- Carta del Director
- Amador Gutiérrez Guigui
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- @AmadorG_G
Cada temporada vacacional de verano representa para Cancún una prueba de fuego. Miles de visitantes nacionales y extranjeros llegan al principal destino turístico de México, fortaleciendo la actividad económica, el empleo y la derrama para cientos de empresas que dependen directa o indirectamente del turismo. Los indicadores previos al periodo vacacional muestran expectativas favorables para Quintana Roo y una intensa actividad en el Caribe Mexicano.
Sin embargo, mientras la industria turística celebra la llegada de visitantes, la ciudad enfrenta un problema que año con año se vuelve más evidente: la movilidad urbana. Hoy, el principal riesgo para la competitividad de Cancún ya no es únicamente la competencia de otros destinos internacionales; también lo es la dificultad para trasladarse dentro de la propia ciudad.
El gobierno está haciendo esfuerzos para que este tema se vaya depurando en favor de todos los que vivimos en la ciudad y de quienes nos visitan.
Las largas filas sobre el bulevar Luis Donaldo Colosio, el bulevar Kukulcán, así como las avenidas Tulum, Kabah, Bonampak, Nichupté y López Portillo se han convertido en parte de la rutina diaria. Miles de trabajadores del sector turístico invierten varias horas de su jornada únicamente en desplazarse hacia sus centros laborales, mientras turistas enfrentan retrasos para llegar al aeropuerto, hoteles o centros recreativos.
El Puente Vehicular Nichupté constituye una obra relevante para mejorar la conexión entre la ciudad y la zona hotelera, pero por sí sola no resolverá un problema que tiene un origen mucho más profundo. La infraestructura vial debe formar parte de una estrategia integral que contemple transporte público moderno, sincronización inteligente de semáforos, mejor planeación urbana, movilidad no motorizada y una adecuada gestión del crecimiento poblacional. Sabes el Instituto de Movilidad del estado está trabajando en estos temas para que todo tenga un flujo mayor en las arterias vehiculares.
Cancún ya no es la ciudad de hace 20 años. Su población crece aceleradamente, al igual que el parque vehicular y la demanda de servicios. No obstante, la infraestructura vial y el transporte colectivo han evolucionado a un ritmo considerablemente menor.
Recordemos que el turismo no sólo se mide por la ocupación hotelera; también por la calidad de la infraestructura que sostiene esa actividad.
Este verano representa una nueva oportunidad para demostrar la fortaleza turística de Cancún. Pero también debe servir como un llamado para reconocer que el éxito del destino no puede seguir descansando únicamente en la belleza de sus playas y la calidad de sus hoteles. La movilidad se ha convertido en uno de los principales indicadores de bienestar urbano y de competitividad económica.
Si Cancún aspira a mantener su liderazgo internacional durante las próximas décadas, deberá entender que el verdadero desarrollo no consiste únicamente en atraer más turistas, sino en construir una ciudad donde visitantes y ciudadanos puedan desplazarse con seguridad, eficiencia y dignidad. Ese es, quizá, el mayor reto que hoy enfrenta la capital turística del Caribe Mexicano.
