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Revista Latitud 21
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¿Por qué la necesidad de legislar para el turismo?

por NellyG 2 marzo, 2026

 

Por: Sergio E. González Rubiera               sgrubiera@acticonsultores.com

 

Mucho se ha insistido a lo largo de los años, en la necesidad de que existan leyes de fomento para la actividad turística, escenarios legislativos que privilegien a este sector y estímulos fiscales, que además de alentar, faciliten la puesta en marcha de negocios turísticos, el avance y progresión de los existentes y con ello, la generación de empleos, la derrama económica a partir de captar a más y mejores turistas, para lograr una mejor calidad de vida para la población, y especialmente en aquellas comunidades receptoras de turismo en el país.

Incentivar a la industria turística implica por una parte derribar barreras y obstáculos para la operación de las empresas, agilizar y facilitar la tramitología, y por otra, de manera importante, reducir la carga tributaria, y por decirlo simple y llanamente, hacerlo más fácil tanto para los emprendedores, como para quienes ya establecidos, sean micro, pequeñas, medianas o grandes empresas, puedan ser más competitivos, generen y mantengan empleos y en suma, generarle más turistas, más divisas y más ingresos a sus empresas, a su región y al país.

Incentivar a las empresas turísticas, reduciendo la carga tributaria, es decir con estímulos y beneficios fiscales, significa, por una parte, desde una óptica, una afrenta contra la recaudación y en una teoría simplista una merma contra los ingresos del Estado. Quitarle o reducirle impuestos en pocas palabras, a los empresarios turísticos, implica una reducción en la recaudación para las arcas de los gobiernos, pero visto desde otra óptica y con visión de largo plazo, significa la posibilidad de incrementar los flujos turísticos y con ello, el gasto, la derrama y el pago, al tiempo de otros muchos impuestos.

Por citar un ejemplo, de implementarse la TASA CERO a grupos, convenciones, incentivos y congresos en toda su extensión, sin cortapisas ni restricciones, aplicándola de manera amplia a todos cuantos servicios se ocupan en la industria de reuniones, podría derivar en un importante incremento en el flujo de turismo por este segmento, significando además de mayores ocupaciones hoteleras y a mejores tarifas, la posibilidad de dar empleos a un sinfín de actores y actividades asociadas, como especialistas en la conducción de grupos (free lances), marinas, floristas, músicos, proveedores de producción de espectáculos, transportistas diversos, vendedores y productores de artesanías, y un sinfín de etcéteras, que a su vez habrían de contribuir con pagos de impuestos, además de empleos.

La industria de reuniones, en el caso del Caribe Mexicano, puede significar de manera estimada sólo un 20% del mercado anual, a tarifas hoteleras por demás atractivas, que además viene a compensar meses de temporada baja, pero que de contar con los incentivos adecuados podría incrementarse de manera significativa.

El turismo es una cadena infinita de producción y si se le incentiva y fomenta de forma adecuada, puede significar para México, una derrama inconmensurable de ingresos, debe ser la palanca que nos impulse como potencia a nivel mundial y puede ser sin duda la plataforma de lanzamiento para que México pueda, sin lugar a dudas, ser líder en turismo mundial, al tiempo que va complementando y eventualmente sustituyendo al petróleo, sin duda en decadencia.

A continuación, los asuntos a legislar:

A nivel Federal:
  • Exentar del pago de ISR por cinco años a los empresarios que remodelen hoteles, parques temáticos, restaurantes y marinas.
  • Exentar del pago de ISR por cinco años a quienes establezcan o inicien un negocio turístico de cualquier índole que sea micro o pequeña empresa, y exentar el 50% tratándose de medianas y grandes empresas.
  • Exentar de ISR a las empresas transportistas de nueva creación, por cinco años, y por tres años a quienes renueven flotilla.
  • Incorporar la deducibilidad de impuestos al 100% por consumos en restaurantes.
  • Lograr de manera efectiva la devolución parcial de impuestos a los turistas extranjeros que hagan compras en los destinos turísticos de México, incorporando módulos eficaces y visibles en aeropuertos, grandes tiendas y almacenes. Revisar el caso de España.
  • Tasa Cero para grupos, convenciones e incentivos, debería ampliarse para que sea aplicada a grupos extranjeros y mexicanos; que también aplique para la contratación de recintos, transportación, restaurantes y marinas, además de los hoteles. Aplicable también para todos los congresistas que por su cuenta asisten a un Congreso, de manera que todo el IVA que pagan durante sus estancias les sea devuelto. La Tasa Cero debe ser amplia, fácil y sencilla de aplicar y de comunicar a los mercados emisores y a los organizadores del segmento de Reuniones.
  • Eliminar el IVA, en la venta de excursiones turísticas.
Turismo Médico:
  • Que se reconozca como actividad prioritaria en la Ley General de Turismo.
  • Deducción acelerada del 100% para inversión en infraestructura médica enfocada a extranjeros.
  • Facilitar importación temporal sin aranceles de equipo médico especializado.

 

Al Buen Entendedor…

Pasos concretos hacia la paz y la prosperidad

por NellyG 2 marzo, 2026

 

 

Por: Cap. Manuel Herbeles Razcón

Experto en seguridad privada, empresario, diplomático, fundador de Guardian Global Security Group, vicecónsul honorario de Ucrania en México, presidente de la Asociación Internacional de Organismos Unidos por la Seguridad AC, e integrante de COPARMEX Quintana Roo.

 

 

Tras la detención de figuras claves del crimen organizado en México, la incertidumbre se alimenta de especulaciones que afectan inversiones y proyectos, pero sobre todo en la percepción de seguridad.

Por eso creo firmemente que este es el momento de convertir la crisis en una oportunidad, para reforzar la seguridad, la transparencia y la cooperación entre gobierno, empresarios y sociedad civil.

Primero: seguridad con enfoque preventivo. La reducción de riesgos debe pasar por inteligencia activa, coordinación entre policía federal, policía estatal, Policía Municipal, fiscalía y nos podemos quedar atrás nosotros los responsables de la seguridad privada que somos como la primera línea de atención entre los usuarios y su seguridad.

 

Segundo: transparencia para reducir rumores. Las personas desean saber y conocer ¿Cómo fue? ¿Qué sigue? Y somos nosotros quienes debemos promover que todos sigan los canales oficiales de los diferentes niveles de gobierno y las instituciones de seguridad.

 

Tercero: estabilidad y certeza macroeconómica para la inversión. Garantizar seguridad jurídica en permisos y licencias; crear fondos o incentivos para proyectos enfocados en nuestro personal; fortalecer seguros y garantías; impulsar alianzas público-privadas con condiciones claras y financiamientos accesibles.

Cuarto: participación ciudadana y cohesión social. Espacios de diálogo regional, programas de información y capacitación en gobernanza para líderes comunitarios y empresariales. Apoyar iniciativas locales: empleo, educación, infraestructura y servicios de salud, pero sobre todo trabajemos en el desarrollo humano de nuestros colaboradores.

Quinto: innovación y gobernanza inteligente. Plataformas de datos entre seguridad, movilidad y desarrollo urbano; indicadores de paz que midan empleo, educación y convivencia; transparencia en contrataciones y adquisiciones para reconstrucción.

Sexto: ética y responsabilidad compartida. Códigos de conducta, auditorías independientes y mecanismos de denuncia; fomentar una cultura de aprendizaje y mejora; promover la responsabilidad social corporativa enfocada en seguridad y desarrollo.

 

En este momento las circunstancias del país y de Quintana Roo exige acción compartida: empresarios, comunidades, académicos y autoridades deben trabajar con claridad, métricas verificables y plazos. Con transparencia y participación ciudadana, la incertidumbre claro que puede transformarse en una ruta sólida hacia la paz y la prosperidad sostenibles.

 

Reinicio, marca propia y futuro

por NellyG 2 marzo, 2026

 

 Por Psicólogo: David Asencio www.davidasencio.mx

 

En Latitud 21 estamos de regreso con una nueva etapa llena de oportunidades. Después de varias semanas de cambios estratégicos en la Grupo Editorial Latitud 21, reconocemos que nuestras revistas ya cuentan con una marca propia, precio de historia y credibilidad. Este legado es la base sobre la que construiremos un futuro aún más audaz. ¡Haremos muchas cosas nuevas y diferentes!

Nuestra casa editorial está conformada por tres publicaciones que ya son referentes en la región:

Proyecto Brújula — la revista de sociales más leída en el Caribe mexicano.

Latitud 21 — la guía para llevar el mundo empresarial a tus manos.

Cancún Tips — la guía turística por excelencia.

 

Con una nueva administración, iniciamos una etapa en la que el profesionalismo, la calidad y la innovación serán los ejes de nuestro crecimiento. Liderados por Amador Gutiérrez, nuestro equipo combina experiencia y una marca personal sólida que se sincroniza con la visión de Latitud 21 para volver a posicionarnos como el parteaguas de la información en Quintana Roo y toda la península de Yucatán.

Crear una marca propia es más que un logo o un nombre; es la promesa de valor que haces a tu audiencia. Una marca fuerte:

– Aporta claridad: define quién eres, qué haces y para quién.

– Genera confianza: consistencia en palabras, imágenes y acciones.

– Diferencia en un mercado saturado: comunica tu propósito y tu oferta única.

– Potencia la lealtad: conecta emocionalmente y fomenta relaciones duraderas.

– Acelera oportunidades: facilita colaboraciones, ventas y crecimiento profesional.

 

Invierte en tu historia, en tu voz y en la experiencia que das. Construye una marca auténtica y coherente, y verás cómo tu impacto se multiplica.

Dentro del desarrollo humano, construir una marca personal es parte del camino que deseas recorrer… Lo que estás construyendo hoy será lo que vivirás en un futuro.

Es el proceso de definir y comunicar de forma coherente quién eres, qué haces y por qué te distingue del resto (ser tú mismo). Implica identificar tus valores, tus fortalezas, tu propósito y tu historia, y traducirlos en una presencia visible y consistente (online y offline). No se trata solo de apariencia o marketing, sino de autenticidad: alinear lo que dices con lo que haces y con tus experiencias.

Para ello, el desarrollo humano es la base de esa construcción, pero seré honesto: a diferencia de una casa o un edificio, para que tú te construyas tienes que derrumbarte, y muchas veces quedar en solo terreno, ya que las bases de tu construcción pueden no estar tan sólidas. Recuerda que no las construiste tú; las hicieron tus padres, tu historia y todos los que, de alguna u otra manera, participaron e impactaron tu vida.

Te invitamos a acompañarnos en mi canal #vocesqueinspiran, donde precisamente exploramos el poder de la marca propia y su impacto en el desarrollo humano y el crecimiento profesional. En nuestra conversación de esta vez con Franco Borges, especialista en marca personal y sus implicaciones en la era de la inteligencia artificial, abordamos cómo construir identidades fuertes y sostenibles en un mundo en transformación.

Nuestro compromiso ahora será hacer de cada edición un recurso inteligente, con contenido riguroso y relevante. Potenciar las marcas propias de nuestras revistas y de nuestro equipo, para sumar valor a lectores y colaboradores.

Construir juntos un mundo mejor a través de la pasión por lo que hacemos y la excelencia profesional.

 

Justicia por mano propia, linchamiento y legítima defensa

por NellyG 2 marzo, 2026

Quiero compartirles un fenómeno que se está dando cada vez más recurrente y preocupante en muchas partes de México en los últimos años: los actos de justicia por mano propia, especialmente en comunidades rurales y zonas marginadas donde la presencia del Estado es débil o inexistente. Esta situación ha generado un debate urgente dentro del derecho penal mexicano, particularmente en torno al concepto de legítima defensa y sus límites legales. ¿Hasta dónde puede llegar una persona para protegerse a sí misma, a su familia o a su comunidad? ¿Cuándo deja de ser legítima defensa para convertirse en homicidio o linchamiento? Estas preguntas no solo son jurídicas, sino profundamente sociales y éticas, y requieren una reflexión crítica sobre la función del derecho penal en contextos donde el acceso a la justicia es desigual.

Según el doctor Mishell Saavedra, el artículo 15, fracción IV, del Código Penal Federal establece que no es delito el acto ejecutado en legítima defensa, siempre que concurran ciertos requisitos: agresión real, actual o inminente; necesidad de la defensa; y falta de provocación suficiente por parte del defensor. En teoría, esta figura busca proteger a quien se ve obligado a repeler una agresión injusta, brindándole un marco legal para actuar sin ser castigado. Sin embargo, en la práctica, su aplicación es compleja, especialmente en zonas donde los ciudadanos se sienten abandonados por las instituciones encargadas de brindar seguridad.

En muchos pueblos de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán o Veracruz, por ejemplo, la población ha recurrido a formas comunitarias de defensa que incluyen desde rondas ciudadanas armadas hasta linchamientos de presuntos delincuentes. En estos escenarios, el Estado no solo ha fracasado en garantizar la seguridad pública, sino que ha dejado un vacío que ha sido ocupado por la autodefensa. Para los habitantes de estas regiones, la legítima defensa no es una figura jurídica abstracta, sino una necesidad cotidiana frente al crimen organizado, al robo constante o a la violencia impune. En estos contextos, la línea entre defensa y venganza es difusa, y la justicia por mano propia aparece como la única alternativa real ante la omisión del Estado.

No obstante, el derecho penal mexicano sigue siendo eminentemente formalista. La evaluación de la legítima defensa se realiza bajo parámetros rígidos que muchas veces no consideran el contexto social o cultural en que ocurren los hechos. El uso excesivo de la fuerza, por ejemplo, puede invalidar la legítima defensa, incluso si la persona actuó bajo un temor fundado o en una situación de riesgo extremo. Además, en casos colectivos como linchamientos, los tribunales suelen descartar la legítima defensa, argumentando que se trató de una ejecución extrajudicial fuera de todo marco legal. Esto ha llevado a que muchas personas que actuaron en defensa propia o de su comunidad sean criminalizadas, mientras que los verdaderos agresores quedan impunes o son liberados por falta de pruebas.

A esta problemática se suma la falta de una perspectiva intercultural en la aplicación de la ley penal. En comunidades indígenas o rurales con sistemas normativos propios, la noción de justicia puede diferir significativamente de la visión occidental. El castigo comunitario, el escarnio público o la retribución inmediata son mecanismos tradicionales que responden a una lógica distinta, donde lo importante no es solo sancionar al culpable, sino restaurar el equilibrio social roto por la agresión. Sin embargo, el sistema penal oficial no reconoce estas formas de justicia como legítimas, y suele imponer penas severas a quienes actúan conforme a sus usos y costumbres, sin atender al principio de pluralismo jurídico reconocido por la Constitución.

La discusión sobre la legítima defensa y la justicia por mano propia no puede limitarse a un debate técnico entre abogados. Es, ante todo, un síntoma de una crisis profunda del Estado de derecho en México. Cuando la ciudadanía no confía en las instituciones, cuando denunciar un delito implica ponerse en riesgo o recibir burlas por parte de las autoridades, cuando el acceso a un ministerio público está a horas de camino, entonces la autodefensa deja de ser una excepción y se convierte en norma. Ante este panorama, el derecho penal tiene dos opciones: seguir criminalizando a los sectores más vulnerables o adaptarse para responder con sensibilidad y justicia a las realidades locales.

Para avanzar en una solución, es urgente revisar la regulación de la legítima defensa con criterios más flexibles y contextuales, que permitan al juez valorar no solo los elementos objetivos del caso, sino también el entorno social y las condiciones en que la persona actuó. Asimismo, se requiere un enfoque de justicia restaurativa que dialogue con las prácticas comunitarias, en lugar de imponer castigos desproporcionados. Finalmente, el Estado debe asumir su responsabilidad de garantizar la seguridad en todo el territorio, porque mientras las comunidades se vean obligadas a defenderse solas, el derecho penal seguirá enfrentando su mayor paradoja: castigar a quienes fueron abandonados a su suerte.

En conclusión, el fenómeno de la justicia por mano propia en zonas rurales de México es una alarma encendida que interpela al sistema penal en su conjunto. La legítima defensa no puede seguir interpretándose desde una visión urbana, centralista y desconectada de la realidad. Si el derecho penal quiere ser una herramienta de justicia y no de opresión, debe abrirse al análisis crítico, a la diversidad cultural y al reconocimiento del abandono institucional que empuja a muchas personas a tomar la justicia en sus propias manos.

 

 

Más que turismo: Logística

por NellyG 2 marzo, 2026

Quintana Roo importa más del 90% de lo que consume. Eso significa que nuestra competitividad turística depende, silenciosamente, de la logística. Y en esa ecuación, el Canal de Panamá es una pieza determinante.

Si una carga proveniente de Asia cruza el Canal y entra por el Atlántico hacia Puerto Progreso, el tránsito promedio Asia–Panamá–Yucatán ronda los 28 a 32 días. El costo marítimo de un contenedor de 40 pies oscila entre 3,000 y 4,500 dólares, y el traslado terrestre Progreso–Cancún se ubica entre 900 y 1,400 dólares.

Si esa misma carga entra por el Pacífico mexicano —Manzanillo o Lázaro Cárdenas— el tránsito marítimo puede ser de 5 a 7 días más corto. Sin embargo, el transporte terrestre hasta Quintana Roo supera los 2,200 kilómetros, con costos que pueden alcanzar entre 3,500 y 5,000 dólares por contenedor.

El resultado es técnico y contundente: abastecer la Península vía Pacífico puede elevar el costo logístico total entre 18% y 30%, además de mayor exposición a variabilidad carretera, riesgos de seguridad y tiempos menos estables. Para el sureste mexicano, el Canal de Panamá más Puerto Progreso no es una alternativa romántica; es estructuralmente más eficiente, más predecible y financieramente más competitivo.

Esa diferencia impacta directamente en el precio final de mobiliario hotelero, sistemas de climatización, tecnología, alimentos importados, vinos, textiles, acero estructural y materiales de construcción. Cada punto porcentual adicional en logística termina reflejándose en márgenes empresariales más estrechos o en tarifas finales más altas. El Canal no es un concepto lejano: es estabilidad de costos para hoteles, desarrolladores, supermercados y consumidores.

Pero la conversación no debe limitarse a por dónde entra la mercancía. La verdadera oportunidad está en cómo capitalizamos la relación estratégica con Panamá.

Panamá no es potencia manufacturera; es potencia logística y financiera. Su fortaleza radica en la Zona Libre de Colón —una de las mayores plataformas de redistribución del continente—, en su hub aéreo regional y en su sistema bancario internacional. Más que atraer industria pesada, la alianza debe centrarse en logística, redistribución inteligente y servicios de alto valor agregado.

¿Qué podemos ofrecer desde Quintana Roo?

Primero, integración turística corporativa entre Ciudad de Panamá y Riviera Maya. Panamá es centro financiero regional; nosotros somos destino de experiencia. El modelo multidestino —dos días de negocios y cinco de descanso— puede incrementar permanencia y derrama regional.

Segundo, exportación de servicios: consultoría hotelera, desarrollo de experiencias inmersivas, entretenimiento temático, formación en hospitalidad y franquicias gastronómicas con sello Caribe Mexicano.

Tercero, agroproductos premium y pesca de alto valor: mariscos, procesados tropicales, alimentos gourmet y productos orgánicos que conecten con el segmento ejecutivo y hotelero panameño.

¿Y qué nos interesa de ellos?

Plataforma de consolidación sudamericana: café especial, cacao fino, alimentos procesados, productos farmacéuticos y cosméticos distribuidos desde su hub logístico. Integrar cadenas regionales reduciría dependencia de rutas más largas y vulnerables.

También nos interesa su conectividad aérea estratégica para fortalecer el flujo empresarial y de convenciones, un segmento que puede complementar nuestra estacionalidad turística.

En la parte industrial, Panamá no será nuestro socio maquilador. Pero sí puede convertirse en aliado clave si Quintana Roo decide evolucionar hacia un nodo de redistribución del Caribe mexicano, conectando Puerto Progreso, la Península y Centroamérica bajo una lógica integrada, moderna y tecnológicamente trazable.

El Canal de Panamá nos da una ventaja geográfica que hoy utilizamos únicamente para abastecernos. Pero la geografía no crea desarrollo; lo crea la visión estratégica que se construye sobre ella.

Quintana Roo ya es potencia turística. El siguiente paso es entender que el turismo no se sostiene solo con promoción, sino con cadenas de suministro eficientes, costos logísticos controlados, alianzas regionales inteligentes y diversificación económica progresiva. La competitividad del Caribe mexicano no empieza en la playa: empieza en el puerto, en la ruta y en la planeación.

Si queremos estabilidad, resiliencia económica y mayor margen empresarial, debemos dejar de pensar exclusivamente en ocupación hotelera y comenzar a pensar en integración logística, en infraestructura complementaria y en posicionamiento regional.

Porque el verdadero salto económico no está únicamente en recibir más visitantes, sino en dominar las rutas que hacen posible su experiencia.

Quintana Roo no es solo un destino.

Es una plataforma estratégica en el Caribe.

Y quien entiende la logística, entiende el futuro.

¡Hasta el próximo mes con más retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima porque el éxito ya lo tenemos

 

El sufrimiento empresarial

por NellyG 2 marzo, 2026

 

 

Quisiera comentar con todos ustedes un tema que nos ha traído sin dormir a muchos empresarios: Incrementos de impuestos y carga social.

Parecerían temas normales del día a día empresarial, pero en realidad es un tema mucho más complejo, que se refleja en muchos aspectos afectando profundamente la estructura social.

Hacer los pagos de regulaciones municipales al alza (basura, licencias de funcionamiento, REPSE, Imoveqroo, Impuesto de Nómina, permisos de letreros, entre muchos otros que se pagan en cada industria individual), los impuestos federales y los incrementos en carga social, se refleja en el costo del bien o servicio que ofrece la empresa.

Las empresas que ofrecen servicios son las más afectadas, porque su producto es el recurso humano; sin embargo, ofrecer a los clientes aumentos de 30% a veces es inviable. Las empresas que cumplen con la regulación establecida se ven en desventaja contra un comercio semi-informal. Muchas empresas para ajustar costos optan por despidos o dejan de contratar servicios en áreas de calidad o capacitación, que a la larga significa simplemente dejar esa cadena virtuosa de crecimiento entre empresas.  Si pensamos a largo plazo la tendencia será negativa: en lugar de generar más empleo, más riqueza, se pagan costos de una sobre regulación gubernamental.  Es decir, el gobierno se vuelve el socio incómodo de las empresas, no genera nada y cuesta mucho.

Me pregunto ¿el gobierno es consciente de esta situación? No hay dinero que les alcance para operar, tienen muchos gastos que en muchos casos están ejercidos ineficientemente. Así que cobran más a las empresas ordenadas y cumplidas. ¿No deberían mejor centrarse en lograr una eficiencia administrativa que haga una reducción de sus costos operativos? Siento que existe un círculo vicioso, por ejemplo, como gobierno, pongo un impuesto sobre el tamaño de las ventanas de las oficinas (no les doy ideas, jajaja), pero ahora hay que contratar varios supervisores, coches, escaleras y hacer una revisión de todas las ventanas. Todo ese es sumar al costo de operación y ¿Cuánto dinero realmente entra a las arcas de la Tesorería? ¿Realmente esa nueva regulación tiene un beneficio en el aspecto de la comunidad?, ¿El tamaño de las ventanas afecta realmente en la operación de las empresas?

Me imagino a alguien respondiendo ‘es que hemos detectado que las ventanas grandes generan un mayor consumo de luz y eso afecta la capacidad de distribución de CFE, por eso nos hemos puesto a la tarea de reducir el tamaño de las mismas… las oficinas sólo pueden tener ventanas que cumplan con un objetivo específico, no afectar a los pobres y las malditas empresas ricas afectan, por eso regularemos esos tamaños. Pero eso generará más empleos, porque ahora las empresas deberán contratar albañiles para achicar las ventanas’.  Hmmm, entonces las empresas se vuelven el responsable de todos los males y se les fuerza a realizar actividades que no generan valor.  Ojalá, de verdad empecemos a hacer análisis reales de qué es lo que se logra con tanto impuesto.

 

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