Isla de las Golondrinas

por Latitud21 Redacción

Todo empezó desde una pequeña y lejana isla, Cozumel, cuna de gobernadores de Quintana Roo, y donde se cimbró la vocación turística de la zona antes del suceso Cancún gracias a un progresista grupo de empresarios que no se intimidó para lograr la conectividad aérea y marítima para incluir a la isla en el mapamundi turístico en los lejanos años sesenta.

Don Nassim Joaquín fue uno de estos empresarios, cuya visión le llevó a vender en aquella década esa legendaria isla que se constituiría en la pieza angular para desarrollar el primer Centro Turístico Integralmente Planeado del país, cuyo despegue se originó en la década de los setentas bajo la marca Cancún, que paradójicamente vino a competirle y a la postre a alimentarla.

Fueron don Nassim y el entonces joven empresario Fernando Barbachano  se hicieron accionistas de la aerolínea Tamsa a fin de conectar a la isla con el territorio nacional, cediéndole sus acciones a Mexicana de Aviación en la década de los sesentas para continuar fortaleciendo su conectividad, dejando atrás intereses personales.

Otro de esos progresistas empresarios fue don Trino Molina Castellanos. Con una potencialidad visionaria genuinamente de avanzada incursionó en el sector turismo en 1969 con la agencia de viajes Aviomar, cuyo propósito era crear tours a las ruinas de Chichén-Itzá, Uxmal, Ruta Puuc y demás puntos de interés de la Península de Yucatán.

A partir de un viaje en crucero vio la importancia y el futuro de la industria en tierra mexicana. Para entonces la industria no llegaba a México, se movía de la costa de Nueva York a Florida. En 1969 buscó la factibilidad de sitios para tal proeza y convenció a diferentes líneas navieras a conocer la robusta ruta maya. Primero en el puerto de Progreso, y a falta de calado apareció Puerto Morelos, Playa del Carmen y la isla de Cozumel, consiguiendo la masificación de la industria en los ochentas desde esta última.

Estos personajes tuvieron la visión con respecto de la oportunidad que les representaría la paradisiaca isla en el mundo de los negocios turísticos, pero como otros empresarios que se gestaron ahí para participar de otras actividades alternas y demandadas por este, reconocían el cambio morfológico de la también llamada Isla de las Golondrinas para seguir liderando la industria mundial turística, para diversificar su economía. Se tendría que recuperar las frecuencias de líneas aéreas perdidas ante el ingreso de Cancún para llenar los más de cinco mil cuartos, conseguir de vuelta el puente aéreo entre Cancún y Cozumel, como cordón umbilical para su alimentación de turistas, pero sobre todo buscar nichos de mercado especializados a través de oferta diferenciada, como hoteles boutique, hoteles spa, para pellizcarle, al igual que a Riviera Maya, el dos o tres por ciento de visitantes.

Y esta obra se está erigiendo desde 2006 por nuestro personaje de portada, Hugo César Camou, CEO de Isla Pasión. Invirtió en el rescate del resplandor de la histórica ínsula maya, donde anualmente atienden a más de 100 mil cruceristas. Está sentando precedentes ambientales con la generación de energía limpia eólica, ha incursionado en el segmento de bodas, en el de aventura y está en proceso nueva inversión para un hotel boutique, todo en busca de nuevos segmentos.

La condición de esta isla al norte de Cozumel ha sido valuada como ideal y con alto potencial para construir proyectos de lujo de acuerdo con la experiencia de otras islas de Grecia, Irlanda, Islandia y el Caribe.

Hoy es la oportunidad de Cozumel de presumir un potencial producto turístico como recurso estratégico en una nueva morfología, y para ello también tendrá que haber unidad integral de cara al mundo para promocionar la pequeña isla que inició la vocación turística de la zona.

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