de las Viviendas del Bienestar, comió comida regional y retomó el uso del Tren Maya para viajar de Cancún a Mérida. La cercanía de Mara Lezama con la presidenta de México es notoria, desde el saludo, las caminatas, los discursos y la manera como todo fluye, algo que sin duda está siendo capitalizado por la titular del Ejecutivo para beneficio de nuestro estado, más apoyos, más inversiones y mayor crecimiento. El 26 de abril se llevaron a cabo los funerales del Papa Francisco en El Vaticano, con importante número de delegaciones, 50 presidentes del mundo, 10 representantes de casas reales y más de 250 mil personas que dieron el último adiós a un líder religioso que logró sacudir a la iglesia, que destacó por su sencillez y humildad y que logró sobrevivir a una neumonía que al final, luego de la bendición a Roma y al mundo, su recorrido inusual por San Pedro, se fue de este plano terrenal. El 7 de mayo inicia el cónclave para elegir el próximo obispo de Roma y jefe de Estado del Vaticano. Quizá cuando usted lea esta columna, avanzado el mes, ya tengamos nuevo pontífice, con el ritual ya muy conocido de Habemus Papam desde el balcón de la Basílica de San Pedro… Cancún celebró los 55 años de su fundación con una agenda muy nutrida todo el mes, incluyendo el Nuuch en Tajamar, la sesión solemne donde se entregó la medalla “Sigfrido Paz” a Benjamín De la Peña; conversatorios, el Pic Nic y en el último domingo se realizó el Medio Maratón que exitosamente demostró que el destino tiene para ser sede de muchos eventos y de gran tamaño. Felicidades… El mes que terminó dio pie también a la entrega del Plan Municipal de Desarrollo 2024- 2027, donde se busca establecer los lineamientos y políticas públicas que marquen la vida diaria del municipio y la toma de decisiones. En el Aeropuerto Internacional de Cancún, bajo la tutela de Aeroméxico, el Museo Memoria y Tolerancia, la oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y ASUR, se inauguró la exposición itinerante “Destino: Libertad, la ruta de la trata de personas”, donde de manera gráfica se describe todo lo que en nuestro país se ha vivido en cuanto a este flagelo del cual no somos ajenos, donde no importa edad, sexo, religión o condición social. El delito está presente y la toma de conciencia sobre las alertas y riesgos es fundamental para evitar que se propague, que robe libertades, arranque inocencias y arrebate vidas. Si tiene usted la oportunidad, dese una vuelta y conozca las historias que hoy son ejemplo de lo que debemos evitar. Que tengan un extraordinario mes y nos leemos a la siguiente. Les abrazo con cariño. Que el camino sea divertido y exitoso. Hasta la próxima. #EMDI #PRC #MDR #KRM.
X Columnas
El rol del juez ha sido fundamental en la construcción del estado de derecho: Desde la antigua Roma hasta el Common Law inglés, los jueces han sido intérpretes y aplicadores de la ley, asegurando la justicia y el orden. En la modernidad su función se amplía a la protección de los derechos fundamentales y el equilibrio de poderes; grandes tratadistas coinciden en opinar que el Poder Judicial es el menos peligroso y es esencial para la revisión de los actos legislativos. En forma brillante Alexander Hamilton plasmó en ‘El Federalista’ que la forma de garantizar la construcción de una nación debería basarse en el respeto a los jueces, a sus decisiones, al proceso, al debido proceso y a las instancias.
Hay que dar crédito al jurista Álvaro Rolando Pérez Castro, orgullosamente mexicano, quien señala que urge para los llamados “casos difíciles”, donde la Ley no proporciona una solución clara, los jueces deben ejercer juicio y discreción, sopesando principios y valores. La prueba de proporcionalidad es un ejemplo donde se evalúan derechos y limitaciones, requiriendo un análisis profundo y matizado. Una Inteligencia Artificial programada con algoritmos y datos, podría enfrentar dificultades en estos contextos debido a la falta de empatía, contexto cultural y capacidad de interpretación moral.
Oportunidades:
Eficiencia y rapidez: los jueces robots pueden procesar vastas cantidades de datos y emitir decisiones rápidamente, reduciendo la carga judicial y agilizando los procesos.
La Inteligencia Artificial puede asegurar consistencia en la aplicación de la ley, minimizando sesgos humanos y arbitrariedades.
Acceso a la Justicia: la tecnología puede hacer que los servicios legales sean más accesibles y asequibles para la población general.
Dificultades:
Falta de empatía, contexto e interpretación moral y ética: los jueces robots carecen de la capacidad de empatía y comprensión cultural, cruciales en la toma de decisiones justas y humanas.
Errores y responsabilidades: los errores de la Inteligencia Artificial pueden tener consecuencias graves y plantean preguntas sobre las responsabilidades y la corrección de decisiones automatizadas.
Una de las facultades que más marcan la diferencia entre los seres humanos y los animales no humanos y la verdadera diferencia abismal con la IA es la capacidad de comunicar lo que piensan, ser capaces de comprender y crear a partir del conocimiento, esto es imposible de hacer por IA.
Aunque la IA puede procesar grandes volúmenes de información y ejecutar análisis a una velocidad y precisión que superan a los humanos, sigue siendo una construcción basada en códigos y patrones predeterminados. Carece de conciencia, intuición y la comprensión del contexto social y cultural que influye en las decisiones humanas. Esto plantea preguntas fundamentales sobre los límites de su aplicación especialmente en ámbitos como la judicatura, donde la interpretación de la ley y la justicia no pueden reducirse simplemente a cálculos algorítmicos.
Por tanto, es una herramienta poderosa pero limitada, cuyo uso debe de ser guiado y complementado por la reflexión humana para garantizar decisiones justas y equitativas.
En conclusión: la integración de la IA en el sistema judicial ofrece oportunidades significativas, pero también enfrenta desafíos críticos. La tecnología puede mejorar la eficiencia y la consistencia, pero carece de la capacidad humana para interpretar la ley con empatía y juicio moral. Para enfrentar estos problemas, es esencial un enfoque híbrido que combine las fortalezas de la IA con la sabiduría de los jueces humanos, asegurando un sistema judicial justo y equitativo.
En la historia de la humanidad, la tecnología ha sido una fuerza transformadora. Desde la invención de la rueda hasta la revolución digital, cada avance ha traído consigo cambios profundos en la forma en que vivimos y trabajamos. Hoy, en la era de la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización, surge una pregunta común y válida: ¿la tecnología viene a quitar espacios de trabajo?
La realidad actual
Es cierto que muchas ocupaciones tradicionales han sido automatizadas o modificadas por avances tecnológicos. Por ejemplo, en la industria manufacturera, robots realizan tareas repetitivas; en la agricultura, máquinas modernas aumentan la productividad; y en servicios, la inteligencia artificial ha mejorado la atención al cliente y la gestión de datos.
Pero, ¿esto significa que la tecnología elimina empleos para siempre? La respuesta es compleja y matizada. Históricamente, cada revolución tecnológica ha provocado cambios en el mercado laboral, pero también ha generado nuevas oportunidades y roles que antes no existían.
¿Qué nos enseña la historia?
La Revolución Industrial, por ejemplo, desplazó a muchos trabajadores agrícolas y artesanales, pero también dio origen a nuevas industrias y profesiones. La era digital ha transformado la forma en que nos comunicamos, trabajamos y creamos valor. La clave está en la adaptabilidad y en la capacidad de aprender nuevas habilidades.
Aliada y oportunidad
Lejos de ser una amenaza, la tecnología puede ser una poderosa aliada para potenciar nuestras capacidades. Nos permite enfocarnos en tareas más creativas, estratégicas y humanas, dejando que las máquinas se encarguen de lo repetitivo o peligroso. Además, genera nuevas oportunidades laborales en sectores digitales, tecnológicos y de innovación.
La motivación para el cambio
En lugar de temer a los cambios, debemos motivarnos a aprender y adaptarnos. La educación continua, la formación en habilidades digitales y la mentalidad de innovación son esenciales para mantenernos relevantes en un mercado laboral en constante evolución.
La tecnología no viene a quitarnos espacios de trabajo, sino a transformarlos. La clave está en nuestra actitud frente al cambio. Si nos mantenemos abiertos al aprendizaje y a la innovación, podemos convertir estos cambios en oportunidades para crecer, aportar y crear un futuro más inclusivo y creativo.
En el mundo empresarial, enfrentamos constantemente desafíos que ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación, liderazgo y resiliencia. Mi propia experiencia personal, que comparto a continuación, ejemplifica cómo los momentos difíciles pueden convertirse en oportunidades de crecimiento y aprendizaje, si abordamos las adversidades con una actitud positiva y consciente.
Hace muchos años adquirí una propiedad que, con el tiempo, se convirtió en un símbolo de mi perseverancia y esfuerzo. Sin embargo, la desaparición de la financiera que me otorgó el crédito hipotecario y la incertidumbre sobre quién compraba la cartera, generaron una situación de vulnerabilidad. Después de casi 21 años viviendo en esa propiedad, una gestora especializada en recuperación de cartera adquirió la propiedad en un remate final, desencadenando un proceso de desalojo.
Este evento, aunque doloroso, me enseñó varias lecciones clave que considero relevantes para cualquier profesional o líder empresarial:
- La importancia de la resiliencia y la agilidad emocional:
Verme en la calle con mis pertenencias fue un golpe duro, pero la respuesta inmediata de mi red de apoyo—familia, amigos y colegas—me permitió mantener la calma y actuar con claridad. En los negocios, la resiliencia emocional y la capacidad de mantener la calma en momentos de crisis son fundamentales para tomar decisiones acertadas.
- La aceptación del cambio como oportunidad:
El evento me forzó a aceptar una realidad que no podía cambiar en ese momento. La aceptación es un paso crucial para poder planificar y avanzar. En las organizaciones, adaptarse rápidamente a cambios inesperados puede marcar la diferencia entre la supervivencia y el fracaso.
- La importancia de la planificación y la gestión de riesgos:
Aunque la situación fue inesperada, tener una red de apoyo y una actitud proactiva facilitó la recuperación. En el mundo empresarial, la gestión de riesgos y la planificación de contingencias son herramientas imprescindibles para minimizar impactos negativos y mantener la estabilidad.
- La construcción de una mentalidad de crecimiento:
A través de esta experiencia, reafirmé que todo pasa por algo y que, a veces, dejar ir lo que ya no nos sirve es necesario para abrir espacio a nuevas oportunidades. La actitud de aprender y crecer ante la adversidad es uno de los mayores activos de un líder.
Hoy, tras instalarme en una nueva etapa, agradezco las lecciones aprendidas y el apoyo recibido. La vida continúa, y con ella, nuevas oportunidades para reinventarse y fortalecer nuestra visión empresarial.
El verdadero poder es el servicio”
Papa Francisco
Lluvioso el ocaso, como casi todos los días anteriores. La eterna gorra, la chamarra larga de gabardina que de manera fortuita me dieron en el trabajo días antes, atenuaban las gotas de agua y el frío de un invierno europeo que iba cumpliendo su segundo mes. El río que cruzaba la ciudad y el cercano puerto de mar, le daban a la espera un olor único. A tiempo, a nostalgia, a melancolía y también a “espera, ten paciencia, todo lleva su ritmo y su momento”. La plaza era una playa de paraguas abiertos. Mi estatura permitía ver un poco por encima de ese bosque de nylon. Arriba de mi horizonte visual, la eternidad; el edificio que se hizo para reafirmar con quién estás tratando cada vez que accedes a ese recinto mayor. Por algo les llaman “basílica”; no puedo evitar recurrir a mi maestro y tocayo Juan Ignacio Cuadros y sus etimologías. Del griego “basiliké”, “regio”, “real”. La casa del rey. En el Renacimiento lo dejaron muy claro Bramante, Miguel Ángel, Rafael, Maderno y Bernini (y sonrío cuando recuerdo al canalla de Quintanar preguntar en clase de Historia Universal si esa era la alineación del Milán). ¿Cuántas cosas absurdas no pasan por la mente cuando bien sabes que dos mil años de historia van a reventarte de frente, en cualquier momento, como ola sobre un farallón?
Mientras intentaba moverme de forma más o menos funcional en un patio rodeado por columnas, el espacio en donde había sido el equivalente de la actual Fórmula 1 para el emperador Nerón (que no, que él no incendió Roma mientras tocaba el arpa, no estaba en la ciudad esos días), podía escuchar claramente las porras de los aficionados y el ruido que hacían los cascos de los caballos jalando las cuádrigas en casi desbocada carrera. Claro, mi referencia generacional y cinematográfica era Charlton Heston enloqueciendo al respetable. Cuando el cristianismo pasó de ser víctima a, en ocasiones, victimario intolerante y tornarse la religión oficial del Imperio Romano, Constantino (sí, el de Constantinopla, el Concilio de Nicea y el Credo) mandó construir una iglesia (con minúscula) sobre lo que hasta ahora se cree, es la tumba de San Pedro (y con el tiempo sería la tumba de muchos elegidos como piedra angular de la Iglesia (con mayúscula). En el siglo XVI, Julio II (imposible evitar que me llegue la imagen de Rex Harrison en esa inolvidable La Agonía y el Éxtasis, en donde también aparecía Charlton Heston pero ahora como Miguel Ángel), entre batalla y batalla defendiendo los Estados Papales, decide superar a Constantino y hacer lo que, faltaba más, se tenía que hacer, edificar un monumento al pensamiento judeo cristiano echando mano de las medidas del templo de Jerusalén construido por el sabio Salomón. Luego de muchos papas, muchos intentos de asesinato (Julio II fue también el creador de la vistosa Guardia Suiza, juramentada para dar la vida defendiendo a Su Santidad), muchos acuerdos políticos y un tratado de Letrán que ya cumplió su siglo, la mirada de millones seguía clavada esa tardenoche romana, no en la joya del Renacimiento, sino en la chimenea de un edificio anterior y más antiguo, que de poder hablar, seguro cimbararía buena parte de la civilización occidental como la conocemos. Ahí se concreta el ritual mágico; es ahí en donde se constata, estrictamente como acto de fe, que la divinidad ha hablado, que el Espíritu Santo efectivamente descendió en los corazones y las mentes de al menos 135 electores menores de ochenta años que pueden votar y ser votados y en donde hay de todo como sagrada botica: de izquierda, derecha, centro, chile, mole y pozole. La eterna pugna que rebasa dogmas. Eres liberal o conservador y, en la mayor inteligencia, tonos de gris. El Vaticano no es un club social de curas; es un Estado reconocido por la ONU que, aunque no puede tomar parte en las votaciones, puede opinar con el peso de miles de años de experiencia en movimientos políticos e intrigas. No en balde, se trata de uno de los últimos Estados absolutistas que quedan en el mundo con el papa como única cabeza. A su lado, nadie; abajo, todos; arriba, nada más el Jefe (con mayúscula).
En eso estaban mis divagaciones cuando en aquella isla de sombrillas, gritos, himnos, vítores y porras (la más entusiasta era la de los argentinos; se entiende, luego de tantas Copas del Mundo), cuando algo que no intentaré nunca razonar, me hizo escuchar, entre tanta cacofonía, el murmullo de una monja africana que cantaba para el universo; bajito, constante, una melodía dulce mientras se balanceaba de adelante hacia atrás en innegable éxtasis místico. En ese momento desapareció el periodista que todo lo quiere explicar y quedé yo solo en una colina, mirando el Absoluto. No puedo ser tan necio siempre. Lo único que llegó a registrar mi cerebro ya, era el murmullo de la religiosa y su sonrisa. Ella sabía algo. Siempre lo supo. Luego de la fumata blanca, como si una figura mitológica nos hubiera torcido a todos el cuello, ahora miramos a una sola ventana de la Basílica de San Pedro. Desde ahí, con voz clara, en latín, idioma oficial de ese país suspendido en el tiempo, el cardenal protodiácono nos anunciaba que por primera vez un jesuita franciscano (sí, era en serio), regiría los destinos espirituales de más de mil millones de almas y los destinos de otros miles de millones de euros.
Para cuando leas lo anterior, habrá un nuevo papa en la Iglesia católica. Escribo a unos días de abordar el avión rumbo al inicio de otro cónclave con la memoria fresca de Jorge Mario Bergoglio, el primer americano en ser elegido (siempre por el Espíritu Santo, que conste) el pontífice (de “pontus”, puente; el que tiende caminos y salva obstáculos) y cuyo cuerpo mortal reposa en una humilde losa fuera de la pompa y circunstancia renacentista.
Vale la pena dejar para el próximo espacio, una bitácora de quién fue Francisco (su nombre papal) y quién entra por él a la cancha. Su pontificado no fue fácil y a mi juicio, en esos doce años, se distinguió como un marino remando con el viento viciado de su propia religión en contra. Mientras ordenamos ideas y esperamos lo que salga de esa chimenea, me quedo con sus palabras de saludo y despedida, desde aquel balcón en 2013: Buona notte, e buon riposo. Pregate per me.
Ciao, Francesco, Ci vediamo.
El 30 de abril se cumplieron los primeros 100 días del gobierno de Donald Trump, y tanto Estados Unidos como el mundo entero parecen estar exhaustos. Han sido los días más convulsos del gobierno más poderoso del mundo. Hay que ser claros, los votantes eligieron a Trump porque querían una economía sólida con inflación y precios bajos; una frontera con México cerrada y protegida por un ejército sólido, pero sobre todo querían un líder confiable y mucho más hábil que el expresidente Joe Biden. Siendo objetivos, muchos de estos temas empiezan a rendir algunos frutos, por ejemplo, durante marzo se registraron sólo 7,187 cruces ilegales de migrantes, una reducción de casi 95% en comparación con el mismo mes del año anterior. Ya sea por el desplazamiento de la Guardia Nacional norteamericana, el apoyo de México de contener su frontera sur o las imágenes de la deportación de cientos de indocumentados centroamericanos a las cárceles de terror en El Salvador, la gente está dejando de viajar a Estados Unidos.
Sin embargo, en el frente económico las cosas no van bien, la guerra arancelaria está rompiendo de tajo la arquitectura comercial multilateral iniciada por las economías de Occidente encabezadas por Washington hace más de 5 décadas. A nivel doméstico, dos terceras partes de los estadounidenses piensan que los precios y la inflación subirán y la posibilidad de una recesión es cada vez más una realidad. Muchos se preguntan si el objetivo final de Trump es presionar a que los países reduzcan sus aranceles para productos estadounidenses o reemplazar impuestos por la imposición de aranceles a productos extranjeros.
Aunado a ello, están las ocurrencias que a diario emergen de la Casa Blanca. Los recortes, cierres y eliminación de miles de empleos y agencias críticas del sector público, gracias a la intervención exagerada y sin conocimiento de Elon Musk y su agencia (DOGE- Departamento de Eficiencia Gubernamental); o el cambio de nombre del Golfo de México; o la idea de “adquirir” Groenlandia; o retomar el control del Canal de Panamá o hacer de Canadá el estado # 51, el mundo entero se pregunta a diario “y todo esto ¿de dónde salió?”
Los primeros 100 días de Trump han dejado también cambios importantes en la coyuntura política en varias partes del mundo. El ex primer ministro de Canadá Trudeau fue la primera víctima, pero del mismo modo su partido liberal quien se encontraba muy por debajo en las encuestas ante el partido conservador parece tener la posibilidad de seguir gobernando Canadá. El presidente de Ucrania fue insultado de manera pública en la Oficina Oval y el gobierno de Trump está claramente detrás de la causa rusa y todo indica que buscará terminar la guerra bajo las condiciones que dicte Vladimir Putin. Mientras tanto, Europa parece estar alejándose del apoyo económico, político y militar que durante años gozó de Estados Unidos y China parece ser el enemigo favorito en lo que se antoja la guerra comercial más compleja en la historia reciente.
Así como ha habido cambios bruscos, también hay que señalar que por primera vez en muchos años la región de América Latina no recibía tanta atención del gobierno de Estados Unidos. Los principales responsables de política exterior del gobierno de Trump tienen conocimiento e intereses en la región, algo que sin duda rendirá grandes frutos en los próximos 4 años. Solo 100 días pues, esto apenas comienza…
