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Revista Latitud 21
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El ciudadano debe ser el centro de los proyectos

por Latitud21 Redacción 1 septiembre, 2016

Ahora que se están preparando diversos proyectos y planes de gobierno de cara a la entrada de una nueva administración en Quintana Roo, se hace necesario romper paradigmas y viejos esquemas en los que se venían privilegiando los intereses particulares y de grupo y se respondía a necesidades más de orden político, para pasar ahora a un orden en el que el verdadero protagonista y beneficiario de la acción política y de gobierno sea el ciudadano.

En el tema del transporte público, por ejemplo, durante años lo que ha prevalecido es un entorno de protección y favoritismo hacia los sindicatos, lo que no necesariamente ha significado beneficio para sus agremiados y mucho menos para la sociedad a la que supuestamente se sirve.

La problemática de los sindicatos de taxistas en el estado es generalizada y es común.  En todos los casos, los líderes sindicales, secretario general y principales allegados se han enriquecido en lo personal de manera ilícita a costa de los socios; han desviado recursos en su mayoría provenientes de las diversas cuotas que pagan los agremiados y se han beneficiado en lo personal sin transparentar las finanzas de las agrupaciones que representan, en la mayoría de los casos ante la pasividad y complicidad de las autoridades en turno.

El escenario se repite en prácticamente todos los sindicatos de taxistas del estado, que se han alejado por mucho del propósito de ser una unión que vigile por el bienestar de los agremiados.

Han servido los sindicatos para financiar campañas políticas, para ofrecer dádivas a políticos y funcionarios en turno; han sido plataforma de aspiraciones políticas y han servido también para, en contubernio con los gobernadores en turno, incrementar de manera desordenada y excesiva la oferta de taxis y otro tipo de transporte público en el estado, generando con ello desorden, caos vial, descontento de trabajadores del volante y conflictos serios con otros transportistas y actores del escenario turístico.

Los llamados ´martillos´, operadores de taxi, carecen de prestaciones de ley, no cuentan con seguridad social ni la posibilidad de fondos para el retiro, y los recursos supuestamente existentes en los sindicatos para defunciones y jubilación han sido desviados en una suerte de peculado.

Los propietarios de taxis no pagan impuestos, no contribuyen a la promoción de sus ciudades, viven en el anonimato y apoyan a este escenario enrarecido y de conflicto con prácticamente toda la sociedad.

La sobreoferta de taxis en todo el estado, el manejo turbio de los sindicatos, la entrega de placas de manera discrecional y arbitraria que es utilizada para pagar favores políticos o para enriquecer a unos cuantos, la falta de servicios de calidad en la prestación de servicios de taxi y el conflicto que mantienen con otras muy diversas organizaciones hacen necesaria la intervención urgente del nuevo Gobierno, no solo para poner orden ante la inminente posibilidad de un estallido social, sino para romper paradigmas y establecer un totalmente nuevo y diferente estado de cosas.

Es indispensable ahora proponer alternativas, que van desde la capacitación y fomento de la competitividad para los taxistas hasta la apertura total del transporte en el estado, permitiendo que personas físicas y morales puedan solicitar concesiones de transporte estatal sin tener que pertenecer a un sindicato y con ello reformar al mismo tiempo de manera integral la Ley Estatal de Transporte.

Quintana Roo es un estado dinámico y ejemplar en muchos sentidos y merece tener nuevos y mejores sistemas de transporte público que incorporen tecnología, que privilegien la aparición de nuevos servicios, como por ejemplo el internacionalmente demandado UBER, entre otros, que considere a los usuarios con capacidades diferentes y sobre todo y de manera especial que coloquen al ciudadano en el centro del escenario como protagonista principal.

Es inadmisible que la gente tenga que invertir hasta cuatro horas de su tiempo al día para ir y venir a sus centros de trabajo. No hemos aprovechado nuestro maravilloso cuerpo lagunar en Cancún, por ejemplo, para incorporar sistemas como los que existen en diversas ciudades del mundo, en donde aprovechando el recurso acuático se han diseñado transportes urbanos rápidos, eficientes, mucho menos contaminantes, que ofrecen un viaje agradable y que al final significan una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.

El transporte en Quintana Roo merece un tratamiento integral que sin duda debe incluir andadores, calles peatonales, rescate de espacios públicos, desarrollo de ciclovías en todo el estado, y con ello el fomento de la cultura hacia el uso de la bicicleta y otros esquemas que pongan al usuario en el centro de todo y se reduzca paulatinamente la prioridad que equivocadamente se le ha concedido al automóvil.

El Sistema de Movilidad Integral de Quintana Roo debe ser una prioridad para el desarrollo sustentable.

 

 

Del dicho al hecho…

por Latitud21 Redacción 1 septiembre, 2016

Tres eventos coincidentes me llevan a escribir sobre el delicado tema de la promoción turística en nuestro país: El relevo en la dirección general del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM); el que yo haya encontrado estos días entre mis papeles antiguos unas tarjetas para un acuerdo con el presidente Zedillo, y finalmente el que apenas ayer regresé de unas vacaciones por maravillosas tierras canadienses (¡que hasta un nieto me han regalado!) y país del que prácticamente copiamos el modelo para el CPTM, contando con el apoyo total de su gobierno para implementarlo en México.

En cuanto a la sucesión en el organismo, salió Rodolfo López Negrete, después de varios años de una tarea relevante, y entró Lourdes Berho, quien es una conocida y respetada ejecutiva de la industria turística, lo que deja una señal en principio conveniente porque se optó por alguien del sector y no se atendieron otros criterios políticos que tanto daño hicieron en el pasado.

En cuanto a las tarjetas a que me refiero, se trata de unas que llevaba como ayuda de memoria a un acuerdo que en mi carácter de secretario de Turismo sostuve con el Presidente de la República el día 11 de enero de 1999, en el cual cubrí temas diversos relacionados con el turismo en aquel entonces, pero, central y prioritariamente, trataba lo relacionado con la posible creación de un organismo mixto de promoción que, ya para entonces, proponíamos que se llamara el Consejo Mexicano de Promoción Turística.

Entre los argumentos que apoyaban esta propuesta, destacaba el hecho, muy preocupante, relacionado con los escasos recursos con los que México contaba para la promoción de turismo internacional hacia nuestros destinos. Igualmente, la tendencia descendente que veía. Presenté a mi jefe un cuadro en el que se mostraba que mientras países como Singapur, Canadá, Reino Unido o España disponían de montos que fluctuaban entre los 70 y 90 mdd al año, nosotros disponíamos de apenas 21 millones en 1998, cifra que era por cierto 68% inferior a la correspondiente a 1994, solo cuatro años antes. A este ritmo, le dije, pronto empezaremos a sentir los efectos negativos de una agresiva competencia por el turismo.

Era imperativo, le señalé, tomar decisiones de fondo, y no se veía nada mejor que hacer lo que otros países habían experimentado con éxito, creando un Organismo Mixto responsable de la promoción turística, financiado, además, con recursos derivados de la propia actividad, lo que le daría sustentabilidad y estabilidad en el largo plazo. Informé que el sector vería con buenos ojos la propuesta y que consideraba factible contar con el respaldo de las demás fuerzas políticas para que fuera aprobado por unanimidad.

Para lograr eso tendríamos que comprometernos a que el total de los recursos obtenidos se destinara a ese fin, que se garantizara la autonomía de gestión del organismo, así como la participación del sector privado y de los otros órdenes de gobierno (estatales y municipales) en el financiamiento y en la toma de decisiones relacionadas con la promoción turística. A todo me respondió afirmativamente el presidente. Contaría con todo su apoyo, me indicó.

Fue así que nos dimos a la tarea, coordinada por Javier Vega Camargo, quien después sería su primer director general, de analizar diferentes ejemplos en todo el mundo de organismos de esta naturaleza, inclinándonos finalmente en el caso de la Canadian Tourism Comission, dado que nos pareció el más conveniente. Pero a lo largo de este análisis comprendimos que deberíamos incluir otras decisiones estratégicas, tales como la promoción del impuesto al hospedaje en los estados y la creación de organismos locales, por mencionar algunas.

No obstante, como lo dice el título: “del dicho al hecho hay mucho trecho”, y poco a poco se desdibujaron algunas de las promesas presidenciales y a lo largo del tiempo en que el CPTM operó, otras ideas, recomendaciones o propuestas simplemente ya no se llevaron a cabo o no lo hicieron con la fuerza que podrían haberlo hecho.

De 21 mdd se pasó a alrededor de 200 millones y, por ello, Enrique de la Madrid y Lourdes Berho tienen una gran responsabilidad y oportunidad ante el apoyo que el presidente les ha comprometido, no solo para revitalizar al CPTM sino para hacer un replanteamiento integral de la política de promoción turística que multiplique los recursos disponibles. El pastel del turismo parece ser muy atractivo y, por ello, cada día habrá más competencia por él. Nunca será tarde para lograr que “del dicho al hecho no haya tanto trecho.

Cancún y sus retos rumbo a 2020

por Latitud21 Redacción 1 septiembre, 2016

A lo largo de la historia de Cancún se presentan ciclos de crecimiento que inician cuando la ocupación llega a niveles altos –de alrededor del 75%- y se caracterizan por fases en donde se absorbe este incremento mediante la construcción de nuevas habitaciones de hotel.

Así sucedió en 1986-87, cuando ocupaciones superiores al 80% permitieron que creciera la oferta de ocho mil a 15 mil cuartos en apenas dos años. También en 1997 una ocupación del 81.0% permitió el desarrollo de más de tres mil nuevos cuartos de hotel en los siguientes dos años y la última vez que se presentó una situación similar fue en 2005, cuando a pesar del huracán Wilma se logró una ocupación hotelera del 79.4%, que esa vez no se tradujo en un nuevo crecimiento de la actividad turística porque tuvo que reconstruirse y modernizarse todo lo destruido.

En 2014 y 2015 han sido años con una ocupación hotelera excepcional y este 2016 va por el mismo camino. En 2014 la ocupación fue del 78.2%, creció a 79.6% el año pasado y en el primer semestre de 2016 Cancún ha alcanzado un 83.8%.

Estos altísimos niveles de ocupación ocurren en un momento en el que la Zona Hotelera no tiene ya casi posibilidades de crecimiento, aunque ya se anuncia la densificación del predio que ocupa el hotel Iberostar donde se sustituirán sus villas por cuatro torres de 15 pisos cada una, o de proyectos nuevos en alguno de los pocos lotes disponibles, como en el caso del ya autorizado hotel Royalton.

Esto hace que en el futuro las posibilidades de crecimiento turístico pasen más por incrementar la derrama económica que genera la actividad que por hacer crecer la afluencia de visitantes con la construcción de más hoteles.

Por el lado de la derrama económica que genera el turismo, vemos que desde enero de 2015 ésta ha bajado de forma consistente. Esto tiene varias causas:

• Por un lado el regreso de los turistas estadounidenses de bajo nivel de ingreso que dejaron de venir desde 2009 como consecuencia de la crisis económica mundial.

• La baja en las tarifas aéreas gracias a la caída que ha tenido el precio del petróleo.

• La fortaleza del dólar que hace que al turista extranjero le rinda más su dinero, sin lograr que esto se haya traducido en un incremento del gasto que realiza.

Así pues, el reto que se le presenta a Cancún en este momento es lograr hacer crecer la economía del destino a través de una mayor derrama económica del turista que ya nos visita y no del incremento en el número de visitantes que recibe cada año.

Para lograr esto hay que esperar un panorama internacional positivo, en donde la economía de los principales mercados de turistas continúe su crecimiento, y, por otra parte, mejorar la experiencia que Cancún proporciona a sus visitantes resolviendo los siguientes retos:

•  La modalidad Todo Incluido ha hecho que baje el porcentaje de turistas que visitan restaurantes, centros nocturnos y centros comerciales, por lo que ahora es común ver locales desocupados a lo largo de la Zona Hotelera. Debe superarse este obstáculo mediante acuerdos entre hoteleros y el resto de los sectores de la actividad turística para incrementar la derrama económica fuera de los hoteles y así revitalizar espacios.

• Existen lugares abandonados por tener problemas de tipo legal o sobre los que pesan embargos e hipotecas. En este sentido es necesario que intervengan las autoridades para desbloquear estos problemas y, en último caso, llegar a la expropiación por causas de interés público.

• Cancún carece de un reglamento de imagen urbana que permita poner solución a varios de los problemas que afectan la calidad del paisaje que ofrece a sus visitantes. Es urgente la aprobación de un reglamento en este sentido que permita poner orden en aspectos visuales que afectan a la Zona Hotelera y el centro de la ciudad que van desde la propiedad hasta el cuidado de fachadas y tapiado de predios baldíos o abandonados.

Es necesaria la revitalización del centro de la ciudad de Cancún pensando en que sea un lugar con una alta accesibilidad que permita que los locales abandonados vuelvan a ocuparse y se reactive la actividad económica. En este caso es importante apoyar iniciativas que permitan incrementar el número de cajones de estacionamiento.

Medalla de oro

por Latitud21 Redacción 1 septiembre, 2016

El pasado mes de agosto finalmente llegó y, con ello, los Juegos Olímpicos de verano 2016 en la majestuosa ciudad de Río de Janeiro.

En medio de escándalos políticos y complicaciones sociales y económicas, Brasil sacó la cara por Latinoamérica, cuando por primera vez una ciudad de Sudamérica fuera sede de la competencia deportiva más importante del mundo, como son los Juegos Olímpicos.

Con una inversión estimada en más de 15 mil millones de dólares norteamericanos, estas justas olímpicas se encuentran aún lejos de los 19 mil millones que costaran las olimpiadas de 2012 en Londres y mucho más lejos de los 40 mil millones que costaron las de Beijing en 2008. Pero aún así los rusos le ganan la medalla de oro a los chinos con las olimpiadas de invierno que organizaron en Sochi en 2014 y que reportan haber costado 51 mil millones de dólares.

Parece que lo que naciera como una propuesta del barón Pierre de Coubertine de hermanar al mundo bajo el paraguas del deporte se consigue en plenitud cada cuatro años, excepto por lo que es el espíritu original de hacerlo sin ánimo de lucro.

Los Juegos Olímpicos de Río han sido una de las causas que tienen a Brasil hoy en día sometida a una recesión económica que les llevará varios años superar. Posiblemente no tantos como a Grecia, que en 2004 organizara los Juegos Olímpicos a un costo de 18 mil millones de dólares y que, 12 años después, sigue aún pagando la factura de tan irresponsable decisión.

En 2020 toma el relevo Tokio, que sorprende al ofrecer unas competencia olímpicas por apenas un poco más de la mitad de lo que costó Río, lo que nos hace creer que sí se puede organizar un evento como este, con responsabilidad y honestidad, sin tener que ser necesariamente una de las más grandes potencias económicas del mundo.

Finalmente, lo que se busca con este tipo de eventos es destacar la fortaleza del espíritu humano, la importancia de la disciplina en el individuo y la del trabajo en equipo en aquellos deportes que así lo requieren. Sigamos el ejemplo del espíritu olímpico en el plano empresarial, construyendo empresas que compitan sanamente y que, al final, sepan reconocer con dignidad su derrota y asimilar con humildad su victoria, contribuyendo al éxito de su sociedad.

Medalla de oro para todos los emprendedores mexicanos, porque cada día compiten en una carrera de obstáculos inimaginable, pero que, como Filípides, no se detienen en su carrera maratónica hasta llegar a la meta y poder anunciar la victoria. Aunque algunos, como Filípides, en ello dejen la vida. Finalmente, en algo teníamos que ganar una medalla de oro.

 

 

Isla de las Golondrinas

por Latitud21 Redacción 1 septiembre, 2016

Todo empezó desde una pequeña y lejana isla, Cozumel, cuna de gobernadores de Quintana Roo, y donde se cimbró la vocación turística de la zona antes del suceso Cancún gracias a un progresista grupo de empresarios que no se intimidó para lograr la conectividad aérea y marítima para incluir a la isla en el mapamundi turístico en los lejanos años sesenta.

Don Nassim Joaquín fue uno de estos empresarios, cuya visión le llevó a vender en aquella década esa legendaria isla que se constituiría en la pieza angular para desarrollar el primer Centro Turístico Integralmente Planeado del país, cuyo despegue se originó en la década de los setentas bajo la marca Cancún, que paradójicamente vino a competirle y a la postre a alimentarla.

Fueron don Nassim y el entonces joven empresario Fernando Barbachano  se hicieron accionistas de la aerolínea Tamsa a fin de conectar a la isla con el territorio nacional, cediéndole sus acciones a Mexicana de Aviación en la década de los sesentas para continuar fortaleciendo su conectividad, dejando atrás intereses personales.

Otro de esos progresistas empresarios fue don Trino Molina Castellanos. Con una potencialidad visionaria genuinamente de avanzada incursionó en el sector turismo en 1969 con la agencia de viajes Aviomar, cuyo propósito era crear tours a las ruinas de Chichén-Itzá, Uxmal, Ruta Puuc y demás puntos de interés de la Península de Yucatán.

A partir de un viaje en crucero vio la importancia y el futuro de la industria en tierra mexicana. Para entonces la industria no llegaba a México, se movía de la costa de Nueva York a Florida. En 1969 buscó la factibilidad de sitios para tal proeza y convenció a diferentes líneas navieras a conocer la robusta ruta maya. Primero en el puerto de Progreso, y a falta de calado apareció Puerto Morelos, Playa del Carmen y la isla de Cozumel, consiguiendo la masificación de la industria en los ochentas desde esta última.

Estos personajes tuvieron la visión con respecto de la oportunidad que les representaría la paradisiaca isla en el mundo de los negocios turísticos, pero como otros empresarios que se gestaron ahí para participar de otras actividades alternas y demandadas por este, reconocían el cambio morfológico de la también llamada Isla de las Golondrinas para seguir liderando la industria mundial turística, para diversificar su economía. Se tendría que recuperar las frecuencias de líneas aéreas perdidas ante el ingreso de Cancún para llenar los más de cinco mil cuartos, conseguir de vuelta el puente aéreo entre Cancún y Cozumel, como cordón umbilical para su alimentación de turistas, pero sobre todo buscar nichos de mercado especializados a través de oferta diferenciada, como hoteles boutique, hoteles spa, para pellizcarle, al igual que a Riviera Maya, el dos o tres por ciento de visitantes.

Y esta obra se está erigiendo desde 2006 por nuestro personaje de portada, Hugo César Camou, CEO de Isla Pasión. Invirtió en el rescate del resplandor de la histórica ínsula maya, donde anualmente atienden a más de 100 mil cruceristas. Está sentando precedentes ambientales con la generación de energía limpia eólica, ha incursionado en el segmento de bodas, en el de aventura y está en proceso nueva inversión para un hotel boutique, todo en busca de nuevos segmentos.

La condición de esta isla al norte de Cozumel ha sido valuada como ideal y con alto potencial para construir proyectos de lujo de acuerdo con la experiencia de otras islas de Grecia, Irlanda, Islandia y el Caribe.

Hoy es la oportunidad de Cozumel de presumir un potencial producto turístico como recurso estratégico en una nueva morfología, y para ello también tendrá que haber unidad integral de cara al mundo para promocionar la pequeña isla que inició la vocación turística de la zona.

La COP 13 de Diversidad Biológica

por Latitud21 Redacción 22 agosto, 2016

En diciembre de 2016, más de ocho mil especialistas en temas relacionados con la biodiversidad se reunirán en nuestro Quintana Roo para discutir temas relevantes en materia de conservación. ¿Por qué debe importarnos?

Porque la 13va Conferencia de las Partes del Convenio de la Diversidad Biológica (mejor conocida como COP 13), es nada más y nada menos que uno de los eventos más importantes del año a nivel mundial en esta materia.

Demos un paso atrás. A partir de la Cumbre de Río de 1992, en uno de los eventos más importantes de sustentabilidad a nivel global, se evidenció que uno de los factores que más amenazaban nuestra economía en el largo plazo era la pérdida de la biodiversidad, por ello un grupo de países decidió establecer acciones para su conservación a través de la publicación y la firma del Convenio de la Diversidad Biológica (CDB), que al día de hoy ha sido signado por 168 países, incluido México.

Además, nuestro país es considerado uno de los 12 países megadiversos, que concentran más del 70% de las especies en el planeta; por ello, y por ser parte del CDB, México tiene la enorme responsabilidad de dar cumplimiento a una serie de metas que permitan avanzar en el desarrollo económico, pero considerando la diversidad biológica como un importante activo al que hay que mantener. Cada dos años los países firmantes del Convenio (las Partes) se reúnen para tomar decisiones importantes que permitan lograr estos objetivos, y hoy somos la sede.

El compromiso de México ante sus similares es, entre otros, trabajar para que la conservación y el uso sustentable de la biodiversidad se integren a los planes sectoriales e intersectoriales. Vaya tema, considerando que nuestro país ha perdido más del 50% de sus ecosistemas originarios, principalmente por el cambio de uso de suelo que generan las actividades agrícolas, ganaderas, industriales y urbanas, entre otras.

La COP 13 en Cancún tiene cuatro temas prioritarios: agricultura, desarrollo forestal, pesquerías y turismo, y es este último en el que todos los que trabajamos en o para esta noble actividad debemos estar pendientes.

¿Por qué? No solo porque los ojos del mundo de la conservación se posarán del 1 al 17 de diciembre en los destinos de Quintana Roo, y habrá  miles de reflexiones (esperemos que no todas de fuera) de lo que hemos hecho o dejado de hacer en temas de biodiversidad, sino que también el mundo  espera que el principal destino de turismo de Latinoamérica, su gobierno, sus empresas, sus organizaciones y su sociedad civil hagan un planteamiento inteligente acerca del rumbo que quieren darle a esta actividad en el futuro.

La gran pregunta es: ¿Estamos preparados para generar una posición conjunta a favor de un desarrollo sustentable del turismo? ¿O seguiremos con posiciones encontradas sobre la eterna lucha entre el crecimiento y la conservación?

Solo el tiempo, más de ocho mil especialistas en el sitio y cientos de miles más en otras partes del mundo nos lo dirán… Hay mucho que hacer, así que a trabajar.

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