Qué lejos estamos de Noruega…

por Latitud21 Redacción

Uno de mis hijos le dice a su mamá en broma “me arruinaste el pescado”, refiriéndose a que Margarita cocina tan rico y jugoso el pescado en casa que ya le arruinó la experiencia de comerlo en cualquier restaurante; luego del de mamá ya ninguno le gusta, y además comparto su opinión.

Usando esa metáfora, Noruega “ya me arruinó a Europa”; luego de ver Oslo y sentirla, ya me parece poca cosa cualquier ciudad.

Me cupo el honor de ser invitado con mi esposa, junto con el grupo de cónsules honorarios de Noruega acreditados en casi toda Latinoamérica, a una visita oficial organizada por el Ministerio del Exterior del país que me honro en representar en Quintana Roo y Yucatán, viaje al que fuimos acompañados por algunos embajadores y exembajadores de Noruega, incluida mi querida embajadora Merethe Nergaard, y en el que tuvimos el placer de saludar personalmente a sus majestades el Rey Harald V y la Reina Sonia.

El viaje perfectamente organizado y planificado minuto a minuto nos permitió conocer Noruega y sus estilos de vida más a fondo.

Oslo, la capital, es una hermosa ciudad con un urbanismo y arquitectura de paisaje de envidia. Inmaculada, no existe la posibilidad de ver basura de ningún tipo, ni anuncios espectaculares, no hay publicidad que arruine el paisaje; llena de árboles, jardines y con impactantes vistas del mar y fiordo desde diversos puntos de la ciudad.

Visitamos la pintoresca y simpática Isla de Skrova, con 192 habitantes que viven de la producción de salmón gracias a la acuacultura, y supimos que diariamente se sirven en el mundo 15 millones de raciones de este delicioso pez que proviene de esta pequeña isla.

Escuchamos historias de vikingos, dormimos en casitas de madera que antes fue villa de pescadores y ahora hotel con todas las comodidades, hicimos travesías en barco, veíamos el sol a la medianoche y hasta conocimos a un simpático alcalde que nos recibió con un discurso en español. Fuimos tratados con tal calidez que hacía olvidar el frío de aquellas latitudes.

De regreso en Oslo, llamó particularmente mi atención durante la primera reunión de trabajo en el Ministerio del Exterior, porque también hicimos algo de tarea, la presentación acerca del Fondo Noruego del Petróleo, ´The Oil Fund´. Impresionante lo que han hecho y hacen los  noruegos con su riqueza, un país relativamente joven que apenas logró su independencia de Suecia en 1908. Su gente trabajaba duro sobreviviendo de los productos del mar y nadie sabía antes de los años 70 acerca de sus yacimientos de petróleo.

Fue en la década de los 60 cuando empezaron a explorar para encontrar petróleo. Actualmente producen millones de barriles diarios para el mercado mundial, lo que les permite tener una de las más sanas economías del mundo. Pero lo interesante es que los noruegos han puesto sus ojos en el futuro y  trabajan fuerte para lograr la salud financiera a favor de las futuras generaciones. Teniendo claro que las reservas de petróleo podrían agotarse en unos 60 años, decidieron crear el gran Fondo del Petróleo, que pertenece al pueblo.

Todos los ingresos provenientes van directamente al Fondo y solo un cuatro por ciento se destina al gobierno para su uso. En la actualidad el Fondo tiene un valor de más de siete mil billones de coronas noruegas, algo así como 890 billones de dólares. ¿Y qué hacen con semejante riqueza? Invierten el 60% en acciones de empresas en todo el mundo, están en nueve mil compañías en 75 países; así, son socios de Facebook, Nestlé, Quantas, Apple, Novartis, Microsoft Corp., entre otras; el 35% en bonos del tesoro e instrumentos financieros y el cinco por ciento en bienes raíces, teniendo propiedades en ocho de las más importantes ciudades del mundo.

El Fondo tiene el 5.6% de retorno anual desde 1998 hasta 2015, pero lo más importante es el principio de que el Fondo es de los noruegos y todos están tranquilos porque están representados por su parlamento, en el que confían porque representa verdaderamente los intereses del pueblo noruego. Es el parlamento quien decide en dónde y cómo ha de invertirse el recurso del Fondo, que es totalmente transparente. Creado con el único propósito de asegurar el futuro y la salud financiera de Noruega, tienen el futuro resuelto aunque no hubiera más petróleo.

Por todo ello, qué lejos estamos de Noruega…  ¿Se imaginan mis ocho lectores a Pemex…?

De regreso al mundo real, en Quintana Roo tenemos gobernador electo y esperamos todos un gran cambio en nuestro querido estado, creo que podemos tener esperanzas. Luego de 12 años sin obra pública, de medios de comunicación comprados y de una deuda de proporciones superlativas, esperamos que la nave dé un giro y nos soplen nuevos vientos.

Y a los verdes les funcionó lo de las despensas, es una verdadera vergüenza. Al buen entendedor…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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