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Revista Latitud 21
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Año nuevo, hábito reciclado

por ahernandez@latitud21.com.mx 9 enero, 2019
Brenda Santana

Ser Godínezes más que un estatus, es un estilo de vida que practica la clase trabajadora de nuestro país, aunque muchos se nieguen a aceptarlo y les enfade la etiqueta de ‘godín’. Estos tienen sus momentos buenos, entre ellos las esperadas fiestas decembrinas, por lo que si lograron sobrevivir un año en la empresa obtendrán recompensas como el aguinaldo y, los más suertudos, vales de despensa, bono navideño y caja de ahorro.

Otra de las recompensas que todo ‘godín’ que se respeta espera es el festejo de fin de año, el único día en el que todos se ponen de acuerdo para respirar aires fuera de la oficina, alejados de los monitores y de las caras largas de los compañeros amarguetas o de los jefes mala onda; es entonces cuando los Godínez le hacen competencia al mejor de los magos en eso de desaparecer la quincena a los pocos días de recibirla. 

Les encanta ese sentimiento de pasar la tarjeta una y otra vez, sin preocuparse por nada más que adquirir el vestido o traje que usarán en la cena de fin de año, en donde los jefes se ponen espléndidos y ofrecen a sus trabajadores un “manjar’’ en algún restaurante bonito, bueno, eso si tienen suerte, si no les tocará al menos un festejo dentro de la misma oficina, en donde brindarán con sidra y degustarán los antojitos de la fonda más cercana.

Sea cual fuese el caso, por tradición este tipo de festejos incluye la tan esperada rifa, en la que los oficinistas esperan con ilusión ganarse el mejor regalo, que generalmente es una pantalla, o si no por lo menos obtener un tostador de pan, un pavo o ya “de perdis”, un certificado para un café de Starbucks, que los afortunados reciben en medio de risas y aplausos.

Aunque claro, la felicidad sería mayor si el jefe regalara aumentos de sueldo, prestaciones, o días extra de vacaciones, pero por desgracia eso no deja de ser solo un sueño.

Como parte de la fiesta no puede faltar el intercambio de regalos entre los Godínez, ese momento tan esperado, luego de que días antes la administradora de la oficina les hace sacar el papelito con el nombre de su “amigo secreto”, al que para no complicarse la vida buscando algo con base en el carácter, la personalidad y los gustos del compañero, terminan obsequiando un certificado de alguna tienda departamental. ¡Ah!, pero algunos se ofenden si reciben lo mismo, y no falta el que dice que es la última vez que participa.

Y si le tocó la “fortuna” de que su amigo secreto sea el jefe, la situación se complica porque tiene que quedar bien, ni modo que le dé un certificado como se lo habría dado al compañero de al lado, así que tendrá que ir a una buena tienda, aunque se endeude por los próximos 12 meses.

Al finalizar estas celebraciones se presenta un fenómeno que la gran mayoría de los Godínez han experimentado, y este es el terror que sienten al ver su estado de cuenta del mes de enero, que incluye las deudas acumuladas por la cena de Navidad, la del Año Nuevo, Día de Reyes o las contraídas a lo largo del maratón Guadalupe-Reyes o con cualquier otro pretexto oficial para deshacerse de su quincena.

Reflexionando en lo anterior, enero no debería de ser el inicio de un camino pesado y lleno de deudas en el que se espera con ansia el depósito de la primera quincena para empezar a pagar los gastos de diciembre, o haciendo  fila en la casa de empeño cargando la televisión o las bocinas que se ganaron en la rifa de la posada para saldar las cuentas. 

Debería de ser un mes de nuevos planes, sin cargas ni contrapesos que nos impidan realizar nuevos proyectos. No deberíamos de vivir pagando cosas pasadas por la mala administración de las finanzas personales que llevamos durante todo el año. 

Imagina que comienzas el año con un buen apartado de dinero en una cuenta de inversión o simplemente debajo de tu colchón, con un fondo de ahorro de varios meses de tus gastos y sin deber nada. Ese sería el inicio del año nuevo ideal.  

Una nueva era

por ahernandez@latitud21.com.mx 9 enero, 2019

La toma de protesta del ahora presidente constitucional, Andrés Manuel López Obrador, el sábado 1 de diciembre, constituye un parteaguas en la historia de nuestro país. 

Atrás quedó un modelo de desarrollo de alto contraste, entre la fortaleza macroeconómica conquistada con la debilidad exhibida a la hora de aminorar la pobreza y la desigualdad.

También quedó atrás un modelo de democracia electoral amigable con las cúpulas partidistas y poco sensible frente a las demandas históricas de los marginados de antaño y de los grupos emergentes: indígenas, migrantes, personas con discapacidad, empresarios, mujeres, niños, jóvenes, adultos mayores y comunidad LGBT, entre otros.

Poco hay que agregar a los saldos de la era que dejamos atrás: inseguridad, corrupción, impunidad, pobreza y desigualdad. He aquí los parámetros con los que el desempeño del gobierno actual habrá de ser juzgado en la nueva era.

Sin menoscabo de lo anterior el saldo negativo a resaltar en el momento actual es el clima de polaridad imperante, y, por lo mismo, el desafío estriba en construir uno de concordia, que haga imperar el diálogo y el aprecio de las diferencias.

Frente al poder destructivo de la violencia en sus diversas manifestaciones (laboral, escolar, doméstica, de género, política, etc.), la salida es la cultura de la paz: un modelo de convivencia sustentado en la integridad personal y la congruencia ética, que se yergue como de mayor valor para construir el México que queremos.

En los mensajes de su toma de protesta, Andrés Manuel deja entrever su apuesta por un México de concordia y en paz, pero también por encabezar un gobierno plural e incluyente, que escucha a sus gobernados y gobierna para todos. 

Desde este espacio saludo ambas orientaciones y hago votos porque en los hechos se honren.

Como sostuve en un ensayo reciente, el México que queremos ha de ser una visión de futuro y a múltiples voces, que visibilice y empodere a los olvidados. 

Resulta sintomático que el primer compromiso de gobierno haya sido con dedicatoria a los pueblos indígenas. Sobran razones para compensar esa deuda histórica. En el México que queremos no hay lugar para la marginación y el menosprecio, y eso ha de ser extensivo a los mexicanos de carne y hueso: mujeres, niños, adultos mayores, personas con discapacidad, empresarios, jóvenes, migrantes, etc.

El México que queremos es uno en el que cada persona, desde su singularidad, pueda hacer su propia historia desde un yo creativo y protagónico. ¿Será esa la nueva era? 

Planear con incertidumbre

por ahernandez@latitud21.com.mx 9 enero, 2019

Inicia un nuevo año y, claro, esta etapa siempre es un buen momento para reflexionar lo que hemos hecho bien y mal y planear las acciones a futuro, siempre con la intención de mejorar en todos los aspectos de nuestros negocios, nuestra vida laboral y/o personal.

Y siempre, cuando hacemos planeación, nos encontramos con cierta incertidumbre que generalmente es previsible y manejable. Posibles cambios en políticas públicas, condiciones ambientales y previsiones de fenómenos hidrometeorológicos, aumento o disminución de inseguridad, crecimiento o no de nuestros principales mercados o mercados emergentes, entre otros temas.

Sin embargo, pareciera que 2019 no va a ser un año típico en nuestro país, y los primeros indicios ya se dejan ver con una serie de importantes decisiones que se han tomado desde el gobierno federal y los gobiernos municipales, que seguramente reconfigurarán el fondo y la forma en la cual se desarrolla México, y que por supuesto incidirán directamente en el tema del turismo.

Y a pesar de que desde la campaña conocimos una política turística más enfocada a los aspectos sociales del desarrollo, y se preveían algunos cambios importantes en la forma de hacer turismo, hay decisiones en materia turística que han sorprendido a más de uno: la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, el cierre definitivo del Consejo de Promoción Turística de México o la decisión de llevar a cabo el Tren Maya, sin duda harán que México, y los destinos del sureste del país, tengan que adaptarse a algunas nuevas reglas del juego.

¿Difícil? No lo veo tanto. En 18 años trabajando temas de turismo sustentable, y 14 viviendo en Quintana Roo, he visto cómo esta es una sociedad que tiene una característica muy importante: la resiliencia, o en otras palabras la facilidad de adaptarse al cambio. Incluso, diría yo, no tan solo es resiliente sino que ha tenido la capacidad de moldear el cambio hacia lo que se ha considerado como importantes áreas de oportunidad.

Cierto que las reglas del juego están cambiando, pero con ello se abren gran cantidad de oportunidades de tomar un camino diferente, que si bien estoy seguro nos llevará a buenas cifras económicas y turísticas, también nos debe permitir tener un sector mucho más responsable y adaptativo, que cumpla con este objetivo de generar riqueza, pero también de generar bienestar y mejorar los entornos en los que vivimos.

El 2019 será un año importante para la consolidación de la sustentabilidad en el turismo en México, y lo comento con conocimiento de causa; vienen al país más de 200 millones de pesos para impulsar el tema a través de dos proyectos muy relevantes: uno apoyado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y otro por la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ).

Y estos dos proyectos se desarrollarán también en Quintana Roo. Hoy podremos beneficiarnos de recursos y de asistencia técnica para promoción de destinos sustentables (una alternativa a la desaparición del CPTM, por ejemplo); de conocimiento y aplicación de buenas prácticas de sustentabilidad para empresas; de capacitación al sector privado para adaptarse a los efectos del cambio climático como el aumento en el nivel del mar o la pérdida de playas; para generar esquemas innovadores de inversión pública y privada en la conservación, manejo y restauración de ecosistemas, entre otros.

Pareciera entonces que si bien en algunos casos hay incertidumbre, en el tema de turismo sustentable existe más certidumbre que nunca y eso, amigos míos, hay que aprovecharlo. Nunca antes se habían tenido estas condiciones, y creo firmemente que aquellos que las aprovechen de mejor manera tomarán un real liderazgo en el cambio de timón que necesita este sector.

Así que hagamos de 2019 el año de la sustentabilidad, el año donde empresas, asociaciones y gobiernos trabajemos en conjunto por romper paradigmas, en el cual encontremos de forma conjunta las soluciones a los grandes retos y donde la incertidumbre general pueda paliarse con un decidido frente hacia un turismo más responsable con los recursos, el medio ambiente y las personas. Feliz 2019  

En la 21 y otras latitudes Enero 2019

por ahernandez@latitud21.com.mx 9 enero, 2019

En el Top 100

Una magnífica noticia para Cancún, y esta es que logró colocarse entre las 100 mejores ciudades para visitar y es ¡la número uno en América Latina!, esto según el reporte “Top 100 Cities Destinations 2018” de Euromonitor, lo que nos llena de optimismo en este inicio de año.

Cancún se ubica en el lugar 35 de esta selecta lista, además de que junto con Toronto, Nueva York, Los Ángeles y Las Vegas conforma la lista de los destinos más visitados de América en 2017.

En cuanto a las ciudades más concurridas de América Latina, en donde se reporta que el año pasado se realizaron 112.4 millones de visitas, se incluye además a Punta Cana, Ciudad de México, Buenos Aires, Lima, Santiago y Río de Janeiro, pero por supuesto Cancún lleva la delantera.

Los inconformes

Y nada, que ante la inminente desaparición del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), como parte de las acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, prácticamente todos los representantes de la industria sin chimeneas en el país han salido a mostrar su inconformidad, y no es para menos ya que según afirman la medida provocará una sensible baja en la afluencia de visitantes al país.

Obviamente que los líderes turísticos de Cancún también están molestos y lamentan la extinción del organismo encargado, entre otras cosas, de subsidiar la participación de los destinos mexicanos en las ferias internacionales.

A decir de los actores involucrados en el tema, el que los recursos del DNR sean ahora para financiar el proyecto del Tren Maya, en lugar de a la promoción, es una desafortunada decisión, ya que el sector turístico se quedará “desamparado”.

En este contexto no nos queda más que esperar a ver cómo se van desarrollando las cosas en este recién estrenado sexenio.

Estrenan habitaciones 

Es muy cierto que para permanecer en el gusto de los turistas es necesario ofrecer nuevos productos o dar un valor agregado a los ya existentes; esto lo saben de sobra en la cadena española Iberostar Hotels and Resorts, la cual acaba de añadir a su hotel de Cancún más de 150 habitaciones de lujo, con el fin de ofrecer una experiencia Star Prestige exclusiva para adultos. 

Estupenda noticia para quienes gustan de disfrutar sus vacaciones en centros de hospedaje de esta cadena propiedad de la familia Fluxá.

Todo esto se da precisamente cuando la cadena, con presencia en 18 países donde suma más de 120 hoteles, celebra su vigésimo aniversario en México, nación en la que ha contribuido al desarrollo de la industria turística a través de inversiones que superan los 775 mdd y la creación de unos cuatro mil 500 empleos directos.

Seguramente en el futuro cercano sabremos de nuevas inversiones de este grupo.

Despliega sus alas en Cancún

Ahora que en México se habla tanto del tema de aeropuertos, resulta interesante saber que la empresa estadounidense American Airlines se alista para establecer en Cancún un nuevo hub de conexiones para toda la zona del Caribe, esto gracias al potencial que tiene el destino como uno de los preferidos de los turistas extranjeros, además de la capacidad del aeropuerto que recibe más de 23 millones de pasajeros anuales.

Sobre este proyecto, José María Giraldo, director general de la aerolínea en México, comentó que pretenden, además de crecer el número de vuelos a Cancún, brindar más opciones de conectividad a sus clientes. Actualmente la aerolínea conecta este destino con Dallas, Boston, Chicago, Filadelfia y Phoenix, rutas en las que mueve cada año a casi dos millones de pasajeros.

Atractivo innovador

Y el futuro nos alcanzó… Esta parece ser la frase indicada para comentar la nueva amenidad que ofrece Catalonia Hotels & Resorts, en donde ya recurren a los avances tecnológicos más recientes para mejorar la experiencia de sus huéspedes, esto mediante un innovador sistema desarrollado por la empresa Broomx Technologies.

A partir de esta tecnología es posible transformar la habitación del hotel para vivir experiencias inmersivas en 4D sin la necesidad de utilizar dispositivos de realidad virtual en forma individual. Apantallante, ¿no creen?

Con este sistema de proyección 180 grados se puede disfrutar en familia de experiencias envolventes, tales como un viaje al fondo del mar o un sobrevuelo para ver la tierra desde una nave espacial.

Sin duda que esta amenidad será muy bien recibida por los huéspedes de la citada cadena hotelera, que a la fecha cuenta con 69 centros de hospedaje en 21 destinos. Lo malo es que pasarán menos tiempo en las hermosas playas de los destinos que visiten. ¡Lástima!

En franco crecimiento

Con ocho nuevos centros de hospedaje en México que serán inaugurados este año, el grupo hotelero Wyndham, considerado el más grande del mundo, expande su presencia en nuestro país, además de que rebasará a Argentina en el número de resorts de la empresa en América Latina, con lo que se deja ver la importancia que tiene México para las grandes empresas extranjeras, que siguen apostando por esta tierra a pesar de los problemas de inseguridad y otros más que de repente los ponen en “el ojo del huracán”.

A decir de Alejandro Moreno, presidente del grupo para América Latina y el Caribe, en México se concentra 25% del portafolio de Wyndham en la región en cuanto a número de hoteles, con 52, y a partir del presente año serán 60.

Los nuevos inmuebles estarán en Aguascalientes, Monterrey, Chihuahua, Jalisco, Puebla, Saltillo y Mazatlán. Aunque de momento no se prevén más hoteles en Cancún o la Riviera Maya, sí tienen el proyecto de potenciar su presencia en esta zona, además de que buscará establecerse en destinos de playa como Nuevo Vallarta, en Nayarit.

Año nuevo, hábito reciclado

por Latitud21 Redacción 7 enero, 2019

Brenda Santana

Brenda Santana / bsantana@latitud21.com.mx

Ser Godínez es más que un estatus, es un estilo de vida que practica la clase trabajadora de nuestro país, aunque muchos se nieguen a aceptarlo y les enfade la etiqueta de ‘godín’. Estos tienen sus momentos buenos, entre ellos las esperadas fiestas decembrinas, por lo que si lograron sobrevivir un año en la empresa obtendrán recompensas como el aguinaldo y, los más suertudos, vales de despensa, bono navideño y caja de ahorro.

Otra de las recompensas que todo ‘godín’ que se respeta espera es el festejo de fin de año, el único día en el que todos se ponen de acuerdo para respirar aires fuera de la oficina, alejados de los monitores y de las caras largas de los compañeros amarguetas o de los jefes mala onda; es entonces cuando los Godínez le hacen competencia al mejor de los magos en eso de desaparecer la quincena a los pocos días de recibirla. 

Les encanta ese sentimiento de pasar la tarjeta una y otra vez, sin preocuparse por nada más que adquirir el vestido o traje que usarán en la cena de fin de año, en donde los jefes se ponen espléndidos y ofrecen a sus trabajadores un “manjar’’ en algún restaurante bonito, bueno, eso si tienen suerte, si no les tocará al menos un festejo dentro de la misma oficina, en donde brindarán con sidra y degustarán los antojitos de la fonda más cercana.

Sea cual fuese el caso, por tradición este tipo de festejos incluye la tan esperada rifa, en la que los oficinistas esperan con ilusión ganarse el mejor regalo, que generalmente es una pantalla, o si no por lo menos obtener un tostador de pan, un pavo o ya “de perdis”, un certificado para un café de Starbucks, que los afortunados reciben en medio de risas y aplausos.

Aunque claro, la felicidad sería mayor si el jefe regalara aumentos de sueldo, prestaciones, o días extra de vacaciones, pero por desgracia eso no deja de ser solo un sueño.

Como parte de la fiesta no puede faltar el intercambio de regalos entre los Godínez, ese momento tan esperado, luego de que días antes la administradora de la oficina les hace sacar el papelito con el nombre de su “amigo secreto”, al que para no complicarse la vida buscando algo con base en el carácter, la personalidad y los gustos del compañero, terminan obsequiando un certificado de alguna tienda departamental. ¡Ah!, pero algunos se ofenden si reciben lo mismo, y no falta el que dice que es la última vez que participa.

Y si le tocó la “fortuna” de que su amigo secreto sea el jefe, la situación se complica porque tiene que quedar bien, ni modo que le dé un certificado como se lo habría dado al compañero de al lado, así que tendrá que ir a una buena tienda, aunque se endeude por los próximos 12 meses.

Al finalizar estas celebraciones se presenta un fenómeno que la gran mayoría de los Godínez han experimentado, y este es el terror que sienten al ver su estado de cuenta del mes de enero, que incluye las deudas acumuladas por la cena de Navidad, la del Año Nuevo, Día de Reyes o las contraídas a lo largo del maratón Guadalupe-Reyes o con cualquier otro pretexto oficial para deshacerse de su quincena.

Reflexionando en lo anterior, enero no debería de ser el inicio de un camino pesado y lleno de deudas en el que se espera con ansia el depósito de la primera quincena para empezar a pagar los gastos de diciembre, o haciendo  fila en la casa de empeño cargando la televisión o las bocinas que se ganaron en la rifa de la posada para saldar las cuentas. 

Debería de ser un mes de nuevos planes, sin cargas ni contrapesos que nos impidan realizar nuevos proyectos. No deberíamos de vivir pagando cosas pasadas por la mala administración de las finanzas personales que llevamos durante todo el año. 

Imagina que comienzas el año con un buen apartado de dinero en una cuenta de inversión o simplemente debajo de tu colchón, con un fondo de ahorro de varios meses de tus gastos y sin deber nada. Ese sería el inicio del año nuevo ideal.  

¡Qué riesgo tan grande…y tan innecesario! Opinión de Oscar Espinosa Villarreal

por Latitud21 Redacción 29 noviembre, 2018

¡Un tiro en el pie! Eso es lo que pudiera resultar de llevarse a cabo lo que se comenta recurrentemente estos días en el sector turístico, sobre una sensible reducción a los recursos para la promoción turística y la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM). De aquí en adelante, se ha afirmado, la promoción del turismo (y de las exportaciones, por cierto) se llevará a cabo a través de las embajadas y consulados de nuestro país en el extranjero.

El tema merece una reflexión seria (que implica una mayor extensión de la columna), pues pudiera tener efectos desastrosos para el desarrollo turístico de México, interrumpiendo o revirtiendo una alentadora tendencia de crecimiento en el turismo internacional a nuestro país. Pareciera un riesgo tan grande, como innecesario.

La actividad turística en el mundo ofrece un panorama verdaderamente alentador. De pocos sectores de la actividad económica en nuestro planeta podrían señalarse expectativas tan promisorias, como de la industria de la hospitalidad. Baste señalar, a manera de ejemplo, que para el año 2030, se proyecta un incremento del 50 por ciento en el número de turistas internacionales.

Así las cosas, ya se imaginarán mis lectores la competencia que seguirá dándose entre los países y destinos turísticos, los cuales buscan llevarse una buena rebanada de ese apetitoso pastel de dólares gastados por el turismo. Feroz competencia de la que resultarán ganadores aquellos más hábiles para proyectar su imagen (positiva, obvio) y promoverse, a través de la publicidad y relaciones públicas, para atraer flujos de visitantes. Nada nuevo. Lo mismo que hacen Coca-Cola, las cervecerías, y todas las empresas que promueven sus productos.

México es un verdadero campeón en este mercado. A pesar de su mala imagen internacional, frecuentemente relacionada con la inseguridad y la violencia, hoy ocupa un destacado sexto lugar mundial entre los países más visitados. Entre otras cosas, estoy seguro, debido a la promoción y mercadotecnia que en general, juntos, sector público y privado, hacen en los mercados emisores y a no dudarlo, producto también de la publicidad de boca en boca, que hacen los mismos turistas, refiriendo sus buenas experiencias al visitar México y sus principales destinos.

Buena parte de estos esfuerzos se financia y se coordina desde el Consejo de Promoción Turística de México, el CPTM. En relación con este organismo, vale la pena intentar responder algunas preguntas. ¿Qué es el CPTM y cómo funciona? ¿Qué podría significar su desaparición? ¿Desaparecerlo es la única alternativa para racionalizar su actividad y aprovechar mejor los recursos disponibles? Trataré de responder a ellas en los próximos párrafos.

Para cualquier efecto, es importante partir de lo que constituye una verdadera y efectiva labor de promoción en la actividad turística, ya que suele confundirse con la simple publicidad y dista mucho de ser solo eso. La promoción turística incluye, desde luego, la publicidad de marcas, destinos y productos turísticos, así como la presencia de empresarios que ofrecen producto turístico y destinos en eventos internacionales, a donde concurre la oferta de muchos destinos y de los grandes compradores (tour operadores, agentes de viajes, etcétera).

Pero va mucho más allá. Parte importante la constituyen las relaciones públicas (RP) que los países realizan para consolidar su buena imagen o para combatir la mala. Estas RP permiten estar permanentemente en comunicación con autoridades de otros países, medios de comunicación o intermediarios de servicios turísticos, buscando explicar los verdaderos alcances de noticias negativas o promoviendo la difusión de buenas experiencias de turistas en cada destino. Igualmente, tratan de evitar o eliminar, en su caso, los llamados warnings con los que algunos gobiernos (como el de los EUA) aconsejan a sus ciudadanos tomar precauciones o de plano llegan a sugerirles que eviten visitarlos.

Otra actividad importante consiste en buscar que personalidades famosas o los llamados influencers visiten los destinos y compartan con sus seguidores sus buenas experiencias. Igualmente se promueve que grandes eventos que gustan a millones de personas se lleven a cabo precisamente en determinados destinos. Ambas estrategias logran efectos positivos en la mente de las personas, quienes razonan que el país ofrece condiciones de paz o estabilidad, sin las cuales dichos eventos no aceptarían llevarse a cabo en los destinos de que se trate.

Finalmente, otra función relevante es la de fungir como coordinador y detonador de inversión promocional con importantes socios comerciales o con los estados de la República y los destinos, con los que se llevan a cabo los llamados cooperativos, en los cuales el CPTM invierte un dólar por cada uno que el socio del cooperativo aporte.

El CPTM nace en 1999, en el gobierno de Ernesto Zedillo, siendo yo secretario de Turismo, como una respuesta al hecho de que nuestro país tenía muy escasos recursos para hacer promoción eficientemente, lo cual amenazaba con que perdiéramos mercado hacia el futuro, dados los empeños tan importantes hechos por países competidores de México. Baste decir que había islas en el Caribe que tenían más presupuesto que México. Planteé dicha situación al Presidente y me autorizó a explorar alternativas que no dependieran de los recursos presupuestales de ese entonces y que fueran aceptables para los prestadores de servicios turísticos.

Fue así que estudiamos la forma en que en el mundo se financiaban actividades de promoción o de inversión turística, así como cinco casos específicos de países que tenían organismos especializados para la promoción de sus destinos, que podrían considerarse exitosos y ejemplos en la materia.

Hecho lo anterior, propusimos que la fuente de financiamiento de la promoción fuera un derecho cubierto por los visitantes a México al momento de su entrada (como ya ocurría en otras partes) y que los recursos así obtenidos se administraran a través de un organismo público, en el que participara activamente la industria turística en la toma de decisiones sobre el uso de recursos y el diseño de estrategias y programas. De hecho, originalmente, nuestra propuesta contemplaba un organismo mixto y con autonomía de gestión, en cuyo capital pudieran participar inversionistas privados y en cuyos proyectos se pudiera involucrar a empresas de otros sectores que se beneficiaran de la actividad turística.

La propuesta no implicaba un nuevo gravamen a personas físicas o morales mexicanas, no distraía recursos fiscales y generaba un mecanismo en el que «del mismo cuero saldrían las correas», como se dice popularmente, ya que entre más turistas vinieran, atraídos por la promoción, más ingresos generaríamos para llevar a cabo más promoción y generar así más turistas. Un verdadero círculo virtuoso que ha permitido que México pase de contar con 2.5 millones de dólares para ese efecto en 1998 a casi 286 millones de dólares en 2018.

Es opinión generalizada en el sector turístico que, en los primeros años de su operación, el CPTM, bajo la dirección profesional y muy eficiente de Javier Vega Camargo, tuvo resultados verdaderamente sobresalientes, alcanzando y rebasando los mejores pronósticos. Por razones ajenas a nosotros, algunas cosas que habíamos considerado deseables no se dieron conforme a lo planeado. Por ejemplo, habiéndosenos ofrecido que el 100% de los recursos así obtenidos, se dedicaría al propósito de la promoción, sólo el 50% lo fue, destinando el resto a gastos relacionados con la migración, y adicionándose, recientemente, aportaciones a Fonatur.

Igualmente, se nos negó la autonomía de gestión y los inversionistas privados nunca concurrieron a invertir en el capital de la empresa, creada para dar forma al organismo, de lo que deben arrepentirse ahora ya que eso hubiera impedido o al menos dificultado, la desaparición ahora del CPTM. Tampoco, hasta el día de hoy, se han hecho campañas en las que participen empresas no «turisteras», como podrían haber participado en una campaña para promover el golf en México, a manera de ejemplo, los fabricantes de pelotas, carritos, guantes, playeras, fertilizantes para los campos, etc.

Ahora bien, a mi manera de ver, en los años posteriores al período de referencia, ciertamente el CPTM se fue alejando de su esquema y misión originales, apartándose de su independencia respecto al gobierno, de su tradición de servicio civil de carrera o del esquema de toma de decisiones en forma mixta y colegiada, incluyendo a los representantes de la industria turística. Al paso del tiempo vimos casos como el del gobierno de Vicente Fox, en los que su esposa tomaba decisiones respecto a los gastos en publicidad y más recientemente, decisiones de que el CPTM participara en el patrocinio de grandes eventos, por voluntad de altos funcionarios, sin tomar en cuenta el parecer del sector. No obstante, a pesar de dichos cambios, en lo esencial, el CPTM siguió siendo la columna vertebral de nuestra promoción turística.

Ahora bien, el turismo, como bien lo sabe Miguel Torruco, futuro secretario en el gobierno de AMLO, es una actividad cada día más sofisticada y, como decíamos líneas arriba, más competida. Esto supone, desde luego, como él mismo lo ha afirmado, tanto adecuar las políticas y herramientas públicas para fomentar su desarrollo y acceder a mercados de mayor gasto por turista, como buscar que los prestadores de servicios privados sigan evolucionando para competir con más éxito. Sin duda, para ello se requerirá una gran coordinación, imaginación y concertación de esfuerzos y recursos, que difícilmente se dará sin la presencia de una organización abocada a eso.

Como cualquier organismo, público o privado, que encare nuevos retos, el CPTM seguramente debería adaptarse a los nuevos tiempos modificando principios, mecanismos, esquemas para la toma de decisiones y estrategias, tal como lo han previsto el actual director, Héctor Flores Santana, y el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, quienes han hecho notables esfuerzos por ordenar y revitalizar al CPTM y han llevado a cabo interesantes análisis sobre posibles nuevas fuentes de ingreso o nuevos esquemas para la participación de México en ferias y eventos internacionales, haciendo rendir más los recursos para la promoción. Estoy seguro de que se entregará un organismo sano financieramente, con un gran acervo de información de inteligencia de mercado, con una marca prestigiada y una muy vasta red de relaciones estratégicas en todo el mundo.

Ciertamente, es importante tomar conciencia de que lo que estamos viviendo, como lo repiten constantemente los miembros de la próxima administración «es un cambio de régimen y no un simple cambio de gobierno» y que, conforme a ello, las reglas del juego deben cambiar sensiblemente, suponiendo un importante ajuste en el destino de los fondos públicos, la corresponsabilidad de los actores del sector privado o hasta, como lo estamos viendo, las remuneraciones por el trabajo en el gobierno o las plazas en el exterior.

Y precisamente atendiendo a ello, es que debieran considerarse opciones o alternativas que miren más allá de la simple eliminación de lo que se tiene. Y eso es perfectamente factible en el caso que nos ocupa. Por ejemplo, si se quiere que el destino de los recursos públicos ahora disponibles se diversifique, podrían adoptarse esquemas en los que el CPTM subastara los disponibles para la promoción entre los participantes interesados, destinando los públicos a aquellas campañas o proyectos en los que el sector privado aporte una mayor contraparte.

Igualmente, si se busca que haya más recursos disponibles, quizás haya llegado el momento de que otros sectores de la industria, el comercio o los servicios, concurran también con aportaciones a campañas. O acaso no se justifica que lo hagan tomando en cuenta el consumo por parte de los turistas de refrescos, cervezas, verduras, carne, lácteos, alcohol, botanas y frutas, por sólo mencionar algunos de los relacionados con la alimentación. O el consumo de sábanas, almohadas, muebles, cortinas, colchones, toallas, jabones, artículos de limpieza, vehículos, combustibles, por decir sólo unos cuantos relacionados con la operación de los hoteles. O el cemento, la varilla, los vidrios, los pisos, los impermeabilizantes, los tabiques o blocks, hablando de elementos para la construcción.

Y si se trata de reubicar las responsabilidades en la atención de temas estratégicos para la operación del turismo, probablemente sea ésta la hora de que los privados asuman un rol más activo y comprometido, privatizando el CPTM y diseñando, como en el caso de otros DMO (Destination Marketing Organizations) en el mundo, esquemas que, con plena transparencia, captan recursos públicos, privados y autogenerados, para llevar a cabo la promoción de sus destinos. O si se trata de adelgazar las estructuras en el exterior, quizás sea el momento, como lo ha hecho Canadá (país del que copiamos el modelo del CPTM) de contratar en cada país, vía licitaciones públicas, a despachos externos que lleven a cabo las tareas promocionales.

Siendo un declarado admirador del Servicio Exterior Mexicano, estando consciente de los retos que encarará en el futuro cercano y habiendo hecho un recuento tan pormenorizado de lo que implican las tareas de promoción, me pregunto si estarán en posición de agregar este acervo de actividades, sin descuidar la tarea diplomática y consular, ahora más importante que nunca.

Las anteriores son solo algunas ideas, pero estoy cierto de que los interesados tendrán muchas más propuestas que hacer y que, de llevarse a cabo una amplia consulta (en el mismo ánimo que prevalece para otros temas), de ésta resultarían interesantes alternativas para sustituir y no destruir. Tengo más de veinte años de conocer y convivir con el sector turístico mexicano, que cuenta con una clase empresarial ejemplar, y me siento orgulloso de la creatividad, imaginación e inventiva que explica, en muy buena medida, el éxito que hemos tenido y que se ha traducido en millones de empleos y en una contribución al Producto Interno Bruto mayor que la de los sectores de la construcción, financiero o agropecuario, por sólo mencionar algunos.

México merece seguir generando crecimiento y desarrollo y el próximo gobierno lo sabe y está comprometido con ello. ¿Por qué, habiendo alternativas factibles, correr un riesgo tan grande innecesariamente? ¿Por qué no evitar entonces, precisamente ahora que vamos corriendo con gran velocidad en el turismo, darnos un tiro en el pie?

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