Cristina Alcayaga, empresaria e intelectual

En la más reciente publicación de su libro, El México que queremos, las minorías encuentran una potente voz en sus palabras y en su agudo análisis  

Sentada en un sillón, la luz del mediodía baña su figura, aunque ella, mientras habla, brilla con luz propia. Cristina Alcayaga Núñez recuerda parte de su pasado, en el Excélsior de Julio Scherer García, dando sus primeros pasos en la redacción del periódico de la vida nacional, que de alguna manera le servirían para continuar su trabajo en los medios muchos años después. Ahí fue a parar porque su padre temía por la decisión que ya había tomado su hija: estudiar Filosofía.

Pero el tiempo pasó y Cristina no solo se tituló en Filosofía por la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México, sino que le dio tiempo para hacer la maestría en Sociología Política y el doctorado en Ciencias Sociales, estudios que llevó de la mano con su actividad como política, empresaria, representante popular y escritora. Una vida prolífica que le hizo honor al deseo de su padre, al vivir una vida plena e independiente.

Además de su activismo, Cristina se ha dado el tiempo para escribir seis libros, a los que se suma el más reciente, El México que queremos, en el que realiza un análisis profundo de las minorías: los empresarios, las mujeres, los migrantes, las personas con discapacidad, la comunidad lésbico-gay, y los indígenas, y la constante exclusión de las políticas públicas de estos grupo por parte de los tres poderes de gobierno. Pero para llegar a este libro Cristina abandonó un tema que le apasionaba.

Latitud 21.- Llama la atención que dejaras atrás el tema de los partidos políticos…

Cristina Alcayaga.- Me costó mucho trabajo decidir, porque lo estuve reflexionando y me pregunté si volvería a hacer el análisis de los partidos políticos. En aquella ocasión (en el siglo pasado) analicé a los partidos, sus dirigentes, sus estatutos, porque eran novedad y había esa aspiración y ese ideal de que el sistema de partidos iba a resolver muchos de nuestros problemas. Pero pronto nos dimos cuenta que los partidos políticos toman cuotas de poder para, por ejemplo, las posiciones en el Instituto de Transparencia. Entonces te das cuenta que ellos legislan para ellos, no para la gente, no para quienes representan. Han traicionado la confianza colectiva. No lo hice (el análisis) sobre los partidos políticos, porque tenía muchos cuestionamientos sobre lo que estaba pasando con ellos desde el año pasado.

L21.- En consecuencia, tu nuevo libro…

CA.- Es como un manifiesto. Aún no eran las elecciones, esto fue hace un año, y me pregunté: los partidos políticos, ¿en qué estado se encuentran? Creo que hoy no son las voces de las que tiene esperanza México, las voces hoy son las que tenemos que visibilizar, las que se tienen que escuchar y son las de todos los grupos que han sido invisibilizados.

L21.- Pero están más organizados…

CA.- Las organizaciones civiles, que están organizadas, como Causa en Común, México SOS, de (Alejandro) Martí, Mexicanos contra la Corrupción (…) plantean políticas públicas y (los gobiernos) las tienen que atender.

L.21.- ¿La democracia necesita de partidos políticos?

CA.- Sí, absolutamente, es una forma de organizarse. No podemos vivir sin partidos políticos, hasta hoy en ninguna parte del mundo hay una democracia sin partidos.

L.21.- En Michoacán, en el municipio de Cherán, el Legislativo les permitió organizar su forma de gobierno…

CA.- Eso lo hacían (su forma de organización) en Dinamarca, en el siglo XVII. Los campesinos se reunían los sábados o el fin de semana para convivir y además cuando tenían la cosecha decidían qué iban a hacer, pero nosotros no tenemos esa cultura democrática.

L21.- ¿Los partidos políticos hace tiempo nos dejaron de representar?

CA.-  Absolutamente, y por eso más vale que se repiensen porque con estas elecciones los nueve partidos han perdido identidad, ellos tienen que replantear una revisión y dejarse de ver como franquicia.

L21.-  ¿Qué tendría que hacer el sistema político con los partidos para que el ciudadano vuelva a creer en ellos?

CA.- Esta no es una democracia representativa, y la que se está proponiendo, la democracia participativa de (Andrés Manuel) López Obrador, de la consulta, tampoco me gusta por el dinero que se reparte. Qué  bueno que haya esa parte del compromiso social, pero no sabemos si es otra vez un discurso electoral. Y me pregunto, ¿qué va a hacer cuando no les cumpla? Y si les cumple, ¿qué vamos a hacer nosotros, porque de dónde va a sacar el dinero?

“Hay que hacer muchas cosas, y no tengo una sola respuesta. Esa revisión se tiene que hacer al interior de los partidos, por sus dirigentes, y además revisando nosotros como ciudadanos; porque, hasta dónde participo, hasta dónde hago valer mi voz, hasta dónde pido cuentas; el escrutinio público dónde está.

“Quiero convocar a que despertemos y a que digamos qué queremos en este país; creo que es algo que nos estamos planteando todos: cómo queremos que sea ese sistema de justicia que hoy no nos satisface, qué hacemos para revertirlo, cómo se puede modificar.

“Si no tomas como ciudadano un papel relevante de compromiso, en lo que te toca, no vamos a modificar, por ejemplo, la seguridad de todo el país, pero sí modificar la de una colonia; sí puedo incidir en lo que haga el presidente municipal; sí podemos hablar con el gobernador, buscarle, proponerle. Creo que tenemos que irnos primero a un periodo de reflexión y, luego, de reconciliación”.

L21.- ¿Decepción democrática o apatía ciudadana son producto del sistema educativo o de las familias?

CA.-  No podemos escindirlo. La familia es el núcleo de la construcción social; hay que trabajar en esa parte, ahora más sobre todo en el estado, sobre todo porque las familias están rotas. Hay que hacer una revisión y esta elección nos invita a hacerla con más ganas.

L.21.- ¿Cuándo van a dejar de ser minorías los grupos que abanderas en tu libro?

CA.- En la participación sí siguen siendo minorías, no como números, pues son personas. Lo que me gustó mucho de (José Antonio) Meade es que dijo que el programa Oportunidades lo iba a variar, que iba a ser personal, que iban a tener gente para estudiar el caso de cada una de las familias para ver sus necesidades. Eso nunca se ha hecho. Todos invisibilizamos a las personas con discapacidad, a los pueblos indígenas, por años, a los ninis, nadie se ocupa de qué está pasando, esa es mi gran preocupación, porque si el gobierno puede visibilizarlos, que vean quién gobierna. Por eso me gusta tanto el programa del sur del actual gobernador (Carlos Joaquín González), porque sí volteó su mirada hacia ellos, sí está trabajando allá; de verdad el sur aquí había estado muy abandonado, lo teníamos invisibilizado, los gobiernos anteriores lo tenían invisibilizado. Si puede pasar en un estado, puede pasar en una comunidad, puede pasar en un país.

L21.- Tu reflexión final, ¿cuál es el México que quiere Cristina?

CA.- Quiero un México con paz y prosperidad para que nos podamos desarrollar, y entonces habrá por lo demás justicia, riqueza, educación. Quiero paz y seguridad. También, en materia electoral, quiero la segunda vuelta, para que esto no vuelva a suceder, la confrontación que vivimos en el actual periodo electoral; si hay una segunda vuelta nos resuelve el pleito que se generó con esta elección. Todos debemos cuestionar a los partidos políticos; si ellos legislan, si hacen reformas políticas, que lo hagan para nosotros, no para ellos.