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Revista Latitud 21
Categoría:

X Columnas

Mapa estratégico

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • Perspectiva empresarial
  • Juan A. Contreras Mercader
  • Abogado 
  • notaria12@notaria12qroo.com.mx

 

Durante la etapa de planificación de un proyecto —de cualquier índole— un factor importante a considerar es la dependencia e impacto entre las acciones a implementar. Es decir, ¿cómo influyen las acciones sugeridas para alcanzar un objetivo en el resto de la organización? Esto, con la idea de buscar que las iniciativas hagan sinergia en conjunto o que no se contradigan entre sí. 

Simplificar la forma en la que se expresan las estrategias a implementar ayuda a identificar si realmente agregan valor al programa o más bien son otra forma de decir la misma propuesta. La innovación del método japonés de 5W + H al incorporar la segunda H (How much?) pienso que da en el punto: no es suficiente con calendarizar las actividades y asignar responsables, sino identificar el alcance de todo lo que se planea realizar y el costo que implican. 

Una forma de conceptualizar el panorama general del proyecto es analizando el triángulo con las tres variables que entran en juego: alcance, tiempo y recursos. Aislando cada una como fija y analizar el impacto en el resto puede orientar una sesión entre directivos y conducir a mejores conclusiones. Por ejemplo, si se quiere realizar el proyecto en menor tiempo —e.g. en 1 año en vez de 3 años— se puede lograr siempre y cuando se reduzca el alcance del mismo o se incrementen los recursos a destinar en su presupuesto. En el mismo sentido, si el enfoque del cuerpo directivo es reducir costos, se podrá conseguir aplazando tiempos de entrega o acotando el alcance. 

En perspectiva, incorporar estos conceptos a las sesiones entre directores puede influenciar positivamente al logro de sus objetivos.   

Todas las empresas felices son diferentes

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Dice Tolstói en una de sus obras que todas las familias felices se parecen entre sí, mientras que cada familia infeliz lo es a su manera. Lo contrario aplica para los negocios, todas las empresas felices son diferentes porque ofrecen una solución original que los separa tanto de los demás, que se vuelven únicas en su especie; por otro lado, todas las empresas infelices son iguales porque no lograron diferenciarse del resto y comparten un común denominador que es una feroz competencia por las ganancias de su sector. 

Esta reflexión me gusta ligarla con la entrega anterior sobre diagnóstico preliminar, para mí es un cuestionamiento que no puede faltar antes de comenzar un negocio o al definir un plan estratégico; ¿la idea que vamos a implementar es única en su especie? ¿Qué nos hace realmente diferentes como empresa? ¿Si realizamos una lluvia de ideas, podré enlistar más de 5 empresas que ofrezcan lo mismo que nosotros? Si la respuesta a la última pregunta es afirmativa, ya es un foco rojo. 

De alguna manera, el lugar donde se puede encontrar la mejor idea a implementar es en donde nadie más está buscando, por ello se vuelve importante que los miembros del Consejo —o por lo menos uno de ellos— tenga dentro de sus habilidades suaves la apertura a nuevas ideas y la capacidad de estar en desacuerdo cuando sea necesario. Todas las grandes ideas empiezan con la minoría de uno, y es esa mentalidad la que puede guiar a los empresarios a encontrar ese sweet spot que los posicionará permanentemente en el mercado. 

Un factor importante será el involucramiento de los fundadores en las primeras etapas del negocio, ya que ellos serán responsables de la innovación del mismo. Como mencioné antes, son éstos los que deben tener el perfil para incorporar ideas creativas que los permita seguir siendo diferentes a la competencia. Digamos que un negocio donde el fundador ya no se involucra puede seguir funcionando, sin embargo, pierde esa “magia” que los hizo una empresa feliz en primer lugar. 

En el caso específico de las empresas familiares, el nivel de involucramiento de los fundadores define si la podemos llamar empresa familiar o familia empresa, donde el segundo concepto distingue a un grupo familiar donde todos son empresarios —en toda la extensión de la palabra— y todos sus frentes de negocio hacen sinergia con el resto del grupo familiar. Es decir, no son un negocio donde los dueños son familiares; sino una familia que coopera entre sí para consolidar en conjunto los mejores negocios. 

Como lo hemos visto en entregas anteriores, un gobierno corporativo bien implementado ayuda a que el fundador —o bien, el grupo familiar— pueda dedicarse a otras cosas y no “vivir en el negocio” pero seguir involucrado en la dirección del mismo y tener los foros indicados para seguir aportando ideas, inspirar a su equipo y tener la cultura de una mejora continua. 

Por experiencia conozco que lo que estoy planteando no es sencillo. El proceso para identificar el enfoque que distingue a una empresa se vuelve un tema de prueba y error, exige atención e involucramiento, incluso depende menos de una agenda y más de momentos donde se encuentren inspirados. Dicen que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, y pienso que asimismo el convertirse en una empresa feliz, única en su especie es un proceso donde la persistencia y la valentía pesan más que cualquier otra cosa.  

Corto circuito

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • En línea directa
  • Arturo Medina Galindo
  • Periodista, Director NITU.mx • arturo@nitu.mx
  • Twitter @Arturo_Medina_G

 

El Caribe Mexicano vive una paradoja tan deslumbrante como peligrosa. Por un lado, las páginas de economía y los discursos oficiales celebran con justa razón un dinamismo envidiable: récords históricos en conectividad aeroportuaria, expansiones hoteleras de gran turismo, un acelerado crecimiento inmobiliario vertical y macroobras federales que reconfiguran el territorio.

Sin embargo, detrás de esa fachada de prosperidad e imán de capitales, subyace una realidad estructural que amenaza con fundir los fusibles de la confianza empresarial: una red de transmisión y distribución eléctrica que opera al límite de sus capacidades.

Para un inversionista institucional, un fondo de infraestructura o un desarrollador corporativo, la certidumbre energética dejó de ser un servicio básico; hoy es una variable crítica de riesgo financiero. En el ecosistema de negocios actual, un apagón en Cancún, Playa del Carmen o Tulum no representa una simple e incómoda intermitencia doméstica; significa la parálisis total de sistemas operativos, la pérdida de cadenas de frío, el daño irreversible a equipos de alta tecnología y, fundamentalmente, un golpe demoledor a la reputación de un destino que se vende al mundo como premium. 

El costo de esta vulnerabilidad ya actúa como un “impuesto oculto” que las empresas absorben mediante la compra obligada de plantas de emergencia a base de diésel, seguros más caros y reguladores industriales. La pregunta en las mesas de análisis de los grandes capitales ya no es cuánto terreno hay disponible, sino si habrá suficiente energía para encender el proyecto.

Ante la gravedad del diagnóstico, que costó pérdidas millonarias en las temporadas altas previas, el gobierno federal y estatal han tenido que abandonar la retórica de la autosuficiencia para activar una estrategia de contención de daños. El anuncio coordinado entre la Secretaría de Energía, el Cenace y el gobierno de Quintana Roo para integrar los llamados powerships —centrales eléctricas flotantes operadas por la firma turca Karpowership— es la prueba más fehaciente de que la emergencia ya no se puede ocultar. 

El despliegue inminente de una embarcación con capacidad de 250 megawatts (MW), acompañada de una terminal de gas natural licuado, es una medida audaz e indispensable para librar el pico de demanda de este verano. No obstante, el sector empresarial debe leer esta solución con claridad: es un respirador artificial, una respuesta táctica y de corto plazo para “salir del paso” mientras se consolidan los proyectos de fondo.

La verdadera solución al riesgo de inversión radica en que el portafolio de proyectos de infraestructura de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) aterrice en tiempo y forma en la península. El plan de “Justicia Energética” y los compromisos de expansión de la Red Nacional de Transmisión contemplan inversiones importantes para la modernización y ampliación de subestaciones en Cancún y Chetumal, la instalación de cientos de nuevos transformadores y proyectos de energía limpia en evaluación, como la central fotovoltaica Los Girasoles en el estado. El reto es que los tiempos de la burocracia federal y la ejecución técnica de la CFE avancen a la misma velocidad vertiginosa con la que el sector privado levanta complejos residenciales y hoteleros.

Quintana Roo no puede permitir que su éxito inmobiliario y turístico se convierta en su propio verdugo por falta de planeación urbana y energética. Las licencias de construcción y las factibilidades ambientales deben alinearse estrictamente a capacidades reales de suministro, y no a promesas en papel. La llegada de los buques generadores alivia la presión inmediata en los tableros de control, pero la competitividad a largo plazo del estado exige una agenda público-privada permanente. 

Los inversionistas exigen certezas, no paliativos flotantes. Si la federación quiere seguir cosechando las divisas que esta tierra genera, la modernización definitiva de la red eléctrica de última milla en el Caribe Mexicano no es negociable; es la única forma de evitar que el futuro de la región se quede a oscuras.   

Cancún mira al sur: el nacimiento de su propio Wall Street

por NellyG 2 junio, 2026

Tinta Caribe

Por Lourdes Cruz

Periodista y directora de Galu Comunicación

X @Lourdes_Cruz_

Instagram: @lourdescruzsosa

 

 

Cancún mira al sur: el nacimiento de su propio Wall Street

A sus 56 años, el destino turístico más joven del Caribe comienza a perfilar una nueva etapa de crecimiento y consolidación con la construcción de su nuevo distrito financiero, un proyecto que, por su dimensión y alcance, ya es visto como el futuro Wall Street de Cancún.

El mapa económico de Cancún comienza a redibujarse y todo apunta hacia una nueva dirección: el sur.

Se trata de una apuesta que llega en el momento preciso, cuando la ciudad exige diversificar su economía y avanzar hacia un modelo de desarrollo más robusto, más competitivo y conectado con las exigencias globales.

El proyecto se levanta en una zona estratégica, vecina de la estación del Tren Maya, de la terminal de carga ferroviaria, de la ampliación de la avenida Huayacán y del desarrollo Kulkana, cuatro elementos que por sí mismos están redefiniendo la conectividad, la logística y el valor urbano del sur de Cancún.

Se suma la cercanía con el Aeropuerto Internacional de Cancún, complejos hoteleros ya operando, centros comerciales consolidados y nuevos desarrollos residenciales que mantienen esta zona como el nuevo polo natural de expansión.

Cancún necesita músculo corporativo, espacios para servicios financieros, centros de innovación, oficinas de alto nivel y una estructura capaz de atraer inversión que diversifique su economía.

No es casualidad que, a tan solo unos meses de haber sido anunciado, ya despierte interés entre empresarios, desarrolladores e inversionistas que observan en esta zona una oportunidad con enorme potencial.

La gobernadora Mara Lezama utiliza con frecuencia una palabra para definir este gran proyecto: legado. Más allá de su impacto inmobiliario, tiene todo para marcar un antes y un después en la evolución de Cancún.

Es la cereza del pastel en una ciudad que ha crecido a gran velocidad y que se proyecta como una metrópoli moderna, conectada y lista para competir en las grandes ligas económicas del Caribe.

El nuevo distrito financiero es la señal más clara de que Cancún está listo para escribir su siguiente gran capítulo.

El Gobierno lo deja todo para después

por NellyG 1 junio, 2026

 

No me refiero a todos los gobiernos, ni a todos los gobernadores, pero parece un común denominador, aplazar todo, ponerlo en pausa, minimizar los riesgos y apostarle al olvido, a que se resuelva solo o a ejercer el poder, sin miramientos si hace falta…

Son tantos los temas para hablar, en donde aplica la afirmación anterior, tantas las preocupaciones, tantas las aflicciones, tantas las vergüenzas que hay que pasar, que cuesta trabajo decidir por dónde empezar.

Si vamos a lo local y lo regional, no podríamos decir menos de el vergonzoso caso de Chichén Itzá; una verdadera vergüenza, tener que regresar a los turistas a sus hoteles, porque simplemente no pudieron acceder al sitio arqueológico, por los pleitos entre vendedores ambulantes, que se autonombran “artesanos” y el ineficiente por décadas gobierno del estado y gobierno federal, en esta abusiva, arbitraria, horrible e ilegal invasión al sitio arqueológico. Y los dizque “artesanos” se abrogan la facultad de “permitir” o no, el acceso al sitio arqueológico, como haciéndonos un favor y erigiéndose en autoridad; ¡válgame Dios, qué país.! ¿Y la autoridad donde está?… no es nuevo, tenemos denunciando esto más de quince años, pero el Gobierno lo deja todo para después… hasta que estalla…

Y la multicitada denuncia sobre el abandono a la costa de Puerto Juárez, en Quintana Roo; llevo ya un par de años denunciando, y simplemente, lo siguen dejando para después, ojalá no estalle.

Si seguimos en lo local y regional, pues ni que decirle, a mis queridos ocho lectores, sobre el lamentable caso del proyecto Perfect Day en Mahahual; el tema merece una entrega y reflexión aparte, que prometo publicar pronto, pero tristemente, también lo fueron dejando para después…

Y si acaso nos quisiéramos referir a los grandes temas nacionales, que por supuesto hay muchos y de enorme relevancia, digamos así nomás por decir algo, de las gigantescas exigencias y expectativas de la FIFA, para el tan de moda Mundial de Futbol, que simplemente dejaron para después, hoy tienen tremendas papas calientes en las manos; si quiere, luego se las cuento y entre ellas, las falsas, falsísimas expectativas que FIFA y Gobierno tienen sobre la afluencia de turistas y fanáticos a México con motivo del mundial, y de paso también en USA. También lo dejaron para, digamos luego…

Y aunque hay decenas de temas que tratar de gran importancia para México, además del Turismo, como el T-MEC, la educación y su meteorólogo líder que predice los tiempos de calor como nadie; el desarrollo económico, la inflación, el sistema de salud, etcétera… Digamos que el tema de moda, el de mayor relevancia o cuando menos de interés nacional, el de la detención del impresentable gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y secuaces, para investigación con fines de extradición; tristemente al más puro estilo de nuestros gobiernos, estos de la dizque transformación, también lo están dejando para después, es la marca de la casa.

Por cierto, a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, que querían crucificar, la terminaron convirtiendo en héroe; si antes no pintaba, ahora es hasta presidenciable, nomás no dan una.

 

Al Buen Entendedor…

 

sgrubiera@acticonsultores.com

 

Si de narcos hablamos…

por NellyG 1 junio, 2026

 

 

En los avatares de mi trabajo administrando propiedades, he tenido la oportunidad —o quizá la desventura— de conocer las residencias y costumbres de muchos personajes. Les llamo así porque sus historias parecen extraídas de una telenovela de televisa: excesos, traiciones, secretos, fortunas repentinas, amistades convenientes y silencios incómodos. La famosa frase de que “la realidad supera a la ficción”; en ocasiones, se queda corta.

He visto vidas construidas alrededor de mentiras cuidadosamente diseñadas: aparentes empresarios exitosos, benefactores espontáneos, vecinos discretos o indiscretos que de la noche a la mañana multiplican propiedades y vehículos de lujo. Algunos provocan envidia de ese verde bien oscuro; otros, sospechas silenciosas. Pero todos comparten algo: son reflejo de una normalidad que poco a poco hemos aceptado sin que podamos hacer algo al respecto.

Hoy hablar de “narcos” se ha vuelto parte del lenguaje cotidiano. Narcofosas, narcogobierno, narcopolítica, narcocultura, narcocorridos, narcodinero. El prefijo “narco” se ha instalado despreocupadamente en nuestras conversaciones; tanto, que ya perdió su capacidad de escándalo. Lo pronunciamos como cuando hablamos del clima o del tráfico; ‘small talk’ dirían los gringos. Pero estamos en México y entonces ¿qué es exactamente lo que abreviamos cuando decimos “narco”? Detrás de este cantarín prefijo hay una realidad muy oscura; tanto, que casi se ha quedado sin luz: el narcotráfico con su violencia, su corrupción, sus desapariciones, su miedo, sus economías paralelas y sus visibles estructuras de poder, que ya están infiltradas en nuestras comunidades, nuestros círculos de amigos y hasta en nuestros jacuzzis.

Los personajes que llevan implícitamente ese prefijo conviven entre nosotros. Algunos lo hacen con mucha ostentación, hasta con cierto orgullo; otros, bajo un velo de respetabilidad cuidadosamente construido, porque así pueden convencer e infiltrarse en negocios legítimos. Están en las mesas de al lado, nuestros vecinos, en el festival del colegio y ocupando espacios de decisión económica o política.

¿No han notado que, últimamente, esa población parece haberse incrementado? Quizá sea solo mi percepción, o mi mala suerte, quizá estadística, quizá consecuencia de nuestro gobierno. Factores como desigualdad, falta de oportunidades, impunidad o simplemente el atractivo de una riqueza rápida en una sociedad que premia por sobre todas las cosas: la posición económica.

Sin embargo, existe algo que ya no podemos seguir ignorando. Una sociedad comienza a perderse cuando aquellos que deberían impartir justicia, regular, gobernar y dar ejemplo, son precisamente quienes facilitan, toleran, operan o incluso encabezan redes de corrupción, tráfico de influencias, venta de narcóticos u otros giros igualmente destructivos.

El problema deja entonces de ser el criminal y se convierte en un problema institucional. Porque cuando la línea entre autoridad y complicidad se vuelve difusa, empezamos a normalizar aquello que antes condenábamos. Perdimos la confianza. Viva el cinismo. Y terminamos aceptando lo inaceptable por miedo o será por simple comodidad.

La palabra “narco” ya no nos sorprende. Nos hemos acostumbrado a escucharla, a convivir con ella e incluso a consumirla como entretenimiento. Series han convertido una tragedia nacional en una situación aspiracional.

Pero detrás del glamour televisivo y de las camionetas blindadas hay comunidades enteras viviendo con miedo, familias rotas y una erosión lenta pero constante del tejido social.

Si de narcos hablamos, quizá la conversación ya no debería limitarse a quienes trafican drogas. Tal vez tendríamos que hablar también de quienes los permiten y los conviven, de quienes se benefician del sistema, de quienes guardan silencio y de quienes, poco a poco, han contribuido a que la anormalidad parezca costumbre.

Porque el día en que normalizamos el problema, dejamos también de buscar la solución.

 

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