Dulce negocio

Esfuerzo diario, calidad en los procesos e identidad en su producto, es lo que ha llevado a Sugar Cookies Cancún a posicionarse poco a poco como un negocio prometedor

Como muchas mujeres en este país, que inician un negocio por la necesidad de obtener ingresos y salir adelante, la historia de Mariola Concepción Palomo Sánchez es un ejemplo de que querer es poder.

Sus inicios se remontan allá por 2012 o 2013, recuerda, cuando se vio en la premura de salir adelante con una hija adolescente a la que mantener y dar sustento. Originalmente tenía una caseta telefónica con internet, pero el avance y mayor acceso a las tecnologías hicieron que eso quebrara, de manera que, gracias al consejo de una amiga de su natal Tabasco, optó por un emprendimiento con mucho más sabor. 

“Fue un momento muy difícil para mí, estaba desesperada porque llegó un punto que no tenía ni de qué alimentarnos; realmente no veía la salida”, recuerda. Pero -agrega- “el sabio consejo y ánimos de mi amiga me hicieron secarme las lágrimas y optar rápido por otra forma de hacer dinero”.

Así que con la receta e instrucciones básicas de cómo hacer galletas que le dio su amiga, quien se dedica a vender postres y bocadillos, se dispuso a meterse a la cocina y empezar a hornear. Así fueron los inicios de lo que hoy es Sugar Cookies Cancún, un negocio que en su momento le permitió salir adelante y hoy constituye gran parte de sus ingresos… porque, luchona como es, lo compagina con otras actividades para asegurar que siempre tenga entrada de dinero a su hogar.

Como consejos a quienes tienen la inquietud de emprender, les digo que no duden, que se arriesguen; a veces el miedo nos gana demasiado y por ese miedo no logramos muchas cosas. Nadie nos dice que esto o aquello va a funcionar o si va a tener efecto, pero si no lo haces nunca lo vas a saber. Arríesguense, todo esfuerzo vale la pena
Mariola Paloma Sánchez, emprendedora

Peripecias de toda principiante

Mariola recuerda que al principio no fue fácil, pues al no contar con presupuesto para comprar equipo, se las ingenió con lo que tenía a la mano para la elaboración y diseño de sus galletas, tuvo que pedir dinero prestado para comprar ingredientes, y apenas le pagaban, iba saldando sus deudas. 

En la cocina también tuvo sus tropiezos: a veces el glass no quedaba o la galleta se quemaba o se rompía; “cada proceso de la preparación tiene su nivel de dificultad y es arriesgarse a perder material”, dice. 

“Al principio los diseños no estaban muy lindos que digamos, pero gracias a que tenían muy buen sabor, a la gente le empezó a gustar, me compraba lo que vendía, y eso me dio mucho ánimo para seguir adelante”.

Con la satisfacción de que estaba yendo por buen camino, se dispuso a enriquecer sus conocimientos; tomó cursos, leía y veía videos en internet; se hizo autodidacta y poco a poco mejoró sus galletas.

También empezó a diversificarse, a elevar la calidad de decorado y a ponerle más creatividad a cada pedido. Con el tiempo, ya tenía línea de galletas para eventos especiales como bodas, 15 años, cumpleaños o bautizos. Incluso, optó por sacar ediciones de paquetes especiales en fechas importantes, como Día de las Madres, 14 de febrero, Día del Maestro o Navidad. 

Desde casa y por internet

Como buen negocio, su mejor publicidad ha sido la recomendación “de boca en boca”, pues muchos de sus clientes ya la conocen desde hace años y le hacen llegar más consumidores. 

Tanto en su colonia como por Facebook, los pedidos han ido creciendo; aunque claro, reconoce que “hay días que se vende poco y otros que me veo apurada para poder sacar a tiempo los pedidos, cuando son bastantes”.

“Agradezco a la gente su confianza, porque dar dinero en anticipo en estos días por un producto, no es tan fácil”, dijo.

Por ahora, sólo es ella la encargada, y de vez en cuando su hija le apoya con algunas cosas. 

Por contingencia, sólo transferencias

Como a todos los negocios, la pandemia vino a complicar un poquito las cosas, aunque las ventas no han bajado tanto, comenta. Sin embargo, eliminó el sistema de pago en efectivo, por protocolo sanitario. “Yo manejo alimentos, entonces me cuido y necesito cuidar mi producto y a mis clientes, así que no puedo arriesgarme a aceptar dinero que ha pasado por muchas manos y puede venir con el virus”, explica.

Por eso, sólo acepta, por ahora, pago por transferencias. 

Variedad

Todo es sobre pedido, explica; con un mínimo de 25 para que le salga los costos; aunque también hace paquetes en fechas especiales, de 50 pesos, para que a la gente se le haga más accesible. 

La base es de vainilla, pero se modifica si el cliente la quiere de chocolate o almendra. Las figuras igual son muy variables, dependiendo el evento.

Por su horno ha pasado de todo: flores, corazones, animalitos, superhéroes, rostros, arbolitos de Navidad, Santa Claus y hasta libritos y lápices para maestros.

Usualmente el tamaño es de 8 a 10 centímetros, aunque hay quienes de repente piden más chicas, de 5 a 6 centímetros. 

Renovación constante

Las entrega en bolsitas de celofán, pero en el afán de hacer su negocio más amigable con el medio ambiente, está analizando opciones de bolsas de papel o incluso pedir a clientes que reciclen sus bolsitas. 

También por una alimentación más saludable, ya empezó con galletas que además de ricas sean más nutritivas, como de avena, con menos azúcar o sin gluten. 


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